Días de poco cine

Hace ya unos años, dos y pico para ser súper exactos, que el mundo del cine y yo estamos regañaos. Con lo que yo he sido, madre… Yo, que me leía los Cahiers du Cinema en la biblioteca de la uni…Yo, la fan number one del insigne Gasset y sus Días de Cine de la 2 (el de Caye no, no la trago). Yo, que me he recorrido uno a uno, y con boina, of course, todo el circuito de cines alternativos de la capital, los de versión original y los que incluían música de cámara como banda sonora, y que me sabía hasta cuándo tocaba el ciclo de cine chiquitistaní en la Filmoteca

Con lo que yo he sido, una pedantona cinéfila de las buenas… Y ahora es que me dicen que me chupe la última del Von Trier y es que me meo de la risa (no culpen aún a mi estado, eso vendrá en unos meses). Vamos, que antes me depilo uno a uno los pelillos de los sobacos que someterme a otra más de esas torturas intelectuales de duraciones infrahumanas y que luego nadie entiende.

Y es que les confesaré que ahora veo muy pocas películas, pero que muuuuy poquitas. Ni buenas, ni malas, ni regulares. Porque, les explicaré, primero hay que encontrar el hueco. Que con una criatura de dos años es complicado, aunque no imposible, no nos pongamos tremendistas. Pero cuando la tienes acostada, o apañada con algún ser caritativo o la has enviado a otra dimensión alternativa (no me pidan explicación, cada uno que piense lo que quiera que es mejor), te lanzas cual campeona olímpica de asalto al sofá, y repasas mando en mano la retahíla de títulos que almacenas desde hace años en el disco duro, ejem, ejem, digo en la videoteca, pues como que la placentera tarea de ver algo decente se convierte en un ardua selección, acaso comparable con no encontrar reposiciones del Príncipe de Bel Air en la TDT.

Primero, la duración. Descartadas a partir de 120 minutos. Total, la mayoría…Porque desde hace un tiempo a los directores parece que les regalan los metros de película, así como en plan supermercado “¡estamosquelotiramosoigan!”. Que ya me veo al director comprando a su tendero de confianza: “¿Me pone hora y media de filme de los buenos?, y me lo parte finito, ¿eh? Que el último no había quien se lo comiera de lo denso que me lo puso…”. A lo que el fiel y comercial tendero, con eso de que estamos en crisis, agudiza el ingenio mercantil y le contesta, el muy sibilino: “Si se lleva tres horas de este en color le regalo el 3D premium y una hora más de extras que hará las delicias de sus fans. Vamos, se van a quedar encantados. Me está saliendo muy bueno, ya me lo dirá, ya me lo dirá…”

¡Y los incautos pican! ¿Por qué? ¿Por qué, amigos directores del mundo, os empeñáis en alargar nuestra agonía hasta el infinito? ¿Cuándo dejó de ser atractivo un final a tiempo, una retirada digna, un The End a la hora y cuarto de empezar la proyección? Porque yo puedo entender que, a veces, en muuuuuy contadas ocasiones, uno tiene que rodar Lo que el viento se llevó y claro, pues como que un dramón así , con lo que tuvo que ser eso, pues no se hace en una hora. Vale, pues ya está, ¡ya se ha hecho! Tampoco hace falta que todas sean Los diez mandamientos ni ustedes son Cecil B DeMille… ¡No nos jodan más a las personas con horarios normalmente apretados y hagan películas cortas!

Dicho esto, con tono más bien exaltado, las hormonas deben ser, añadiré que el segundo filtro a la hora de visionar es la temática. Como todo el mundo, vamos. Las que primero elimino son las de tensión de morder el cojín, de esas de persecuciones y mucho susto. Ni-de-coñen, amigo, me voy a tragar yo algo que eleve mis pulsaciones con lo elevadas que las tengo yo entras las entretenidas e inconclusas obras en mi mansión, mi exilio a ésta, la suegros’ keli, mi muela en estado crítico, mis proyectos laborales en ciernes, una conexión a internet alternante y esquiva, una preñez emergente con su consiguiente sopor y aletargamiento y mi inmersión en ese mundo aterrador del grupo social conocido como “esos padres que llevan a sus hijos en coche al colegio” y a los que se puede distinguir por ese tic intermitente en el ojo izquierdo, las llaves del coche incrustadas entre el incisivo superior y el colmillo superior y un niño lanzadera que aterriza solo en clase porque “¡tengo el coche en doble fila!”.

