Realidad aumentada: la metamorfosis de las mallas

Pensaba escribir una reclamación furibunda sobre el estado calamitoso de mi barrio (pendiente queda), pero hete aquí que en una de éstas, y por casualidad, me he mirado al espejo. Y sorprendida, no gratamente, he soltado un ¡Hosti tú! (nótese el efecto pocoyizante que hemos de insuflar al vocabulario soez) Y a ti, ¿qué te ha pasado? 

La respuesta a esta sencilla pregunta tampoco es que sea nada compleja: ya no voy a trabajar y eso, amigos, se nota más allá de en la cartita de la Vida Laboral que te manda la Seguridad Social. Así pues, el que yo me haya metamorfoseado de lo lindo con mis convecinos raciales adoptando (casi) la muy cómoda, aunque denostada, costumbre de ir en pijama y bata al Ahorramás va a ser que viene derivada del hecho que me paso parte del día solica en casa, y la otra parte hundida en un arenero mientras mi criatura me echa, pala en mano, arena por encima (arena gustosamente condimentada con una buena ración de colillas, chicles y demás cochinadas varias). Vamos, como para ponerse el último de Chanel. Pues no.

Y eso que, sepan ustedes, que yo lo intento, que de vez en cuando entierro con ahínco las mallas en el fondo del armario, amordazadas y con piedras para que no vuelvan a aparecer ante mi vista. Pero ellas, que ya se han maleado por las condiciones “socio-medioambientales” (y que son del mercadillo, que eso dice mucho de su condición), tiran de recursos y vuelven a salir una mañana cualquiera, de esas que no sé qué ponerme y me tengo que ir pitando a llevar a la niña a la guardería (donde, que lo sepáis, he perdido, y mucho, esa imagen de madre glamourosa, moderna y trabajadora que un día tuve, para convertirme en este despojillo al que abren la puerta como con lastimilla).

Las mallas, la chaqueta del chándal bien apretujada, el moño a lo Winehouse enrollado con furia y mucha prisa cual torre Eifel, el carro de la compra de 30 kilos de capacidad más compartimento frigorífico, el monedero negro de piel en el sobaquillo que ya ha hecho efecto ventosa, y las bambas o las chanclas como calzado, el bolso lleno de mandarinas medio pasadas, bragas Palominos para cambiar a la criatura en sus pises callejeros y unas cuantas galletas desmenuzadas María del Día y ya estoy: ¡lista para darlo todo!

Bueno, a veces recupero la cordura medio temporalmente y si tengo que salir al mundo real y
civilizado, más allá de los límites del parque-mercado-guardería, me disfrazo una vez más de ser humano con cierto estilillo. Pero en cuanto llego a casa, resoplando bajo accesorios tintineantes, cinturones sobaqueros y apretamientos varios, me tiro como una loca a ese chándal de felpa que me llama con cantos de sirena: ¡Ay, paya! Vámonos p’al Carreful!

Y me puede, amigos, el “barriobajerismo” de la Esteban me puede…

Aún así, he de decir que mi yo sofisticado, ese que se dejó hace unos años medio sueldo en montarse un fondo de armario como Zara manda, el que sigue viendo Sexo en Nueva York con nostalgia, recuerda con sorna (y cierta preocupación muy a lo Lomana, vamos, totalmente superficial) esa perla de sabiduría paternal que un día, hace tiempo, me soltó mi progenitor, muy al estilo de los Alcántara en sus momentos más sesenteros: “Hija, para mantener a tu hombre, sobre todo, no te abandones. ¡No te abandones, por dios, no te abandones!”.

Así que,  visto que en una de éstas me veo vigilando de reojillo a mi santo por si las moscas y pintándome los labios justo antes de que llegue a casa, poseída por el espíritu de un ama de casa desquiciada de los cincuenta, tendré que tomar medidas muy serias y aplicarme una terapia de choque de extrema emergencia…

Maris del mundo, ¿alguien quiere unas mallas preciosas, casi nuevas?

