El día en que vuelves de las vacaciones…

Parece que se te acaba una vida pequeñita  y alternativa que, como una buda de pacotilla, has decidido «vivir» mientras vives, que para la reencarnación, si es que llega, ya vendrán otros tiempos…

Se me han acabado las vacaciones, que este año no son reales sino mentales, porque como ya sabréis amigos (o no), esta vez no vuelvo a ninguna oficina a fichar, ni a enseñar moreno, ni a contar mis batallitas o lo grande que está la niña. No, amigo, no.  Estas vacaciones son memorables porque han sido de las de antes. De las que tenían nuestras madres, las que no trabajaban, claro. De las de lapsus mental que empezaban con la página 1 de las Vacaciones Santillana y terminaban mientras forrabas los libros con el plástico adhesivo transparente. Sí, de esas, de mari de toda la vida. Pegada a mi criatura (¿o ha sido al revés?) con un efecto ventosa tal que ya no sé si yo soy la niña o la niña soy yo… Sigue leyendo

Semana Mundial de la Lactancia que nos dejan

Es la Semana Mundial de la Lactancia Materna y toca una reflexión al respecto. Nada más dar a luz y en plena efervescencia hormonal  icé la bandera de la lactancia a demanda y enarbolando el manual de san Carlos González me proclamé defensora a ultranza de ese derecho de madre e hijo a una lactancia natural y sin intervenciones. Incluso me atreví a arengar a mis compañeras en mi afán comunicador, “maternificador” y casi-evangelizador, tanto que cualquiera en un momento de hartazgo, y con bastante razón, me hubiera dado un «tetazo» por pesada y por meterme en escotes ajenos…

Ahora, tiempo después ( habiendo amamantado hasta los dieciocho meses), y con las hormonas algo más recolocadas (si bien témome nunca volverán a ser lo que eran hasta que me llegue el momento Tena Lady), contemplo con más distancia, más tiempo y mucho más relax la cuestión pecho sí-biberón no.

Y aprovechando la fecha (celebración que no llego a entender, ya que no tenemos Semana Mundial de Quitarle el chupete o de Introducción de las Verduras), diré que el pecho es una solución económica, rápida, cómoda y normalmente, indolora, presenta todas las ventajas ideales para que todas las madres la adoptaran como método de alimentación. Está científicamente demostrado que la leche materna es el mejor alimento, por mucho que los anuncios de leche de fórmula nos digan que ellas lo hacen casi igual de bien, y tanto para el bebé como para la madre los beneficios fisiológicos y emocionales son indiscutibles.

Pero, por muy ventajoso que resulte, no a todas las mujeres les parece la idea más genial de la creación humana y hay que respetarlo y no indignarse con ellas ni mirarlas con recelo (como antes se hacía con las que sí amamantaban, las menos, recordémoslo) o cuchichear mientras compran en la farmacia el botecico de los dichosos y carísimos polvos. No es cuestión de diferenciar en quién da y quién no, sino en ir más allá y ver el motivo de muchas de esas decisiones.

Porque hay quien tiene mastitis nada más dar a luz y se les echa la culpa por no saber ponerse al niño (claro, como eso te lo enseñan desde primaria…) y no se les ayuda desde el hospital prestándoles sacaleches, sino que se las lanza sin más a sus casas, donde llorosas y con los pechos como bombas de SuperMario a punto de estallar, maldicen trescientas veces treinta y tres la lactancia de la madre que la fundó.

Hay quien no tiene apoyo a su alrededor y su enfermera de cabecera le sigue dando los mismos consejos del añolaTana del doctor Spock y “Tu hijo”, con los famosos diez minutos de cada pecho, haciéndose el lío padre con el tiempo que darle a su pequeño, que si se queda con hambre, que si no tengo leche suficiente, que si le doy un bibe para que no se quede el pobre con el estómago vacío… Y si encima sus mujeres de referencia, véanse madre y suegra de la generación biberón of course, pues ya se prepara el tinglao. Y a los tres meses como mucho, la protagonista ya lo ha dejado.

