Tengo monstruos en mis ojos

Mi hijo dice que cuando duerme tiene monstruos en sus ojos.

Lo que no me atrevo a decirle es que los suyos son más dulces que los que tendrá cuando crezca.

cu9kia2xyaas9ll

Imagen de Mathieu Wilcox vía el maravilloso, durísimo e imprescindible perfil de Twitter de Miguel A. Rodríguez 

Ayudemos. Por favor.

Advertisements

VDLN: Life crisis

¿Acaso no es la vida entera una enorme, gigantesca y maravillosa crisis?

¿Acaso la incertidumbre no es nuestro estado natural y la certeza esa meta a la que nunca llegaremos?

¿ Y si la vida es esto? ¿Y si siempre estamos en crisis con nosotros mismos?

Porque según pasa el tiempo, cada día, la crisis se convierte cada vez más en mi constante.

Y, oh maldita sea, cómo la estoy disfrutando…



Flores en las ventanas

Son días duros para la poesía. Y para el humor. Y para la humanidad, en general.

Preferentes, quitas, desahucios, duchas de agua fría y recortes, tres comidas al día, censura y malos periodistas, saltos desde trampolín, coreanos atómicos, venezolanos que hablan con pájaros, españoles por el mundo buscando un trabajo digno…

Están siendo días muy duros para muchos, meses y años en los que toca reinventarse, buscar caminos nuevos y quizás, también, quitarnos la camiseta de la comodidad, se acabó el conformarse con lo que nos dan como si no tuviéramos voz y voto y este no fuera más que un papel. Toca salir a la calle a gritar y defender lo que tanto trabajo les ha costado conseguir a nuestros padres y abuelos.

Y también es momento de quitarnos de en medio a unos cuantos que nos sueltan, así como si pasara nada, que lo que pasa es que los de derechas sí pagan la hipoteca, que lo que pactaron fue un sueldo en diferido, que los millones de euros en Suiza sin declarar son producto de su trabajo, que su mujer no sabía nada, que ella misma no sabía de dónde salían los ferraris, que el dinero de los EREs se había desviado sin querer a los bajos de su casa, a los que nos dicen que tenemos que pagar su mala gestión arruinando cajas y bancos mientras se piran con finiquitos multimilonarios…

Yo no sé cuál es la solución para echar a los mangantes y a los delincuentes y a los prevaricadores, y a toda esa gentuza que vive a nuestra costa, chupándonos la sangre cuando está el país entero consumido entre deudas, impuestos y recortes. Y cada vez me los creo menos, a esos farsantes que se dirigen a los periodistas desde una tele de plasma, que ni se atreven a recibir preguntas en directo, y que se las apañarán para salir airosos, hagan lo que hagan. Como el que se va a Catar.

Sí sé qué toca protestar a todas horas y no callarse. Y que a pesar de la creciente marea popular, que viene a ser los millones de personas a los que por un lado o por el otro nos están están robando, no nos hacen caso. Y siguen con sus medidas, y sus ajustes, y sus subidas, y cerrando el nudo en torno a nuestros cuellos.

Sé que en dos años y pico volverán las elecciones y que la solución no está en la alternancia porque todos cojean del mismo pie.

Pero también sé que no nos rendiremos. Y que seguirá habiendo poesía, a pesar del mal rollo y de la tristeza. Y seguiremos luchando por una vida digna, por un trabajo y un sueldo en condiciones. Y que el humor no nos dejará nunca, porque de la mala leche y de las desgracias también se hacen chistes en este país nuestro.

Y sí, seguiremos poniendo flores en las ventanas…

Yo emprendo, tú emprendes, él es autónomo

Autonomo
Forges

Hoy quiero empezar una serie floja de posts dedicada a este fenómeno que está tan de moda en nuestros días que es “el emprender”.

