Sin duda, hoy mi sonrisa baila al ritmo del día. Sin prepararlo. Y sin buscarlo.
Hoy bailamos descalzos, con los ojos cerrados y sin pensar más que en el suelo que pisamos.
Nos agarramos de la cintura y giramos hasta marearnos. Y nos morimos de risa. Y celebramos que estamos aquí, ahora, dando saltos como los locos que somos.
Feliz #VDLN y disfrutad en esta fiesta improvisada, pequeñita y sin mucho miramiento que hemos montado aquí, en cinco minutos.
Feliz baile…
Viernes dando la nota
El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.
Septiembre está aterrizando en nuestras vidas con la fuerza de un ovni de peli americana: proporciones desmesuradas y potencia infinita frente a los que el típico anti-heroe (que luego se descuelga como heroe de toda la vida) no parece tener ni una oportunidad.
Septiembre es como esos amigos que hace años que no ves, que estás deseando reencontrarte con ellos. Pero cuando por fin llegan, resulta que ya no tenéis nada que ver. Es más, resulta que no les soportas, por lo que sea. Y aún así tienes que pasar el trago hasta poder escapar y dar carpetazo a esa relación.
Septiembre tiene su lado bueno, pero es muy plasta. Es definitivamente un mes muy chungo. De propósitos y tal, de cuestas, de vueltas, de too much para mí. Que está guay ponerse retos y eso, y aquí sigo, pero oye, que todos los días con el temita… cansa demasiado. Y quiero un octubre ya en mi vida.
Que así ya empezamos con los anuncios de navidad y podemos quejarnos de otra cosa XD
Pero no, no me voy a quedar en el lamento quejicoso de un mes abusón y obsesivo. A un mes tan avasallador, tan potente, tan Trump en sí mismo, no podemos sino aplicarle una terapia de choque, y de las buenas, para no acabar aplastado por un pie de Godzilla o algo así jjjj (me he levantado peliculera, lo sé, pero me encanta).
Y mi cutre-plan de defensa-ataque consiste en:
Combinar el azul marino con el negro. Así, tirándome al vacío y desafiando las leyes de la física y de las revistas femeninas a las que detesto con todo mi esternón.
No leer posts ni artículos ni libros de gurús que me cuenten los 10/20/100 secretos para … (rellenar al gusto con hazañas como triunfar con tu start-up, perder 10 kilos en una semana o mirar al sol sin quedarte meriloto)
Escuchar mucho y hablar menos, leches. Que hablo demasiado.
Comer un aguacate al día (cuando bajen de precio, que ahora están por las nubes. ¿Alguien sabe por qué están tan caros?)
Hacer mermelada casera con los últimos melocotones de la temporada.
Seguir corriendo como una cobarde jjjj
No enzarzarme en debates inútiles sobre blancos y negros.
Seguir cantando en el coche a grito pelao. Es la única esperanza de redención para mantener la cordura automovilística en una ciudad-ratonera como Madrid.
¿He dicho ya lo de hablar menos?
Y bueno, esto es un resumen, así de viernes por la mañana, de cómo destruir al enemigo en unos sencillos pasos… Espero los vuestros a ritmo de canción destroyer!!
Feliz #VDLN y feliz destrucción!
Viernes dando la nota
El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.
Junto a enero, que es el kickstarter del año sin dudarlo, septiembre es sinónimo de pistoletazo en el aire. No solo por los millones de coleccionables que inundan los quioscos, o por la famosa vuelta al cole. Septiembre es el mes de los re-comienzos, de las oportunidades antes de acabar el año. Es el apretón de «ahora o nunca», el depertarse tras la resaca y repetirse que nunca más…
Septiembre hace que nos volvamos un poco locos con nuestros propósitos, que se llenen los gimnasios y las clases de inglés para negocios. Algo que se acabará abandonando allá por noviembre o diciembre, con el bullicio de las fiestas venideras, los puentes y las lucecitas brillantes que prometen nuevos re-comienzos.