Hay quien quiere dar el pecho durante al menos sus seis meses, que es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, que no porque tengan mayúsculas van a saber más que nadie, pero vamos, que dan bastante credibilidad. Pero, hete aquí, que si la mujer ha de reincorporarse a su puesto de trabajo a los tres meses y medio (ese momento trágico en el que se te cae el alma a los pies porque te das cuenta de que la vida es una mierda) las cuentas no salen. Y resulta que si decide seguir con lo del pecho ha de montar la de Cristo para poder sacarse la leche en su oficina mientras a su pequeño lo cuidan otros (ya sean abuelas o cuidadores), que así en resumen, viene a ser algo así:

-llevarse la neverita de rigor con el sacaleches manual o automático, los botecicos preparados para la leche y el tupper con las lentejas,

-ausentarse de su puesto lo que buenamente dure la extracción/ordeñamiento, que para los que no lo han vivido nunca, no es un proceso automático, de estos de meter la monedita y “su tabaco, gracias”, sino que dura lo que tenga que durar…

-sentirse culpable por estar fuera durante un rato (además, la culpabilidad viene de serie tras el parto) y pensar que, mientras está ahí líada con su ordeñamiento, el jefe supremo del mundo mundial le va a llamar a su puesto en el que, ¡oh, dios, no está! ¡que está ahí, estrujándose los pechos afanosamente en vez de estar mirando su perfil de Facebook frente a la pantalla!!!

-esconderse del mundo porque lo de “me voy a ordeñar, ¿te vienes?” sale perdiendo frente al “me voy a fumar fuera, ¿te vienes? o al “son las diez, toca desayuno, ¿te vienes?”,

-conseguir exprimir la cantidad suficiente de leche para que el niño no se quede con hambre al día siguiente (uno de las mayores causas de estrés de las sufridoras amamantadoras que persisten tras su reincorporación y que a una servidora también le traía por el camino de la amargura),

-almacenar el preciado líquido sin que se contamine en el proceso (no todas las cocinas de oficinas están igual de equipadas) y seguir escondiéndose mientras se limpian aparejos (el sacaleches impresiona, os lo digo yo)

-y mantenerlo refrigerado hasta que llega a casa sano y salvo, cual agua bendita del mismísimo Lourdes.

Y eso cuando no se abandona directamente porque, francamente, esa media hora de lactancia que dan las empresas es como de partirse la caja y luego echarse a llorar. ¿Quién ha decidido que son treinta y no cuarenta minutos los que un bebé necesita para compensar las seis horas de media que su madre está fuera de casa? Y encima hay que darles las gracias, como con la dichosa jornada reducida… Que parece que están dando algo cuando todas sabemos que no sirven más que para juntar esos minutejos con la baja maternal, o para salir antes, media hora y que como te pille el metro apretado como siempre, pues vamos, que llegas casi igual y encima te miran mal en la ofi por eso de que te vas antes que nadie…

Total, que me extiendo demasiado, que sí, que tenemos que celebrar la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que ahora se está poniendo otra vez de moda y es genial, que yo encantada. Pero no nos engañemos, si muchas madres no la eligen no es porque no le de pereza levantarse por la noche, ni porque crean que se les va a caer el pecho, o no quieran darle lo mejor a sus hijos. Es que no muchas veces, no pueden hacerlo ni cómo quieren, ni el tiempo que quieren.

Y ahí es donde radica, desde mi humilde opinión, el gran problema, lo que hay que denunciar, y contra lo que hay que luchar.

Más posts sobre el tema de la semana (seguro que hay muchos más, solo hay que seguir enlaces, pero con estos se puede empezar):

Mamá contra corriente:  Por qué no nos fue bien con la lactancia maternaPor qué no acudí a un grupo de lactancia

Miriam Tirado: De tetas, biberones, culpas y decepciones

Imagen de la home de http://twibbon.com/_breastfeeding. Y para que nadie se quede sin saber lo que necesita, enlaces imperdibles:

World Breastfeeding Week

La Liga de la Leche

Madres 2.leches

Aquí estoy, delante del ordenador, con la toalla en la cabeza y chorreando de la ducha pero tecleando febrilmente, cuando debería estar secándome el pelo y esas cosas normales que hace la gente cuando sale del baño… Y ¿qué hago? Pues me leo de pe a pa el blog de la sabia y muy inglesa Sally Whittle con este post sobre cómo afecta escribir un blog a la maternidad y me quedo con esta pregunta que cierra sus palabras:

«What do you think? Is blogging taking away from your ability to be a good parent – or adding to it?». O lo que es lo mismo: Tú qué piensas? ¿»Bloguear» disminuye tu habilidad para ser un buen padre/buena madre, o la mejora?

