Run, boy, run

Se acaba el 2013.

Se marcha como mi agenda de este año, destrozadito, sin más aguante ya, ni más hojas donde apuntar lo que queda por venir. Que será mucho.

Se va el 2013

Y sí, por supuesto, la foto de agenda defenestrada es uno de mis intentos de hacer fotos decentes, con la Nikon 1 J2. Y oye, que no me ha quedado tan mal, ¿no?

Se va un año duro, de mucho trabajo, de poco descanso y de valiosas lecciones (ya dicen que se aprende más de las equivocaciones que de los aciertos). Un año en el que a pesar de todo he tenido maravillosas experiencias, tanto personales como profesionales. Han aparecido personas increíbles en mi vida que me han hecho cambiar la perspectiva y a las que estaré agradecida siempre. Y he comprobado el amor incondicional de los míos, de mi gente, de mi familia, la de nacimiento y la que he ido encontrado a lo largo de los años. Mi tesoro, sin duda. Y por lo que merece la pena destrozar agendas y dejar años atrás.

El 2013 lamentablemente ha sido un año, sobre todo, en el que hemos perdido libertades, derechos y muchos pasos dados durante muchos años. Donde nos han subido todos los impuestos “subibles”, donde seguimos siendo los mismos los que pagamos la fiesta, pero ahora los mismos somos más pobres y, básicamente, donde hemos retrocedido en nuestra calidad de vida. Nosotros y las próximas generaciones. Esto, así, bastante resumidito, que la versión larga ya nos la ponen a diario en los medios de comunicación.

Solo queda empezar el 2014 con nuevos propósitos, nuevos y mejores. Esperando que podamos salir adelante y llenar las hojas de la nueva agenda con realidades, con cambios, con un horizonte algo más optimista que el que dejamos atrás.

Mi propósito de hoy, está muy claro… ¡A por el 2014!

Un abrazo amigos y familia, gracias por haber estado aquí conmigo, porque sin duda habéis sido lo mejor del 2013, y ¡a por el 2014!

Ay, Mordor, qué será de ti…

Mordor está en Madrid
Sí, amigos, Mordor está en Madrid, junto a la M30…

Vivir en Mordor es una aventura, amigos. Ya de por sí, vivir en Madrid es peligroso. No respiramos aire sino humo y mala leche, nos pasamos el día corriendo de un lado al otro para llegar a tiempo a los sitios por inercia y las diferencias entre barrios ricos y pobres son tan alucinantes y dolorosas que da hasta asco. Aunque no creo que ninguna de estas características sean exclusivas de nuestra capital, yo las sufro en mis carnes cada día y lo llevo muy mal, a mi pesar.

Mordor, mi barrio… y el de cada día más orcos… (léase esto con acento del gran Matías Prat) es junto a otros gloriosos barrios de Madrid, un reducto de perdición y miserias. Yo le tengo cariño por lo que fue, pero no se puede negar que con la crisis esta asquerosa que nos han echado encima, el pobre Mordor ha tocado fondo. Lo ha perforado y ha llegado hasta Australia.

Está en el ambiente, se palpa. Y también en cuanto pisas la calle:

Las obras, con sus respectivos obreros y zanjas, que te cortan tu calle (así como las de paso) por un lado o por ambos, convirtiendo la tarea de sacar el coche, o volver a aparcarlo, en un milagrito de la Virgen de Lourdes o en un episodio de Humor Amarillo. La velocidad para desmantelar una calle es inversamente proporcional a la que emplean para arreglar los desaguisados causados por esas mismas obras. Y así, entre andamios, zanjas y obreritos con cascos, nos pasamos la vida.

Las casas abandonadas, porque Mordor está lleno de edificios centenarios y que se caen a trozos. Además de ser peligrosas en sí mismas se convierten en a)centro “ocupacional” para yonquis y amigos, con lo que eso supone para la seguridad de los vecinos, y que acaba siempre en redada+ventanas tapiadas, b) centro “ocupacional” para gatos pulgosillos a los que, inexplicablemente, un vecino al que tengo localizado, por cierto, se empeña en dar de comer lentejas, cocidos y latas de comida que se encarga muy amablemente de “depositar” en el descampado de al lado (los descampados, otros que tal bailan). Por supuesto, junto a los gatos, dada la diversión, acuden bichos de todos los tamaños y especies. Normal, el fiestón es la leche.