Nos pasamos el año intentando empezar cosas que dejamos tiempo después. Y que volvemos a intentar. Y volvemos a dejar.
Y lo peor es que aún sabiendo lo irremisible de nuestro comportamiento en bucle, seguimos entrando cada septiembre en el mismo ritmo, con la esperanza de ser ese 1% concienzudo, obstinado y superhumano que conseguirá mantener el hábito recién adquirido. El resto nos conformaremos con buscar en el horizonte temporal nuestra próxima oportunidad de volver a intentarlo.
Por supuesto, yo soy de los reincidentes en casi todo y cada septiembre, y cada enero, encuentro un motivo para volver a intentar una meta más o menos posible. Y lo gracioso es que en el proceso de ascenso y caída no suelo alcanzar las que tenía en mi diana sino otras absolutamente inesperadas, pero quizás por eso también muy estimulantes. Y quizás es eso lo que nos pasa un poco a todos con los propósitos de nuevas etapas, que no llegamos a cumplir lo que nos habíamos propuesto, no nos hemos leído un libro por día como pretendíamos en nuestro afán cultureta, pero hemos descubierto 3 autores que amaremos de por vida, o que tenemos más dioptrías de las que pensábamos y tenemos que ponernos gafas con urgencia…
La vida está llena de puertas inesperadas tras la que hay muertes seguras o aventuras con dragones de dos cabezas, o un camino de baldosas amarillas. Y mientras buscamos otros destinos, nos vamos cayendo en agujeros que nos llevan a otros sitios, quizás incluso mejores….
El caso es que este septiembre también me he puesto reto, para darle más emoción. En realidad tengo muchos, pero hay uno en concreto que me va a costar mucho no abandonar, que me conozco. Así que me motivo a mí misma con ritmos que me acompañen y me transporten, que hagan esta lucha contra mi propia pereza en una aventura con puertas inesperadas.
¡Feliz semana y felices aventuras!
Viernes dando la nota
El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.
En mi casa somos muy de Astrud. Y aunque su momento fue más bien hace unos cuantos años, para mí siguen estando muy vigentes, y a veces, en momentos así tontainas me los pongo y me hacen sentir bien.
Porque en el océano de inmensidades, de mensajes profundos y alevosías, estos tipos tan raros y entrañables decían cosas tan absurdas y rotundas como este misterioso hombre en España. Y se quedaban tan panchos.
No por nada se les conocía por hacer lo que les deba la gana o «putoamismo» al poder. Pero también por perlas como ésta que para los amantes de Battiato como yo pues tiene mucho encanto:
Pero que un grupo te cante así que todo le parece una mierda, menos lo vuestro, pues a mí, que os voy a decir, me conquista.
Y sobre todo, a mí me ayudaron a tomarme estas cosas del amor como si de una canción suya se tratara: bastante surrealista, con dos acordes y una voz fría y desapasionada, incluso desafinando en ocasiones, pero muy pegadizo. Alejado de armonías complicadas, de estribillos manidos, aquí me encontraba con algo diferente que también tenía mucho encanto.
En resumen, a mí Astrud me enseño que lo bueno es hacer lo que te de la gana, pasártelo bien, cantar con falsete siempre que se pueda y a ponerse rebequita de lana cuando hace pelete.
¡Feliz fin de semana!
Viernes dando la nota
El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.
Siempre que llegan estos días me pongo, irremediablemente y aunque no quiera, en modo «ajuste de cuentas» y miro hacia atrás para ver lo que ha sido mi año.
No concibo el año como algo paquetizado, un año que pueda definir con una sola etiqueta, de esas que rellenas con el nombre y pegas en el paquete. No podría. Porque un año son millones de momentos. De diferentes emociones y experiencias. Y si bien hay años marcados por muertes o nacimientos, o ambas cosas, y esos ya no son años normales, hay otros en los que pasa mucho de todo. Y eso es bueno. Pero es difícil de catalogar.