Lo leo y me digo: esta mujer me ha leído el pensamiento (incluso hablando otro idioma), o lo que me queda de ellos después de unos días a jornada intensiva como madre…

Porque ahora que ambas estamos de vacaciones (voy a llamarlas así aunque las mías son obligatorias como bien sabréis)  y estoy con mi criatura de sol a sol, con ella adosada a mi chepa y michelines sin pausa ni receso (salvo la santa siesta y la noche, of course) me encuentro así de pronto y sin aviso previo con un vacío existencial en mi persona y razón de ser: ¡no tengo tiempo para escribir en mi blog! Dios, ni para actualizar mi facebook, ni para responder los emails o fisgonear en twitter, ¡para nada! Si hasta hablar por teléfono requiere de la infraestructura de manos libres para poder empujar del carro mientras hago la compra, que en el Ahorramás ya me conocen como «la loca esa que se ríe a gritos mientras espera  el turno de la pescadería»… Vamos, que yo estoy requete-entregada a mi faceta como madre, y encantada, que no digo yo que no, pero coñe, que también tengo derecho a hablar y relacionarme con alguien más que no sean la familia de los Pepes (todos los muñecos de mi pequeña tienen el mismo nombre, para simplificar, vamos), la tendera del mercado y los amigos imaginarios de mi criatura, ¿no?

Pero en estas me acuerdo de una frase de mi santo, de esas que me ha soltado medio-en-broma-medio-ya-te-lo-suelto, cuando él llega a casa al final de una de esas tardes infernales-salidas-de-Mordor en las que mi hija ha decidido poner a prueba mi paciencia semi-infinita y yo ya estoy buscando oxígeno, agarrada a lo alto de una estantería con los nervios como escarpias y con la lágrima asomando tras el rabillo del ojo, para, en cuanto él se pone a charlar con la niña, engancharme rápidamente, y sin mirar atrás, a mis redes, cual yonqui desesperada por su chute cibernético y murmurando para mí: es triste de pedir… Y en medio de mi ataque de ansiedad comunicacional, va mi santo,se acomoda en el sofá con la niña en su regazo, tan pacífica como un niño de esos de anuncios que no se mueven cuando les manosean y me dice con sorna: «uyuyuyuy, estás abandonando a tu familia…«. Y es entonces cuando llega la ambulancia a la puerta de mi casa, salen tres maromos cachas con el uniforme del samur, y me ponen las palas de esas que te meten nosecuántos vatios de potencia entre pecho y espalda… Y sí, luego, revivo…

Entonces, ¿qué pasa con el 2.0 dichoso y tanta red social (que cada día sale uno nuevo, leche) y tanto blog y tanta gente a la que conocer y tantas cosas que leer y tanta ansiedad por el saber…? ¿Nos ayuda o nos mete más presión aún? ¿Acaso soy una madre negligente cuando intento buscar un minutito para respon

der ese email que parpadea en mi cerebro? ¿Hay más madres y padres que se lanzan al ordenador como zombies a un higadito fresco cuando sus hijos cierran por fin los ojos y la boca? ¿Estoy siendo víctima del síndrome 2.leches? ¿Es esto bueno o malo?

Vosotras y vosotros, santos varones, ¿qué pensáis? ¿Somos las madres 2.leches unas adictas al wi-fi que desatendemos a nuestras familias?

Me voy, que se acabó la santa siesta…

Things I didn´t know 2 weeks ago

Spoilers alert: ¡Atención! ¡Este post va sobre Israel! ¡Sí, de nuevo! Por eso, en esta ocasión, estrujando mis neuronas, y para no saturar más a la parroquia con el temita del viaje me dedico en cuerpo y alma a los amigos angloparlantes que también se merecen un poquito de cansinismo israelí, ¿eh? 