Si le echas un ojo al Twitter, y no sigues al ínclito Sergio Ramos, al padre de los padres Piqué o a ese ser llamado Paquirrín, ese gran emprendedor de nuestros días, tu timeline será un torrente inacabable de frases como: las 10 claves para emprender con éxito, las 24 cosas que no debes hacer si quieres emprender, los 1497363 secretos para triunfar en tu propio negocio

Ufff, paparruchas…

No soy fan de dar consejos, pero la verdad es que si buscas la verdad universal y el secreto de la felicidad mejor gasta tu tiempo limándote las uñas. Una vez has leído un par de post mágicos de esos te das cuenta de que hay casi más gurús hoy en día que desempleados y que cuando indagas un poco al final todo son discursos llenos de humo, de obviedades y de texto de relleno, muy rimbombante pero que no tiene ni chicha ni limoná.

Emprender. Un verbo que antes no se usaba más que en tertulias de economía y que ahora sale más veces en los medios que la propia crisis o la dichosa prima de riesgo. Y que en realidad viene a ser, ni más ni menos, que el sinónimo molón y positivo de un autónomo. Sí, amigos, un emprendedor no tiene obligatoriamente por qué ser ese joven con flequillo arreglado pero informal y gafas estudiadamente torcidas porque son más cool, no. El emprendedor tampoco es, en esencia, esa hermosa jovencilla, carpeta en mano, moño atusado y lista para la batalla con el boli detrás de la oreja. El emprendedor es y será forever ese autónomo jodido y puteado de toda la vida al que la moda lingüística le ha dado una pátina bondadosa de elemento  , molón, atractivo y muy interesante que reconduce su vida, que toma las riendas de su destino, que los tiene bien puestos. Ejem… Alguien nos está cambiando el discurso, creo yo, porque no nos engañemos, hace unos años ser autónomo era un putadón. Sin paro, sin protección alguna, sin seguridad, te caes del andamio y a tu casa a sufrir en silencio como con las almorranas. Y ahí te busques la vida. Los había con suerte que se forraban, como el caso del fontanero ese del que todo el mundo habla que se hizo de oro con la crisis. Pero quitando unos cuantos casos aislados, en general, el autónomo medio estaba muy, muy pillado siempre.

Con lo cual casi nadie quería ser autónomo. Normal. Antes la empresa pública, y hasta la privada, eran el objetivo de la gran mayoría. Y hasta un trabajador de El Corte Inglés se daba por bendecido porque ya lo habréis oído, ¡del Corte no te echan! Pero eso se ha terminado. La empresa privada ha sucumbido al canto de sirenas de los ERE y la pública está enferma de muerte gracias a las ansias y la codicia de nuestros políticos.

Así que ahora, ¿dónde coñ%&% nos metemos tantos millones de parados?

¿Nos hacemos autónomos? No, no, que eso no mola. Mejor emprendemos…

Pues nada, a emprender todos, que es lo que nos toca. Ojo, que yo soy la primera que creo que la necesidad abre el camino y que si el mercado no te ofrece lo que necesitas, has de crearte tú mismo la oportunidad, perder el miedo a la inseguridad laborar… Pero está claro, la primera vez que declares la trimestral  podrás comprobar en tus carnes el poder del engaño lingüístico en forma de IVA. Y aunque nos lo vendan como la panacea para salir de la crisis y el milagro del pan y los peces, las cuentas no salen. Porque aunque hayan pasado veinte años, las cosas no han cambiado tanto y sí, los autónomos siguen estando muy, pero que muy maltratados.

Un ejemplo, en el Blog Salmón.

 

 

Un reino de imbéciles

http://poetajosecercas.blogspot.com.es/2012_07_01_archive.html
http://poetajosecercas.blogspot.com.es/2012_07_01_archive.html

Yo no sé a ustedes, pero a mí esto de los sobres, la pasta en B, la lista escrita a mano que aparece años después, me parece como de comedia italiana de los años cincuenta. En serio, ¿esto está pasando de verdad? ¿Y seguimos en casa pagando nuestros impuestos como si tal cosa?

