Autor: Accidentalmente
Yo emprendo, tú emprendes, él es autónomo

Hoy quiero empezar una serie floja de posts dedicada a este fenómeno que está tan de moda en nuestros días que es «el emprender».
Si le echas un ojo al Twitter, y no sigues al ínclito Sergio Ramos, al padre de los padres Piqué o a ese ser llamado Paquirrín, ese gran emprendedor de nuestros días, tu timeline será un torrente inacabable de frases como: las 10 claves para emprender con éxito, las 24 cosas que no debes hacer si quieres emprender, los 1497363 secretos para triunfar en tu propio negocio…
Ufff, paparruchas…
No soy fan de dar consejos, pero la verdad es que si buscas la verdad universal y el secreto de la felicidad mejor gasta tu tiempo limándote las uñas. Una vez has leído un par de post mágicos de esos te das cuenta de que hay casi más gurús hoy en día que desempleados y que cuando indagas un poco al final todo son discursos llenos de humo, de obviedades y de texto de relleno, muy rimbombante pero que no tiene ni chicha ni limoná.
Emprender. Un verbo que antes no se usaba más que en tertulias de economía y que ahora sale más veces en los medios que la propia crisis o la dichosa prima de riesgo. Y que en realidad viene a ser, ni más ni menos, que el sinónimo molón y positivo de un autónomo. Sí, amigos, un emprendedor no tiene obligatoriamente por qué ser ese joven con flequillo arreglado pero informal y gafas estudiadamente torcidas porque son más cool, no. El emprendedor tampoco es, en esencia, esa hermosa jovencilla, carpeta en mano, moño atusado y lista para la batalla con el boli detrás de la oreja. El emprendedor es y será forever ese autónomo jodido y puteado de toda la vida al que la moda lingüística le ha dado una pátina bondadosa de elemento , molón, atractivo y muy interesante que reconduce su vida, que toma las riendas de su destino, que los tiene bien puestos. Ejem… Alguien nos está cambiando el discurso, creo yo, porque no nos engañemos, hace unos años ser autónomo era un putadón. Sin paro, sin protección alguna, sin seguridad, te caes del andamio y a tu casa a sufrir en silencio como con las almorranas. Y ahí te busques la vida. Los había con suerte que se forraban, como el caso del fontanero ese del que todo el mundo habla que se hizo de oro con la crisis. Pero quitando unos cuantos casos aislados, en general, el autónomo medio estaba muy, muy pillado siempre.
Con lo cual casi nadie quería ser autónomo. Normal. Antes la empresa pública, y hasta la privada, eran el objetivo de la gran mayoría. Y hasta un trabajador de El Corte Inglés se daba por bendecido porque ya lo habréis oído, ¡del Corte no te echan! Pero eso se ha terminado. La empresa privada ha sucumbido al canto de sirenas de los ERE y la pública está enferma de muerte gracias a las ansias y la codicia de nuestros políticos.
Así que ahora, ¿dónde coñ%&% nos metemos tantos millones de parados?
¿Nos hacemos autónomos? No, no, que eso no mola. Mejor emprendemos…
Pues nada, a emprender todos, que es lo que nos toca. Ojo, que yo soy la primera que creo que la necesidad abre el camino y que si el mercado no te ofrece lo que necesitas, has de crearte tú mismo la oportunidad, perder el miedo a la inseguridad laborar… Pero está claro, la primera vez que declares la trimestral podrás comprobar en tus carnes el poder del engaño lingüístico en forma de IVA. Y aunque nos lo vendan como la panacea para salir de la crisis y el milagro del pan y los peces, las cuentas no salen. Porque aunque hayan pasado veinte años, las cosas no han cambiado tanto y sí, los autónomos siguen estando muy, pero que muy maltratados.
Un ejemplo, en el Blog Salmón.
Un reino de imbéciles

Yo no sé a ustedes, pero a mí esto de los sobres, la pasta en B, la lista escrita a mano que aparece años después, me parece como de comedia italiana de los años cincuenta. En serio, ¿esto está pasando de verdad? ¿Y seguimos en casa pagando nuestros impuestos como si tal cosa?
Miren que yo no llamo a la rebelión fiscal así a la ligera. Que una servidora, como la gran y pardilla mayoría de este país, pagamos y religiosa o ateamente nuestros deberes. Y lo seguiremos haciendo con dolor. Pero no dejo de plantearme la necesidad, la urgencia sangrante de cortarles el grifo (y la cabeza, metafóricamente, of course) a esa panda de Otros que nos han invadido desde más allá del Muro (si me permite la comparación novelesca).
Estoy hasta las narices, lo reconozco, y más allá también. Harta de poner las noticias o abrir el periódico (el digital, que yo ya el de papel solo lo uso para pintar, es así) y ver el careto de unos y de otras, politicuchos y politicuchas, con medios tacones y mantillas, de padrenuestro y «dame lo mío, Mariano», de convención o de cacería, en sus yates en Marbella o en sus Audis de alta gama, riéndose a mandíbula batiente del país porque entre unos y otros lo tienen comprado.
