La vida sigue igual…

España...
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Ya lo decía el ínclito Iglesias…

Protagonistas de un “Rescate Deluxe” cutre y con la Esteban como heroína de los gays (amigos gays, ¿era necesario?), vivimos de prestado por culpa de la negligencia de nuestros políticos, de la panda de mafiosos y “Bankiamakers” que se reparten nuestros esquilmados recursos, centimillos que en sus bolsillos, son millonarias compensaciones….

Nos recortan cada día nuestros derechos, y este mismo domingo ya nuestros sueldos con esto de tener que pagar el porrón de medicamentos que han sacado de la cobertura de la Seguridad Social. Si hasta vacunas para los pequeños desaparecen de las listas, y con cara de “nos la están metiendo pero bien” te vas de patitas a la farmacia a pagar como una buena madre, que eso no está en rebajas…

Nos amenazan con traernos un EuroVegas-que-te-cagas aquí al ladito, y con esta España de pandereta y Mr Marshall encima tenemos que aguantar como la Aguirre nos dice que sí, que las leyes se las pasan por ahí mismo cuando quieren, que para eso mandan ¡no te jode!, y que si los americanos quieren fumar, ¡pues que se fuma, coñe! ¡¡¡Que aquí se ha fumado toda la vida!!!

Esas chiquitas trajeadas, bronceadas, hidratadas y me apuesto que mucho mejor depiladas que una servidora, que nos dicen desde la tele, y a bocajarro, sin rombo alguno, que nos busquemos productos naturales para tratarnos los dolores, que es lo mejor de lo mejor, que su chacha es lo que le da a sus criaturas para quitarles los gases… Porque la tele es mía que si no se llevaban un buen zapatazo…

Y nos suben la luz y el gas, y los transportes. Y el Metro cierra a las doce. Y en los hospitales quitan personal y aumentan turnos. Y se cierran las empresas. Y somos carne de cañón.

Y desciende el número de hijos en España… ¿Y nos extraña?

Y los mineros recorren el país vestidos de negro, como nuestro futuro, como el humo de Lost que parece que nos está invadiendo desde hace tiempo. ¿Alguien puede tirar de la cadena, por favor?

Pero el balón sigue rodando…

(Si veis el vídeo, ojito a las caras de los espectadores… Ese niño! Vamos, que ni una sobredosis de Prozac…)

Esta justicia “vacaburra”

Tal vez sea mejor que avise que en esta entrada puede haber vocabulario explícito empleado para ofender a cierto pintor y al contratista y a unos cuantos señoritingos más. Mentes y espíritus sensibles hagan un pip mental cuando pasen por esos vocables y achaquenlo, sin duda, a la preñez avanzada y sus efectos primarios.

A lo mejor me meto en otro berenjenal. A lo mejor. Pero no me importa, mucho. Porque estoy muy cabreada.

Cabreada por una crisis que nos han plantao como si de un color de moda se tratase: esta temporada, bueno no, lo dos próximos años os vais a cagar todos porque España va a sufrir una recesión de cojones. Guardad vuestras esperanzas, vuestro optimismo y vuestras ganas de prosperar porque aquí solo lo van a hacer los mismos, osea nosotros, pero además os vamos a recortar todos los derechos que podamos. Porque es lo que os toca. Y os jodéis.

Cabreada por un país que no respira si no es para gritar GOOOOOOL delante de una pantalla o se encabrona con los pechos nuevos de la última rubia que haya salido con Guti (espera, es morena, no?). Nada moviliza tanto a este país como un clásico, como una pelota, como las declaraciones totalmente vacías de contenido de un señor que habla a los medios con los auriculares del MP3 sonando con la metralleta de DJ Tiesto de fondo. ¿En serio?¿EN SERIO?????

