VDLN: La fiesta pequeñita

Sin duda, hoy mi sonrisa baila al ritmo del día. Sin prepararlo. Y sin buscarlo.

Hoy bailamos descalzos, con los ojos cerrados y sin pensar más que en el suelo que pisamos.

Nos agarramos de la cintura y giramos hasta marearnos. Y nos morimos de risa. Y celebramos que estamos aquí, ahora, dando saltos como los locos que somos.

Feliz #VDLN y disfrutad en esta fiesta improvisada, pequeñita y sin mucho miramiento que hemos montado aquí, en cinco minutos.

Feliz baile…

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


El coñacito del emprendimiento de serie

columpio

Mientras preparo mi VDLN para mañana, me salen los pensamientos así a borbotones al leer este post de Patricia Araque sobre la startup tranquila y sobre todo esta entrevista que mencionan a David Heinemeier, fundador de  Ruby on Rails y de 37signals además de experto sobre este tema, sobre su visión del riesgo y cómo está afectando a las startups en general.

Él opina que no es necesario arriesgar el todo por el todo a la hora de crear una empresa, que no es imprescindible ni sano sufrir para sacarlo a toda costa, y que no deberíamos olvidarnos de nuestra vida personal. Es una entrevista fantástica, llena de sensatez basada en la experiencia, y que, en serio, según la he ido leyendo casi se me saltan las lágrimas de emoción de outsider.

Por fin alguien que habla en voz alta sobre ir contra corriente, que el objetivo no DEBERÍA ser multiplicar por 1000 los ingresos en infinitas rondas de financiación en las que, por dios, ¿dónde sacas el tiempo para trabajar y hacer eso que querías hacer en un principio? Y además, no nos engañemos, salvo que te vaya la marcha, es, como diría mi querida Olga de Olga y Antuan, un coñacito pero de los buenos (al menos para mí!).

A ver si nos entra en la cabeza que no TODOS los proyectos emprendedores son iguales, ni deben serlo. No todos se crean con la idea de venderlas y crear otra nueva, para venderla a su vez, y volver a crear otra para seguir el ciclo de la startup… Resulta que ese círculo no es para todo el mundo que empieza un proyecto, que no todo el mundo quiere pasar por pitch elevator, buscar business angels, rondas de financiación, el break even, las aceleradoras y los que no tenemos por qué sabernos toda la terminología emprendedora para hacer lo que nos gusta y que no obligatoriamente pasa por ese proceso ya casi paquetizado y de serie de emprender, que ya es casi como montar un mueble de IKEA, y que no vender, ni tener socios capitalistas, ni ser escalable son síntomas de fracaso.

A todos nos ha pasado. A mí misma se me ha planteado muchas veces la ocasión de meterme en esta vorágine loca de números y carreras frenéticas para llegar a cifras que satisfacen las necesidades siempre de otros, no las mías, os lo aseguro. He hablado con inversores, con business angels, sobre procesos de crowdequity, de financiación, he estado a punto de vender (y perder) mi empresa, he optado a créditos y ayudas… He ido cogiendo caminos, que, en principio, eran de paso obligatorio para llegar a algún sitio que todo el mundo me decía que era al que tenía que llegar: el éxito. A fin de cuentas, ellos saben y TÚ NO (y ya se encargan ellos de hacerte partícipe de esta observación así sutilmente jjjj). Eso sí, a costa de hacer algo que a mí, personalmente no me satisfacía en absoluto, sacrificando además de mi tiempo en familia y vida personal, más aún, mis propios recursos, y encima perjudicando enormemente a mi trabajo, que sobre todo en la fase inicial de la empresa era el 100% mío y no contaba con nadie más.

Así que, pese a “pecar” de cabezona obstinada y de ilusa ignorante, y de dudar cada lunes por la mañana de ir tomando las decisiones acertadas (algo que nadie sabe a ciencia cierta) he ido desestimando una a una todas las opciones que implicaban algo que el amigo David alude muy certeramente en su texto: el riesgo y el sufrimiento. Ojo, que arriesgar he arriesgado y mucho, especialmente al principio y hasta empezar a tener ingresos. Y también he sufrido y mucho, para sacar adelante algo en base únicamente a mi instinto y no a manuales de MBA. Pero este sufrimiento y este riesgo estaban dentro de lo asumible, de aquello con lo que me he sentido cómoda y que podía controlar. ¿Corta de miras? Puede ser. ¿Me voy a hacer rica? Salvo que me toque la lotería, lo dudo. ¿Duermo bien? Muchísimo.