Harta de los Pujol, Millet, y familiares varios y sus millones en bolsas de plástico camino de Andorra que saldrán de rositas.
Harta de la Familia Real enterita hasta la primera generación que ha tapado y propiciado el robo no solo por parte del yerno pródigo Urdangarín sino de todos los sobrinitos, nietecitos y primitos que pululan por España viviendo, comiendo y practicando la equitación a nuestra costa y que saldrán todos de rositas incluido el alto ese que parecía tan bueno, tan majo y mira lo bien que se lo ha llevado.
Harta de tooooooooodo el PP que se lo ha llevado en B, en C, en D y así hasta la Z, y porque no hay más letras que si no… Y que sí, estoy tristemente segura de que saldrán de rositas, Bárcenas el primero, porque ahí está metido hasta el tato, y no le interesa a nadie que eso salga. Con tanta mierda no volvería a circular el agua por el fregadero, que lo veo venir.
Harta de toooooooooooodo el PSOE que también está en el ajo, seguuuuro, y que por eso ahora, en vez de ir en pleno a las puertas de Génova a hacer una sentada como dios manda, ponen la boquita de piñón, así con el culillo cerrado, y dicen con voz de mariquitas ¡que se sepa la verdad! Venga bah, que se os ve la tortugita también asomando, amigos. Que sois todos de la misma condición. Que a los constructores les da lo mismo poner el montante en las manos de unos que de otros, siempre que el contrato multimillonario caiga en las suyas. Que no nos chupamos el dedo, aunque lo parezcamos.
Harta de los periodistas que les encubren o defienden , de los jueces que les tapan o les sacan las castañas del fuego, y todos, por supuesto, poniendo la mano por detrás. Por detrás o por delante, porque lo cabreante de todo esto es que ni siquiera se esconden! Y es que ya ni siquiera nos sorprende!!!!!!!!!
Estoy harta de que se nos persiga con impuestos que cargan otros impuestos que hemos pagado. Que nos estén cerrando hospitales y urgencias para salvar cuatro perras cuando se lo están llevando ustedes todo calentito. Y a Suiza, ni más ni menos.
Estoy harta de que a los pobres se les eche de sus casas, de que se engañe a los que menos tienen y más trabajo les cuesta conseguirlo. De las preferentes, de los créditos inexistentes, de las cajas y sus cojones cuadrados, de sus presidentes con sueldos vitalicios. De que sigan haciendo anuncios diciéndonos que quieren lo mejor para nosotros. Iros todos a Suiza, pero para siempre, y al menos sed honestos, y no nos toquéis más las… comisiones.
Estoy harta de que el INEM persiga como perros de presa a los que están recibiendo prestaciones, de que no haya más becas para comedor ni de libros, ni de nada. De que cierren bibliotecas por todo el país. De que se cierren empresas con EREs como quien come pipas. De que mi barrio cada día esté más sucio porque ya solo se recoge la basura una vez cada dos días. De que se esté privatizando nuestra sanidad para que los amigos de los consejeros de turno se lleven las adjudicaciones y se puedan ir a Los Alpes a celebrarlo a nuestra costa mientras los pobres se mueren de asco por no poder pagar las ambulancias.
Harta de que la única opción para tener una salida digna sea marcharse. De envidiar a los que ya lo han hecho.
Y la pregunta del millón de euros que me queda por hacer cuando no me quedan más piedras que tirar…¿Es que en este país los mayores imbéciles del reino somos nosotros por no robar?
Me niego a pensar que sea así. Llámenme imbécil.
Cosas que te dicen cuando te echan
Cuando me echaron del trabajo lo primero que me dijeron es que no era por mí. El típico no eres tú, soy yo… ¿podemos seguir siendo amigos? Me dijeron que tener hijos y querer cuidarlos no iba bien con la publicidad. Que no molaba que me fuera a mi casa a las tres. Que si no me quedaba hasta las once de la noche eso quería decir que no me gustaba la publicidad. Que seguiremos en contacto, que te llamaremos, que no eres tú, que soy yo…
Cuando me echaron del trabajo, hace ya unos cuantos siglos, me dijeron, como si con eso fuera a levantarme a hacerle la ola al tipo aquel al que no había visto en mi vida, que ante una situación de dificultad en la empresa, las primeras en los que pensaban para echar eran las mujeres con hijos. Que lo hacían por nosotras, que en realidad era un favor porque así podíamos irnos a nuestra casita a cuidarlos y vamos, que era una cuestión de bondad empresarial, digámoslo así.