Cabreada, muuuuuuuuuuuuuuuy cabreada, porque al señor jefe pintor de los huevos no le ha dado la real gana de arreglarnos los desperfectos que ellos han causado al pintarnos la casa a medias. Eso sí, colega, te largas sin cobrar porque no pienso pagarte ni un euro después de haberte atrevido a insinuar que mi mansión, MI MANSIÓN es la causante de que la pintura recién echada se levantase tres días después de haber pintado. Mamón.

Muy cabreada esta semana porque un día sí y otro también confirmo el hecho de que se están riendo de nosotros, en nuestra cara.

El juicio de Marta del Castillo me dejó bastante escamada, lo reconozco. Esos padres, ese abuelo que no deja de levantar Andalucía buscando a su nieta… Y esos… esos, no tengo ni nombre que se acerque al desprecio que siento por esos bichos repugnantes que se han sentado en el banquillo y que han salido libres salvo uno de ellos que ha recibido una pena que con las patéticas leyes que tenemos en este país saldrá tan tranquilo cualquier día de estos. Indignante, estúpido, innecesario y vergonzoso que algo tan espantoso como un asesinato a sangre fría a manos de unos adolescentes de pendiente en la oreja y chandal brillante pueda salir impune.

Y ya calentita, me entero de que a Camps, ese hombre sonriente, después de haber oído toda España sus conversaciones de Esteso y Pajares comentando sus trapis con el Bigotes y los otros, le han dado la bendición y hala, a tu casita, majo a seguir jugando al golf y a las compritas, y ya nos pasarás el cheque a esta dirección. Aquí os digo, hermanos, que la indignación ya supera la línea de la película surrealista y que me entran ganas de ponerme a cantar como una loca en medio del supermercado, a lo musical de Broadway con plumas y lentejuelas (pero siendo como es de estratosférico y marginal mi barrio, ya imaginarán que lo haría con la bata de guatiné, el moño “awhinehouseado” y las zapatillas de estar por casa con pompón de pelillos rosas).

Esto es un circo, señores, un teatrillo, una farsa, una sombra, una ficción, como diría aquel… Y mientras juzgan con boato a Garzón sus propios compañeros, en lo que no me importa admitir que veo una total venganza de pandilleros setentones de trajes de a millón y morales abyectas, que se gastan nuestro presupuesto público en liquidar sus asuntos pendientes de patio de colegio, en vez de ocuparse de recoger la mierda de las calles, que ahí les quería ver yo, limpiando las aceras de truños gigantes y no calentando sus asientos de señorías. Vomitivo.

Y lo del Urdangarín, pfffffff, suma y sigue, que es presunto, como el jamón portugués. Y que no sé ustedes, pero que yo tengo claro, clarinete, que se va a ir de rositas y Coronitas con su colega, a seguir jugando al pádel y viviendo a nuestra costa como el resto de los Reales. Eso sí, que no se nos olvide a nosotros, oh mortales imbéciles y patéticos, presentar la declaración trimestral aunque sea a 0, o pagar nuestros pagos religiosamente a los bancos, da igual los que sean, porque a la semana como mucho, tendrás en tu casa una pila de cartas amenazándote y convirtiendo tu nombre en un chorizo más de noséquélista de morosos y la madre que los trajo.

Pero lo mejor, lo más de lo más vino ayer cuando escuché en la radio la historia de una vaca que hace 25 años mandaron a la cárcel porque el alcalde la pilló in fraganti pastando en suelo público de Baiona, aunque el dueño de la condenada sigue afirmando a día de hoy la inocencia de su vaca Pinta, que así se llamaba la protagonista rumiante. Y lo fuerte es que el animal ¡sí que estuvo encerrado!

Osea, que este pobre animal, cuyo único delito fue pastar donde pudo (sin entrar en si era dentro o fuera de la zona comunal) se casca 3 años de trullo y aquí el amigo sonriente de trajes regalados se pira encima con algún puesto ya en una directiva de por vida??????????????????? Pero estamos todos tontos o qué? (parece que en muchos de mis posts llego siempre a la misma conclusión, voy a tener que mirármelo…).