Y bueno, nadie dice que lo que yo he decidido sea lo correcto. Pero os aseguro que el éxito es algo tan relativo y tan personal que no podemos medir nuestra empresa, nuestro proyecto en función a cifras y métricas que otros califican como exitosos.

Simplemente porque, a lo mejor, para mí, vivir de mi “slow business” junto a un equipo creado en estos años, y sentirme feliz y cómoda con lo que hago, pudiendo dedicar tiempo a mi familia y a mi vida personal, a colaborar con causas que me mueven y me inspiran, y seguir teniendo ganas de hacer cosas nuevas y mejores cada día, es la medida de mi propio éxito, sin necesidad de ser un unicornio, o un genio de las finanzas.

Y con esto no digo que otros modelos no sean correctos o satisfagan a quien los pone en marcha. Supongo que tiene que haber de todo, ¿no? Lo que digo es que NO TODO EL MUNDO debe pasar por el mismo proceso ni los mismos resultados para sentir que está sacando adelante algo con buenos resultados. Que ser multimillonario puede ser un objetivo muy válido, pero no es universal, y no debería ser la medida de la realización personal.

Que no os vendan motos, ni unicornios. El éxito pasa por hacer lo que quieras, y a tu propio ritmo.

Y ahora os dejo, que tengo que tender una lavadora😀 ¡Hasta mañana!

VDLN: Terapia de choque

Septiembre está aterrizando en nuestras vidas con la fuerza de un ovni de peli americana: proporciones desmesuradas y potencia infinita frente a los que el típico anti-heroe (que luego se descuelga como heroe de toda la vida) no parece tener ni una oportunidad.

Septiembre es como esos amigos que hace años que no ves, que estás deseando reencontrarte con ellos. Pero cuando por fin llegan, resulta que ya no tenéis nada que ver. Es más, resulta que no les soportas, por lo que sea. Y aún así tienes que pasar el trago hasta poder escapar y dar carpetazo a esa relación.

Septiembre tiene su lado bueno, pero es muy plasta. Es definitivamente un mes muy chungo. De propósitos y tal, de cuestas, de vueltas, de too much para mí. Que está guay ponerse retos y eso, y aquí sigo, pero oye, que todos los días con el temita… cansa demasiado. Y quiero un octubre ya en mi vida.

Que así ya empezamos con los anuncios de navidad y podemos quejarnos de otra cosa😄

Pero no, no me voy a quedar en el lamento quejicoso de un mes abusón y obsesivo. A un mes tan avasallador, tan potente, tan Trump en sí mismo, no podemos sino aplicarle una terapia de choque, y de las buenas, para no acabar aplastado por un pie de Godzilla o algo así jjjj (me he levantado peliculera, lo sé, pero me encanta).

Y mi cutre-plan de defensa-ataque consiste en:

  • Combinar el azul marino con el negro. Así, tirándome al vacío y desafiando las leyes de la física y  de las revistas femeninas a las que detesto con todo mi esternón.
  • No leer posts ni artículos ni libros de gurús que me cuenten los 10/20/100 secretos para … (rellenar al gusto con hazañas como triunfar con tu start-up, perder 10 kilos en una semana o mirar al sol sin quedarte meriloto)
  • Escuchar mucho y hablar menos, leches. Que hablo demasiado.
  • Comer un aguacate al día (cuando bajen de precio, que ahora están por las nubes. ¿Alguien sabe por qué están tan caros?)
  • Hacer mermelada casera con los últimos melocotones de la temporada.
  • Seguir corriendo como una cobarde jjjj
  • No enzarzarme en debates inútiles sobre blancos y negros.
  • Seguir cantando en el coche a grito pelao. Es la única esperanza de redención para mantener la cordura automovilística en una ciudad-ratonera como Madrid.
  • ¿He dicho ya lo de hablar menos?