Bueno, pues eso, que de estrés mejor que no.Y de llorar, ¡menos! Nada de dramones, tragedias ni nada que se le asemeje. De miedo tampoco, que luego sueño. Y como gracias al embarazo me toca salir de la camita a horas intempestivas al menos una vez a eso tan humano de hacer pis, pues no vaya a ser que encima me cague por las esquinas. Quita, quita.

Si me pones documentales o algo serio, me duermo. Es un hecho. Y si es un musical, también.

Total, que solo, solo, solo, solo elijo comedias. Pero para cuando he elegido una que dure menos de dos horas, que sea inteligente, rápida, que no sea una americanada, que tenga buena dirección y una fotografía excelente, que esté en versión original, que no salga Adam Sandler, salvo la de Little Nicky que ya me la sé de memoria, y, muy importante, que no sea española porque, en realidad, no es comedia sino drama, que ya me las conozco, pues cuando ya he terminado de elegir una, ya me ha entrado la modorra y casi que me voy a la piltra a soñar con pelis más cortas, obreros eficaces, elecciones democráticas y, en definitiva, un mundo mucho mejor.

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17 thoughts on “Días de poco cine

  1. Muy bien el post! Me he sentido totalmente identificado con tu trayectoria cinéfila personal y estoy de acuerdo con tus reflexiones. Cierto es que mi santa y yo, muy de cuando en cuando (y es que disponer de dos horas libres y sin sueño a estas alturas no es sencillo) aún nos entregamos a películas supuestamente buenas, bendecidas por algún crítico más o menos reputado. Pero la sensación final es de tiempo perdido porque si hay algo cierto es que:

    EN EL CINE, CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE MEJOR.

    Es verdad que aún puedes ver buenas películas hechas hoy en día, pero la probabilidad de que te lleves una decepción es muy grande ya que la escasa producción de calidad flota desesperada entre la basura como un oso polar en un pequeño cascote en esta época de deshielo.

    No conocía yo esta faceta tuya cinéfila… lo mismo hace unos años compartimos muchas películas en la filmoteca!!! (la última vez que fuimos nosotros aún costaba menos de 2 euros la entrada).

    1. Y encima qué mal me siento cuando veo una mierdapeli, perdiendo ¡2 horas! nada más y nada menos, ¡2 horas! de mi escaso tiempo de ocio…
      Aaaay, cómo echo de menos la filmo…

    2. Muchas gracias, amigo Nacho!!!
      Ufff, yo no sé si es que soy yo o es el cine, la verdad, a veces pienso que soy yo casi siempre, pero antes los bodrios me los apuntaba en la sección pelis cultas para debatir, y ahora ni me planteo perder dos o tres horas en algo así, aun a riesgo de perderme clasicazos y peliculones… Supongo que algún día volveré a ese estado mental, no sé…
      Habrá que debatir sobre cine en las próximas cañas!

  2. Comedia española buena haberla, hayla, pero a veces se esconde. Prueba con La Torre de Suso, de lo mejorcito que ha parido la madre patria.
    Y si quieres ver una peli sin temática ninguna y larga y lenta de morir, prueba con El árbol de la vida, de Pitt & Penn. Sacar tiempo de ande no lo hay para ir a ver ESO y salir con cara de pollo porque piensas que te han tangado y en el proceso te han robado un puñao de neuronas….es todo uno, oiga.

    1. La torre de Suso ¡genial!, y además en tierras asturianas y con “dejes” de allí: “¡engordaste!”, cómo me reí, ajajajaj

      El árbol de la vida, más bien de la muerte, por aburrimiento, por lo que me han dicho, no la veo ni jarta grifa!

    2. Gracias amiga por las recomendaciones, aunque la segunda por ahora no está en mi lista, para dentro de un tiempo cuando no me duerma, jejeje.
      La última que vi fue la de La piel que habito, y me gustó, aunque también me quedé asín medio que no sabía si sí, o si no… Me gusta más cuando Almodóvar le da a la comedia que cuando se pone serio, la verdad.