A mí, ante esa declaración de homo-realidad, se me puso cara de culo inmediatamente. No se me cayeron los ojos de las órbitas porque los tenía sujetos con el rimmel, que si no aún estoy buscándolos. Pero solté la mano rápidamente en posición: págame y no me cuentes milongas, s’il te plait. Hay que joderse…
Y salí de ese despacho buscando un calendario en aquellas oficinas acristaladas, para ver si efectivamente estábamos en pleno edad del iPhone no sé cuántos, y no en los años del Generalísimo y la Sección Femenina. Y me fui, con la autoestima por los suelos, el ánimo empujando la autoestima desde el subsuelo, y enfrentada a mi genética y a mi mala costumbre de engendrar como si ese fuera el problema…
No quedó ahí la situación surrealista, por supuesto. Porque podía haber terminado de una manera elegante, adecuada, correcta, vamos, lo normal cuando te echan para que te vayas a cuidar de tus hijos, sea ésta la razón real o no (ojo, que es muy probable que apeste como profesional, pues claro, pero desde luego la excusa fue incluso peor que mi trabajo…). Pero no. Cuando al fin fui a cobrar mi cheque llevaba en la mano una bolsa de unos grandes almacenes con mi libro ahí agazapado.Y era un libro, pero podía haber sido una cabeza de gíbaro disecada. Vamos, que es lo de menos. Pero ni corto ni perezoso, el señor, ese señor, el encargado de soltarme la guita, ya curtido y con canas en su haber, va y me suelta con un par un: ¡Anda, que ya te lo estás gastando yéndote de compras!
Se me volvió a poner cara de culo. Esta vez de culo muy respingón. Solté la mano una vez más en posición: Págame y no abráis la boca que os cubrís de gloria. Que te has quedado a gusto…
Y con mi bolsa, mi objeto indeterminado dentro de ella, y lo más importante, mi cheque para irme a cuidar a mis hijos a mi casa en mi bolsillo.
Cosas que te dicen cuando te echan… Cuéntame un chiste, ¿qué te han dicho a ti?
2012, un año agotadoramente… agotador
Estaba repasando mi año 2012, bastante escaso en posts, lo reconozco, y andaba buscando mi reflexión más patética, por eso de regodearse en el fango propio, cuando me he ido saltando a los finales del 2011 y me he encontrado con esto, el resumen de un año accidentalmente extraño.
Sí que fue extraño el 2011, sí. Me pasaron tantas cosas que este 2012, si bien también ha sido movidito y casi el último de las enciclopedias, me parece a su lado una simple meadilla de perro.
Pero tampoco ha sido un año sencillo. ¿Y por qué?
Pues está muy claro. El 2012 ha sido, para todo, el año de….. ¡¡¡¡la CRISIS!!!!!
El año en que nos hundimos peligrosamente, en que asistimos despavoridos al choque del barco contra el iceberg (llámese el iceberg burbuja inmobiliaria, paro descomunal, políticos ineptos y corruptos, jugadores de Apalabrados en cargos públicos, queridas diputadas dignas de muchos insultos, o llámese, por qué no, Sálvame). Y que, como los músicos del Titanic presenciaban su triste final mientras tocaban, o eso dicen, a mí me cuesta creerlo, nosotros nos hacemos un sitio en la lancha esa donde no cabía Jack ( ¡ja! ¡La palmaste, machote!) y seguimos remando…
Ha sido el año en que hemos tomado medidas extraordinarias para no dejarnos hundir en la miseria, ni anímica ni literalmente. Hemos hecho eso de apretar mucho el culo y tirar para adelante, o al menos lo hemos intentado. Hemos estrenado oficocina maravillosa de 1×1 y desde ahí seguimos con la intención de dominar el mundo. Nos hemos quedado con el careto partido y hemos hecho flashback ocasionales por eso de las parálisis botoxianas, que son muy malas, España ha ganado un mundial y todo sigue casi igual o peor, porque nos han dado por todas partes, pero bien además, y encima lo de cobrar, ya se sabe, venga usted mañana.
Pero oigan, que no ha sido todo medio malo, tirando a coge la maleta y vete a Alemania, no.
Porque en el 2012 también he tenido un máster y… ¡UN HIJO!
Oleeeeee (momento, festivo-histriónico para celebrar lo mucho que me costó echar al jodío), señores, que tuve a mi segunda criatura!! (tercera, contando a Madresfera, adoptada vía ftp pero propia para lo bueno y lo malo). Y es que se hizo de rogar el amiguete, quince días me tuvo de aquí para allá, Urgencias va Urgencias viene, que ya me veían en el Hospital y me iban haciendo el parte de alta… ¡porque no tenía ganas de salir el niño! Que no me extraña, todo sea dicho, porque si él, o yo, nos llegamos a oler el verano que nos pasamos junto a la hermana mayor, aka bestia parda en sus momentos álgidos, ¡¡¡ni él sale ni yo le dejo!!!! ¡¡Palabrita de adicta a su smartphone!!
