Semana Mundial de la Lactancia que nos dejan

Es la Semana Mundial de la Lactancia Materna y toca una reflexión al respecto. Nada más dar a luz y en plena efervescencia hormonal  icé la bandera de la lactancia a demanda y enarbolando el manual de san Carlos González me proclamé defensora a ultranza de ese derecho de madre e hijo a una lactancia natural y sin intervenciones. Incluso me atreví a arengar a mis compañeras en mi afán comunicador, “maternificador” y casi-evangelizador, tanto que cualquiera en un momento de hartazgo, y con bastante razón, me hubiera dado un “tetazo” por pesada y por meterme en escotes ajenos…

Ahora, tiempo después ( habiendo amamantado hasta los dieciocho meses), y con las hormonas algo más recolocadas (si bien témome nunca volverán a ser lo que eran hasta que me llegue el momento Tena Lady), contemplo con más distancia, más tiempo y mucho más relax la cuestión pecho sí-biberón no.

Y aprovechando la fecha (celebración que no llego a entender, ya que no tenemos Semana Mundial de Quitarle el chupete o de Introducción de las Verduras), diré que el pecho es una solución económica, rápida, cómoda y normalmente, indolora, presenta todas las ventajas ideales para que todas las madres la adoptaran como método de alimentación. Está científicamente demostrado que la leche materna es el mejor alimento, por mucho que los anuncios de leche de fórmula nos digan que ellas lo hacen casi igual de bien, y tanto para el bebé como para la madre los beneficios fisiológicos y emocionales son indiscutibles.

Pero, por muy ventajoso que resulte, no a todas las mujeres les parece la idea más genial de la creación humana y hay que respetarlo y no indignarse con ellas ni mirarlas con recelo (como antes se hacía con las que sí amamantaban, las menos, recordémoslo) o cuchichear mientras compran en la farmacia el botecico de los dichosos y carísimos polvos. No es cuestión de diferenciar en quién da y quién no, sino en ir más allá y ver el motivo de muchas de esas decisiones.

Porque hay quien tiene mastitis nada más dar a luz y se les echa la culpa por no saber ponerse al niño (claro, como eso te lo enseñan desde primaria…) y no se les ayuda desde el hospital prestándoles sacaleches, sino que se las lanza sin más a sus casas, donde llorosas y con los pechos como bombas de SuperMario a punto de estallar, maldicen trescientas veces treinta y tres la lactancia de la madre que la fundó.

Hay quien no tiene apoyo a su alrededor y su enfermera de cabecera le sigue dando los mismos consejos del añolaTana del doctor Spock y “Tu hijo”, con los famosos diez minutos de cada pecho, haciéndose el lío padre con el tiempo que darle a su pequeño, que si se queda con hambre, que si no tengo leche suficiente, que si le doy un bibe para que no se quede el pobre con el estómago vacío… Y si encima sus mujeres de referencia, véanse madre y suegra de la generación biberón of course, pues ya se prepara el tinglao. Y a los tres meses como mucho, la protagonista ya lo ha dejado.

Hay quien quiere dar el pecho durante al menos sus seis meses, que es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, que no porque tengan mayúsculas van a saber más que nadie, pero vamos, que dan bastante credibilidad. Pero, hete aquí, que si la mujer ha de reincorporarse a su puesto de trabajo a los tres meses y medio (ese momento trágico en el que se te cae el alma a los pies porque te das cuenta de que la vida es una mierda) las cuentas no salen. Y resulta que si decide seguir con lo del pecho ha de montar la de Cristo para poder sacarse la leche en su oficina mientras a su pequeño lo cuidan otros (ya sean abuelas o cuidadores), que así en resumen, viene a ser algo así:

-llevarse la neverita de rigor con el sacaleches manual o automático, los botecicos preparados para la leche y el tupper con las lentejas,

-ausentarse de su puesto lo que buenamente dure la extracción/ordeñamiento, que para los que no lo han vivido nunca, no es un proceso automático, de estos de meter la monedita y “su tabaco, gracias”, sino que dura lo que tenga que durar…

-sentirse culpable por estar fuera durante un rato (además, la culpabilidad viene de serie tras el parto) y pensar que, mientras está ahí líada con su ordeñamiento, el jefe supremo del mundo mundial le va a llamar a su puesto en el que, ¡oh, dios, no está! ¡que está ahí, estrujándose los pechos afanosamente en vez de estar mirando su perfil de Facebook frente a la pantalla!!!