Y el 2015 no ha sido un año perfecto, está claro, pero tampoco ha estado tan mal. Y sí, estoy mejor, y eso ayuda para que todo lo demás también vaya algo mejor…
He dejado de emprender. Me borro de la lista de valientes salvadores de nuestro país. Yo no emprendo. Yo trabajo. No quiero pertenecer ni alimentar una burbuja de la que cada vez me siento más ajena, si es que alguna vez he podido sentirla cerca, que tampoco. No emprendáis, amiguitos, trabajad. Y que no os vendan motos, ni libros, ni historias. Esto (eso, aquello, tu proyecto) es un trabajo, en toda su magnitud, y que no tengas un horario fijo o una paga extra (¿eso qué es, por cierto?) no te hace menos profesional ni menos currante. No te sometas a los designios de rondas ni mentores. Trabaja en lo que creas y lucha por defenderlo con uñas y dientes.
He puesto límites al teléfono. Pero no porque no lo use, la verdad es que sigo usándolo muchísimo, y no lo niego. Pero lo evito en la medida de la posible mientras trabajo. Parece que quedo regular, una rancia, que lo sé, cuando digo que prefiero que me escriban a que me llamen, pero es así. Eso de que en cinco minutos todo se soluciona en vez de mandar un email, pues no es verdad. Y además, amiguitos, todo por escrito. Regla universal number one. Sobre todo por lo que viene abajo, jjjj…
He aprendido a escucharme más: a veces acierto, y la alerta sobre las personas que te llaman «cariño», «amor», «bombón» o «mi vida», sin conocerte lo suficiente como para que te lo digan de verdad, ha resultado ser muy certera. Alejaos de ellas, no falla. Y todo por escrito, especialmente con estos seres. No es insistencia, es supervivencia.
He leído mucho más que en el 2014. Cosas muy buenas y cosas horrendas y que no nombraré. Pero he satisfecho un poquito mi ansia intelectual y he llorado en el AVE con un libro entre las manos. Eso, por otro lado, ha hecho que haya visto menos series, no podía ser todo. Pero sobre todo he ADORADO Saturday Night Live hasta autoprometerme que alguna vez iré a Nueva York a ver el programa en directo, he despedido a Mad Men como uno de los mejores momentos de mi vida y he aplaudido entregada a Amy Schumer.
He disfrutado mucho más de mis hijos que en el año pasado. Estar mejor yo me ha ayudado mucho a estar mejor con ellos, y aunque me falta mucha paciencia y disto mucho de ser la madre que me gustaría, sentir alegría por tenerlos conmigo todo el día ahora en vacaciones me tranquiliza conmigo misma y me indica que vamos bastante bien. Que no hay drama. Que esto no es perfecto, pero me gusta ser madre y no me estresa. Y haremos galletas juntos, y nos reñiremos unos a los otros. Y mancharemos la cocina. Y lo haremos a nuestro ritmo. Despacio. Y me gusta.
He apostado por ir despacio. El slowbusiness es un hecho y me gusta. El slow haciendo mi pan desde el día anterior. El slow en mis cosas. El slow en mi mente. Viviendo lento. Y educando lento, saboreándolo. Leyendo lento y cosiendo despacito para que no se me salgan los puntos. Hablando despacio para que me entiendan. Diciendo NO más pausadamente para que quede bien clarito. Slow. Despacio. Lento.
He trabajado un huevo. Slow pero un huevo. Y me lo he pasado francamente bien, con sus ratos de darme contra la pared, claro, porque no sería lo mismo sin meter la pata de lo lindo o equivocarme una vez más. Vivir a pesar, y gracias al fracaso. Vivir en la incertidumbre. Y a pesar del enésimo fallo en mi historial me siento increíblemente feliz de lo que este 2015 ha supuesto para mí.