Y bueno, esto es un resumen, así de viernes por la mañana, de cómo destruir al enemigo en unos sencillos pasos… Espero los vuestros a ritmo de canción destroyer!!

Feliz #VDLN y feliz destrucción!

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VDLN: A propósito de septiembre

Junto a enero, que es el kickstarter del año sin dudarlo, septiembre es sinónimo de pistoletazo en el aire. No solo por los millones de coleccionables que inundan los quioscos, o por la famosa vuelta al cole. Septiembre es el mes de los re-comienzos, de las oportunidades antes de acabar el año. Es el apretón de “ahora o nunca”, el depertarse tras la resaca y repetirse que nunca más…
Septiembre hace que nos volvamos un poco locos con nuestros propósitos, que se llenen los gimnasios y las clases de inglés para negocios. Algo que se acabará abandonando allá por noviembre o diciembre, con el bullicio de las fiestas venideras, los puentes y las lucecitas brillantes que prometen nuevos re-comienzos.

Nos pasamos el año intentando empezar cosas que dejamos tiempo después. Y que volvemos a intentar. Y volvemos a dejar.

Y lo peor es que aún sabiendo lo irremisible de nuestro comportamiento en bucle, seguimos entrando cada septiembre en el mismo ritmo, con la esperanza de ser ese 1% concienzudo, obstinado y superhumano que conseguirá mantener el hábito recién adquirido. El resto nos conformaremos con buscar en el horizonte temporal nuestra próxima oportunidad de volver a intentarlo.

Por supuesto, yo soy de los reincidentes en casi todo y cada septiembre, y cada enero, encuentro un motivo para volver a intentar una meta más o menos posible. Y lo gracioso es que en el proceso de ascenso y caída no suelo alcanzar las que tenía en mi diana sino otras absolutamente inesperadas, pero quizás por eso también muy estimulantes. Y quizás es eso lo que nos pasa un poco a todos con los propósitos de nuevas etapas, que no llegamos a cumplir lo que nos habíamos propuesto, no nos hemos leído un libro por día como pretendíamos en nuestro afán cultureta, pero hemos descubierto 3 autores que amaremos de por vida, o que tenemos más dioptrías de las que pensábamos y tenemos que ponernos gafas con urgencia…

La vida está llena de puertas inesperadas tras la que hay muertes seguras o aventuras con dragones de dos cabezas, o un camino de baldosas amarillas. Y mientras buscamos otros destinos, nos vamos cayendo en agujeros que nos llevan a otros sitios, quizás incluso mejores….

El caso es que este septiembre también me he puesto reto, para darle más emoción. En realidad tengo muchos, pero hay uno en concreto que me va a costar mucho no abandonar, que me conozco. Así que me motivo a mí misma con ritmos que me acompañen y me transporten, que hagan esta lucha contra mi propia pereza en una aventura con puertas inesperadas.

¡Feliz semana y felices aventuras!

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VDLN: Life crisis

¿Acaso no es la vida entera una enorme, gigantesca y maravillosa crisis?

¿Acaso la incertidumbre no es nuestro estado natural y la certeza esa meta a la que nunca llegaremos?

¿ Y si la vida es esto? ¿Y si siempre estamos en crisis con nosotros mismos?

Porque según pasa el tiempo, cada día, la crisis se convierte cada vez más en mi constante.

Y, oh maldita sea, cómo la estoy disfrutando…



VDLN: Bailando

Vivimos en un constante baile. Y a mí que no se me da muy allá esto de menear las caderas me ha tocado hacer el esfuerzo mayúsculo de ejercitar, al menos, un poco la cintura. Por eso de esquivar los golpes, vamos.

Nos pasamos el día en lucha. Alerta y con los puños arriba, cual boxeador preparado para un embiste. Y bien que hacemos, porque los golpes te llegan. En forma de ganchos, de despistes, de juegos de manos.

Y hala, ya está el baile montado.

Y parecería que lo más efectivo es golpear y punto, dejar ko al adversario.

Pero resulta que tras dos buenos mandobles te das cuenta de que es más importante un buen par de pies que te hagan girar a tiempo.

Y bailar al ritmo de lo que te vaya pasando.

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