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20 thoughts on “Realidad aumentada: la metamorfosis de las mallas

  1. qué verdades cuentas hijamia, como te entiendo, que yo llevo el mismito camino, hoy he venido al trabajo como cuando iba al instituto, playeros y sudadera (rosa, para más señas e indicios del decaimiento estilístico que tengo…)… eso sí, el fin de semana desempolva el chanel y dale a tu cuerpo, y a los ojos de tu marido, el paseíllo que se merece 🙂

    1. jejeje, yo creo que este post ha sido mi punto de no retorno, amiga, que hoy he visto delante mía una a la que se le salían las lorzas por encima del pantalón del chándal en plena calle, y he dicho basta!!!
      Así que tú ya sabes, jajajaja

  2. Cuando iba al instituto mi madre me decía: ¡que vas al colegio no a un desfile de modelos!!!
    Ayer me fijaba en el metro en la gente y pensé ¿desde cuando hay que arreglarse como para una boda para ir a trabajar? qué cansancio!! por no hablar del madrugón que te tienes que dar para ponerte todas las pulseras y anillos,maquillaje, moño,maxibolso, maxicinturon. YO no tengo hijos pero si me pongo más de dos accesorios me duele la cabeza…
    Si en vez de mallas les llamas leggins te los puedes seguir poniendo…

    1. jejejeje, lo sé, los leggins son más molones, siempre que no los combines con una camiseta del decathlon, jejejejeje
      Y no, no echo de menos la decisión de cada mañana, ese: y hoy qué coj.. me pongo? 🙂
      Aunque claro, todo tiene un límite, y creo que está en que se te vea la hucha porque se te baja el chándal en la calle… jejejeje

  3. No Mari, no. El punto maruja tiene un limite y ya te estas pasando. Tira esas mallas INMEDIATAMENTE al contenedor de HUMANA, y que alguna adolescente con personalidad a medio formar las recicle para sus “conciertos del metal”. A ella le haces un favor, porque lo vintage está de moda, pero nada comparado con el que te haces a tí.
    Y te lo digo desde mi salón, con mi modelo Decatlón.
    Vamonos de compras!!!

  4. Que no, mari, que ni te preocupes, el glamour fluye por los poros de tu piel. Ya vayas en chandal de tres rayas o enfundada en lo ultimo de Dior. La que nace elegantosa, lo es hasta en la cola de la casquería. Solo a cosa a evitar, mocos en la solapa no. El resto sí se vale.

    1. Jajaja, amiga te lo agradezco desde lo más profundo de mi bata, pero te aseguro que hay pintas que no se pueden permitir BAJO NINGÚN CONCEPTO. Yo por ti también lo haría, así como te lo digo.
      Ni mocos ni vómitos, por favor.

  5. Me ha encantado el “si los llamas leggins te los puedes seguir poniendo” de Mujeres Imperfectas jajaja

    Mi abuela m dijo hace tiempo: una mujer bien compuesta quita a su hombre de otra puerta. Ahí queda eso!

    Seguro q tú estás monísima como sea pero hay q cuidarse. Yo entre la baja, q sólo m valen unas deportivas y la barriga estoy bajo mínimos de glamour, tanto q el otro día m maquillé un poquillo y todos m dijeron q iba mu mona. Claro, comparada con las pintacas q tengo últimamente…

    1. Bueno, es que tú, como mi ínclita amiga Celia tienes bula… cuando estaba también a puntito de mi criatura es que no tenía nada que ponerme!! Ni ganas de arreglarme, jejejeje…
      Sí, hoy me he ido de compras, no he visto nada, pero al menos lo he intentado. Que conste 🙂

  6. Querida, como te entiendo,yo me he unido a las hordas de madres que no trabajan, y el jogging ( yo no tengo cuerpo para las mallas) es mi mas fiel amigo, hija si hay alguna modelo que sale en jogging pues nosotras tambien, es tendencia….

  7. No me quites el titulo de ser la mami que mas ha bajado su imagen en la guarde, porque con mis super modelazos de embarazada de 8 meses no hay quien me supere!!

  8. Que buenas que eran vuestras abuelas la mia decia ” No te fíes de los hombres aunque los veas llorar porque llorando van diciendo, como te la voy a dar” 😂😂😂 He llorado de la risa con el post y con los comentarios, que salás que sois todas. Limpieza del armario y así no hay mas remedio que vestir medio bien o ir en pelotas a buscar a los nenes.

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