Pero bueno, quitando los momentos «niña del exorcista matando al padre Karras» con su pobre hermano, lo de la maternidad de segundas me ha parecido la leche. De agotador. Y hablo aún metida en el marrón, porque todavía me quedan unos meses de insomnio, pero sé que en algún momento, y tal vez bajo los efectos de una sobredosis de jalea real y vitaminas, vea la luz al final de este largo y negro túnel llamado «te toca a ti levantarte, cariño». El día en que no me acueste como si me hubieran apaleado varias veces unos cuantos antidisturbios y retome actividades tan sanas como leer durante más de cinco minutos sin dislocarme el cuello, o dormir más de tres horas seguidas, o incluso cuando vuelva a mí el espíritu del sexo pasado, miraré hacia atrás, hacia este año en el que me recuerdo ojerosa, peluda y con un barrigón de ballena varada, y me reiré a gusto mientras me tomo un copazo a su salud.
Ha sido un año interesante. Y muy cansado. Que lo del máster casi me quita la vida, oigan. Pero muy fructífero. He disfrutado como una enana Lannister de mis hijos, de mi santo, de mi familia, de nuevos y antiguos amigos y socios frikis, verdaderos hallazgos, de charlas interminables via whatsapp, de amistades virtuales y reales, y de un buen puñado de blogs amigos que han hecho del 2012 un año mejor (y madresférico).
He metido la pata a conciencia, como cada año. Pero sigo con las bragas puestas. A ver si el 2013 me da un poco de cuartelillo para volver a retomar mi blog como wordpress manda, mis series de cabecera, mis libros abandonados, disfrutar aún más de mis retoños y no morir en el intento.
A ver qué nos depara este año que viene, porque amigos, la vida es como un capítulo de Juego de Tronos, y quitando asesinatos cruentos, que no estamos muy por la labor, ¡¡aquí puede pasar cualquier cosa!!!
¿Se acabó lo que se daba?
Por si no se han dado cuenta parece que no se ha acabado el mundo.
Dicen los que saben que no ha pasado nada, que las cuentas en Suiza siguen funcionando, la sanidad pública sigue siendo desmantelada y que podemos seguir comprando regalos como si en realidad nos hicieran falta. Todos tranquilos.
Eso o… resulta que esto del mundo se ha acabado ya, y el final ha sido tan cutre y tan malo como el de Los Serrano, que yo no lo vi pero me lo han contado. O el de los Soprano, que no se sabe si sí o no… O el de Lost y su tapón del váter, que vaya final malo de narices, por muy adicta que fuera una servidora a los unos, a los otros, a los humos negros, los Jacobs y su santo hermano… Lo que es, es, se haya acabado el mundo o no.
O puede que no haya sido un final cerrado, que nos hayan cancelado la segunda temporada sin previo aviso como en «Rubicon». Y nos hemos quedado, propios y ajenos, con cara de «mí no entender» porque este no era el final que nos habían prometido, el de las pelis apocalípticas donde se desintegran en segundos ciudades enteras y la «espicha» hasta el prota buenorro que pensabas tú que se iba a salvar… Pero no, también la «espicha» aplastado por una grúa, o por un camión de bomberos, mientras salvaba de la muerte segura y sangrienta a una niña, rubia, de cinco años y de nombre Mery Margaret.
O estamos todos muertos ya, que también puede ser. Puede que aún no nos hayamos dado cuenta. Puede que el hecho de que este año no me haya interesado lo más mínimo por los números de la Lotería sea una señal de que ya no me funciona la sangre en el cerebro. Aunque si este es el caso, qué mala leche que coincida con las vacaciones de los niños, ¿no? ¿Ni siquiera en el limbo éste en el que nos hemos quedado voy a poder relajarme un poco? ¿En serio?
No sé, yo aún no he decidido si me mola o no lo del fin del mundo, o si hay cambio de era acuarius o piscis o sagitario. A lo mejor se ha acabado el papel en la caja registradora del mundo y la mari que nos cobra se ha ido, masclando su chicle y arrastrando los pies, a buscar otro rollo, mientras hacemos cola ante la caja los humildes mortales y se nos descongelan los hielos para los cubatas.
