El vía crucis mañanero, o cómo empezar el día a patadas

Empezar el día con alegría no es sólo el grito desaforado de una estridente y bifocal Leticia Sabater en sus años mozos (los de mi quinta puede que aún tengan pesadillas con esa imagen, yo sí). Es también una nube negra que sobrevuela las cabezas de muchos padres y madres del mundo mundial al sonar el despertador, cuando, legañosos y con la babilla aún paseándose por la mejilla, se asoman a los cuartos de sus criaturas para, una vez más, empezar el día. 

Y es que algo debemos hacer mal cuando las primeras horas de cada jornada son un acelerado mix de suspiros, carreras con el vaso de zumo en una mano y las bragas Palominos en otra, “que te tomes la leche”, “ah, ¿que no quieres que te vista? ¡pues vas desnuda, no te preocupes!, “te vas a quedar sin parque esta tarde como te quites los pantalones” y “no, mi amor, no voy a llevarte en brazos porque pesas más que una bombona de butano, cariño”…

Así que no es de extrañar que al llegar al cole/guarde, o cuando nos cruzamos por la acera a eso de las nueve, nos miremos entre nosotros, oh padres y madres encargados de depositar a las criaturas en sus destinos guarderiles y nos reconozcamos en ese resoplar de “dios,dame paciencia”, esa mancha de colacao en la pechera, esa mueca de “si canto otra vez la canción del burrito Pepe entraré en shock anafiláctico!” y esa lágrima gordota cayendo en silencio hasta el pavimento.

Una va jurando en arameo porque no cabe en la acera con el “puñetero carro” (lo entrecomillo porque lo dice ella, no yo, que conste) mientras su niña se limpia los mocos relucientes con la manita y los va restregando primorosamente por el coche junto al que pasan con dificultad. La otra muerde con ahínco de contracciones de parto sin epidural las llaves del coche que tiene en doble fila mientras, con una mano, arrastra a su pequeño que se afana por chupar la acera con fruición y con la otra transporta, cual fornida botones de hotel, mochilas, bolsa, agendas, chaqueta, el paquete de pañales en oferta y la autorización firmada para ir al zoo, que, por cierto, era para ayer. También está el padre estresado que lleva al niño en zapatillas de estar por casa y con el babero churreteado aún colgando, y que nada más abrir la puerta de la guarde, lanza con destreza al pequeño en brazos de la primera que aparezca a recibirle para desaparecer con un “halebonitoqueluegovienemamaabuscartepórtatebienquepapátequieremucho” que termina de pronunciar mientras arranca el coche para encontrarse con que tiene uno en doble fila de la que mencionaba antes. Ah, y podría seguir, pero mejor lo dejamos, porque haber, hay para todos, para qué negarlo.

Para mí también tengo, faltaría plus. Porque nosotras vamos andando, a lo paseo relajante, de charla y diversión. Pero cuando llegamos a la guardería, tras media hora laaaaaaaaaarga de paseo que bien podría valer como expiación de mis numerosos pecados, hemos saludado a todos los perros pulgosos que nos cruzamos, hemos limpiado con el culo todos los rellanos de cada portal, sí, aunque los estén fregando, hemos pedido perdón a las mujeres maduras a las que se han calificado como “abuelas” a voz en grito, hemos probado a ver si sale el pis detrás de cada coche aparcado para terminar con un “nosale mama”, hemos cantado todo el repertorio habido y por haber de los payasos de la tele, y hemos negociado hasta el infinito para no tener que cargar con ella en brazos…, tras todo eso  el espíritu de una servidora es el de una apesadumbrada y quejicosa octogenaria en decadencia (no las que están ahora mismo metiendo los pies en la playita de Benidorm, esas tienen mucha más energía que yo, pero con diferencia).

