VDLN: #weareyourchildren

Me gusta ser optimista y ver el lado bueno a las cosas.

Pero no puedo usar el optimismo como máscara para ocultar la realidad, no siempre funciona. Ni filtra la tragedia ni la atenúa.

Hoy es el Día Universal de los Derechos de la Infancia y ante eso el optimismo pasa a segundo plano. Lo que hay es responsabilidad, es instinto de protección, es urgencia, es dolor por los millones de niños que sufren sin entender por qué. 

Nuestros niños, todos, los que duermen a nuestro lado o a miles de kilómetros que también son nuestros, deben ser nuestra prioridad. Nuestra razón para darle a todo lo que hagamos un sentido.

Y que hasta el #VDLN sirva para transmitir en cadena que “nuestros niños”, TODOS, tienen derecho a ser protegidos, acunados antes de dormir, besados muchas veces en los párpados, consolados cuando se caen, queridos y deseados.

Este no es un post optimista de serie, de esos míos que a veces pienso que puedan sonar a felicidad barata de manual y que tanto aborrezco. Este es un post lleno de gritos y de zarandeos, con un vídeo incómodo y que te deja mal cuerpo. Pero necesario.

Es imprescindible. Porque son nuestros niños.

Feliz e incómodo #VDLN

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


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Tengo monstruos en mis ojos

Mi hijo dice que cuando duerme tiene monstruos en sus ojos.

Lo que no me atrevo a decirle es que los suyos son más dulces que los que tendrá cuando crezca.

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Imagen de Mathieu Wilcox vía el maravilloso, durísimo e imprescindible perfil de Twitter de Miguel A. Rodríguez 

Ayudemos. Por favor.

Sarah y los tacones

El otro día, pudo ser ayer o hace un mes en mi desbarajuste temporal, escuché en la radio que a la abonada a los taconazos, Sarah Jessica Parker, sí, la actriz caballuna de Sexo en Nueva York, le había prohibido su médico llevar tacones. ¡Toma ya! ¡Vaya notición! Pensé, mientras me dejaba llevar por la trivialidad más frívola, que por un rato que dejemos de lado la realidad tampoco pasa nada…

Sarah y los tacones Y es que la buena de Parker se ha deformado los pies a base de aumentar su reducida estatura unos cuantos, muchos, centímetros al día desde hace un porrón de años y ahora no puede ponerse un taconazo salvo que le vaya el caché en ello y tiene que ir de plano por prescripción médica.

Desde luego este caso no deja de tener su enjundia, porque la amiga Sarah, no sabemos si por imposición del guión, pero sospechamos que más bien por ese afán tan humano de “ahora que puedo y estoy ganando millonazos por capítulo me pienso poner lo más caro que pille” demostraba durante toda su serie tanta o más pasión por los tacones que por el mismo sexo que da título a la famosa serie. De hecho, fue gracias a ella que medio mundo femenino con sueldos de latitudes sureuropeas (como dicen los alemanes) descubrió mucho más sobre zapatos que sobre otros temas más humanamente trascendentales como coitos,posturas y demás fruslerías eróticas (que si habéis visto la serie tampoco son para tanto).

Allí, en esa serie que sí, he visto completa y muchas veces además, como mi santo ha podido comprobar, escuché y ví por primera vez unos manolos, esos zapatos solo reservados para presupuestos absurdamente astronómicos, y que para el precio que tienen bien podían prepararte unas lentejas, hacerte la colada,  enseñar chino a tus criaturas y, por supuesto, desplazarte al Ahorramás por retropropulsión además de servirte, por supuesto, como lo que son, unos ZAPATOS, muy monos y con mucho glam eso sí, pero zapatos al fin y al cabo, que hay que joderse con los manolos estos…

