Nada mejor que hacer un VDLN viendo salir el sol desde mi ventana y escuchar a este tipo tan peculiar que me ha conquistado el corazón esta semana. Qué poder tan maravilloso el de la música, que nos recuerda a la vez lo vivos que estamos y que somos aire, algo etéreo que se irá evaporando hasta desaparecer, hasta diluirnos.
Y una canción puede no servir para nada. O puede ayudarte a sentir la tierra bajo los pies, o el frío deslizarse entre los dedos.
A sentir, y a correr, con la mente, con el espíritu, o como sea. A volar.
Y volver a casa, ahí donde estáis cuando sale el sol.
Feliz #VDLN y felices días en casa
Viernes dando la nota
El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.
… seguiré viviendo aventuras con la misma pasión que cuando era niña.
Seguiré sorprendiéndome por las maravillas que me rodean.
Seguiré amando la vida, con toda la fuerza del que sabe que no va a vivir para siempre.
Feliz #VDLN
Viernes dando la nota
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Después de tanto caminar, de tanto subir y escalar, de superar tantas dificultades, te das cuenta de que, en realidad, no llegas a ningún sitio. Ni antes ni después.
Así que no te estreses por no llegar a tiempo. No sufras por los trenes que pierdes o los que te pasen por la derecha. No reniegues por el tiempo que pierdes en alcanzar la meta.
Y céntrate en los pasos que estás dando.
Porque el viaje en sí es el destino.
#Feliz viaje. Feliz #VDLN
Viernes dando la nota
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Hace unos años iba al gimnasio. Dejé de ir porque en realidad iba a leer libros mientras hacía bici, y bueno, me resultaba un poco caro jjj.
Resulta que este mes de septiembre me puse a mí misma un reto grandote que consistía no solo en sobrevivir cada día, que también, sino en además, incluir el deporte en mi vida de manera rutinaria (una excusa esta del #retossilvestre la mar de buena para calzarme unas mallas con algo de dignidad) y parece que, tres meses después, vamos consiguiéndolo.
Gracias, básicamente, a que puedo correr con mi música. Os aseguro que si no llevara música no correría, nada.0 km. Niente. Y es que a mí correr, lo que se dice correr, me parece un poco absurdo en sí mismo (además de bastante lesivo, todo hay que decirlo). Pero si me pones unos cascos a buen volumen y un listado de spoti con música buenorra, elegida durante horas y horas de disfrutes melómano, ya no hay límite, qué queréis que os diga.
Y es que yo correr no corro, yo canto-corro-bailo. Es decir, mi rutina de deporte consiste en darle al play. Y ahí empieza mi diversión real. Empiezan a desfilar por mis oídos canciones maravillosas y yo me dejo ir. Y canto mucho mientras corro. Y si no me ve nadie hasta hago alguna coreo, si se presta el temita, claro.
Qué requisitos deben tener las canciones de mi playlist de canto-corro-bailo:
Que me vuelvan loca. Eso es fundamental. Puede ser tener mucho ritmo pero si no me gusta, no entra en mis auriculares. Lógico, vamos. Pero es que para mí, mi carrera debe ser un disfrute sensorial, jjjj. Que no hay reggaeton. Ni cosas así, jjj
Que tenga ritmo bueno para coger la carrera acompasada. Esto te ayuda mucho a la hora de pillar el tranquillo y avanzar casi sin darte cuenta. En realidad es un poco como bailar, y sigues el ritmo de la canción de manera natural. Esto es muy, muy importante, aunque he de reconocer que tengo en el listado alguna un poco más lenta como ésta de James Vincent McMorrow pero que me gusta tanto que según el día entran seguro en la carrera.
Porque claro, cada día tengo un humor distinto, y por lo tanto, a veces necesito mucho «power» al principio y tiro de temas potentes y finalizo con ritmos más mecánicos pero sosegados. O viceversa.
No hay estilos predefinidos y de hecho ahí radica la dificultad para encontrar buena música para correr. Cuando empecé a buscarla me metí directamente listas de running. Y oh, dios mío, qué agujero negro de destrucción. Lo siento, pero no. No puedo escuchar el mismo ritmo machacón y maquinero versionando los hits del siglo XX y da igual lo que te versionen oye, es la misma música! Así que tuve que ir uno a uno confeccionando mi lista particular en base a mis gustos. Y tengo muchísimo indie, también pop y bastante tecno, temas de los ochenta con mucha percusión, cosas de Queen motivacionales, e incluso instrumentales, que aunque no se canten, me ayudan mucho a pillar «el trance» como yo lo llamo, que es cuando ya no te das cuenta de que estás corriendo.