Cubos de la basura, o en su defecto y ausencia, basura desparramada por el suelo. En tan solo unas horas, junto a las cagadas perrunas, que para qué van a limpiar sus dueños con lo sucio que está ya todo, te puedes encontrar junto a tu puerta una tonelada de residuos orgánicos e inorgánicos (porque en Mordor no se recicla), una bañera desconchada pero aún enterita y que acabará en la casa de enfrente, un par de tablas de planchar con pegotes varios y los muebles completos de un salón con abuela incluída en su mecedora y tricotando.

No te molestes en llamar al 010 para que pongan más cubos porque como nuestras aceras tienen cerca de cinco centímetros de ancho y somos una calle pequeñita, no nos corresponde y nos toca recorrer el barrio buscando uno donde poder depositar nuestras bolsitas de basura como los zombies de Walking Dead en busca de carne fresca. Los cubos ahora son más preciados que el cobre, y aquí, que somos mucho de traficar, seguro que ya hay más de uno que se ha pasado al mercado “basuril”.

Y es que aquí es más que palpable aquello que comentaba con tanto gracejo la señora Miss Relaxing Cup of Coffee sobre cómo nos hemos acostumbrado a demasiada higiene y que obviamente no, no toca recoger todos los días la basura,por favor! Panda de limpios que sois unos quijocosos! Aquí en Mordor la quería yo ver viviendo a nuestra amiga bilingüe, a ver si se acostumbraba a la demasiada porquería que nos está comiendo, y por cuya recogida por cierto, seguimos pagando igual que cuando pasaban todos los días

– El movimiento kinki- cani- choni que a mí a veces me divierte por su idiosincrasia y su chandal como prenda de trabajo, pero que aquí confluye con muchas otras circunstancias sociales (inmigración, drogas, abandono escolar, cierre de centros de ayuda y atención, etc, etc) en choques violentos y escenas que podemos ver  todas las noches en el telediario de Antena 3. Cuando no es un tiroteo en casa de una traficante de setenta años, (que ya le vale a la señora a esos años), es una lucha de bandas, redadas en el chino de al lado, o el asesinato de una mujer por su marido borracho delante de sus cinco hijos.

Y no es algo que vea solo en el telediario. Está en la calle, en la casa de la esquina para ser más exactos, a unos pasos (sorteando bolsas de basura) de distancia de la mía, y donde viven veinte personas que, por cierto, meten una bulla de impresión durante todo el año porque tienen la estupenda y muy sana costumbre de celebrar fiestas cada dos o tres días y no sienten la necesidad de tener puertas y ventanas cerradas, ni aunque sea diciembre. Olé ellos y la madre que los alumbró…

También me apena enormemente el cierre de negocios de toda la vida, que sé que está ocurriendo en el resto de la ciudad, para sustituirlos de manera automática y casi por evolución tipo pokemon en a)locutorios abiertos a todas horas con redadas cada quince días b)peluquerías internacionales y temáticas, que abren todos los días del año, a todas horas, y con redadas cada diez días c)por supuesto los chinos en todas sus variedades, todo a leuro, bares, boutiques de moda, peluquerías con final feliz y fruterías, que abren a todas horas y con redadas cada semanita o así y d)tiendas abandonadas donde se acumula la mierda y donde muchos aprovechan para echar las bolsas de basura porque, señora Botella, ¡no hay cubos!

Y así podríamos seguir si esto en vez de un blog fuera una esquela, la del pobre Mordor…

Pero bueno, para que no nos quedemos con tanto mal sabor de boca,concluyo y os dejo con esta joyita que me he encontrado sobre el cine kinki, que salió de barrios como este, y que mis padres consumían igual que ahora se ve Gandía Shore ¿no?

¡Hasta la próxima!

Vacaciones de verano: ¿copazo o prozac?

Malabarismos vacacionales
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Tener criaturas te cambia para bien o para mal. Todo. Desde el ancho de los tobillos, pasando por la talla de sujetador, hasta tus más arraigadas costumbres, como esa en la que dormías ocho horas, por decir algo, vamos, no por nada en especial

Y si hay algo que cambia, no, corrijo, que aniquila a lo que antes sucedía para convertirlo en otra cosa totalmente distinta, ese algo son LAS VACACIONES.

Y es que ahora, dejando de lado el tema presupuestario, que también, la verdadera y genuina duda en el asunto vacacional no es si playa o montaña, no. Ahora la cuestión fundamental pasa a ser…¿copazo o prozac?