Miren que yo no llamo a la rebelión fiscal así a la ligera. Que una servidora, como la gran y pardilla mayoría de este país, pagamos y religiosa o ateamente nuestros deberes. Y lo seguiremos haciendo con dolor. Pero no dejo de plantearme la necesidad, la urgencia sangrante de cortarles el grifo (y la cabeza, metafóricamente, of course) a esa panda de Otros que nos han invadido desde más allá del Muro (si me permite la comparación novelesca).

Estoy hasta las narices, lo reconozco, y más allá también. Harta de poner las noticias o abrir el periódico (el digital, que yo ya el de papel solo lo uso para pintar, es así) y ver el careto de unos y de otras, politicuchos y politicuchas, con medios tacones y mantillas, de padrenuestro y “dame lo mío, Mariano”, de convención o de cacería, en sus yates en Marbella o en sus Audis de alta gama, riéndose a mandíbula batiente del país porque entre unos y otros lo tienen comprado.

Harta de los Pujol, Millet, y familiares varios y sus millones en bolsas de plástico camino de Andorra que saldrán de rositas.

Harta de la Familia Real enterita hasta la primera generación que ha tapado y propiciado el robo no solo por parte del yerno pródigo Urdangarín sino de todos los sobrinitos, nietecitos y primitos que pululan por España viviendo, comiendo y practicando la equitación a nuestra costa y que saldrán todos de rositas incluido el alto ese que parecía tan bueno, tan majo y mira lo bien que se lo ha llevado.

Harta de tooooooooodo el PP que se lo ha llevado en B, en C, en D y así hasta la Z, y porque no hay más letras que si no… Y que sí, estoy tristemente segura de que saldrán de rositas, Bárcenas el primero, porque ahí está metido hasta el tato, y no le interesa a nadie que eso salga. Con tanta mierda no volvería a circular el agua por el fregadero, que lo veo venir.

Harta de toooooooooooodo el PSOE que también está en el ajo, seguuuuro, y que por eso ahora, en vez de ir en pleno a las puertas de Génova a hacer una sentada como dios manda, ponen la boquita de piñón, así con el culillo cerrado, y dicen con voz de mariquitas ¡que se sepa la verdad! Venga bah, que se os ve la tortugita también asomando, amigos. Que sois todos de la misma condición. Que a los constructores les da lo mismo poner el montante en las manos de unos que de otros, siempre que el contrato multimillonario caiga en las suyas. Que no nos chupamos el dedo, aunque lo parezcamos.

Harta de los periodistas que les encubren o defienden , de los jueces que les tapan o les sacan las castañas del fuego, y todos, por supuesto, poniendo la mano por detrás. Por detrás o por delante, porque lo cabreante de todo esto es que ni siquiera se esconden! Y es que ya ni siquiera nos sorprende!!!!!!!!!

Estoy harta de que se nos persiga con impuestos que cargan otros impuestos que hemos pagado. Que nos estén cerrando hospitales y urgencias para salvar cuatro perras cuando se lo están llevando ustedes todo calentito. Y a Suiza, ni más ni menos.

Estoy harta de que a los pobres se les eche de sus casas, de que se engañe a los que menos tienen y más trabajo les cuesta conseguirlo. De las preferentes, de los créditos inexistentes, de las cajas y sus cojones cuadrados, de sus presidentes con sueldos vitalicios. De que sigan haciendo anuncios diciéndonos que quieren lo mejor para nosotros. Iros todos a Suiza, pero para siempre, y al menos sed honestos, y no nos toquéis más las… comisiones.