He descubierto a gente sin la que ahora ya no querría vivir. Personas con las que ahora trabajo codo a codo, con las que me río hasta las lágrimas a través de mensajes por cualquier red, «espíritus afines» con los que me siento más yo y que hacen todo más fácil y más bonito. Y que unidas a las personas que viajan conmigo desde hace mucho o poco son ese motivo para sonreír, así porque sí. Porque estoy rodeada de gente maravillosa, una afortunada sin duda.
He comprobado que este año el país, el mundo no va mejor, y a pesar de esos números que dicen que son optimistas, la verdad es que la crisis se ha cargado mucho a nuestro alrededor. Y no, no estamos bien. Gente muriendo a manos de otros, hambre, refugiados huyendo de sus casas y encontrándose muros de odio y prejuicios a su alrededor. Aquí ee sigue destruyendo trabajo, negociándose contratos basura, y condiciones inasumibles a nuestro alrededor. Y el panorama pinta muy feo. Así que no, no estamos bien, ni mejor siquiera. Y toca seguir luchando. Eso no ha cambiado y dudo mucho que cambie en el 2016.
He seguido confiando en la música para calmar mi ansiedad, que la tengo. Y en el poder sanador de la actividad, del «hacer» para salir del bloqueo que a veces me ataca y me paraliza. Hacer es la clave.
Y dormir. Dormir mucho. Dadme ocho horas de sueño y conquistaremos el mundo…
Y sonreír. Hay que sonreír más y este 2015 también me lo ha confirmado. Sonreír tiene un efecto mágico sobre los demás. Y hay que hacerlo más.
Este año no me he estresado mucho por el orden de las cosas, así en general. Aprender a vivir en el caos parece el principio del fin, pero luchar contra ello me parece mucho más frustrante cuando ves que las pelusas siguen saliendo de la nada y reproduciéndose por mitosis, o que los coches de juguete de mi hijo tienen vida propia y por las noches se pasean a sus anchas por la casa. Y esto es así. No hay servicio doméstico ni milagro que resista la prueba de la inevitabilidad, así que este 2015 me ha venido bien para aceptarlo.
Y es que, definitivamente, el 2015 no ha sido un año perfecto, ni mucho menos. Lo acabamos con muchas dudas sobre el futuro más próximo y arremangados para meternos en faena porque el 2016 va a ser duro, muy duro. Pero estoy mejor, y eso ayuda para que todo lo demás también vaya algo mejor…
¡Feliz 2016, amigos! Y a seguir luchando, que hay mucho por hacer.
Lo llevas puesto en la cara cuando sales por la puerta. Te mueve los pies mientras bajas las escaleras del metro. Te empuja mientras cruzas la calle con la mirada fija en el suelo. Sube tus hombros como un saludo al encontrarte con ese al que conoces y detestas. Retuerce tu cintura al girar la esquina.
No hay nada más que te haga seguir andando. Nada como ese escalofrío azulado que recorre tu espinazo al escucharlo.
Es el ritmo.
Es la música la que te pone en movimiento. Y sin música no habrá nada.
Damien Rice vuelve. Por fin! Ha sido tal la emoción al enterarme que me he tirado al blog a contarlo, como en los buenos tiempos. Y eso que estoy hecha un guiñapo a estas horas de la noche! Si Damien me leyera mientras llora componiendo junto a su guitarra, sin duda, debería dedicarme una canción o algo…
El caso es que el buen hombre, que hace canciones de esas que te dejan al escucharlas con una congoja del tamaño de un pedrolo de esos de los kilómetros que había antes en las carreteras sobre el pecho, tuvo un bajón de los buenos cuando le dejó Lisa Hannigan, otra lánguida con voz angelical que también es la alegría de la huerta y que debió verlo muy negro con el bueno de Rice porque buscó otros lares más alegres… No demasiado, eso sí, se nota que le va lo tristón y lo terriblemente bonito y aquí la tenéis con Glenn Hansard interpretando Falling Slowly, la canción por excelencia de «me han dejado» hipster.