Amigos, las vacaciones ahora son una caca.

Y no es que me queje por tenerlas, al contrario, vamos, con lo que cuesta hoy en días llegar hasta ellas, me salvan la vida, me oxigenan, me devuelven la poca cordura que puede contener mi cabeza… Vamos, que yo feliz y ojalá pudiera disfrutarlas más tiempo.

Pero oigan, ¡que esto no son vacaciones! Vacaciones eras esas en las que metías unas bragas en la bolsa, el bikini, un vestido ajustadico, los libros del verano (ohhhh, sí, entonces leía!) y cuatro cosas más y te largabas a la aventura, a la buena vida, a las comilonas en un chiringuito y a un siestón de cuidado, o a lo que cayese con la pareja… Esos días despreocupados en los que no viajabas siempre con la impresión de haber olvidado algo aún llevando el coche más cargado que los de “malacatones” robados de mi barrio. En los que, cuando éramos dos, nos daba igual el plan porque hiciéramos lo que hiciéramos íbamos a estar tan pichis… En los que te dabas el lujo de darte un paseo por la playa sin preocuparte de a tus criaturas les daba el sol demasiado en las orejas, de si se comían la arena con fruición, o de si se extraviaban entre la marabunta playera… En los que simplemente, te relajabas. Sin más. Ni menos…

Esto es otra cosa… Y no, no me vale la alegría inconmesurable de verles por las mañanas, por las tardes y por las noches. Son mis retoños y les quiero todo el año. Pero ¿dónde han quedado esos días de relax prometidos, esperados, soñados….? ¿Acaso los padres del mundo, con tiernas criaturas babeantes no nos merecemos un descanso? Y por qué, si esto va a ser así, ¿no me desgravan en Hacienda?? No sé, más de uno nos lo tomaríamos de otra forma si así fuera. Al menos, nuestro quiero y no puedo vacacional sería menos frustrante…

Puede que el truco para no frustrarse, tanto, sea darse cuenta de que ya no son MIS vacaciones, igual que ya no tengo MI baño para mí sola, o que ya ni siquiera soy yo misma para muchos, sino la madre de… ¿Será que ahora son las vacaciones DE MIS HIJOS y hasta que no lleguen a la pre-adolescencia y prefieran ponerse los cascos para escuchar música mientras cenamos antes que hablar con sus padres y prefieran irse de campamento con sus colegas no volveré a tener a vacaciones para Mí otra vez? ¿Es eso? ¿O será que no deberían llamarse vacaciones sino meses-en-los-que-tus-hijos-se-lo-pasan-pipa-y-rellenan-las-primeras-hojas-de-sus-cuadernillos-de Vacaciones-Santillana-mientras-tú-lloras-por-las-esquinas-y-te-das-a-la- bebida?

Me dirán que exagero. Tal vez sí.

Pues ya se lo contaré…

Un reino de imbéciles

http://poetajosecercas.blogspot.com.es/2012_07_01_archive.html
http://poetajosecercas.blogspot.com.es/2012_07_01_archive.html

Yo no sé a ustedes, pero a mí esto de los sobres, la pasta en B, la lista escrita a mano que aparece años después, me parece como de comedia italiana de los años cincuenta. En serio, ¿esto está pasando de verdad? ¿Y seguimos en casa pagando nuestros impuestos como si tal cosa?

Miren que yo no llamo a la rebelión fiscal así a la ligera. Que una servidora, como la gran y pardilla mayoría de este país, pagamos y religiosa o ateamente nuestros deberes. Y lo seguiremos haciendo con dolor. Pero no dejo de plantearme la necesidad, la urgencia sangrante de cortarles el grifo (y la cabeza, metafóricamente, of course) a esa panda de Otros que nos han invadido desde más allá del Muro (si me permite la comparación novelesca).

Estoy hasta las narices, lo reconozco, y más allá también. Harta de poner las noticias o abrir el periódico (el digital, que yo ya el de papel solo lo uso para pintar, es así) y ver el careto de unos y de otras, politicuchos y politicuchas, con medios tacones y mantillas, de padrenuestro y “dame lo mío, Mariano”, de convención o de cacería, en sus yates en Marbella o en sus Audis de alta gama, riéndose a mandíbula batiente del país porque entre unos y otros lo tienen comprado.

Harta de los Pujol, Millet, y familiares varios y sus millones en bolsas de plástico camino de Andorra que saldrán de rositas.