And for the english audience… sorry about the mistakes! I’m really good translating to spanish [super-ego mode off] , but my english always could be better… 🙂

Two weeks ago I had another life. The same name, the same house, even the same appereance; the same «saint» as my husband, and also the same»wild creature» as my child.

But two weeks ago, my life was not the same.

Two weeks ago I didn´t know the meaning of «enduring» six days without my daughter: the pain in the chest, the physical  urge, the craving, the ilogical sense of being lost and without meaning. It must have been hard for everyone surrounding me to bear my one-and-only-topic conversation, and only because of their good manners I didn’t hear something like: for god’s sake,  stupid girl! Shut up, take a plane right now and never, remember, never, never dare to come back alone!!!  For all my partners and people I met, I’m sorry if I was a pain in the ass. You can feel relieved now that I’ve left the country, I’m miles away from you and my daughter is glued to my legs, literally. It must be the karma, I guess…

Two weeks ago I didn’t know, but I must admit that I could imagine it, that the reality of Israel is not exactly what I’ve been told.

I’ve talked to a lot of people there and, yes, quite a few times about the same questions: What did you expect from Israel? What did you think about us? Have your opinion about our country changed now that you are here?

Well, I must admit that my knowledge about Israel was, so to say, scarce. I could remember the biblical stories and things like that, and also quite about the XX century and how Israel began to take form. And in every story, in every detail, war was the word that came to my mind in the first place. War, and weapons, and misunderstanding, and fences, and religion, and a huge political and human problem.

At the plane, flying back to Madrid, Eva and I met these young group of students of Journalism, from the Francisco de Vitoria University, who also, like us, were in Israel for a week.  Their purpose was to discover another reality, but mainly from the political point of view and learn and discuss about a better way to communicate this reality in a positive way, a great idea, I must say. It was really interesting getting to know their conclusions and as a final surprise, it became even aditional to my own experience. During their week they were talking to very prominent people of all the «sides» like Mario Sznajder, professor in the Hebrew University of Jerusalem or Samir Khalil Samir, author of  «100 questions about Islam», and quite a lot of spanish journalist and politics involved in the «situation» like Julio de la Guardia, Manuel Cimadevilla, Daniel Blumenthal (COPE), José Levy (CNN), Sal Emergui (El Mundo) and Henrique Zimmerman (Antena 3).

While talking to this group, and with the really charming Cristina Ramos, I understood that, being the political side the most visible and relevant aspect from Israel for the outside world these days, what I have seen was perhaps more intimate, more close to the daily life of, at least, one part of the story. And for me, now a humble unemployed writer and mother, this perspective was incredibly touching and life-changing.

All these women and men who I met were extraordinary examples of ordinary lives, mostly anonymous lives, that had succeeded with their own sacrifice and effort to create something new, something on their own, something to call their dream, and they had made it come true. I spoke here (in the point 7) about all the women I’ve met, women «with guts» and with strength enough to do whatever they wanted to do. And I could speak for a whole week about each one of them, about all the initiatives and projects and business I’ve discover about, but I know, perhaps it’s too much for this time of the year, isn’t it?

Two weeks ago I couldn’t read hebrew. Unfortunately, neither can I now. But thanks to Susie I could read this article from the israeli newspaper Haaretz. And having talked to this young journalist, Ofer Matan, for a long time (I must have been REALLY boring and meaningless as he doesn’t quote anything I said…) I find his article quite dissapointing and negative. He doesn’t speak about what we discovered, about our feelings about the local hospitality, and how Kinetis gave us the chance to enjoy this israeli reality (a creative, and positive and, why not, nice reality). The result of Joanna’s team (Adi, we love you, you know it, don’t you?) efforts is a handful of wonderful experiences that we all have treasured and that, hopefully, we will share and spread, and even, we will repeat one day.

Two weeks ago I didn’t know (although I could imagine it) that my live was going to change from the relaxed and smooth path to this «fast and furious» motorway. It’s funny, and ironic, and again extremely funny, that while I’m being treated like a talented and gifted author, at the same time, my firm is gently opening the exit door to me (with great pleasure, I must guess).  It’s funny, and ironic, and extremely funny, because I don’t care. At all…

It must be the effect of the salt or even of the desert. It must be that kind of magic that I found within my new friends. It must be that miracles happen and they are reflected on our lives, no ordinary lives any more. It must be that all of us had the best trip, with the best partners I could have imagined and chosen.