Y parece que sí, que algo está pasando. ¡Que dice el santo que ayer Mou dejó a Casillas en el banquillo! Vamos, si eso no es señal de un cambio trascendental, que venga un maya y lo vea. Amos, anda…
Sí, yo creo que sí que hay algo que está cambiando. A mí alrededor veo cosas rarunas, fenómenos paranormales que superan las historietas para no dormir de Iker Jiménez y su santa, y que se materializan en forma de familias enteras en pijama yendo a hacer la compra al Ahorramás, al Kiabi o al mismísimo banco Santander. Tal vez sea el inicio de una nueva era pijamil, donde las batas almohadilladas, las zapatillas con borlas apeluchadas y los pijamas que hacen bolilla con el roce dominarán el mundo, las pasarelas de Milán y New York y crearán tendencia más allá de mi barrio, úsease, Mordor. Y ya han salido de estas calles, quien avisa…
Puede que el mundo se haya ido a la merde aún más y esto sea un bucle infinito de crisis, y España va bien, y millones de parados, y España va bien, y burbujas varias… y España va bien. Y después del PSOE viene el PP, y después el PSOE, y después el PP, y después el PSOE… Vamos, lo mismo que lo del tapón del váter de Perdidos, un final de mierda…
Lo que sí sé con certeza es que los niños están de vacaciones, amigos, así que el apocalipsis puede que aún esté por venir. Que tres semanas dan para mucho…
El sexo versus la maternidad reciente
Me sugieren las amigas de Femxy, así como quien no quiere la cosa que, tal vez, a lo mejor, por qué no, sería interesante que escribiera sobre el sexo justo tras la maternidad…
¿De qué?- Le contesto a gritos como si tuviera la trompetilla adosada al pabellón auditivo.
¡De sexo! ¡Abuela!-
Ahhhhh… De sexo… – Y me repito a mí misma la palabrita como los protas de Bitelchus, a ver si a la tercera se me aparece el fantasma del sexo de las navidades pasadas, o mejor, ¡el de antes de los dos partos y dos criaturas pañaleras!
Ay (suspiro prolongado) ¡el sexo! ¡Qué gratos recuerdos! Pero, ¿cómo?, ¿aún te acuerdas de lo que es eso? Me digo, asombrada a mí misma… Pues sí, por las pelis, sobre todo.
Y puede que sea algo personal e intransferible, como el PIN del móvil. Pero, salvo honrosas excepciones, envidiadas y muy contadas, las madres recientes que me rodean, con hijos de tiernas edades, viven o mejor dicho, se arrastran por jornadas maratonianas con trabajos hiperexigentes, fuera y dentro de casa, organizando a duras penas la leonera en que se convierten los hogares, ir y venir entre colegios, guarderías, clases de pregimnasia o predeporte o pre-algo pero cánsame mucho al niño, hacer compras, preparar comidas medianamente equilibradas, y todo esto, actualizando el blog,el twitter, el facebook , y contarle a las amigas del whatsapp lo que te ha dicho la borde de la pescadera mientras se tiende la tercera colada del día. Todo eso con uno, dos o hasta tres criaturas vociferantes, babeantes, cuando no también lactantes, exprimiendo tus energías, tus ganas y la alegría de vivir en partes iguales…
Y claro, tras días más largos que la huelga de Telemadrid, cuando llegas a la cama parece que oyes cantos celestiales desde tu almohada y sientes el mismo entusiasmo al meter tus huesos bajo el edredón que si hubieras llegado a la meta la primerita tras correr un maratón de esos que ganan solo etíopes y gente muy, muy delgada. ¡Has sobrevivido otro día más! Y además ¿quién sabe cuántas horas dormirás?
Así que, con este panorama, amigos míos, ¿en qué dichoso momento de la frenética agenda de una madre de tiernos infantes incluimos con calzador el tan deseado kit-kat sexual?
Porque claro que es deseado, que nadie se asuste. Lo tenemos en la mente, nos acordamos de él, y pensamos que, en algún momento, de una manera o de otra, como las oscuras golondrinas, volverá.
Y sabemos que es verdad, que vuelve, porque después del primer hijo, tras el tiempo necesario para que el cuerpo y las hormonas vuelvan a su sitio, el sexo vuelve a instalarse en tu vida, más o menos como antes, o incluso mejor.
Y tras el segundo hijo, igual que confías ciegamente en que bajará
la prima de riesgo algún día, también confías en las posibilidades de que, en algún maravilloso momento, vuelvas a sentirse sexy y deseada y a conseguir ir depilada un mes seguido. Y que recuperarás las ganas y la líbido, y que no te sentirás dentro de un cuerpo que no reconoces, agotado, exhausto, nada tonificado y totalmente entregado (y devoto) a ese nuevo ser que te reclama día y noche como si no hubiera un mañana (acertaron, ese ser no es el santo respectivo…)
Todas sabemos (o rezamos para que pase) que el momento achuchado pasará. Que los bebés crecen y empiezan a echarse siestas de dos horas, al menos. Que pronto podrás dejarlos con tus suegros sin tener que programar las agendas de media ciudad con seis meses de antelación. Que la vida dejará de ser esta sucesión de carreras con niños adosados a la cadera. Y que poco a poco volverás a encontrar las ganas y el tiempo para dedicártelo a ti misma y a tu pareja. Lo sabemos.