Y sobre todo, me gustan las canciones que puedo gritar. Ojo, que no es que vaya corriendo todo el rato a grito pelado. Pero me relaja mogollón cantar cosas como ésta, por ejemplo, con las que me lo paso bien directamente.
Total, que tengo cosas rarísimas, que las voy actualizando cada día, que es mi lista del tesoro y que cuando pillo una nueva, es como si me hubiera tocado la lotería: la meto rápidamente en mi lista privilegiadas de canciones para correr. Y espero que llegue el momento para salir a correrla-bailarla-cantarla. A disfrutarla.
Y que si no tuviera música estoy convencida de que no correría.
Aquí os dejo una de las últimas adquisiciones de la lista que me acompaña cada día. Siempre se admiten sugerencias de música para correr aquí, por cierto
Feliz #VDLN y feliz carrera 🙂
Viernes dando la nota
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Me gusta ser optimista y ver el lado bueno a las cosas.
Pero no puedo usar el optimismo como máscara para ocultar la realidad, no siempre funciona. Ni filtra la tragedia ni la atenúa.
Hoy es el Día Universal de los Derechos de la Infancia y ante eso el optimismo pasa a segundo plano. Lo que hay es responsabilidad, es instinto de protección, es urgencia, es dolor por los millones de niños que sufren sin entender por qué.
Nuestros niños, todos, los que duermen a nuestro lado o a miles de kilómetros que también son nuestros, deben ser nuestra prioridad. Nuestra razón para darle a todo lo que hagamos un sentido.
Y que hasta el #VDLN sirva para transmitir en cadena que «nuestros niños», TODOS, tienen derecho a ser protegidos, acunados antes de dormir, besados muchas veces en los párpados, consolados cuando se caen, queridos y deseados.
Este no es un post optimista de serie, de esos míos que a veces pienso que puedan sonar a felicidad barata de manual y que tanto aborrezco. Este es un post lleno de gritos y de zarandeos, con un vídeo incómodo y que te deja mal cuerpo. Pero necesario.
Es imprescindible. Porque son nuestros niños.
Feliz e incómodo #VDLN
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A veces cuesta mirar el mundo sin rencor, o sin pena. A veces dan ganas de no mirar más allá de nuestros propios problemas porque lo que hay más allá está lleno de violencia, de odio, de irracionalidad, de huidas hacia ninguna parte, de Le Pens o de Trumps o de muros y alambradas. De sonrisas que esconden dentaduras de oro, de apretones de mano que presagian malas alianzas.
De verdad que a veces cuesta no cerrar las ventanas, tirar la toalla apagar las luces y fundir a negro todo. A ver si así no se sufre más. O no ver a los niños muriendo mientras huyen de sus países a miles de kilómetros por guerras provocadas y alimentadas por nuestras armas, o nuestros intereses.
Cuesta, duele y es cansado. Dan ganas de no seguir mirando. Pero huir del fundido a negro es necesario. Y aunque nos cueste, tenemos que seguir mirando.
Porque lo que pasa fuera, en realidad también pasa dentro.
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Todos queremos infancias felices para nuestros hijos. Del tener un coche y una segunda casa en la playa hemos pasado a que nuestros hijos sean felices como destino final (que no digo que la generación de nuestros padres no lo quisiera también, pero no estaba en su hoja de ruta).
Y salvando que es un objetivo loable buscar una vida mejor para nuestras criaturas, creo sinceramente que es algo imposible, además de objetivo errado.
Tal vez estamos demasiado preocupados por lo que los expertos consideran que es bueno, y lo que es malo. Tal vez dejamos que nos afecte demasiado lo que opinan los demás. Tal vez nos olvidamos de que el caos también es necesario. Los errores, los desacuerdos, los problemas y los callejones sin salida típicos de la vida. Que las certezas son como una vida Pinterest, bonitas para la foto pero cartón-piedra para sobrellevar el día a día.