It must be that two weeks ago I even didn’t care about what happens in a quite distant point of the world. And now, nevertheless, I do care. And I surprise myself reading news about this country and their neighbours with concern and above all, hoping (not praying as I don’t believe in any god at all) that they will reach soon a peaceful solution.

Two weeks ago I didn’t know Israel.

Y tú, mujer, ¿qué eres?

Te levantas por la mañana, desgreñada y con ojeras, y te miras al espejo.

Y, además de las bolsas, las arrugas y las manchas por el sol acumulado durante los años, ¿qué ves?

¿Eres una madre abnegada, atenta a las toses de las tres de la mañana, que salta del colchón al mínimo suspiro y que sacrifica sus propios anhelos por ver cumplidos todos los deseos de tus pequeños?

¿Eres la esposa enamorada, siempre dispuesta, siempre despierta, siempre atenta a las necesidades de tu hombre, como si después de él no hubiera nada ni nadie?

¿Eres una mujer en la treintena que busca su identidad igual que lo hacía a los quince y no se reconoce en los trajes de sastre ni en los tacones?

¿Eres una profesional en lo tuyo (sea lo que sea a lo que te dediques) y todos tus pensamientos durante las 24 horas del día se enfocan a prosperar y llegar más lejos en tu carrera?

¿Eres amiga de tus amigos y abandonas hasta la cita con el Papa para ir a tomarte unas cañas con tus chicas?

¿Eres maruja de tu hogar y tienes la casa como una patena y a tus hijos y marido como sultanes en su harén?

¿Puedes serlo todo a la vez? ¿Realmente queremos serlo?

Ayer alguien me dijo que, como madre, al no trabajar, ya podía irme a mi casa a cuidar de mi hija. Como si eso fuera lo único y lo mejor que sé hacer. Como si ese fuera el papel que me toca y ya está. Sonríe, da las gracias y baja la cabeza. Y a casa. Y no molestes más.

Y aunque yo tengo claro que no soy completamente nada de lo anterior, sigo averiguando cuál es realmente mi papel en todo esto.

A contratiempo

Es cuando pasa la vida. Cuando no toca. Cuando no se espera.

Las alegrías son más brillantes cuando hay niebla.Las decepciones más afiladas al no esperarlas.

Las despedidas más tristes, más lluviosas, más pozo sin fondo, cuando estás saboreando el rojo del beso.

Los «adioses» definitivos nunca se pueden decir con el alma.

Porque siempre llegan a oscuras, cuando ni la luna los intuye.

Y se escurren entre luces, entre miradas y risas. Y entre verano y viajes. Y entre la vida. Y cuando menos sitio tienes para ellos en tu casa, rebosante de espacios blancos y lisos, y sin aristas, es entonces cuando llegan.

Las despedidas.

Siempre a contratiempo.

19J: sigue habiendo motivos para la indignación

Este pasado fin de semana, además de torrarnos de calor y empezar a oler a vacaciones, hemos sido protagonistas de nuestra Historia y definitivamente he visto el cambio. A mi alrededor se está moviendo el aire, y no precisamente el de Levante. Oigo las mismas voces en la calle pero con nuevos mensajes, con ideas que habían estado quizás dormidas, quizás inexistentes, quizás escondidas.

El 15M, el movimiento posterior en Sol y otras grandes ciudades españolas, las asambleas de barrio semanales y la marcha del pasado 19 de junio en toda España son tan solo la «banderolas» visibles de un gran «mapa» colectivo de indignados, de gente cabreada, que se ha gestado básicamente por el  fenómeno llamado: hartos de que nos toquen las narices.