Estoy harta de que el INEM persiga como perros de presa a los que están recibiendo prestaciones, de que no haya más becas para comedor ni de libros, ni de nada. De que cierren bibliotecas por todo el país. De que se cierren empresas con EREs como quien come pipas. De que mi barrio cada día esté más sucio porque ya solo se recoge la basura una vez cada dos días. De que se esté privatizando nuestra sanidad para que los amigos de los consejeros de turno se lleven las adjudicaciones y se puedan ir a Los Alpes a celebrarlo a nuestra costa mientras los pobres se mueren de asco por no poder pagar las ambulancias.

Harta de que la única opción para tener una salida digna sea marcharse. De envidiar a los que ya lo han hecho.

Y la pregunta del millón de euros que me queda por hacer cuando no me quedan más piedras que tirar…¿Es que en este país los mayores imbéciles del reino somos nosotros por no robar?

Me niego a pensar que sea así. Llámenme imbécil.

2012, un año agotadoramente… agotador

Cabecera-blog-colorEstaba repasando mi año 2012, bastante escaso en posts, lo reconozco, y andaba buscando mi reflexión más patética, por eso de regodearse en el fango propio, cuando me he ido saltando a los finales del 2011 y me he encontrado con esto, el resumen de un año accidentalmente extraño.

Sí que fue extraño el 2011, sí. Me pasaron tantas cosas que este 2012, si bien también ha sido movidito y casi el último de las enciclopedias, me parece a su lado una simple meadilla de perro.

Pero tampoco ha sido un año sencillo. ¿Y por qué?

Pues está muy claro. El 2012 ha sido, para todo, el año de….. ¡¡¡¡la CRISIS!!!!!

El año en que nos hundimos peligrosamente, en que asistimos despavoridos al choque del barco contra el iceberg (llámese el iceberg burbuja inmobiliaria, paro descomunal, políticos ineptos y corruptos, jugadores de Apalabrados en cargos públicos, queridas diputadas dignas de muchos insultos, o llámese, por qué no, Sálvame). Y que, como los músicos del Titanic presenciaban su triste final mientras tocaban, o eso dicen, a mí me cuesta creerlo, nosotros nos hacemos un sitio en la lancha esa donde no cabía Jack ( ¡ja! ¡La palmaste, machote!) y seguimos remando…

Ha sido el año en que hemos tomado medidas extraordinarias para no dejarnos hundir en la miseria, ni anímica ni literalmente. Hemos hecho eso de apretar mucho el culo y tirar para adelante, o al menos lo hemos intentado. Hemos estrenado oficocina maravillosa de 1×1 y desde ahí seguimos con la intención de dominar el mundo. Nos hemos quedado con el careto partido y hemos hecho flashback ocasionales por eso de las parálisis botoxianas, que son muy malas, España ha ganado un mundial y todo sigue casi igual o peor, porque nos han dado por todas partes, pero bien además, y encima lo de cobrar, ya se sabe, venga usted mañana.

Pero oigan, que no ha sido todo medio malo, tirando a coge la maleta y vete a Alemania, no.

Porque en el 2012 también he tenido un máster y… ¡UN HIJO!

Oleeeeee (momento, festivo-histriónico para celebrar lo mucho que me costó echar al jodío), señores, que tuve a mi segunda criatura!! (tercera, contando a Madresfera, adoptada vía ftp pero propia para lo bueno y lo malo). Y es que se hizo de rogar el amiguete, quince días me tuvo de aquí para allá, Urgencias va Urgencias viene, que ya me veían en el Hospital y me iban haciendo el parte de alta… ¡porque no tenía ganas de salir el niño! Que no me extraña, todo sea dicho, porque si él, o yo, nos llegamos a oler el verano que nos pasamos junto a la hermana mayor, aka bestia parda en sus momentos álgidos, ¡¡¡ni él sale ni yo le dejo!!!! ¡¡Palabrita de adicta a su smartphone!!