-esconderse del mundo porque lo de “me voy a ordeñar, ¿te vienes?” sale perdiendo frente al “me voy a fumar fuera, ¿te vienes? o al “son las diez, toca desayuno, ¿te vienes?”,

-conseguir exprimir la cantidad suficiente de leche para que el niño no se quede con hambre al día siguiente (uno de las mayores causas de estrés de las sufridoras amamantadoras que persisten tras su reincorporación y que a una servidora también le traía por el camino de la amargura),

-almacenar el preciado líquido sin que se contamine en el proceso (no todas las cocinas de oficinas están igual de equipadas) y seguir escondiéndose mientras se limpian aparejos (el sacaleches impresiona, os lo digo yo)

-y mantenerlo refrigerado hasta que llega a casa sano y salvo, cual agua bendita del mismísimo Lourdes.

Y eso cuando no se abandona directamente porque, francamente, esa media hora de lactancia que dan las empresas es como de partirse la caja y luego echarse a llorar. ¿Quién ha decidido que son treinta y no cuarenta minutos los que un bebé necesita para compensar las seis horas de media que su madre está fuera de casa? Y encima hay que darles las gracias, como con la dichosa jornada reducida… Que parece que están dando algo cuando todas sabemos que no sirven más que para juntar esos minutejos con la baja maternal, o para salir antes, media hora y que como te pille el metro apretado como siempre, pues vamos, que llegas casi igual y encima te miran mal en la ofi por eso de que te vas antes que nadie…

Total, que me extiendo demasiado, que sí, que tenemos que celebrar la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que ahora se está poniendo otra vez de moda y es genial, que yo encantada. Pero no nos engañemos, si muchas madres no la eligen no es porque no le de pereza levantarse por la noche, ni porque crean que se les va a caer el pecho, o no quieran darle lo mejor a sus hijos. Es que no muchas veces, no pueden hacerlo ni cómo quieren, ni el tiempo que quieren.

Y ahí es donde radica, desde mi humilde opinión, el gran problema, lo que hay que denunciar, y contra lo que hay que luchar.

Más posts sobre el tema de la semana (seguro que hay muchos más, solo hay que seguir enlaces, pero con estos se puede empezar):

Mamá contra corriente:  Por qué no nos fue bien con la lactancia maternaPor qué no acudí a un grupo de lactancia

Miriam Tirado: De tetas, biberones, culpas y decepciones

Imagen de la home de http://twibbon.com/_breastfeeding. Y para que nadie se quede sin saber lo que necesita, enlaces imperdibles:

World Breastfeeding Week

La Liga de la Leche

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16 thoughts on “Semana Mundial de la Lactancia que nos dejan

  1. En mi caso y para desgracia de mi NiñoNinja y de una servidora, en la clínica en la cual yo parí, parece que el Capitán Spock ese estaba todavía en esta dimensión. A mí me dijeron la famosa frase de “diez minutos de cada pecho y si se queda con hambre.. 30 de biberón”… a lo que yo con ojiplatos, les conteste ” 30? sólo? mire Ud buena señora que el lechón mide 54 cm y ha pesado 3,750 kg, para mí que se va a quedar con hambre….” Respuesta de la comandante del Sr Spock “hazme caso a mí que yo sé de esto”. Como acabo esto.. pues mal, muy mal… NiñoNinja que era un purito lloro a los 20 minutos del aperitivo…claro.. con lo que le estaba dando, se quedaba con más hambre que el perro del Lazarillo. Mi piiiii caso les tenía que haber hecho. Y la pediatra que yo ayudaba mucho “si esta cogiendo peso, es que la alimentación materna va bien” . A los 3 meses escasos, la leche se me retiró, vamos, que no tenía yo ni como para un manchaito de café, todo por culpa de los dichosos 10 minutos. Lloré amargamente por no poder continuar con ello, era ridículo, NiñoNinja sacaba de mí lo mismo que si estuviese chupando un teléfono. Por desgracia conocí La Liga de la leche demasiado tarde. Para el próximo no me pillan en esto.
    Perdón por la usurpación del post.

    1. Nada que perdonar 🙂
      Para el próximo tendrás mucha más y mejor experiencia e información, algo impagable! Y tu testimonio es uno más de muchísimos, querer y no poder…
      Gracias y un abrazo!

