El vía crucis mañanero, o cómo empezar el día a patadas

Empezar el día con alegría no es sólo el grito desaforado de una estridente y bifocal Leticia Sabater en sus años mozos (los de mi quinta puede que aún tengan pesadillas con esa imagen, yo sí). Es también una nube negra que sobrevuela las cabezas de muchos padres y madres del mundo mundial al sonar el despertador, cuando, legañosos y con la babilla aún paseándose por la mejilla, se asoman a los cuartos de sus criaturas para, una vez más, empezar el día.  Continue reading

El calendario de mi niña

Ser padre mola tres pueblos. Esto no va a ser un alegato reivindicativo sobre la emancipación paterno-filial. No hace falta insistir en ese tema, porque eso ya lo interiorizo cada día a las ocho y media de la noche, cuando acuesto a mi hija y el alivio por tener un rato libre me provoca incluso más gozo que la misma idea de salir de fiesta.

Pero lo que sí que pasa al ser padre es que el sentido de la realidad y el binomio espacio-tiempo se distorsionan, irremediablemente. Y tu calendario, antes regido por los astros, por los horarios de los bares, por las fiestas laborables, por las playas con bandera azul y por el sol de invierno, deja de ser la agenda cosmopolita y super sofisticada de un joven urbanita y moderno… Para convertirse en… el calendario de tus niños.

Y sí. Ahora resulta que estamos de carnaval. Y como siempre, desde hace un tiempo, me he enterado gracias al calendario de pitufitos y ositos de peluche.

Porque ahora, la vida en mi humilde hogar, especialmente  desde que hemos entrado en el circuito escolar, se mueve acompasado por el ritmo constante y milimétrico de la guardería de mi hija.

A saber:

– Si echa el cierre, así como un día aleatorio, es que hay una fiesta de guardar que debo conocer, santificar y amablemente respetar, buscándome las vueltas para recolocar a mi niña mientras yo acudo diligentemente a mi trabajo, donde of course se pasan las fiestas infantiles por los mismísimos… Da igual que no esté en el santoral, o que el día correspondiente haya caído en domingo y que, comprensiblemente, hayan decidido pasarlo a un día laboral. Aunque no para ti, por supuesto.

– Si se nos convoca a los padres a un pachangueo comunal, un viernes por la tarde en el recinto guarderíl,  es que (oh ya???) estamos en una de esas épocas del año en las que, por orden ministerial y/o tradición milenaria, hay algo que celebrar, tengas o no ganas/motivos/pasta/algo que festejar, veánse navidades, pascuas, primaveras, otoños, santos isidros, santas palomas, santos colores de la semana, santo día del padre y santo día de la madre, santo día de las profesiones… y un sinfín más de posibilidades aterradoras que prefiero ni mencionar para evitar espasmos y tics incontrolados en la audiencia.

– Si un día te encuentras una circular donde te informan de que se celebra no sé qué semana blanca, es que es época de que se practique el rey de los deportes invernales, oseasé: el ski. Y tú, que eso del ski solo lo conoces por los saltos del día de Año Nuevo, te partes de la risa mientras empiezas, una vez más, a buscarte las vueltas para recolocar a tu crío.

– Y por supuesto, si una tarde entre semana te toca reunión con la profe, colocados en círculo en torno a la maestra y con los riñones enclaustrados en las sillitas enanas de nuestros hijos, es que ya ha pasado un trimestre (tres meses!!! y qué he hecho yo con mi vida mientras tanto???). Un trimestre fundamental, por supuesto, en el que han aprendido lo que significa el número 1, el impresionismo de Monet y a quitarse las zapatillas ellos solitos. Vamos, hitos en su aprendizaje que celebrarás junto al resto de padres orgullosos, mientras crujen las espaldas al levantarse de vuestros cómodos y ergonómicos asientos.

Así va pasando la vida. Y no es que esto sea ni bueno ni malo. De hecho, para quien lleva una vida poco organizada, que la profe de tu hijo te recuerde que se acerca el día del padre, puede resulta hasta positivo. Sobre todo para no terminar regalándole al tuyo propio el bote de pinzas con purpurina con el que este año se le va a derretir el corazón a tu Santo.

P.D: el calendario de mi niña no incluye aniversarios, y lo celebro. Sería un golpe bajo que eso también tuvieran que recordármelo.

(A mi Santo con amor)

“Les Jours Tristes” y las guarderías

Empezar el día dejando a tu hija llorando en la guardería no es lo más gratificante que te puedas echar a los hombros para irte a currar con alegría.

Si a eso le añades una sesión intensiva de escorzamiento forzado en el metro que bien podría estar incluido como ejercicio de alguna tabla de pilates, y que además llueve y todo el mundo está de un humor tirando a gris a tu alrededor, incluyéndote a ti mismo, pues ya tienes la jarana montada.

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