Harta de la Familia Real enterita hasta la primera generación que ha tapado y propiciado el robo no solo por parte del yerno pródigo Urdangarín sino de todos los sobrinitos, nietecitos y primitos que pululan por España viviendo, comiendo y practicando la equitación a nuestra costa y que saldrán todos de rositas incluido el alto ese que parecía tan bueno, tan majo y mira lo bien que se lo ha llevado.

Harta de tooooooooodo el PP que se lo ha llevado en B, en C, en D y así hasta la Z, y porque no hay más letras que si no… Y que sí, estoy tristemente segura de que saldrán de rositas, Bárcenas el primero, porque ahí está metido hasta el tato, y no le interesa a nadie que eso salga. Con tanta mierda no volvería a circular el agua por el fregadero, que lo veo venir.

Harta de toooooooooooodo el PSOE que también está en el ajo, seguuuuro, y que por eso ahora, en vez de ir en pleno a las puertas de Génova a hacer una sentada como dios manda, ponen la boquita de piñón, así con el culillo cerrado, y dicen con voz de mariquitas ¡que se sepa la verdad! Venga bah, que se os ve la tortugita también asomando, amigos. Que sois todos de la misma condición. Que a los constructores les da lo mismo poner el montante en las manos de unos que de otros, siempre que el contrato multimillonario caiga en las suyas. Que no nos chupamos el dedo, aunque lo parezcamos.

Harta de los periodistas que les encubren o defienden , de los jueces que les tapan o les sacan las castañas del fuego, y todos, por supuesto, poniendo la mano por detrás. Por detrás o por delante, porque lo cabreante de todo esto es que ni siquiera se esconden! Y es que ya ni siquiera nos sorprende!!!!!!!!!

Estoy harta de que se nos persiga con impuestos que cargan otros impuestos que hemos pagado. Que nos estén cerrando hospitales y urgencias para salvar cuatro perras cuando se lo están llevando ustedes todo calentito. Y a Suiza, ni más ni menos.

Estoy harta de que a los pobres se les eche de sus casas, de que se engañe a los que menos tienen y más trabajo les cuesta conseguirlo. De las preferentes, de los créditos inexistentes, de las cajas y sus cojones cuadrados, de sus presidentes con sueldos vitalicios. De que sigan haciendo anuncios diciéndonos que quieren lo mejor para nosotros. Iros todos a Suiza, pero para siempre, y al menos sed honestos, y no nos toquéis más las… comisiones.

Estoy harta de que el INEM persiga como perros de presa a los que están recibiendo prestaciones, de que no haya más becas para comedor ni de libros, ni de nada. De que cierren bibliotecas por todo el país. De que se cierren empresas con EREs como quien come pipas. De que mi barrio cada día esté más sucio porque ya solo se recoge la basura una vez cada dos días. De que se esté privatizando nuestra sanidad para que los amigos de los consejeros de turno se lleven las adjudicaciones y se puedan ir a Los Alpes a celebrarlo a nuestra costa mientras los pobres se mueren de asco por no poder pagar las ambulancias.

Harta de que la única opción para tener una salida digna sea marcharse. De envidiar a los que ya lo han hecho.

Y la pregunta del millón de euros que me queda por hacer cuando no me quedan más piedras que tirar…¿Es que en este país los mayores imbéciles del reino somos nosotros por no robar?

Me niego a pensar que sea así. Llámenme imbécil.

De restauraciones y otras locuras materno-empresariales

Resulta que un día tienes que salir de casa para hacer negocios. Lo que viene siendo hacer “el business”: rebuscas entre la ropa de premamá y la de lactancia algo sin manchas y medianamente planchado, rescatas unas medias sin carreras del cajón de ese mix que tienes de leotardospeloteros-mediaspeloteras-calcetinespeloteros, y practicas arqueología entre los zapatos planos y llenos de arena del parque para encontrar algo digno y taconero. Desde que tu criatura te ha pedido, por favor que te pongas tacones porque le gustas más (…), estás asimilando que tal vez, solo tal vez, tu hija quiera una madre más alta y arreglada a la par que sencilla… y que la que tiene no le mola… que tal vez tengas que empollarte algún catálogo de moda invierno del Vogue o hablar pronunciando algo más la s, ¿sabessss? (ese pensamiento te dura lo que aguantan sus muñecos ordenados en su cesta, porque en cuanto ves de lo que es capaz la bestia parda te sale el chuki que llevas dentro y sacas la madre bajita, de zapato plano y chillona que llevas dentro y te importa un pito lo que te pida por favor con tal de que ordene su cuarto y deje de hacerle llaves de pressing al hermano).