    1. Gracias, la verdad es que mucha gracia, cuando te va mal, no tiene, pero yo tuve mucha suerte y gente a mi alrededor que me ayudó. Por eso puedo verlo desde un punto más positivo, pero hay mucho que cambiar para que todas puedan elegir con libertad.
      Un abrazo!

  2. Por un problema ajeno a mi voluntad (vivo sin cobertura día sí día también, y cuando tengo la pobre se aturulla) se ha duplicado mi entrada, así que los comentarios de Coherente y María van aquí y responderé, as usual, más abajo, perdón por las molestias, queridas, cosas del directo, como dicen:

    María
    Desde la ignorancia del proceso pre-tetil (embzda 6 meses y 1/2), hablo de lo q he oído a mi alrededor. Indudable es q la leche materna es wena, re-wena, pero hay mujeres a las q les resulta desagradable. Supongo q esto está poco oído y es así pq suena mal, muy mal q una madre diga q no es la experiencia más bonita, íntima, tierna, grande y especial q ha sentido en su vida. Me lo han dicho varias en confianza y con la mirada baja: es q… a mí no me gusta, no me resulta agradable. Tengo q decir q a las 2 súper mamás (pq son unas madrazas) q he oído decir esto, no les ha subido la leche por más q hayan puesto al bebé durante 5 días berreando sin parar cada 10 minutos a la teta. Una d estas mujeres, en el segundo hijo ha tenido q explicar 500 veces en el hospital “p q no iba a dar el pecho”. Digo yo q con q el primer doctor lo hubiese apuntado en el informe, no tenían p q preguntarle durante los siguientes 3 días todas las personas q se acercaban a ella “pone aquí q no vas a dar el pecho, p q?”. En mi humilde opinión y sin saber q haré el día q me toque, RESPETO para todos. Q una madre q tiene un problema como tener un hijo con necesidades especiales y por eso decide q no puede dedicarle al nuevo bebé la teta a demanda, no tenga q explicarle a todo el mundo p q toma esa decisión.

    Por supuesto, olé por las mamás q deciden dar el pecho y lo hacen como el acto más natural del mundo. No eniendo q haya gente q se escandalice o q no le guste verlo y en cambio un biberón sí quede bien en cualquier circunstancia.

    Coherente
    Mi querida Accidental:

    Querría hacer constar que intenté no poner una respuesta a su post, porque soy madre añosa y han cambiado mucho las sensaciones-modas-estudios sobre el particular, pero dejándome llevar por la “arroutada”, expongo mi opinión.

    Ese paso de la fiebre amamantadora al equilibrio de respetar otras elecciones, es clásica en estos casos, fruto de la extra-concentración que una tiene tras el parto sobre el/la bebé. Dicho esto, y una vez combinada decision personal/consejillosvarios/internet/enciclopedialaroussedelniño cual cocktelera, ejecutémosla sin más, sin que nos afecte el/lo/la que haya alrededor.

    Nunca he aceptado la presión de una abuela pro-Nestlé, la de una tía damoselpechohastalossiete, ni un compañero bucolizado ante la imagen; si la decisión es firme, no hay nada más que decir. Amamanté hasta que ella y yo nos cansamos, conservé leche en el congelador y desteté sin traumas, incluida la fiesta del sacaleches en la oficina…. pero señoras mías, nunca levité ni sentí conexión alguna especial… porque se trata de alimentar. Nunca leí que nadie se sintiese al borde del colapso maternal dando una papilla de verduras hecha en casa, mejor que la de botecito ¿no es así?. Y ya no quiero hablar en temas como las meriendas de bollicao vs bocadillo mortadela (que a esa fase ya llegaréis). La culpa la tiene la soberana manía de las mujeres de “recomendar” la cremita que te ha ido tan bien, el truquito que siempre funciona, “pues mi niño ya hace nosequé”… ains!.

    Es tan sencillo como decidir entre amamantar o biberonizar, según las circunstancias.

    Quiero finalizar agradeciéndole sus posts, que siempre provocan en mi cerebro cierto revulsivo maternal.

    Suya,

    1. Querida Maria:
      Desde luego, respeto, eso lo primero y más importante creo yo, y que cada una elija libremente y con toda la información qué prefiere para su hijo.
      Muchas gracias por el testimonio!