Sí,  yo me lo tengo que mirar, pero es evidente que la nuestra es una justicia muy “vacaburra”, digna de todos los calificativos más deshonrosos y escatológicos, que hoy me hace saltarme todas las normas de cortesía al escribir un post soltando improperios a diestro y siniestro.

Voy a serenarme porque tal y como están las cosas en una de estas me meten a mí un paquete por meter vocabulario inapropiado y viene el FBI y me cierra el blog. Ups.

2011, un año accidentalmente extraño

Estas fechas están llenas de topicazos: hay que ver que rápido se me ha pasado el año, Tomás, que cada año somos más consumistas, ya sabes, lo importante es el detalle, los españoles nos gastaremos una media de 300 euros estas fiestas, en Barranquilla del Palomar han celebrado las 12 campanadas tres días antes, hoy los Reyes han sido una vez más las bicis y las videoconsolas, etc, etc, etc… y “asín y asín” hasta el infinito que nos llevará sin solución de continuidad a la cuesta de enero, la subida del gas y del metrobus (sí, señor Echevarría, eso sigue existiendo!) y a la cola del Inem…

Pues aquí otro tópico de los de manual: el repaso del año.

Y, amigos, este año ha sido cojonudamente extraño. De esos que estás ahí tomándote unas cañas un día con tus amigos, y dices, ya medio pedo: ¡joder, es que ese año fue cojonudamente extraño! Y nadie te entiende porque también van medio pedo pero les hace mogollón de gracia y se parten la caja contigo, o de tí…

Pero es que es verdad, que lo ha sido.

Terminó y empezó felicitando las fiestas como siempre de la forma más rápida y cibernética, como todo el mundo que no manda christmas, entre los que me encuentro desde hace años y es que, entre otras cosas, soy literalmente incapaz de guardar las direcciones de mis amigos y familiares en el mismo lugar cada año. Así que por no tener que preguntar las señas y reconocer mi absoluta falta de organización, pues lo voy dejando para días mejores y menos azarosos.

Me comprometí, en vano, he de aclarar, y en un alarde de pedantería intelectual que a veces me permito, a alcanzar los 50 libros en un año. Ja ja, ni de coña, amigos… Ya me hubiera gustado a mí alcanzar esa cifra, pero se me han complicado las cosillas un poco (no hay excusa que valga, pero si tengo que buscarlas tardo menos de un minuto, vamos…). Y creo que mejor no me pongo a reseñar los que me he leído, entre otras cosas porque no me los he apuntado, aunque dije que lo haría, y el tiempo empleado en hacer memoria me viene al pelo para otras miles de cosas más urgentes como conseguir emparejar los calcetines desertores de mi hija, que se empeñan en dispersarse por la casa tras la colada… Aunque, si tengo que elegir uno de todos los que recuerdo así a bote pronto a estas horas de la mañana, me quedo con Anatomía de un instante de Javier Cercas.

Entre despistes y olvidos, me he reencontrado con amistades muy queridas como la sublime Aroa, he añadido nombres guays a mi lista de gente preferida, he descubierto series de TV geniales como Portlandia o Rubicon, he entrado poco a poco y de manera subrepticia en el mundo de las madres y padres blogueros (que mira donde me iba a llevar…), me he ido poniendo motivos para empezar el día al llegar a una oficina donde la cosa se iba poniendo chunga por momentos, he emprendido mi cruzada personal contra los Cantajuego y sus perversos efectos irreversibles en algún bucle blandito de nuestro cerebro y del de nuestras criaturas, allá por la zona derecha, girando la segunda a mano izquierda (sin acritud, eh?), me he metido en berenjenales muy divertidos y surrealistas, de esos que estás ahí toda empantanada y piensas: dios, pero qué estoy haciendo? y he plantado mi bandera en la puerta del gimnasio, porque no, ¡no voy a volver en una buena temporada!