Que claro, visto así, casi mejor que no tenga oficina alguna a la que acudir y me ocupe de mis cosas en soledad, porque en el estado mental que te deja esa lucha de titanes de apenas tres cuartos de hora, lo mismo, en un arranque psicótico, me apodero de una grapadora a lo metralleta kalashnikov y me cepillo a unos cuantos… Ni pensarlo quiero, oigan.

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16 thoughts on “El vía crucis mañanero, o cómo empezar el día a patadas

  1. Yo no tengo churumbeles que despertar, pero tu post me ha recordado un verano en el que trabajé en el turno de noche de una residencia infantil y yo era la encargada de levantar, vestir, peinar y dar el desayuno a 6 angelitos. Cada día el despertador sonaba un poquito antes para ver si nos daba tiempo y no teníamos que ir comiéndonos las galletas de camino al casal de verano… creo que nunca lo conseguimos, ains… ¿por qué el tiempo por la mañana pasa tan deprisa? en fin, desde aquí te envío toda la solidaridad de la que soy capaz…

  2. Nena, si te enteras donde venden los calasnicós ya me dirás, que estoy interesada en hacerme con uno. ¿Y con fiebre? Esta mañana ha sido así. Con fiebre y parrematarla voy a coger a la peque y se me ha roto el pantalón por la culera mmmmm ¿40 cm? ¡Bendita chaqueta que llevaba para taparme! Pero no, no ha sido una bonita forma de empezar el día ¿Cuándo se acaba???? yo sólo quiero meterme en mi cama y que negocien otros con mis pequeñas terroristas

  3. Mis queridas todas:
    Os leo en la distancia (por años pasados y por km) y os digo que todo pasa. Es totalmente cierto eso que decís, aunque en mi caso siempre tuve una hija-armario (así la denomina mi padre), que no sabes ni que está. La nuestra aprendió la frase “¿Y hoy quién me recoge?” antes que al control de esfìnteres y la vestíamos como si fuese Cleopatra, estirando sus bracitos y piernecitas para que sus padres hicieran lo propio cual esclavos… ¡mmm! creo que sólo veía las aceras y rellanos de los portales en fines de semana… y creemos firmemente que sabe conducir mejor que nosotros, dados los km de vuelo que tiene encima desde que nació.
    Disfrutadlo, con todos sus cansancios, que luego estaréis con los pelos como los tengo yo normalmente, tipo Medusa, en ese borde de precipicio histérico de madre de pre-adolescente. Otro día os hablo de la fase violeta y conversaciones a tres bandas sobre la conveniencia del hábito y frecuencia de duchas y lavados de cabeza; eso sí son negociaciones de alto nivel diplomático, y no las visitas de la troika a Grecia.
    ¿Véis lo que he hecho? quejarme… si es que no tengo perdón. Pero la adoro, igual que vosotras a vuestros chiquitines y gracias a ellos ponéis unos post tan comestibles.
    Un saludo,

    1. Mi querida coherente:
      Debe ser gracioso vernos con ojos de ah, esto ya lo he vivido yo, y reírte de ello. Yo espero hacerlo también, jejeje. Aunque siempre se agradece la voz de la sensatez para no dejarnos caer en el absurdo, porque aunque no nos lo parezca, es cierto, todo pasa. Y es una pena, o no, según lo mires, jejejeje.
      Un abrazo y gracias por pasarte, como siempre.

  4. Hoy he conocido este blog y me he sentido totalmente identificada con este post…yo por más que intento levantarme diez minutitos antes que mi hija para luego ir mejor de tiempo es que siempre pasa algo…un día que justo antes de salir de casa le entran ganas a la criatura de hacer caca..otro día que no se quiere poner los zapatos…y corriendo detrás de ella por toda la casa…en fin que siempre vamos corriendo…doy fe de que así son también mis mañanas…

  5. Me cuentas esto un día en el que he lanzado un grito mañanero de : Pues me da igual, os vais en pijama al cole y así vuestros amigos tienen una razón para reirse. Es que no hay derecho, hombre, que una cosa es que perreen y otra que te hagan ya una sentada hippie para no vestirse

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