Pero ahora mismo, cuando te hablan de sexo, te entra la risa floja hasta que te cruje la contractura del cuello por reírte y te acuerdas del poco cuerpo que tienes para esas cosas y de que duermes en turnos de tres horas como mucho.
Vamos, que del sexo, ni hablamos…
De blogs, yogures y conferencias
Este es el texto íntegro de mi aportación dentro de la Jornada Niños sanos: claves educativas, alimentarias y deportivas para combatir la obesidad infantil organizada por El Mundo, Marca y Yo Dona.
Cuando me invitaron a esta jornada, lo primero que me vino a la cabeza fue mi propia experiencia como madre primeriza y el papel que tuvieron los blogs en aquel momento.
Cuando te conviertes en madre por primera vez, ya puedes tener dos carreras y hablar ocho idiomas, ser la persona más erudita del mundo (ojo, no es mi caso) que te conviertes en un ser unineuronal (ojo, ese sí es mi caso).
Lo suyo, y lo recomendable siempre, es que consultes con tu pediatra o la enfermera, pero la realidad es que el contacto y el trato entre madres y pediatras no es tan fluido como debiera, y entre que vamos a las revisiones cada seis meses, o incluso cada año, y que cuando vas al pediatra te quedas en blanco, no sé si soy la única pero a mí me pasa, al final sales de la consulta sin haber preguntado cosas que pueden parecer banales como cuándo le das al niño su primer yogur o si es mejor darle uno de marca Día o de esos supercaros que te venden como yogur adaptado y fenomenal megaenriquecido y supervitaminado, cosas banales pero que te pueden tener en vilo, sobre todo cuando eres primeriza.
Yo no podía acudir a mi madre, porque no la tenía conmigo, pero aunque hubiera podido, los métodos de crianza han cambiado tanto de una generación a otra, que sinceramente no nos sirven como referente. Antes se ponía a dormir a los niños boca abajo, ahora te amenazan con la muerte súbita del lactante, antes se daba anís a los niños, ahora si te pillan te quitan la custodia, y así miles y miles de ejemplos…
Tus amigos con niños están igual o peor que tú, y tienes una reducida ventana temporal para llamarles que, en la mayoría de las ocasiones no coincide con las tuyas.
Los que no tienen niños te repudiarán y apedrearán a muerte si les empiezas a contar tus desventuras con tu hijo y el yogur en vez de comentar lo mal que lo lleva Alonso con el kers o los adelantamientos en el pit lane o a quién echaron el otro día en el programa del Bisbal (con cariño, amigos sin niños)
Así que la realidad es que lo que tienes más a mano y sin miedo a reproches es Internet. El primer sitio en el que solemos caer es en los foros de maternidad. Los foros tienen su parte muy positiva ya que permiten a todo el mundo opinar y hacerse oír. Pero esto que puede ser muy positivo a mí me resultó bastante negativo, porque hay opiniones de todo tipo y de lo más variopinto: desde la madre que le da yogur al niño nada más nacer, la que lo hace con su propia leche, y la que no se lo da nunca porque opina que es extremadamente cancerígeno. Con lo cual sales del foro mucho más confusa de lo que había entrado y con muchas ganas de llorar. Tanto follón por un @*!!$ yogur!!!!
La siguiente parada, en mi caso, fueron los blogs, donde por suerte encontré a padres y madres en mis mismas circunstancias, algunos tanto o más perdidos que yo, otros que ya habían pasado por ellas y lo relataban sin pudor y mucho humor y otros muchos que estaban a punto de pasarlo, que se veía venir, y con los cuales me gustaba mucho conversar, porque al final lo que se genera es la blogosfera, y lo que yo necesitaba en aquellos momentos, es una buena conversación, alguien que estuviera en el mismo fregao que yo y que me entiendiera.
Para empezar mi participación sobre la importancia de los blogs hoy en día me gustaría contaros el caso de Martha Payne y su blog Neverseconds. Martha es una niña escocesa de tan solo 9 años que un buen día decidió abrir un blog y subir cada día una foto de lo que le ponían en el comedor de su escuela para que su padre entendiera por qué llegaba a casa tan de mal humor.
El blog se convirtió en unos meses en un fenómeno online, con 2 millones de visitas al mes, miles de comentarios en cada post y removió a tantos lectores que consiguió que la escuela modificara el menú de su comedor, un menú que distaba mucho de ser perfecto. Además ha conseguido que lectores de todo el mundo le manden fotos de sus menús diarios, evaluándolos como más o menos adecuados, sanos y equilibrados, va a publicar un libro y está recaudando dinero desde su blog para construir comedores para escuelas en Malawi.
Está claro que no se trata de un blog maternal, pero sí me parece un gran ejemplo de lo mucho que pueden llegar a influir hoy en día los blogs en nuestra sociedad.