Además, he alucinado con momentos históricos como el del 15M y sus consecuencias, me he enfrascado yo solita y bajo mi cuenta en riesgo en debates finos filipinos como el momentazo Sora, me han conquistado los modelitos noñoños y sus dueños más aún, he flipado con también momentos históricos y trascendentales en mi vida como el viaje a Israel, y he asistido a algo tan histórico y surrealista a lo chiste malo como un despido sin haber casi soltado la maleta…(algo casi irrelevante, en un momento como éste, en el que soy simplemente una más de los casi cinco milloncejos de españolitos que hacen cola en estos sitios tan agradables, las oficinas del Inem)…

Ha sido un año cojonudamente extraño. Un año de meteduras de pata estruendosas y aciertos de duración indeterminada. Un año de hostiones con la mano vuelta, de crisis, paro, de qué hago ahora con mi vida, de qué hago en Madrid con la Botella de alcaldesa y la Aguirre de presi, por no hablar del panorama nacional…, de qué hago en este barrio donde las cagadas de perro que hay en la calle son del tamaño XL-caballuno por lo menos y a los que mi criatura ya ha puesto hasta nombres de pila de la familiaridad que les está cogiendo (a las cagadas, a las gitanas en zapatillas de estar por casa y a los yonquis varios en chándal). Un año donde tiraría muchas cosas y a muchos a la basura, sin reparos ni mirar si va en la bolsa amarilla o en la negra…

Pero, también, el año de la preñez, el de los proyectos sin fin, el de hacerle un corte de manga al sistema y el de liarme la manta zamorana a la cabeza (gracias a mi santo por aguantarme, mérito tiene, sin duda…).

Un año extraño, raruno, fuerte pero sin destilar, como esos vinos peleones que te dejan dolor de cabeza al día siguiente, y que ya se acaba, calendario y paracetamol mediante.

Y no sé por qué, será el instinto “preñil” o ver el panorama que tenemos montado (y alguna vez que otra y de pasada, algún programa de Telemadrid), pero me da a mí que el que viene va a ser también de los de “agárrate, María, que esto es como el final de Lost…”. Una fiesta.

En resumen, que el 2012 y el fin del mundo nos pille con las bragas puestas (y limpias) y sed muy felices, amigos.

Éramos pocos y llegó Madresfera

La criatura, que ha pesado casi 500 MB y que hemos decidido (tras un intenso briefing, brainstorming y unas cuantas copas de inspiración) llamar Madresfera, ha nacido el día 19 de diciembre a eso de las tres y pico de la tarde, una hora de siesta en todo el mundo de dios, pero es lo que tienen las criaturas, que deciden nacer cuando les sale del mismo…

La madre, una servidora, se encuentra cansada, pero bien. Primeriza en estas lides pero sabedora de las necesidades de su primogénita, intenta no descuidar a su primera criatura, pero la recién nacida es absorbente cual papel de cocina con circulitos y ahora, en sus primeros días, exige toda su atención, sus pupilas ensangrentadas y su culo adosado a la silla hasta encallecer. Una ya no sabe ni donde tiene la cabeza, llega tarde a todos lados, olvida lo inolvidable como poner a grabar las apariciones del Vaquerizo (ese ser) en la pantalla, y dicen que habla sola por las esquinas de su barrio, en zapatillas de estar por casa (como sus alegres convencinas en bata) repasando la lista de cosas por hacer para que a la criatura madresférica no le de un cólico de esos que dejan la pantalla atontada, un error 404 o que se le registre alguna banda de narcos llamados los “mamitos sangrientos” en los blogs del ranking…

El santo, padre putativo (estas cosas informáticas son así), pero al que la pequeña Madrefera ya quiere de forma auténtica e indudable (juraría que le ha llamado papá), pasea por la mansión perseguido hasta la extenuación por la primogénita,  cual sombra “indespegable”, musitando no sé qué de que se tiene que ir al fútbol y de que no puede ir ni a miccionar sin ser perseguido por una criatura gritona obsesionada con cantar “lamarimorena” y los peces en el río.