  3. Pido perdón por la tardanza, señora mía…. pequeñas cuestiones personales me han mantenido alejada de seres maternales como Vdes.

    Enhorabuena por la maternidad y precioso post justificativo hacia el mundo cruel, pero que conste en acta que yo no lo haría (por diversas razones que ya expuse mi momento). Disfrút-elo/enlo, que es un momento irrepetible.

    En cuanto a las pelis, entiendo su postura, la comparto, y por ello me he hecho más friki-series de culto que otra cosa. No obstante, le diré que La Boda de mi mejor amiga, me hizo reír tanto-tanto, que moví las sillitas del cine, al tiempo que mi santo, que tiene mentalidad cuasi-femenina, era capaz de entender toda nuestra jerga y lamentaciones femeninas. Las llagas que los brackets hicieron en mi boca, fueron prueba de la risa total. Se la recomiendo (eso sí, el final es un poco apresuradito).
    Lo dicho.

    1. Gracias, gracias 🙂

      Yo también soy friki-series, me las veo todas todas y me encantan, hay cosas buenísimas por ahí, y con una duración estupendérrima…
      La de la Boda está en mi lista de pendientes… Pero ya no está en cartel, creo, así que tendrá que ser para cuando pase la hecatombe de las obras y vuelva a mi ser y a mi mansión.
      Un abrazo y bienvenida tras la pausa existencial.

  4. En otros post puedo participar con cierto criterio, en esta ocasión puedo aportar poco… Creo que la última película que vi en el cine de estreno fue Rambo pero la 1, jajaja y de esos días de película de videoclub en casa con mantita y sofá, desde hace 5 años se basa en los grandes del cine clásico de Pixar. Por lo tanto, mi aportación en este post es muy que muy reducida. Ahhh y otro criterio que yo misma añado a los tuyos a la hora de elegir “si va de niños” ni de coñen, que ya bastante mal trago pase cuando vi el Orfanato… por el Santo Creador … que angustia de película.

    1. Yo tampoco puedo con las de niños, luego lo paso muy mal, jejejejeje. Además, el Orfanato no me gustó nada, ufff, que regusto más malo…
      Gracias por tu aportación, siempre es buena!

  5. ¡Oh! ¡Ah! ¡Oh!

    Había perdido el enlace con el cambio de ordenata, pero lo he recuperado por un comentariol tuyo en Ca Aroa. Aunque ya soy un “liberado”, al cine me tiene que llevar a rastras la mia Lola, desincrustándome del sillón donde estoy leyendo mediante amenazas. En cambio me dice ¿vamos a tomar una copa? y antes de terminar la frase ya estoy peinao y con el sombrero puesto. Las cosas, como son, ¿verdad? El caso es que luego salgo lleno de emoción. Por ejemplo de la última, una iraní llamada El Divorcio.

    Pero el notición es vuestra “reincidencia”. ¡Qué bueno es tu muchacho! Cuando Lola tuvo ansias del segundo, compré un perraco negro, grande y fiero (bueno, me lo agencié gratis, pero puede decir la frase bíblica de “Madre, ahí tienes a tu hijo”.).

    En fin, si lo tenéis, sabiendo ya LO QUE SIGNIFICA, es porque queréis, así que punto en boca y felicidades. Un hijo deseado bien vale un río de pises.

    1. Jajajajaja, muchas gracias por la visita, un placer como siempre!
      Sí, a mí también me da más pereza que otras cosas, pero también es cierto que luego compensa el esfuerza cuando encuentras algo digno y emocionante. Aunque ahora estoy más por la escritura y la lectura, es lo que hay 😉
      Muchas gracias por la felicitación, me complica un poco la existencia pero también le da más emoción! Y eso es más jugo para nuestras historias, jejeje
      Un abrazo!

  6. Me he sentido totalmente identificada, a nosotros nos pasa lo mismo desde hace unos dos años y pico (es decir, desde que nació nuestra hija más o menos) que no pisamos una sala de cine y en casa nos cuesta ver una peli entera sin dormirnos, y si encima, cuando consigues no dormirte y acabar de ver la peli, resulta que te has tragado una basurilla, pues a mi me entra una mala leche, solamente de pensar que podía haber estado durmiendo y descansando plácidamente en mi camita…

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