Pero bueno, quitando los momentos “niña del exorcista matando al padre Karras” con su pobre hermano, lo de la maternidad de segundas me ha parecido la leche. De agotador. Y hablo aún metida en el marrón, porque todavía me quedan unos meses de insomnio, pero sé que en algún momento, y tal vez bajo los efectos de una sobredosis de jalea real y vitaminas, vea la luz al final de este largo y negro túnel llamado “te toca a ti levantarte, cariño”. El día en que no me acueste como si me hubieran apaleado varias veces unos cuantos antidisturbios y retome actividades tan sanas como leer durante más de cinco minutos sin dislocarme el cuello, o dormir más de tres horas seguidas, o incluso cuando vuelva a mí el espíritu del sexo pasado, miraré hacia atrás, hacia este año en el que me recuerdo ojerosa, peluda y con un barrigón de ballena varada, y me reiré a gusto mientras me tomo un copazo a su salud.

Ha sido un año interesante. Y muy cansado. Que lo del máster casi me quita la vida, oigan. Pero muy fructífero. He disfrutado como una enana Lannister de mis hijos, de mi santo, de mi familia, de nuevos y antiguos amigos y socios frikis, verdaderos hallazgos, de charlas interminables via whatsapp, de amistades virtuales y reales, y de un buen puñado de blogs amigos que han hecho del 2012 un año mejor (y madresférico).

He metido la pata a conciencia, como cada año. Pero sigo con las bragas puestas. A ver si el 2013 me da un poco de cuartelillo para volver a retomar mi blog como wordpress manda,  mis series de cabecera, mis libros abandonados, disfrutar aún más de mis retoños y no morir en el intento.

A ver qué nos depara este año que viene, porque amigos, la vida es como un capítulo de Juego de Tronos, y quitando asesinatos cruentos, que no estamos muy por la labor, ¡¡aquí puede pasar cualquier cosa!!!

 

¡Hola parásito, adiós miedo!

Hace unos días, en pleno retiro vacacional (por llamar de una forma amigable a currar desde el chiringuito) mi requeteamiga del norte, María, me comentó algo a lo que he estado dando vueltas desde entonces. Y es que, según había oído, existe un bichejo, un ente asqueroso de esos con muchas patitas y un montón de ojos en el culo (y no estoy hablando de ningún político, aunque podría, y más en estos días de sustos y malas noticias cada viernes) capaz de entrar en el cerebro y alterar eso tan común y extendido entre el ser humano: ¡la capacidad de tener miedo! Que lo mismo tiene algo que ver con actos arriesgados como saltar en paracaídas, hacer puenting con una gomilla de 5 metros, practicar la marcha atrás, comprar preferentes de Bankia o una casa en 2008. O abrir un negocio en plena crisis, fíjate…

Y no se trata de un bichejo extraterrestre a lo Alien que se te incrusta por la orejilla y anida hasta criar una familia numerosa de más de 3 criaturas y un Picasso de 7 plazas, ni una consecuencia no estudiada de sesiones continuadas de escuchar Máxima FM + todos los hits machacones perpetrados por Pitbull y sus amigos (he oído que es lo último en Guantánamo). No. Es un fenómeno tan común, tan vulgar, diría yo, y tan poco glamouroso como la toxoplasmosis: ese nombrecillo a lo ciclogénexis explosiva que viene a ser como una gripe de unos días (desde mi humilde experiencia) y que las embarazadas que no lo han sufrido temen como un poseído vomitón al agua de Lourdes y al padre Karras, además de haber convertido al jamón serrano, ese gran tesoro de, éste, nuestro país, en el objeto de deseo y salivación de muchas conciudadanas durante los nueve meses de gestación.