La primogénita, inconsciente del alumbramiento pero que algo se huele, aporrea a la menor ocasión el teclado de la “mamma”, provocando caos de dimensiones bíblicas en la “hermanita” y algo debe notar porque insiste con fiereza en pasar las horas sentada sobre el regazo de una servidora. Así que entre la panza creciente que empieza a servir de barra de bar y la criatura adosada, a una se le están alargando los brazos unos centímetros cada día para poder llegar al teclado del ordenador. Aviso para los regalos de Reyes, los jerséis me los ponéis con un palmo más de mangas, porfa…

El padre natural, en destino conocido pero lejano, se afana por golpear el teclado, gritar maldiciones en asturiano y luchar por el bienestar de su pequeña Madresfera desde la distancia mientras le grita a la pantalla: ¡Aguanta, servidor, aguanta por dios! Además, se le ha visto garabateando por las paredes de todo el local que pisa unos números extraños, combinaciones indescifrables a lo cifra mágica de Lost, mientras repite “algoritmo, algoritmo, algoritmo” porque si deja de decirlo se cae no sé qué avión del Oceanic…

En resumen, queridos todos, la familia se encuentra muy feliz con su nuevo miembro, aunque todavía está en proceso de adaptación y vamos todos con chichoneras y cascos de los cabezazos que nos estamos dando en los comienzos (que no, no son fáciles, by the way...).

Y desde aquí os damos las gracias a todos con movimientos de la manita hacia arriba y hacia abajo, a lo Familia  Real en sus horas altas y os invitamos como familia orgullosa (no, ésta no nos ha salido gorrona, jejeje) a que conozcáis (sí, también vale criticar, pero sin pasarse que están los Reyes muy cerca y es muy fácil tachar nombres de la lista, jejeejejejeje) a la recién llegada desde sus más tiernos inicios… 🙂

Soraya, nena, la que has montado…

Amiga, Soraya, mira tú que no pensaba traerte de paseo por estos lodos, que no soy yo mucho de celebrar resultados ya sabidos desde hace meses. Pero claro, con titulares así, “Soraya Sáenz… ¿un ejemplo de conciliación?“, o “Soraya Sáenz de Santamaría no es el ejemplo a seguir por la mujer española“, etc,  y el revuelo que ha causado el hecho de que no te vayas a coger la baja de maternidad, pues, claro, tenía que sacarte de tus fiestas oeeee, oe, oe, oe, oeee y el “que salte Mariano, que salte Mariano” y darle aquí un poco al debate encendido y trascendental.

Porque, qué quieres que te diga, Sora (¿puedo llamarte Sora?), que a mí que te presentes en el balcón con tu jefe a las tantas de la noche para bailar los greatest hits de Carlinhos Brown, pues como que me da igual. Ya imagino que a tu criatura la habrás dejado alimentada, arropada y a buen recaudo (y con su matrícula para el Liceo Francés ya hecha, ¿eh Sora?). Y que si decides encargarte de eso tan peliagudo, que ni lanzar el Anillo al Monte del Destino, a lo que han llamado el traspaso de poderes (ejem, poco queda para traspasar, amigos, está todo hipotecado…) pues que digo que yo que mientras no me traigas a mí a tu pequeño para que lo cuide, pues que (finamente) me da bastante igual lo que hagas o dejes de hacer.

La que has liado, mari. La muchachada está muy indignada contigo, ni que hubieras dejado al pequeño abandonado frente a Ferraz, porque se dice que no concilias y que eres un ejemplo pésimo para la sociedad, in general. Que acabas de tener a tu hijo, congratulations y enhorabuena a todos los premiados, y que ya estás al pie del cañón, al lado de Mariano, el boss, y preparando el desembarco del PP en los devastados puertos de éste, nuestro país. Que estás haciendo muy, pero que muy requetemal por no quedarte en casita, con tu hijo, y que así no hay dios que concilie en este país, si una figura política de esta altura (jejeje, pillas el chiste?, es muy malo, perdona) decide, supongo yo que libremente, irse al tajo nada más dar a luz. Con lo bien que os lo estáis pasando… Si es que hasta yo lo entiendo… (aquí se oye el rechinar de dientes. Ya pasó…).