      Mi estimada Coherente:
      como siempre, muchas gracias por el comentario desde la sensatez y la sabiduría! Esto de las modas maternales es la leche, yo estoy bastante cansada y eso que acabo de empezar, porque creo, firmemente, que se nos está yendo la olla mucho con esto y a veces, solo a veces, hay que parar un poco y serenarse y hacer oídos sordos a tanta tontería (y no lo digo por la lactancia, que no es una tontería sino por la tendencia general). Así que testimonios como el suyo son lo que necesitamos muchas para dejarnos de pavadas, jejejeje
      Un abrazo amiga

  3. me traes recuerdos de cuando me iba a mi cubículo de váter a sacarme la leche…qué te voy a contar, tanto ir y venir con el bolso, tanto meter y sacar cosas del congelador, tanto tiempo en el váter, que al final poco a poco se entera toda la oficina….¡qué pena que no haya un rincón digno para sacarse la leche! Y ni te cuento el día que uno de los bote se me abrió y chorreó por todo el vagón de leche….me dio una pena
    Pero bueno

  4. He leído muchas veces el blog pero nunca había comentado nada…Mi nene cumple 18 meses la semana que viene y sigue pidiendo teta a voz en grito (menos mal que en la intimidad de la casa que sino iba a parecer un bebé verde…), el caso es que es tooodo cierto, el post y cada uno de los comentarios, pasamos de un extremo al otro, de los talibanes de la teta a los talibanes del biberón y claro todo es cuestión de suerte y de alineación de los astros…así como me maravillan las madres que pueden jugar subidas a tacones de 15 centímetros en unos peep-toes de infarto en el parque desde el día que decidí comprarme unas bambas y desterrar cualquier otro zapato que permitiese la entrada de arena, cesped o cualquier elemento de parque infantil en mis pinrelles…me maravilla toda la clase de mari-pepe consejos que hay en esto de la maternidad, que va mucho más allá de teta-bibe (abre la caja de pandora de las sillitas de bebé y ahí te asaltan los fans del bugaboo frente a los fans de cualquier oferta del lidl es perfecta), pero el de la teta-bibe gana por goleada….El caso es que yo tuve una cesárea programada a las 08:45 de una mañana de marzo(por un problema mío no del niño), no ví a mi hijo más que 5 minutos el día que vino al mundo porque el protocolo es “todos los niños de cesárea pasan 48 horas en el nido sí o sí”, yo estaba perfecta, sin dolores, hambrienta y feliz , pero sin niño (que sé que era perfecto pero no si estaba calentito, feliz, hambriento o no)…al día siguiente me lo trajeron a las 12 del mediodía con un recadito “15 minutos en cada teta” me pilló sola en la habitación, y con un niño que se había metido ya unos buenos biberones entre pecho y espalda……pero tuvimos suerte, mamó, se lo volvieron a llevar y así cada 3 horas, hasta las 12 de la noche que no lo volvieron a subir hasta la mañana siguiente….y seguimos teniendo suerte, la leche subió, no dolía, no hubo grietas…pasó el tiempo y tengo un horario de trabajo de funcionaria con sueldo de española del montón, pero salir una hora antes (mi jefa no se ha enterado de cómo repartir la hora de lactancia y todas en la oficina le hemos colado que la podemos coger entera al inicio o final de la jornada) me permitió estar desde las 2 de la tarde en mi casa hasta diciembre…así que bien, el sacaleches no supuso demasiado sufrimiento y almacenamos leche, y esas cosas….y todo el mundo contento, encantado, qué bien que le das el pecho, qué grande, qué hermoso…….seguimos con Carlos González y nunca le dimos purés….siempre en entero, él solito y más de lo mismo….qué bien, qué rico, qué bien come…..pero ahora……………..todo se vuelve en nuestra contra……”todavía le das pecho…es un poco vicioso ¿no?” “ya mama por vicio mira no quiere, eres tú” “como coma tanto…se va a poner gordo” y supongo que será así con tooodas y cada una de las cosas…la gente opina de todo, sobre todo, y yo sin ir más lejos me estoy largando un discurso que pa’qué las prisas…pero bueno…a lo que iba…que ahora sonrío más que antes…cuando algún comentario me aburre…”dientes dientes” como La Pantoja!!!

    1. Eso me pasó a mí también… y me decían “pero si eso ya no le alimenta, ¿no?”, yo me reía al ver las caras de mucha gente cuando decía que le daba pecho a los dieciocho meses… pero bueno, como tú dices, los dientes de la Pantoja son realmente aplicables para esta situación, jajajajaja
      Gracias por tu comentario!

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