El caso es que tras su etapa juntos en la que hicieron cosas como ésta, maravillas tan celestiales como intensas, la cosa no funcionó. Y tanto le dio a Rice la intensidad que tras dos discos ejemplares, únicos y memorables como O y 9 Crimes se debió guardar a sí mismo en un armario a llorar porque prácticamente no ha salido hasta ahora. Lo cual tras dos discazos-catedrales como esos era como un suicidio musical. Pero sí, es una gran noticia volver a tener a este barbitas tristón con nosotros. Igual es un riesgo, porque ese nivel de intensidad y de desgarro no pueden mantenerse eternamente, existiendo el peligro de caer en una depresión crónica o en la repetición más lacónica… Peeeeero, aún así, hay que asumir riesgos, y ya veremos en qué se va transformando Damien Rice por el camino. Desde luego muy contento tampoco vuelve, y si no al vídeo que incluyo me remito. No sabemos mañana, claro…
Sin duda, sea como sea, merecerá la pena haberle conocido. Y haber llorado junto a él. Y ver que no todo es marketing en esta vida. Que hay gente que aún siendo talentosa y con una carrera muy prometedora por delante sigue caminos no trazados por la búsqueda del santo grial, del éxito rápido, del top ventas, del hit del verano… A veces conocer personajes atormentados y con problemas, tristones y que encima lo demuestran es hasta refrescante. Y no porque no quiera que les vaya bien, sino porque la vida es así, realmente. Y estoy muy harta y muy cansada de los caminos rectos, del si quieres puedes y del éxito está en ti mismo… A veces los caminos son rodeos, y circunvalaciones. Y cuando pensabas que ibas a Alcobendas, vas y estás en San Sebastián de los Reyes (OMG!).
Así que, bienvenido Damien, aquí una servidora lista y preparada para devorar lo que nos ofrezcas. O no, nunca se sabe con estos hipsters barbudos!!
Llevo unos días total y devastadoramente obsesionada con dos cosas: un grupo musical y un programa de televisión con más años que yo. De la serie algún día conseguiré hablar en Homoseriens, si soy capaz de sacar el tiempo para actualizarlo (no tengo perdón, lo sé) . Del grupo y de lo que ha liado en mi cabeza, no me queda más remedio que soltarlo o reviento.
Así, entre nosotros, reconozco que normalmente me pasa solo con una canción, y durante un tiempo, que puede variar según la fiebre con que me pegue, la repito una y otra vez, en todos los volúmenes posibles y en todos mis dispositivos digitales a mano (porque casette no se estila, que si no también!). Pero hace unas noches descubrí, oh, milagros del destino, a Alt-J. Seguro que los entendidos en música, como mi sister, que es una listilla musical y que se sabe de memoria la programación de Radio 3, pensarán que llevo siglos de retraso, pero bueno, teniendo en cuenta que curro en casa y la mayoría de las veces me enchufo la lista y meto quinta, mi conocimiento musical se va limitando a lo que descubro en el spotify cuando me pongo y lo que me canta mi hija cuando viene del cole (y la mayoría de las veces lo segundo mola más, la verdad).
Ya he comentado alguna vez que siento que desde que soy madre y encima trabajo por mi cuenta, mis neuronas, o bien se han puesto en huelga o bien es que he perdido muchas por el camino. Y sobre todo en la parte intelectual, entiéndase por intelectual todo lo que sale en la 2 y que ahora me resulta ajeno y desconocido. Soy una ameba culturalmente hablando. Mis amigos y mi santo me quieren igualmente, pero yo lo sé. Y ellos también.
Pero el caso es que en uno de estos afortunados golpes de suerte musicales descubrí un vídeo que me dejó con la boca abierta, Hunger of the pine. Sí, he estado tentada de incluir el vídeo directamente en el post, pero reconozco que no soy capaz de verlo otra vez. Así que no quiero hacer pasar ese mal rato a nadie. Eso sí, a pesar del trago que me dejó, la canción me provocó uno de esos momentos en los que se te para el pulso (sí, es una metáfora muy coplera, pero funciona) y el tiempo deja de contar. Y algo se te queda ahí entre la garganta y el pecho. Ese momento único en el que te enamoras y le das la vuelta al reloj de arena.