Así que, claro, conociendo como conocemos la pasión de esa mujer por lucir modelitos en sus pies, además de en el resto del cuerpo, escuchar que ya no va a poder presumir de vestidor-zapatero teniendo como debe tener los modelos más exclusivos y caros of the world, qué queréis que os diga, me dejó anonadada y un pelín complacida, la verdad. Quitando lo jodida que pueda estar la protagonista por no poder dejar de tener estatura de hobbit salvo en ocasiones especiales y alfombras rojas de guardar, esta noticia me impactó, me pareció terrible y fascinante a la vez, y me encontré a mí misma regodeándome en esa satisfacción morbosa que encontramos en desmontar las vidas perfectas de los que por fuerza no pueden serlo… ¿No es una venganza perfecta de sus maltratados pies a esta pérfida nariz pegada a una mujer? A mí me lo parece…

Suena malvado alegrarse del mal ajeno, porque está claro que para llegar a este punto la mujer debe haber padecido dolores interesantes en sus explotados piececillos, y no, no me alegro del dolor ajeno. Pero sí que reconozco un regustinín interno, un desagravio cósmico, un ligero “te jodes, no ser tan asquerosamente perfecta (a pesar de la nariz)”, un “no me alegro, pero casi”…

Porque para las mujeres normales como yo, que no tenemos un vestidor millonario en nuestros dormitorios, que ni siquiera soñamos, aspiramos o transpiramos para llegar a tenerlo porque simplemente es impensable, imposible e impagable, escuchar que una mujer que ha ganado millonazos a porrones por vestir ropa y calzados obscenamente caros, ir siempre de portada de Vogue y poner morritos con tres amigas en la tele sin enseñar ni un pezón en una serie supuestamente de sexo, tiene que rendirse ante sus pies vengadores y bajarse al mundo del zapato plano (ya, ya, que no por planos serán más baratos, que lo sé), y sobre todo de los mortales con juanetes, pues qué quieren que les diga, a mí, a mi vestuario de 50 euros de media con manchas de papilla y vómitos, a mi calzado de marca ni-su (pero siempre española por dios, no me compren zapatos chinos porque la deformación de la Parker puede ser una broma comparada con sus piececicos después de una hora con ellos), y a mi penoso presupuesto mensual, sí, lo declaro sin tapujos, a mí eso me reconforta, me hace sentir menos mundana en mis zapatos de batalla, menos falta de glamour, más orgullosa de mis pies de clase media-baja, feísimos según me decía mi madre, pero al menos bien tratados.

Ahora solo me queda escuchar que además de los tacones, la pobre Sarah Jessica Parker no podrá vestir modelitos de alta costura, salvo en contadas ocasiones, por haber desarrollado una muy molesta alergia a los tejidos de alta calidad de más de 600 euros, teniendo que refugiarse en la temporada primavera-verano del Primark y las colecciones atemporales del Kiabi.

Para qué queremos más…

*En este post no se ha dañado mentalmente pie deformado alguno, a Sarah Jessica Parker ni a Manolo Blahnik. Sin rencor que luego nos vuelve el karma y la hemos jodido.

 

 

 

Palos en nuestra espalda

25 septiembre. Imagen de SERGIO PÉREZ (REUTERS), El País

Hoy nos levantamos observando una vez más, como si de la enésima emisión de Los Simpsons en Halloween se tratara, escenas de violencia entre los antidisturbios y los manifestantes frente al Congreso, que no difieren tanto de las matanzas en Siria, esas que contemplamos horrorizados como comportamiento de “salvajes incivilizados”…

Es realmente descorazonador que, en un país medianamente escolarizado, nuestras autoridades, esos a los que me duele reconocer que pagamos el sueldo y que se hinchan cual globo de feria al proclamarse “voz y representantes del pueblo” se encierren tras cuatro paredes, por muy históricas que éstas sean, para defenderse de la ira acumulada  y recocida de aquellos a los que supuestamente representan. Supuestamente porque con este sistema electoral que sufrimos cada 4 años y las listas cerradas que nos impone la comandita de amigos que se reparte el país, seguimos viviendo como si de latifundios se tratara, o de reinos medievales, donde aunque tengamos el escudo democrático por bandera, las tierras (votos, alcaldías o incluso comunidades históricas) se siguen ganando en cacerías, comidas opulentas con aguas de glaciar y estipendios en forma de trajes, relojes, casas o especias varias. Asco me dais…

Una ironía auténtica que los que se encierran tras los leones aleguen que “los de fuera”, esas miles y miles de personas de toda edad y condición, atacan la democracia mientras que ellos están trabajando duro por ella. Y eso lo dicen tras una muralla de escolta, como cuando Soraya, mi amiga Sora, miraba a la cámara de televisión con esa seguridad ensayada y calculada que solo da   tener el poder en los bolsillos y aseguraba que allí estaban para trabajar por nosotros, como si aquellos de los que la defendían no quisieran precisamente eso, ¡que trabajen coño!