Amiga Sora, ya que te tengo aquí te diré que este debate encendido que encuentro en el Twitter y alrededores me hace plantearme varias reflexiones, flojas, como siempre, y como imaginas te las voy a soltar:

The first one: ¿estaríamos discutiendo sobre tus bondades como progenitora si en vez de madre fueras padre? Yo creo que no, pero a lo mejor me equivoco de país… En cualquier caso, no recuerdo haber asistido a tal indignación porque un político recién “parido” haya acudido a su puesto de trabajo al día siguiente del parto. Claro, que los puntos no los lleva él, o al menos que sepamos, pero vamos, el hijo es suyo igualmente, ¿no? Bueno, se puede suponer que sí, pero el debate, en cualquier caso y que yo sepa (si alguien conoce algún precedente que lo traiga, plis), no existe.

The second one: me parece a mí que has tenido opción de elegir (si es que no, y estás amenazada pestañea dos veces si es que no, y una vez si es que sí,  y tres veces si no has entendido la pregunta). Que resulta que lo bueno de todo esto, creo yo, que es PODER ELEGIR y que si a ti, chata, lo que te apetece es tirarte al monte, carpeta en mano, tacón, traje sastre y mucho rímel en las pestañas, pues quién soy yo para criticarte… Si lo más probable, además, es que después de tanto revuelo, mientras las currelas de turno nos desgañitamos reivindicando la bendita conciliación, tú pasarás con tu niño muchas más horas y muchos menos aprietos y carreras de las que muchas con jornada reducida hemos tenido que sufrir en nuestras carnes libres de estrías (litros de trofolastín mediante). Vamos, que la que tiene recursos, tiene recursos y las que vamos al Ahorra Más, vamos con la bolsa de plástico en el bolso. Y ya está, nenas, lo demás son tonterías (o nonsenses, para los bilingües).

Que, the third and the last one, para mí lo importante de la conciliación no es que tú decidas no quedarte con tu hijo nada más dar a luz. Que hayas preferido no tener baja es una decisión personal e intransferible que, evidentemente y afortunadamente para el resto de los niños, no es la norma, ni la ley (ojito con recortar la baja, Sora, que de tanto apurar nos están saliendo calvas), pero que afortunadamente para la mujer que lo desea, para ti, tienes la oportunidad de elegir.

Para mí conciliar no es anteponer maternidad a profesión, independientemente de que, si por mí fuera, la baja maternal pagada debería ser de un año, entero y verdadero. Para mí lo importante, lo esencial y por lo que lucho con cuchillo entre los dientes es para que exista flexibilidad real a la hora de combinar de una forma natural y sensata la crianza con el desempeño de una labor profesional si eso es lo que se quiere (ojo, que hay quien está muy contento con sus nueve horas de oficina para llegar y acostar a los niños). Así que, para mí, conciliar es tener opciones. Es no tener que sacrificar tu carrera para poder criar a tus criaturas o viceversa, si eso no es lo que quieres. Que si quieres medrar en tu carrera, ancha es Castilla. Que si quieres medrar como ama de casa, pues tan ricamente. Pero a ese tercer sector, esa tercera rueda a la que nos interesan ambas cosas (que es que lo queremos todo! brujas!), pues que no seamos una excepción sino simplemente otro camino.

Uy, que serio me ha quedado, Sora, que el tono doctrinario se me pega de estar contigo, maja. Que sí, que sí, que ahora hablamos de lo de la cuarentena, que sí, que sigue existiendo a pesar del iPhone. Increíble, ¿verdad?