En cuanto a los blogs de padres y madres nos son de una gran utilidad por lo siguiente:
– Referencias y consejos sobre lactancia: materna, artificial, mixta…
La lactancia puede ser una experiencia maravillosa o traumática según lo viva cada madre. Además, con esta etapa afloran todas las dudas y la inseguridad de la madre ante las opiniones de los demás contrarias a su propia postura. Por eso, encontrar un blog o una serie de blogs en los que opinan y actúan como tú, o simplemente encontrar consejos y experiencias sobre la lactancia sirve para calmar y aumentar la confianza de la madre y por lo tanto a vivir esta etapa, se elija una u otra opción, de una manera más relajada y feliz.
– Introducción de los alimentos, recetas para niños, alimentos que debemos utilizar…
Hay multitud de blogs con recetas, consejos útiles y trucos para que los niños coman verduras o lleven una alimentación equilibrada. Son una fuente de información y consulta increíble para no caer en la rutina y siempre desde un punto de vista muy cercano.
– Consejos y guías en el caso de alergias alimentarios y enfermedades: diabetes, alergia a la leche, celíacos.
En este caso, los blogs me parecen tremendamente útiles e importantes para los padres con niños enfermos o con alergias alimentarias que suponen un trastorno a la hora de organizar las comidas. Estos blogs son fuentes increíbles de información, no estrictamente de información técnica que para eso ya están las webs especializadas y sobre todo los profesionales, sino información práctica basada en experiencias: consejos que a mí me funcionan, o que no me han funcionado, y te lo cuento para que aprendas de mi experiencia.
Son, sin duda, una de las herramientas actuales más importantes a la hora de mitigar frustraciones y ayudar a padres perdidos ante situaciones difíciles de llevar como estas.
– Esto nos lleva al siguiente punto: compartir experiencias, crear comunidad. Y es que en el fondo lo que estos padres están creando visitando blogs, comentando, consultando, es una red, es una comunidad en la que una cuenta que su hijo no come y vomita cada dos por tres, otra que su hija solo quiere comer viendo la tele y no es capaz de cambiar su hábito o los que cuentan su frustración porque no son capaces de quitarle el biberón y que coma papillas, por ejemplo.
Ahí radica la buena acogida a comunidades temáticas como es el caso de Madresfera, donde de forma natural van integrándose uno a uno blogs de lo más variado pero con un nexo de unión, los hijos (y hasta los nietos, ¡que ya tenemos una abuela bloguera!)
Y con la excusa de los concursos, los eventos, las quedadas, cualquier iniciativa que se nos ocurra, al final lo que importa es la comunidad que se está creando de forma espontánea. Porque en el tema de la crianza al final lo que queremos es poder conversar, compartir experiencias y sentirse reafirmado, menos solo, menos mala madre o mal padre.
Por último, me gustaría hablar de iniciativas que están surgiendo, sobre, y a raíz del entramado de blogs que actualmente cubren temas como la maternidad, la alimentación infantil y la sanidad, en este caso infantil, también.
Pediatic es un proyecto, que va más allá de la red y que se materializa en encuentros y jornadas creado por pediatras inmersos o muy presentes en la blogosfera sanitaria como Diario de una mamá pediatra o El médico de mi hijo que han decidido unirse a otras redes de blogs como las madres blogueras o los blogs de educación infantil para tratar temas que atañen a todos ellos: la salud infantil.
También nacido en la red es el proyecto de Conciliación Real ya, que surge como respuesta a la reclamación real de los blogueros, padres y madres, de compatibilizar crianza y trabajo. Este grupo de padres y madres se han unido y organizado de forma casi espontánea para proponer medidas efectivas a las autoridades para lograr un mayor equilibrio en la sociedad actual, un equilibrio que repercutiría directamente en el bienestar y la salud de nuestros hijos.
Y por último, hablaros de Uno entre cien mil, una fundación creada por José Carnero a raíz de la leucemia de su hijo Guzmán. Este padre ha ido plasmando en su blog el tratamiento y la evolución de su hijo y ahora mismo, dos años después y en proceso de recuperación, pone en marcha una carrera virtual para recaudar fondos en la lucha contra el cáncer. Os invito a que participéis con vuestra participación y compréis un dorsal para esta carrera.
Y podríamos seguir durante horas, porque estos son tan solo tres ejemplos de los miles que existen en la Red y que demuestran el rol decisivo y la influencia actual de los blogs como nexo de unión entre familias y como apoyo en la crianza y la educación de nuestros hijos.
Muchas gracias por vuestra paciencia infinita y a leer blogs!!!
Motivos para empezar bien: 4 minutos que te dejan con la cara al revés
Me lo recomendó mi santo hace poco y, sí, el último vídeo de Antony and the Johnsons me he dejado así, con la cara al revés.
Pues nada, ¡a cuidar a las secretarias quien las tenga!