Constato con sorpresa como este fenómeno afecta a juniors y seniors por igual, a parados y empleados, a funcionarios y a pensionistas, a gente de izquierdas y dere… ummm, bueno, esto quizás menos, jejeje, aunque sería bonito, ¿verdad? Y a pesar de esto último realmente no creo que sea un fenómeno político, en serio que no, al menos no lo percibo así y sería una pena que se entendiera de esa forma, porque perdería toda su fuerza. Porque no está protestando contra un partido político en concreto, o al menos no es la idea. Y no se busca derrocar a un dictador o poner otro, como se dice por ahí. Al contrario. Es la voz de un pueblo cansado, agobiado y sin futuro más allá de las hipotecas y las pensiones que no quiere seguir bajando la cabeza ante sus pastores, como un rebaño de animales sordos, ciegos y mudos (como una reunión de desdichas y sucesos del maestro Saramago), y sin más pretensión que buscarse el alimento entre las piedras, mientras otros nos dirigen hacia donde más les conviene sin pensar en nuestro bienestar, sino en el suyo propio.

Sobre el Pacto del Euro se ha dicho mucho y muy bien. Remito desde aquí a Periodismo Humano, para mí uno de los mejores medios de información de la actualidad para formarse cada uno su propia opinión y entender que todas estas medidas propuestas desde la EU para España se anuncian como la panacea para la crisis cuando lo que van a conseguir es recortar tanto nuestros derechos (concepto global y difícilmente abarcable, así a bote pronto) como nuestros sueldos (esto jode más, ¿verdad?).

Pero en nuestra lista de delitos no solo consta el Pacto del Euro. Lamentablemente tenemos que seguir con la cantidad de causas pendientes de nuestros representantes; con la serie de escándalos de corrupción tanto de un lado como del otro (y que superan en surrealismo a cosas así, que es para llorar lo mucho que se parece a la realidad); con la lacra que nos caído con esta gentuza que se aferran a la silla y al escaño (y a los coches oficiales, que no se me olvida, no) con mucho más ahínco que el que emplean en ser honestos, y NO DIMITEN ni aún estando frente a un juez en el banquillo, ignorando el ejemplo de otros países mucho más civilizados; con los innumerables ejemplos en los que se aprueban decretos y leyes que no estaban en los programas electorales como la reforma laboral aprobada el pasado 11 de junio o varios y múltiples recortes en sanidad, enseñanza o servicios sociales en muchas comunidades autónomas, gestos que ponen de manifiesto aquello tan ordinario pero tan certero de: prometer prometer hasta meter y una vez metido olvidar lo prometido

Así que señores políticos y medios de comunicación que atacáis a los que no nos dejamos pastorear:

No somos ovejas, ni cabras, ni nada que se pueda pastorear a su antojo. Creo que es lícito que si no nos dais aquello que nos prometisteis cuando os votamos (o a la oposición, cada cual que elija), tengamos al menos el derecho a alzar la voz y a reclamar lo que elegimos como ciudadanos y en democracia. Nunca con violencia.

No somos hippies fumados con perro famélico adosado a nuestro cartón en la acera de la calle. Hay que ver lo que da de sí el término «perroflauta«, ¿verdad? Frente  al desprestigio,y la generalización absurda, cientos de miles de personas en las calles españolas tienen nombres y apellidos, son personas de las que te encuentras en el metro cada mañana, que van a su trabajo cada día, o a la cola del Inem a ver caras familiares, números de cuentas en los bancos y motivos suficientes para levantarse del sofá y salir a la calle.

No somos provocadores ni violentos por mucho que haya quien asegure que este movimiento de concienciación social es pasto y resultado de la labor de «profesionales del desorden» y de grupos minoritarios, pero desgraciadamente extraordinariamente visibles en cualquier «mani», como el Bloque Negro, por ejemplo.

No estamos dirigidos por ningún partido político. Y aunque oiga como motivo para desacreditar todo esto que se ha cambiado el mensaje de la protesta y que ahora el «No nos representan» es efecto y resultado de la influencia izquierdista ante el bapuleo de la derecha en el 20M, tengo que decir que ese mensaje ya estaba en su día en el 11M.

Somos muchos y cada uno hacemos lo que podemos para que esto crezca y llegue a algo en concreto. No sé cuál es el destino, la verdad, si una alternativa política, si una plataforma permanente, si esto desaparecerá y se quedará en otro mayo del 68. 