Y esto me suele pasar con canciones, aisladas. Pero en este caso, Hunger of the Pine me abrió la veda para seguir indagando sobre el grupo. Y devoré todo lo que pille a mi paso. Todos sus discos. Todos sus vídeos como Something good, que también te deja tocado. Con el ansia del adicto que necesita más. Con la alegría del que ha encontrado a un amigo que ni siquiera sabía que tenía. La carne de gallina y el placer de volver a emocionarte con una melodía, con una voz, en este mundo en el que todo va tan rápido. Tan estúpidamente rápido.
No sé qué diantres le pasa a este grupo con los vídeos truculentos. Sus canciones no la transmiten al menos. Quizás será por eso por lo que el contraste en los vídeos es tan fuerte. Desconcertada me tienen. Y entregada también. Es una mezcla de «no me gusta nada lo que estoy viendo» con «oh, dios mío, ¿qué está pasando?» sin poder retirar la mirada de la pantalla.
Como el vídeo de Breezeblocks, el que he incluido en el post. Y no voy a contar nada porque quiero saber qué os parece a vosotros.
De ayer a hoy ya me noto la cabeza como más vacía, con menos fundamento aún si cabe, y hasta me cuesta recordar en qué episodio de las trescientas series que sigo voy, jjjjjj.
Un desastre, oigan. Este 2014 está siendo maravilloso, pero también me ha colocado en una carrera de fondo de lo más apasionante, y ya voy con la lengua fuera y las ojeras colgando. Y solo estamos en febrero!!! No me quiero imaginar cómo voy a estar en diciembre.
Por eso mi post de hoy (esto suena como si escribiera a diario, ¿eh? mola hasta imaginarlo, jajajaja) va de remedios para no perder más neuronas y cabeza, cuando, como es mi caso, no tienes ni tiempo ni dinero para irte de escapada a las Bermudas (por poner un sitio, vamos) y que un . Así que estas son las cosas (no están en orden de prioridad, ojo) que creo yo, y cualquier ente sometido a presión igual a superior a su masa corporal deberíamos hacer para no morir dentro de una oficocina como la mía devorados por el trabajo o las obligaciones diarias:
1. Irme una noche a cenar con mi santo y empaquetar a los niños a algún alma caritativa 🙂
2. Quedar con mis amigas a tomar cañas y reírnos muy alto de algún tipo que esté por allí hasta que nos echen del bar.
3. Tirarme al suelo a jugar con mis hijos y que me metan el codo en un ojo o me aplasten la nariz con un pie. Eso mola siempre.
4. Apagar el teléfono y el ordenador a las 20 horas. Esto debería ser por ley, en serio. Aunque ciertas conversaciones nocturnas de whatsapp no tienen precio como desestresantes!
5. Repetir la 1, 2, 3 muchas veces mientras la 4 está siempre activada 🙂
6. Escuchar música y cantar a gritos.
7. Hacer tartas de chocolate.
8. Comerlas con amigos y familia. Ya sea visitando o en casa, como sea, pero con mucho chocolate y muchos amigos. También valen fabes o galletas, o paellas, o cualquier excusa comestible. La cosa es quedar. Y comer jjjj.
9. Escribir más… O dedicarle más tiempo a lo que le gusta a uno….
10. El yoga: está en último lugar pero podría el primero. Imprescindible para mantenerse un poco cuerdo en estos días revueltos 🙂 Y mira que una servidora es poco espiritual, pero no puedo sino aconsejarlo a todo el mundo, tanto física como mentalmente!
11. No hacer listas de 10 cosas 😀
Y tras el momento «consejos que no seguiré» aquí va el vídeo de hoy, una canción que vale para gritar y hacerlo muy alto, además de ser estremadamente bonita.