De restauraciones y otras locuras materno-empresariales
Resulta que un día tienes que salir de casa para hacer negocios. Lo que viene siendo hacer «el business»: rebuscas entre la ropa de premamá y la de lactancia algo sin manchas y medianamente planchado, rescatas unas medias sin carreras del cajón de ese mix que tienes de leotardospeloteros-mediaspeloteras-calcetinespeloteros, y practicas arqueología entre los zapatos planos y llenos de arena del parque para encontrar algo digno y taconero. Desde que tu criatura te ha pedido, por favor que te pongas tacones porque le gustas más (…), estás asimilando que tal vez, solo tal vez, tu hija quiera una madre más alta y arreglada a la par que sencilla… y que la que tiene no le mola… que tal vez tengas que empollarte algún catálogo de moda invierno del Vogue o hablar pronunciando algo más la s, ¿sabessss? (ese pensamiento te dura lo que aguantan sus muñecos ordenados en su cesta, porque en cuanto ves de lo que es capaz la bestia parda te sale el chuki que llevas dentro y sacas la madre bajita, de zapato plano y chillona que llevas dentro y te importa un pito lo que te pida por favor con tal de que ordene su cuarto y deje de hacerle llaves de pressing al hermano).
Pero hoy tienes que salir a businessear y hacer algo de provecho (ejem) así que toca hacer el esfuerzo e intentar recomponer todas las mujeres que llevas dentro para ponerte cara de moderna y talentosa, escondiendo por un rato la maruja ojerosa que grita a su hija que se coma el pollo, que trabaja en pijama como una loca a las seis de la mañana con listas de la compra junto al flujo de contenidos de la semana y que no tiene ni idea de cómo enfrentarse al mundo de los negocios… A lo mejor tienes que evolucionar y de una Pokemon tipo ama de casa pasas a ser a una de tipo empresaria exitosa a base de ganar batallitas a mujeres delgadísimas y elegantísimas en traje con BlackBerry y maletín de Armani… Las ganarías a bolsazos, eso no lo dudes…
Así que buscando un milagro te pones frente al espejo y tras el susto y arcadas iniciales, te secas los lagrimones, te juras que nunca más, que a partir de ahora te pondrás todos los potingues esos que atiborran el armarito (copando las baldas correspondientes al santo) y que te echarás escrupulosamente el contorno de ojos como si en ello te fuera la vida para no convertirte en la gemela de Soraya Saez de Santamaría cuando se enfada. Apretujas con fruición los cuatro pelos escamosos que te quedan tras el embarazo+parto+tirones del pequeño, cubres con espátula y mortero las ojeras cronificadas y bolsas colganderas y, en definitiva, restauras con prisas, y como puedes, para no ser el maquillador gordaco de los anuncios de Max Factor, el Ecce homo borjiano en que te has convertido tras todos estos meses de estar escondida en esa cueva de perdición llamada «trabajo en casa«.
Y bueno, has hecho lo que has podido. Y llegas tarde, por supuesto. Así que corres pasillo arriba pasillo abajo por tu mansión, cogiendo el iPad, el smartphone, las tarjetas de visitas, un boli por si no funciona el iPad o el smartphone, las llaves del coche, las del garaje, las de la casita de Mickey Mouse… Todo lo que una mujer de negocios actual necesita, y eso sí, sin mirar atrás, porque la casa te está llamando a gritos «desgraciada»… Pero noooooo, espera, ¡¡¡te falta algo!!! Llenas la bolsa de pañales para un regimiento, ropa de cambio para tres estaciones distintas (¿alguien sabe qué temperatura hace en el Ifema?), discos de lactancia y demás complementos diminutos y empaquetas al bebé, tu socio más entregado y fiel escudero, en el coche mientras sudas la gota gorda intentando que el capazo quepa con la bici de la niña, los ruedines, la cuna de viaje y el colchón… Y tras hacer el Tetris en tu maletero y darle gracias a dios por haber hecho el coche más grande del mundo ¡¡ya estás lista para comerte el mundo!!
Hete aquí que, mientras recorres como una loca (tómese esto como una exageración, of course) la M30 porque sí, llegas muy tarde, reflexionas (a tu manera, es decir, muy floja) sobre como montar un negocio propio es una locura casi tan grande como tener un bebé. Casi están al mismo nivel, te dices. Aunque al negocio le puedes mandar a la mierda en un momento dado, mientras que al retoño lo máximo donde le puedes mandar es al Hermano mayor a que lo amaestren y deje de romper puertas con los puños o a un internado en Suiza si es que te dan las perras.
Ahora bien, cuando se unen ambas cosas, tener niños pequeños en la chepa y teta, a veces simultáneamente, y poner en marcha un negocio, ambas tareas ya de por sí, estresantes, demandantes y altamente explosivas, te das cuenta de la mezcla…
Demonios, ¿¿¿¿qué es lo que va a salir de ahí???
…