Y es que no se enteran. No se quieren enterar. Que lo que queremos es que se defiendan nuestros derechos, que no se profane el nombre de la democracia con cada discurso que nos escupen como a ignorantes, que no somos antisistemas ni antimierdas, que somos ciudadanos normales, con nuestras carreras, nuestras familias, nuestras declaraciones de la renta impecables cada año, nuestras cuentas del banco peladas, nuestras hipotecas, nuestras frustraciones diarias al ver cada día cómo tenemos cada vez menos seguridad, menos posibilidades de trabajar, menos recursos para garantizar a ancianos, enfermos y niños cuidados y una vida digna.

No. Está claro que no se quieren enterar. Y tienen a negros escribiéndoles discursos llenos de excusas vacías y atajos mentales para llenar los huecos de nuestras arcas con aire, como sus promesas. No nos engañan, ninguno. Ni el que está, ni el que estuvo, ni el que está enfrente, ni el de más atrás. No somos antinada, y ya nos tienen más que hartos.

Me van a perdonar la falta de humor a estas horas de la mañana, pero la verdad es que se le quitan las ganas a una de echarse un chiste sobre la chepa cuando ves como se desangra impunemente nuestro historial de derechos, como se nos maneja como ganado y como se nos apalea indiscriminadamente. Porque los palos que dieron ayer frente al Congreso nos los dan a todos, sépanlo ustedes, y aunque esta lluviosa mañana no llevemos las cicatrices en nuestras espaldas, notaremos los moratones en nuestra libertad, tranquilos.

PD: felicitar, eso sí, el año que ha cumplido Conciliación Real Ya, una iniciativa que ha surgido de, y por, la gente, los padres y madres reales que pasamos por aquí y que lucha por hacer compatible la vida laboral con la familiar… Algo que, por supuesto, queda muy lejos de esas falacias a los que los gobernantes llaman “su agenda”. Enhorabuena, y sigamos adelante porque merece la pena mojarse el culo por algo bueno.

¡Hola parásito, adiós miedo!

Hace unos días, en pleno retiro vacacional (por llamar de una forma amigable a currar desde el chiringuito) mi requeteamiga del norte, María, me comentó algo a lo que he estado dando vueltas desde entonces. Y es que, según había oído, existe un bichejo, un ente asqueroso de esos con muchas patitas y un montón de ojos en el culo (y no estoy hablando de ningún político, aunque podría, y más en estos días de sustos y malas noticias cada viernes) capaz de entrar en el cerebro y alterar eso tan común y extendido entre el ser humano: ¡la capacidad de tener miedo! Que lo mismo tiene algo que ver con actos arriesgados como saltar en paracaídas, hacer puenting con una gomilla de 5 metros, practicar la marcha atrás, comprar preferentes de Bankia o una casa en 2008. O abrir un negocio en plena crisis, fíjate…

Y no se trata de un bichejo extraterrestre a lo Alien que se te incrusta por la orejilla y anida hasta criar una familia numerosa de más de 3 criaturas y un Picasso de 7 plazas, ni una consecuencia no estudiada de sesiones continuadas de escuchar Máxima FM + todos los hits machacones perpetrados por Pitbull y sus amigos (he oído que es lo último en Guantánamo). No. Es un fenómeno tan común, tan vulgar, diría yo, y tan poco glamouroso como la toxoplasmosis: ese nombrecillo a lo ciclogénexis explosiva que viene a ser como una gripe de unos días (desde mi humilde experiencia) y que las embarazadas que no lo han sufrido temen como un poseído vomitón al agua de Lourdes y al padre Karras, además de haber convertido al jamón serrano, ese gran tesoro de, éste, nuestro país, en el objeto de deseo y salivación de muchas conciudadanas durante los nueve meses de gestación.