(Por cierto, que ya que estáis por aquí y el tema pega, que si os apetece os marcáis esta encuesta sobre conciliación, ¿vale, majos? Un placer. A los pies de sus señoras y sus santos).

Estamos todos muy tontos

Tampoco hay que ser muy avispado para darse cuenta del estado de atontamiento supino, superficialidad y borreguismo del que hacemos gala en este, nuestro país. No hay que ser muy listaco, ni ser Pérez Reverte, ni tan siquiera estudiar un máster en opinología de tertulianos de esos que tanto abundan por estos lares. Basta con echar un ojo a la prensa, o a la tele, o escuchar la radio. Pero hay momentos puntuales, ocasiones célebres, en los que estos niveles de surrealismo a los que ya estamos acostumbrados superan con mucho los límites de la realidad. Continue reading

Semana Mundial de la Lactancia que nos dejan

Es la Semana Mundial de la Lactancia Materna y toca una reflexión al respecto. Nada más dar a luz y en plena efervescencia hormonal  icé la bandera de la lactancia a demanda y enarbolando el manual de san Carlos González me proclamé defensora a ultranza de ese derecho de madre e hijo a una lactancia natural y sin intervenciones. Incluso me atreví a arengar a mis compañeras en mi afán comunicador, “maternificador” y casi-evangelizador, tanto que cualquiera en un momento de hartazgo, y con bastante razón, me hubiera dado un “tetazo” por pesada y por meterme en escotes ajenos…

Ahora, tiempo después ( habiendo amamantado hasta los dieciocho meses), y con las hormonas algo más recolocadas (si bien témome nunca volverán a ser lo que eran hasta que me llegue el momento Tena Lady), contemplo con más distancia, más tiempo y mucho más relax la cuestión pecho sí-biberón no.

Y aprovechando la fecha (celebración que no llego a entender, ya que no tenemos Semana Mundial de Quitarle el chupete o de Introducción de las Verduras), diré que el pecho es una solución económica, rápida, cómoda y normalmente, indolora, presenta todas las ventajas ideales para que todas las madres la adoptaran como método de alimentación. Está científicamente demostrado que la leche materna es el mejor alimento, por mucho que los anuncios de leche de fórmula nos digan que ellas lo hacen casi igual de bien, y tanto para el bebé como para la madre los beneficios fisiológicos y emocionales son indiscutibles.

Pero, por muy ventajoso que resulte, no a todas las mujeres les parece la idea más genial de la creación humana y hay que respetarlo y no indignarse con ellas ni mirarlas con recelo (como antes se hacía con las que sí amamantaban, las menos, recordémoslo) o cuchichear mientras compran en la farmacia el botecico de los dichosos y carísimos polvos. No es cuestión de diferenciar en quién da y quién no, sino en ir más allá y ver el motivo de muchas de esas decisiones.

Porque hay quien tiene mastitis nada más dar a luz y se les echa la culpa por no saber ponerse al niño (claro, como eso te lo enseñan desde primaria…) y no se les ayuda desde el hospital prestándoles sacaleches, sino que se las lanza sin más a sus casas, donde llorosas y con los pechos como bombas de SuperMario a punto de estallar, maldicen trescientas veces treinta y tres la lactancia de la madre que la fundó.

Hay quien no tiene apoyo a su alrededor y su enfermera de cabecera le sigue dando los mismos consejos del añolaTana del doctor Spock y “Tu hijo”, con los famosos diez minutos de cada pecho, haciéndose el lío padre con el tiempo que darle a su pequeño, que si se queda con hambre, que si no tengo leche suficiente, que si le doy un bibe para que no se quede el pobre con el estómago vacío… Y si encima sus mujeres de referencia, véanse madre y suegra de la generación biberón of course, pues ya se prepara el tinglao. Y a los tres meses como mucho, la protagonista ya lo ha dejado.