Pero hoy tienes que salir a businessear y hacer algo de provecho (ejem) así que toca hacer el esfuerzo e intentar recomponer todas las mujeres que llevas dentro para ponerte cara de moderna y talentosa, escondiendo por un rato la maruja ojerosa que grita a su hija que se coma el pollo, que trabaja en pijama como una loca a las seis de la mañana con listas de la compra junto al flujo de contenidos de la semana y que no tiene ni idea de cómo enfrentarse al mundo de los negocios… A lo mejor tienes que evolucionar y de una Pokemon tipo ama de casa pasas a ser a una de tipo empresaria exitosa a base de ganar batallitas a mujeres delgadísimas y elegantísimas en traje con BlackBerry y maletín de Armani…  Las ganarías a bolsazos, eso no lo dudes…

Así que buscando un milagro te pones frente al espejo y tras el susto y arcadas iniciales, te secas los lagrimones, te juras que nunca más, que a partir de ahora te pondrás todos los potingues esos que atiborran el armarito (copando las baldas correspondientes al santo) y que te echarás escrupulosamente el contorno de ojos como si en ello te fuera la vida para no convertirte en la gemela de Soraya Saez de Santamaría cuando se enfada. Apretujas con fruición los cuatro pelos escamosos que te quedan tras el embarazo+parto+tirones del pequeño, cubres con espátula y mortero las ojeras cronificadas y bolsas colganderas y, en definitiva, restauras con prisas, y como puedes, para no ser el maquillador gordaco de los anuncios de Max Factor, el Ecce homo borjiano en que te has convertido tras todos estos meses de estar escondida en esa cueva de perdición llamada “trabajo en casa“.

Y bueno, has hecho lo que has podido. Y llegas tarde, por supuesto. Así que corres pasillo arriba pasillo abajo por tu mansión, cogiendo el iPad, el smartphone, las tarjetas de visitas, un boli por si no funciona el iPad o el smartphone, las llaves del coche, las del garaje, las de la casita de Mickey Mouse… Todo lo que una mujer de negocios actual necesita, y eso sí, sin mirar atrás, porque la casa te está llamando a gritos “desgraciada”…  Pero noooooo, espera, ¡¡¡te falta algo!!! Llenas la bolsa de pañales para un regimiento, ropa de cambio para tres estaciones distintas (¿alguien sabe qué temperatura hace en el Ifema?), discos de lactancia y demás complementos diminutos y empaquetas al bebé, tu socio más entregado y fiel escudero, en el coche mientras sudas la gota gorda intentando que el capazo quepa con la bici de la niña, los ruedines, la cuna de viaje y el colchón… Y tras hacer el Tetris en tu maletero y darle gracias a dios por haber hecho el coche más grande del mundo ¡¡ya estás lista para comerte el mundo!!

Hete aquí que, mientras recorres como una loca (tómese esto como una exageración, of course) la M30 porque sí, llegas muy tarde, reflexionas (a tu manera, es decir, muy floja) sobre como montar un negocio propio es una locura casi tan grande como tener un bebé. Casi están al mismo nivel, te dices. Aunque al negocio le puedes mandar a la mierda en un momento dado, mientras que al retoño lo máximo donde le puedes mandar es al Hermano mayor a que lo amaestren y deje de romper puertas con los puños o a un internado en Suiza si es que te dan las perras.

Ahora bien, cuando se unen ambas cosas, tener niños pequeños en la chepa y teta, a veces simultáneamente, y poner en marcha un negocio, ambas tareas ya de por sí, estresantes, demandantes y altamente explosivas, te das cuenta de la mezcla…

Demonios, ¿¿¿¿qué es lo que va a salir de ahí???