Tal vez deberíamos pensar que ser feliz es algo subjetivo, temporal y diferente para cada uno. Que cada uno, en nuestra propia «Elige tu aventura paternal» apostamos por un camino distinto: más cosas, menos cosas, que no se aburran, que se aburran mucho, que pasen mucho tiempo con nosotros, que conozcan la introspección, que hablen chino y alemán desde el año, que no aprendan a leer hasta los seis, el monstruo de seis cabezas, la muerte segura, esas cosas… En realidad nadie lo sabe con seguridad (bueno, a lo mejor, sí, y no me he leído aún ese libro, perdónenme, que gurús hay en exceso). Lo que sí tengo muy claro es que en nuestra búsqueda de la infancia re-feliz o feliz plus (porque feliz se nos queda corto para nuestros pequeñitos), nos metemos en los vericuetos del estrés añadido, la frustración, de la insatisfacción por ese objetivo inalcanzable.
No sé, la verdad es que yo no tengo ni idea de nada, ni siquiera sé cómo quiero el café cada mañana, así que aspirar a que mis hijos crezcan sin taritas y rebosantes de luz y unicornios me parece más difícil incluso que entender las pelis de Haneke. Supongo que en el reparto de taras compartirán las mías, las del santo, tendrán las suyas propias y aprenderán a querernos cuando se hagan mayores y se den cuenta de lo tontacos que somos, después de todo.
Y vosotros ¿tuvisteis una infancia feliz?
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¿Qué es para ti estar vivo? ¿Qué sentido tiene todo esto que vivimos? El dolor, la guerra, las injusticias que pasan a nuestro alrededor, de las que somos testigos, víctimas o incluso culpables muchas veces. ¿Por qué? ¿Para qué?
Hacer algo que deje una huella. Darle sentido a tus pasos.
Devolver a la vida un poco de lo mucho que me da cada día.
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La fuerza de lo pequeño es mucho mayor de lo que pensamos.
Lo pequeño, lo simple, lo que no llama la atención en apariencia, lo que no relumbra y pasa desapercibido… Lo pequeñito, el detalle que no has visto pero que ha entrado en tu cerebro, que se ha escabullido entre pompa y fanfarria, y ha coronado tus sentidos con tiempo y paciencia, cual explorador que llega a la cumbre tras años y años de viaje y penurias.
Lo pequeño, amigos, es como esa lágrima que sala nuestra comida dándole el sabor fantástico de lo inenarrable, lo que no se cuenta, lo que queda en la memoria.
Lo pequeño es magia, es amor, es la caricia apenas percibida al cruzarnos por el pasillo. Es esa pestaña que resbala por mi mejilla hasta llegar hasta tus manos, donde bailará durante un rato para irse volando juguetona hasta quién sabe qué mundos imaginados.
Lo pequeño es tu voz al cantar bajito al que se ha quedado dormido.
Lo pequeño es el suspiro.
Lo pequeño es este post, pequeñas mis palabras. Pequeñas las penas al dejarlas marchar.
La magia de lo pequeño. El poder de lo sencillo, de lo simple, de lo apenas percibido, de lo que nos mueve…
¡Feliz #VDLN y disfrutad de lo pequeño!
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Si has visto Lost, sabrás a qué me refiero con este título, sin todo el follón del viaje en el tiempo, claro, que aquí no tenemos presu para tanto guionista a tope de tripis.
Si no lo has visto, ay Penny, decirte que, siempre, pase lo que pase, y por mucho que te muevas, que te distancies de ese lugar, por mucho tiempo o kilómetros que haya entre medias, siempre acabas regresando a tu constante donde o con quien eres tú mismo/a, con quien recuperas la cordura. Con quien constatas que sigues teniendo los pies en la tierra, y sinceramente, te da igual lo que pase en el resto de la faz de la tierra.
Esa constante puede ser una persona que te ancle en medio del tsunami, o una casa donde recuperas los superpoderes, o una canción que te devuelve el oxígeno cuando ya estás cianótico. O esa magdalena de Proust. O tejer. O el peligro. O la adrenalina…
¿Esa constante podemos ser nosotros mismos? Pues a lo mejor.
En mi caso… A veces creo que mi constante es la inconstancia. Pero no… Mi constante está ahí, para cuando me hace falta volver a disolverme y dejar de ser este sinsentido con patas.
Y para ti, ¿cuál es tu constante?
¡Feliz #VDLN!
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