Fíjense ustedes por donde, quién nos iba a decir que un asqueroso micro-ser que se inserta a lo bruto, a lo okupa de Lavapies, en nuestra masa encefálica, puede que nos convierta, sin quererlo, en personillas más lanzadas que una quinceañera en pleno éxtasis “santeresiano” al ver a Mario Casas (Cachas para los amigos), en Juanes sin Miedo aventureros, emprendedores, e inconscientes, por qué no verlo así. Y lo mismo hasta ha sido causante de grandes hazañas, de descubrimientos trascendentales, de momentos cumbre para la historia del hombre. O incluso de grandes cagadas, porque el ir más allá también conduce al fracaso, anda que no…

Y claro, esto salió a colación porque una servidora, que ha pasado por algunas enfermedades rarunas, aunque afortunadamente, bastante poco lesivas, también tengo en mi contador esta estupenda y muy agradecida gripecilla mutante, gracias a la cual no me he visto privada del bocata de jamón durante mis períodos “esféricos” pero que, mira tú qué cosa, lo mismo me ha hecho el mismo efecto que a esas ratas del estudio y me ha dado superpoderes a lo spiderman pero en pobre… Aunque he de admitir que sigue sin apetecerme ni un poquito tirarme de un puente con los pies amarrados por una tira y un forzudo instructor con gafas reflectantes y una camiseta ajustada con su nombre empujándome desde arriba, y mis ganas de invertir en lo que sea que se encuentra en la sección de Bolsa de las hojas salmón son incluso más reducidas que mi presupuesto mensual para tabaco (amos, que no fumo, no se me confundan…).

Lo que tengo muy claro, con bichejo parasitario o sin él, es que no tener miedo es decisivo, crucial, es hasta mejor que la depilación láser de las ingles, y sobre todo en tiempos convulsos como estos, días en los que llevamos la palabra crisis tatuada en nuestras posaderas borreguiles, marcadas a fuego, en negrita y en cursiva, gracias a la “generosidad” de los mercados, de los Lehman Brother y de los sinvergüenzas que nos mandan y nos llevan a estacazos, como una manada de borregos. Porque el miedo es lo que nos hace escondernos bajo nuestros techos de pladur, no salir a la calle a gritarles obscenidades liberadoras (sin insultar mucho, solo un poquito, y sin pegar, que luego salimos en la tele mientras nos zurra alguien con casco), y estancarnos en empleos grises bajo las órdenes de personas sin talento, mediocres y sin sustancia (y no miro a nadie, jejeje).

El miedo cojonero es lo que nos impide, en la mayoría de las ocasiones, intentar ser más, ser mejores, ser lo que queremos… Y ojo, que no digo que siempre se consiga lo que buscábamos. Pero el fracaso también implica movimiento. Y el movimiento es lo que hace transformarse al mundo. El miedo nunca trajo nada bueno.

Y yo, aún sintiéndome igual de cobarde que antes de haber sufrido aquella invasión parasitaria, ya no dejo de preguntarme, ¿cuál es la “cantidad” de miedo necesaria para emprender, para arriesgarse y apostar por algo diferente? ¿En qué nivel de nuestras regletas internas de “gallinismo” llegamos al punto de lanzarnos y meternos hasta la cintura en los fregaos menos pensados? ¿No sería genial dejar de tener miedo de una forma tan simple como ésta? Hale, un constipado y a subir el Himalaya descalzo, como la del anuncio ese de las cremas para durezas en los pies. ¿Es lo que les pasó a los del 14 de julio en La Bastilla? ¿Se les hincharon los cojones y habían pasado todos por una epidemia de toxoplasmosis?

Es evidente que todas estas preguntas no tienen una respuesta única, y que, en mi opinión, es imprescindible que siempre te acompañe una pequeña dosis de miedo (igual de imprescindible que llevar toallitas en el bolso y bragas limpias por si tienes que ir al médico).