Palos en nuestra espalda

25 septiembre. Imagen de SERGIO PÉREZ (REUTERS), El País

Hoy nos levantamos observando una vez más, como si de la enésima emisión de Los Simpsons en Halloween se tratara, escenas de violencia entre los antidisturbios y los manifestantes frente al Congreso, que no difieren tanto de las matanzas en Siria, esas que contemplamos horrorizados como comportamiento de “salvajes incivilizados”…

Es realmente descorazonador que, en un país medianamente escolarizado, nuestras autoridades, esos a los que me duele reconocer que pagamos el sueldo y que se hinchan cual globo de feria al proclamarse “voz y representantes del pueblo” se encierren tras cuatro paredes, por muy históricas que éstas sean, para defenderse de la ira acumulada  y recocida de aquellos a los que supuestamente representan. Supuestamente porque con este sistema electoral que sufrimos cada 4 años y las listas cerradas que nos impone la comandita de amigos que se reparte el país, seguimos viviendo como si de latifundios se tratara, o de reinos medievales, donde aunque tengamos el escudo democrático por bandera, las tierras (votos, alcaldías o incluso comunidades históricas) se siguen ganando en cacerías, comidas opulentas con aguas de glaciar y estipendios en forma de trajes, relojes, casas o especias varias. Asco me dais…

Una ironía auténtica que los que se encierran tras los leones aleguen que “los de fuera”, esas miles y miles de personas de toda edad y condición, atacan la democracia mientras que ellos están trabajando duro por ella. Y eso lo dicen tras una muralla de escolta, como cuando Soraya, mi amiga Sora, miraba a la cámara de televisión con esa seguridad ensayada y calculada que solo da   tener el poder en los bolsillos y aseguraba que allí estaban para trabajar por nosotros, como si aquellos de los que la defendían no quisieran precisamente eso, ¡que trabajen coño!

Y es que no se enteran. No se quieren enterar. Que lo que queremos es que se defiendan nuestros derechos, que no se profane el nombre de la democracia con cada discurso que nos escupen como a ignorantes, que no somos antisistemas ni antimierdas, que somos ciudadanos normales, con nuestras carreras, nuestras familias, nuestras declaraciones de la renta impecables cada año, nuestras cuentas del banco peladas, nuestras hipotecas, nuestras frustraciones diarias al ver cada día cómo tenemos cada vez menos seguridad, menos posibilidades de trabajar, menos recursos para garantizar a ancianos, enfermos y niños cuidados y una vida digna.

No. Está claro que no se quieren enterar. Y tienen a negros escribiéndoles discursos llenos de excusas vacías y atajos mentales para llenar los huecos de nuestras arcas con aire, como sus promesas. No nos engañan, ninguno. Ni el que está, ni el que estuvo, ni el que está enfrente, ni el de más atrás. No somos antinada, y ya nos tienen más que hartos.

Me van a perdonar la falta de humor a estas horas de la mañana, pero la verdad es que se le quitan las ganas a una de echarse un chiste sobre la chepa cuando ves como se desangra impunemente nuestro historial de derechos, como se nos maneja como ganado y como se nos apalea indiscriminadamente. Porque los palos que dieron ayer frente al Congreso nos los dan a todos, sépanlo ustedes, y aunque esta lluviosa mañana no llevemos las cicatrices en nuestras espaldas, notaremos los moratones en nuestra libertad, tranquilos.

PD: felicitar, eso sí, el año que ha cumplido Conciliación Real Ya, una iniciativa que ha surgido de, y por, la gente, los padres y madres reales que pasamos por aquí y que lucha por hacer compatible la vida laboral con la familiar… Algo que, por supuesto, queda muy lejos de esas falacias a los que los gobernantes llaman “su agenda”. Enhorabuena, y sigamos adelante porque merece la pena mojarse el culo por algo bueno.

De cobrar, si eso, ya hablamos otro día

A la amiga de una amiga de una amiga mía la van a despedir. O la han despedido ya. O le están haciendo un ERE, que ahora mismo es como que te hagan las mechas, unas ingles brasileñas o las cejas, vamos, lo más normal. Todos tenemos un conocido al que han pasado por la piedra salarial, o que está punto de pasar. Y ese afortunado que antes tenía la tranquilidad vitalicia de ser funcionario, ahora le tiemblan las carnes pensando en los recortes de sueldo, en las pagas extras menos o en las transferencias a las comunidades, momentos en los que definitivamente sí que ves tu vida pasar por delante en fotogramas, imágenes digitales o viñetas de comics, da igual el formato o el color.