Fíjense ustedes por donde, quién nos iba a decir que un asqueroso micro-ser que se inserta a lo bruto, a lo okupa de Lavapies, en nuestra masa encefálica, puede que nos convierta, sin quererlo, en personillas más lanzadas que una quinceañera en pleno éxtasis “santeresiano” al ver a Mario Casas (Cachas para los amigos), en Juanes sin Miedo aventureros, emprendedores, e inconscientes, por qué no verlo así. Y lo mismo hasta ha sido causante de grandes hazañas, de descubrimientos trascendentales, de momentos cumbre para la historia del hombre. O incluso de grandes cagadas, porque el ir más allá también conduce al fracaso, anda que no…

Y claro, esto salió a colación porque una servidora, que ha pasado por algunas enfermedades rarunas, aunque afortunadamente, bastante poco lesivas, también tengo en mi contador esta estupenda y muy agradecida gripecilla mutante, gracias a la cual no me he visto privada del bocata de jamón durante mis períodos “esféricos” pero que, mira tú qué cosa, lo mismo me ha hecho el mismo efecto que a esas ratas del estudio y me ha dado superpoderes a lo spiderman pero en pobre… Aunque he de admitir que sigue sin apetecerme ni un poquito tirarme de un puente con los pies amarrados por una tira y un forzudo instructor con gafas reflectantes y una camiseta ajustada con su nombre empujándome desde arriba, y mis ganas de invertir en lo que sea que se encuentra en la sección de Bolsa de las hojas salmón son incluso más reducidas que mi presupuesto mensual para tabaco (amos, que no fumo, no se me confundan…).

Lo que tengo muy claro, con bichejo parasitario o sin él, es que no tener miedo es decisivo, crucial, es hasta mejor que la depilación láser de las ingles, y sobre todo en tiempos convulsos como estos, días en los que llevamos la palabra crisis tatuada en nuestras posaderas borreguiles, marcadas a fuego, en negrita y en cursiva, gracias a la “generosidad” de los mercados, de los Lehman Brother y de los sinvergüenzas que nos mandan y nos llevan a estacazos, como una manada de borregos. Porque el miedo es lo que nos hace escondernos bajo nuestros techos de pladur, no salir a la calle a gritarles obscenidades liberadoras (sin insultar mucho, solo un poquito, y sin pegar, que luego salimos en la tele mientras nos zurra alguien con casco), y estancarnos en empleos grises bajo las órdenes de personas sin talento, mediocres y sin sustancia (y no miro a nadie, jejeje).

El miedo cojonero es lo que nos impide, en la mayoría de las ocasiones, intentar ser más, ser mejores, ser lo que queremos… Y ojo, que no digo que siempre se consiga lo que buscábamos. Pero el fracaso también implica movimiento. Y el movimiento es lo que hace transformarse al mundo. El miedo nunca trajo nada bueno.

Y yo, aún sintiéndome igual de cobarde que antes de haber sufrido aquella invasión parasitaria, ya no dejo de preguntarme, ¿cuál es la “cantidad” de miedo necesaria para emprender, para arriesgarse y apostar por algo diferente? ¿En qué nivel de nuestras regletas internas de “gallinismo” llegamos al punto de lanzarnos y meternos hasta la cintura en los fregaos menos pensados? ¿No sería genial dejar de tener miedo de una forma tan simple como ésta? Hale, un constipado y a subir el Himalaya descalzo, como la del anuncio ese de las cremas para durezas en los pies. ¿Es lo que les pasó a los del 14 de julio en La Bastilla? ¿Se les hincharon los cojones y habían pasado todos por una epidemia de toxoplasmosis?

Es evidente que todas estas preguntas no tienen una respuesta única, y que, en mi opinión, es imprescindible que siempre te acompañe una pequeña dosis de miedo (igual de imprescindible que llevar toallitas en el bolso y bragas limpias por si tienes que ir al médico).

Pero, desde luego, si el efecto secundario de una semana en cama es no quedarte en casa y liarte la manta a la cabeza y decirle adiós al miedo… ¡qué vivan los parásitos!

(Insisto, y mucho, no estoy hablando de los políticos, ni de los banqueros, ni de los líderes sindicalistas, ni de Andrea Fabra, ni de su padre, ni de muchos otros que me dejo).