Pero, desde luego, si el efecto secundario de una semana en cama es no quedarte en casa y liarte la manta a la cabeza y decirle adiós al miedo… ¡qué vivan los parásitos!

(Insisto, y mucho, no estoy hablando de los políticos, ni de los banqueros, ni de los líderes sindicalistas, ni de Andrea Fabra, ni de su padre, ni de muchos otros que me dejo).

Querida diputada…

Yo quería escribir un post sobre esta nefasta semana, pero….

Pero, sepa, amiga Fabra, que a diferencia de usted, que malgasta vilmente nuestro tiempo y nuestro dinero vociferando improperios desde su escaño, no sabemos si a los cinco millones de parados o a alguno de sus compañeros (ninguna de las dos opciones me resulta menos asquerosa que la otra), una servidora sí tiene que hacer algo de utilidad con su escaso tiempo y no hace falta que le detalle en qué, porque incluso aunque me dedicara a hacer unas bragas de calceta para el gato ya estoy haciendo algo mucho más útil que su aportación, excelsa diputada.

No le deseo ningún mal, no tengo ni tiempo para eso.

Eso sí, la abofeteo mentalmente hasta la extenuación  y me deleito pensando en que la probabilidad de que se cruce con uno de los millones de parados, con el placer que eso le supondrá al afortunado/a, es incluso más elevada que la nómina que se debe estar llevando a nuestra costa…

Y sin más la dejo, señora mía, que ha terminado ya el ciclo corto de la colada y como no tengo filipina que me la tienda, me tengo que joder y hacerlo yo…

Muy suya, cuando dimita.

La vida sigue igual…

España...
http://elrelator.cl/

Ya lo decía el ínclito Iglesias…

Protagonistas de un “Rescate Deluxe” cutre y con la Esteban como heroína de los gays (amigos gays, ¿era necesario?), vivimos de prestado por culpa de la negligencia de nuestros políticos, de la panda de mafiosos y “Bankiamakers” que se reparten nuestros esquilmados recursos, centimillos que en sus bolsillos, son millonarias compensaciones….

Nos recortan cada día nuestros derechos, y este mismo domingo ya nuestros sueldos con esto de tener que pagar el porrón de medicamentos que han sacado de la cobertura de la Seguridad Social. Si hasta vacunas para los pequeños desaparecen de las listas, y con cara de “nos la están metiendo pero bien” te vas de patitas a la farmacia a pagar como una buena madre, que eso no está en rebajas…

Nos amenazan con traernos un EuroVegas-que-te-cagas aquí al ladito, y con esta España de pandereta y Mr Marshall encima tenemos que aguantar como la Aguirre nos dice que sí, que las leyes se las pasan por ahí mismo cuando quieren, que para eso mandan ¡no te jode!, y que si los americanos quieren fumar, ¡pues que se fuma, coñe! ¡¡¡Que aquí se ha fumado toda la vida!!!

Esas chiquitas trajeadas, bronceadas, hidratadas y me apuesto que mucho mejor depiladas que una servidora, que nos dicen desde la tele, y a bocajarro, sin rombo alguno, que nos busquemos productos naturales para tratarnos los dolores, que es lo mejor de lo mejor, que su chacha es lo que le da a sus criaturas para quitarles los gases… Porque la tele es mía que si no se llevaban un buen zapatazo…

Y nos suben la luz y el gas, y los transportes. Y el Metro cierra a las doce. Y en los hospitales quitan personal y aumentan turnos. Y se cierran las empresas. Y somos carne de cañón.

Y desciende el número de hijos en España… ¿Y nos extraña?

Y los mineros recorren el país vestidos de negro, como nuestro futuro, como el humo de Lost que parece que nos está invadiendo desde hace tiempo. ¿Alguien puede tirar de la cadena, por favor?

Pero el balón sigue rodando…

(Si veis el vídeo, ojito a las caras de los espectadores… Ese niño! Vamos, que ni una sobredosis de Prozac…)