Lo que sí sé es que veo a mi alrededor cosas que me gustan mucho: como gente hablando, debatiendo, en las comidas de revolución pacífica, de Islandia, de política, y como esta asamblea de barrio en la que participa muy activamente mi amiga Cristina y en la que un barrio socialmente complicadillo como es Usera se levanta para defender cosas tan apolíticas como su teatro, sus instalaciones culturales, su día a día.

Llámame ilusa. Pero esto es realmente emocionante y espero que mi hija llegue algún día a estudiarlo en los libros de Historia.

¿Qué sabes de mi país, maja?

Ahora que estamos en capilla, a una semana, tal que hoy, de coger el avión rumbo al Blogger Trip empiezo a preguntarme cuestiones tan fundamentales como: ¿qué sé yo de Israel? ¿Me responderá mi inglés para entenderme con toda esta gente? ¿Me derretiré bajo ese sol de justicia?

Y lo más importante, ¿alguna marca española está interesada en «esponsorizarnos» durante el viaje? Yo lanzo desde aquí mi propuesta, allí vamos a estar en contacto con colectivos y negocios enfocados a la infancia, educación, moda y cultura, siempre desde el punto de vista «familiar». Así que empresarios españoles que busquéis promoción más allá de nuestras fronteras, aquí tenéis una buena opción para daros a conocer! [modo autopromo off].

Por supuesto, fabricantes de maletas, crema solar a tutiplen, sombreros, calzado cómodo y ropa ligera para esas temperaturas, también estáis invitados 🙂 [perdón, ahora sí modo autopromo off]

En cuanto a la primera pregunta, y dejando de lado temas empresariales, hoy he soñado que, recién aterrizada, nos reunía un comité de sabios en el aeropuerto y uno de ellos, con gafas y pelo canoso, me preguntaba amablemente:

¿Qué sabes de mi país? Soy de «aquín», de Israel (en mi sueño hablaba con voz de Encarna y sus empanadillas)

Y a mí me pasaba esto….

Justo al acabarse el vídeo me desperté entre los sudores de la muerte. ¡¿Desde cuándo soy morenaza con moño y me sale ese acento melillense?!

¿Y qué sé yo de Israel? ¿Acaso no me acuerdo de todo lo que me enseñaron en las clases de religión? Años y años de horas dibujando escenas bíblicas en el cuaderno, situando en el mapa de colores dónde nació Jesús, y esas cosicas…

Pues claro que sí, se me quedó bastante bien la chapa que me dieron con la historia sagrada  y con todos sus personajes. Para algo fui alumna aplicada de sendos colegios religiosos. Algo tiene que quedar, aunque sea así residual. Así que entre los remedos de mi educación religiosa y lo que veo en las noticias cada día y he estudiado en Historia del Siglo XX,

pues sí, algo sobre Israel sé.

¿Bueno?

Pues regular, para qué nos vamos a engañar.

Como además no conozco a ningún judío (hagamos un momento de meditación y recordemos cómo tuvieron que salir por patas los sefardíes del país…), ni conocía hasta la fecha, a nadie que hubiese ido para allá, pues claro, mis referencias sobre el Israel moderno son únicamente las que veo en el telediario de las nueve y los reportajes del amigo Henrique Zimmerman para Antena 3, al que hace mucho que no veo, por cierto.

Total, casi nada.

Lo qué sí que sé ya seguro, seguro, es quienes vendrán conmigo en esta locura:

Eva Quevedo y su Blog de Madre, sin la cual no podría yo meterme en este sarao y a la cual podréis pedir responsabilidades, padre y amigos, si me pierdo por allí. Aunque tampoco muchas, porque como vamos a ir codo a codo, si me pierdo yo, ella viene conmigo 🙂

De Reino Unido vienen Jane AlexanderRosie Scribble y Sally Whittle. Además, en Tel Aviv se nos unirá otra intrépida, Susie, que como vive allí se ha apuntado al sarao muy ricamente.

Yo no sé el resto, bueno, lo intuyo, pero yo estoy de los freaking nervios, anticipando charlas, discursitos, etc. Pero sobre todo lo mucho, mucho, muchísimo que voy a echar de menos a mi criatura (y a mi santo, no me se me enoje mi amol) durante esos días.