Hay quien quiere dar el pecho durante al menos sus seis meses, que es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, que no porque tengan mayúsculas van a saber más que nadie, pero vamos, que dan bastante credibilidad. Pero, hete aquí, que si la mujer ha de reincorporarse a su puesto de trabajo a los tres meses y medio (ese momento trágico en el que se te cae el alma a los pies porque te das cuenta de que la vida es una mierda) las cuentas no salen. Y resulta que si decide seguir con lo del pecho ha de montar la de Cristo para poder sacarse la leche en su oficina mientras a su pequeño lo cuidan otros (ya sean abuelas o cuidadores), que así en resumen, viene a ser algo así:

-llevarse la neverita de rigor con el sacaleches manual o automático, los botecicos preparados para la leche y el tupper con las lentejas,

-ausentarse de su puesto lo que buenamente dure la extracción/ordeñamiento, que para los que no lo han vivido nunca, no es un proceso automático, de estos de meter la monedita y “su tabaco, gracias”, sino que dura lo que tenga que durar…

-sentirse culpable por estar fuera durante un rato (además, la culpabilidad viene de serie tras el parto) y pensar que, mientras está ahí líada con su ordeñamiento, el jefe supremo del mundo mundial le va a llamar a su puesto en el que, ¡oh, dios, no está! ¡que está ahí, estrujándose los pechos afanosamente en vez de estar mirando su perfil de Facebook frente a la pantalla!!!

-esconderse del mundo porque lo de “me voy a ordeñar, ¿te vienes?” sale perdiendo frente al “me voy a fumar fuera, ¿te vienes? o al “son las diez, toca desayuno, ¿te vienes?”,

-conseguir exprimir la cantidad suficiente de leche para que el niño no se quede con hambre al día siguiente (uno de las mayores causas de estrés de las sufridoras amamantadoras que persisten tras su reincorporación y que a una servidora también le traía por el camino de la amargura),

-almacenar el preciado líquido sin que se contamine en el proceso (no todas las cocinas de oficinas están igual de equipadas) y seguir escondiéndose mientras se limpian aparejos (el sacaleches impresiona, os lo digo yo)

-y mantenerlo refrigerado hasta que llega a casa sano y salvo, cual agua bendita del mismísimo Lourdes.

Y eso cuando no se abandona directamente porque, francamente, esa media hora de lactancia que dan las empresas es como de partirse la caja y luego echarse a llorar. ¿Quién ha decidido que son treinta y no cuarenta minutos los que un bebé necesita para compensar las seis horas de media que su madre está fuera de casa? Y encima hay que darles las gracias, como con la dichosa jornada reducida… Que parece que están dando algo cuando todas sabemos que no sirven más que para juntar esos minutejos con la baja maternal, o para salir antes, media hora y que como te pille el metro apretado como siempre, pues vamos, que llegas casi igual y encima te miran mal en la ofi por eso de que te vas antes que nadie…

Total, que me extiendo demasiado, que sí, que tenemos que celebrar la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que ahora se está poniendo otra vez de moda y es genial, que yo encantada. Pero no nos engañemos, si muchas madres no la eligen no es porque no le de pereza levantarse por la noche, ni porque crean que se les va a caer el pecho, o no quieran darle lo mejor a sus hijos. Es que no muchas veces, no pueden hacerlo ni cómo quieren, ni el tiempo que quieren.

Y ahí es donde radica, desde mi humilde opinión, el gran problema, lo que hay que denunciar, y contra lo que hay que luchar.

Más posts sobre el tema de la semana (seguro que hay muchos más, solo hay que seguir enlaces, pero con estos se puede empezar):

Mamá contra corriente:  Por qué no nos fue bien con la lactancia maternaPor qué no acudí a un grupo de lactancia

Miriam Tirado: De tetas, biberones, culpas y decepciones

Imagen de la home de http://twibbon.com/_breastfeeding. Y para que nadie se quede sin saber lo que necesita, enlaces imperdibles:

World Breastfeeding Week

La Liga de la Leche