En el parque, con los niños, después del tema del cole, que hasta que pase el momento estacional, seguirá siendo la estrella en nuestra horquilla de edades, el tema recurrente y más manido es “Y a ti, ¿cuándo te echan, Mari? ¡Miguelito, no te comas la arena! Y qué, ¿les has denunciado ya?.” Así está el patio. Y  el que no lleva meses luchando por la indemnización, de la mutua al psicológo, pasando por el INEM y el abogado y peleando, claro, con unos y con otros, está viéndolas venir mientras echan al 80% de la plantilla de su fábrica, o directamente lleva seis meses yendo al tajo sin cobrar su sueldo. ¡Seis meses!

Que hay que reinventarse, dice por ahí gente guay que bebe Aquarius en los bares. Pues sí, hay que reinventarse, machote, pero en otro país, me parece a mí. Porque lo que es aquí o tienes un cuñado en el Ayuntamiento y un padrino en el banco, o más te vale que lo que reinventes sea tu lista de créditos y préstamos.

Que hay que renovarse, dicen, crear negocio, innovar, tener imaginación, ¡emprender! ¡Coñe, llegamos a la dichosa palabrita! ¡Emprender! Y miren ustedes que lo digo como una humilde aspirante a empresaria, pero francamente, ya estoy un poco hasta los mismísimos rulos de que nos tomen el pelo con eso de que emprendiendo se sale de la dichosa crisis, amigos. Que nos venden la moto del emprendimiento como si fuera la panacea para que cinco millones de parados se busquen las habichuelas fuera del abrigo del papá Estado… Ay, espera, que olvidaba que los autónomos no tienen derecho a paro, ni a baja, casi, ni a jubilación, casi, ni a una vida, casi, es verdad, qué alentador, casi… ¡Ummm, qué ganas!

Sí, claro, por supuesto que emprender es genial, muy buena idea y muy satisfactorio. Que está muy bien ser tu propio jefe y que te puedas llamar gilipollas a ti misma en vez de a alguien casi de tu misma edad pero con seis ceros más en su sueldo. Pero insisto. No en este país. A lo mejor en Sillicon Valley, amigos, saben valorar un proyecto viable y encauzarlo, que ya no digo invertir, ¡que me conformo con no joderlo! Pero en España las cosas no funcionan así, me temo. Y eso que estamos rodeados de gente con ideas, y con ganas, y con proyectos interesantes. Un montón de talento que sube como la espuma por el cuello de la botellas hasta que ¡oh, merde! se encuentra como tapón a los inmensos culos de los gordos banqueros, de los ministros de Trabajo o de Industria o de Hacienda, o todos a la vez, que parece que se ponen de acuerdo para dificultar el curro de millones de pequeños empresarios y de autónomos con trámites engorrosos, impuestos a porrón, y toda una lista de torturas que debería recoger la mismísima Convención de Ginebra.

Pero ahhhhhhhhhhhh, no te olvides de que estás en España, colega, el país de los cuñados en el Ayuntamiento y el padrino en el banco, de los Gurtel, de los Cortina, de los Fabra, de los Millet, de los Urdangarines, de los millones de euros intercambiados entre señores con trajes en gasolineras, de las subvenciones a eventos deportivos que nunca se llegarán a realizar, de los Juegos Olímpicos que nunca se celebran pero para cuya candidatura pagamos religiosamente cada año, de las Cajas Mágicas y los 300 millones de euros que costaron y otros ejemplos indignantes de despilfarros urbanísticos que después del pastizal que han costado se cierran al público por falta de recursos o sabe dios por qué, de los aeropuertos en ciudades fantasmas, de las estatuas gigantescas y presupuestos desproporcionados, de los colegios públicos sin calefacción y de los recortes a diestro y siniestro y en el que, amigo emprendedor, si quieres un crédito o un boli del banco, ya si eso vas a tu madre y que te lo saque de debajo del colchón porque aquí, en tu negocio, no arriesga ya ni el Tato. Y que si haces un trabajo por el que pagas tus impuestos religiosamente, como un buen hijo de autónomo, tranquilo, que te comes los mocos porque a ti no te pagarán hasta que se desvele el misterio de la sábana santa, o de las caras de Bélmez… ¡Y no pasa nada! Porque estás emprendiendo, estás de moda, el Corte Inglés te va a dedicar un Día Fantástico y eres lo que se lleva, como el morado. Molas mazo.

Ya si eso, de lo de cobrar, hablamos otro día, majete…

Perdónenme el arrebato, es que dan ganas de darle la vuelta al mundo, a ver si vuelca toda la gentuza esa que nos da tanto por saco, y ya de paso, nos caen las monedillas. O las vueltas de la compra.