Dance Dance Dance!

Nunca se me ha dado bien el baile. Lo he intentado muchas veces.

Con los bailes de salón en varias ocasiones y con la danza del vientre cuando estaba embarazada, que no se me dio tan mal como los anteriores porque la fuerza de la gravedad me empujaba con algo más de gracia sobre el suelo. Además, curiosamente las curvas generosas compensaban y disimulaban con creces la total carencia de movilidad en cintura, cadera y miembros inferiores. Pero quitando esa honrosa excepción y considerándolo un efecto positivo de la gestación, nunca seré una Shakira desatada ni tan siquiera una Belén Esteban en sus mejores días en «Mira quién baila».

Siempre he tenido dos pies izquierdos, y a no saber diferenciar uno del otro en lo que a baile se refería, en la pre-adolescencia se sumo una recurrente e intensiva timidez propia de la edad y del «pavismo» del momento. Así que ante cualquier oportunidad de movimiento físico unido a música (veánse: bodas, comuniones, pachangas, fiestas del pueblo y demás ocasiones alcohólico-festivas en las que señoras bajitas y regordetas bailan descalzas «Paquito el chocolatero» y señores de mofletes rojos, camisas a media abrir y corbata anudada en torno a la calva arriman cebolleta a todo lo que lleva refajo) me ataba a mí misma a la silla, mutando en una versión juvenil de la difunta madre del Rey, en sus últimos tiempos, dispuesta a luchar incluso con mi vida para no tener que pisar la pista junto a toda esa panda de alterados danzantes.

Recuerdo que mi madre sufría mucho por mi falta de iniciativa socializadora en aquellos momentos, la pobre. Debía pensar, ahora lo veo y ya lo siento, que, a pesar de sus muchos esfuerzos y renuncias, de haber dejado su carrera profesional a un lado para tenernos, de toda una vida dedicada a ser buena esposa y buena madre, y de educarnos en un colegio de los buenos, con la pequeña le había salido una hija media lela o lela entera, de la que ni siquiera en esos actos de regocijo familiar encontraba motivo para presumir. Vamos, una frustración con patas, al menos en lo que a festejos se trataba, que luego yo a mi madre le di también buenos momentos.

Pero, definitivamente, en aquellos días de orquesta y lambada yo era el «¿en qué he fallado, dios mío? de mi señora madre, quien, a pesar de lo evidente, debido a su naturaleza espartana se negaba a aceptar lo dolorosamente evidente y me obligaba, incluso con violencia psíquica en forma de extorsión maternal, a salir de la esquina del salón en la que me refugiaba y a salir a la pista para menearme un rato y lucir el modelito, que a esas horas del día ya solía estar de todo menos planchado.

Y así me recuerdo yo mientras sonaba el pasodoble español:  inmersa en algunas de las escenas más patéticas de mi pequeña trayectoria vital, agarrada con fiereza por algún tío segundo lejano jadeante tras horas sin parar de dar saltos (y con el whisky en la mano), doblemente avergonzada por la entrada anti-reglamentaria de mi progenitora en mi esfera personal e intransferible (y acomplejada, claro), y por mis  visibles carencias tanto en animación cultural como en lo que a coordinación corporal/facial se refería.

Ahora, años después, (y con horas de terapia en mi cuenta de «debería») y echando terriblemente de menos las peloteras y recriminaciones de mi madre, sigo sin bailar demasiado en las bodas, bautizos o fiestas de divorcios (que es lo que toca a mis coetáneos), pero al menos ya he dejado atrás gran parte de los complejos infantiles, o se han quedado al fondo del saco de traumas personales, con lo cual me afectan menos.

Y a cambio, tengo bien clarito en mi listado de obligaciones y deberes maternales, no obligar bajo ningún concepto, apuesta entre chupitos o complejo mal asimilado, a ninguno de mis descendientes a que se marquen un vals con el tío Manolo, a que declamen con atuendo y todo la escena de doña Inés en el balcón o a que canten la canción de la primavera que han aprendido en el colegio.

Y si se esconden bajo la mesa, que se escondan. Ya saldrán para pedirme la paga…