Los negocios perfectos, esos negocios

De un tiempo a esta parte me repele bastante el mundo del emprendimiento y, aunque iba acumulando una lista de motivos, (entre otros los bancos de imágenes que se usan para representar este mundo y que no puede ser más descriptivas de un tipo de mundo que entra en colisión directa con muchas otras realidades y de los que pongo alguna joyita para ilustrar), he encontrado uno recientemente que creo que supera a todos.

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emprendedorbiz.blogspot.com

Con esto de que emprender está de moda, se ha generalizado mucho la idea de que todos podemos tener nuestra propia empresa. Te buscas un mentor, o un coach, te apuntas a un curso, haces un máster, o estás en una aceleradora durante un tiempo y, venga, a emprender. Y tan pichis. Querer es poder.  Nos ponen negocios “perfectos” como ejemplos: ideas brillantes que se han transformado en millones de dólares en adquisiciones de portada, con protagonistas arquetípicos, jóvenes de flequillos ondeantes y miradas desafiantes, despampanantemente inexpertos pero aún así capaces de generar ellos solitos (y sus buenos equipos de asesores) millones y millones en la cuenta de resultados.

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ignaciosantiago.com

Y esos son, y no otros en general, los ejemplos que se nos pone delante: negocios que lo petan, que en un año lo consiguen, que tienen una curva de crecimiento perfecta, que han cumplido el manual, y que, sí, han triunfado.

Pero, la realidad es que, ni de coña, todos podemos ni debemos aspirar a hacer algo ni siquiera parecido. Y esto que estoy diciendo lo mismo me elimina de la lista de profes de algún master molón, pero es la realidad es que no nos deberían vender tantas motos, amigos. Porque no todos queremos estas imágenes de seres sobrehumanos, triunfantes y poderosos. Porque no lo somos, sencillamente.

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Telita con la imagen, ni que fuéramos los Thor de los negocios o algo así… Fuente: noticias.infocif.es

Sobre todo, porque, se nos piden negocios perfectos para pasar a la siguiente fase o serás uno del 80% que cierra antes de los 5 años, negocios con curvas ascendentes y miradas desafiantes hacia el infinito, y para mí, que mi negocio es uno más de mis hijos, me recuerda con tristeza a esa tiranía que la sociedad y nosotros mismos imponemos sobre nuestros niños, sobre nuestros “proyectos de niños”, sobre los buenos resultados que deben obtener, los idiomas que deben hablar, lo bien que escriben, lo lejos que van a llegar…

Llevo unos días enfrascada en cifras y datos sobre mi negocio, y tal vez sea por eso por lo que me pregunto hasta dónde esos números, esos cuadros tan rimbombantes pero que tienes que hacer sí o sí, miden el índice de felicidad que el proyecto está suponiendo para ti, para tu equipo, para los usuarios. Cómo está cambiando tu vida, qué satisfacciones te está dando, cuántos abrazos físicos y virtuales estás dando… Claro, que para eso también hay estudios, y encuestas y formas de analizarlo me dirán los más ortodoxos, pero fíjate que esos datos no son los que te piden en un banco para darte un crédito, o para que te den una subvención, o lo primero que te pide tu amigo el inversor….

Que sí, que no me olvido de que las cifras hablan por el negocio, que si pierdes pasta ni tú ni nadie puede salvar eso. Ahí te lo compro. Pero salvando el punto de quiebra, me resisto a aceptar la tiranía en la que vivimos ahora mismo en el que eres lo que dice tu cuenta de resultados. Y en el que tus objetivos han de ser económicos incluso aún cuando en el camino por alcanzar esos objetivos, supuestamente alcanzables, tu proyecto, tu negocio perfecto deje de tener sentido, deje de hacerte feliz, dejes de disfrutarlo.

A veces tengo la sensación de que estamos en un show global, un escaparate en el que esto de trabajar se ha convertido en un “Tu negocio sí que vale” y, como pardillos desesperados, vamos pasando delante del jurado (o corriendo delante de ellos a ver quien llega el primero y consigue más cash), y podéis colocar en ese puesto de decisión a quién más rabia os dé, pero podrían ser desde los bancos, los fondos de inversión, los business angel, o cualquier compi yogui de esos que tanto pululan por este mundillo.

cosmopolitanincentives.com
cosmopolitanincentives.com

Y ellos nos dirán quienes valen y quién no. Quien tiene negocios perfectos en los que poder invertir para aumentar su cartera de conquistas, para presumir de sus conquistas con sus amigotes del gremio. Y quien es autoempleo, fuera. Quien no duplica su facturación en un año, fuera. Quien no es escalable, fuera. Quien no tiene el equipo mejor estructurado, fuera. Y así hasta el infinito…

Soy muy, muy consciente de que jugamos con las reglas del mercado. Estamos aquí y tenemos que acatar lo que nos diga el árbitro. Pero no todo el mundo tiene por qué seguir el mismo ritmo de la carrera. Ni siquiera todo el mundo queremos estar en la misma liga, la de los triunfadores, la del networking infinito, la de quién la tiene más larga, la de los proyectos ultra-rápidos, la de quemar equipos y vidas en uno o dos años, la de los niños de 10, la de los negocios prediseñados para triunfar, vender y a otra cosa mariposa.

Y además, ¿sabéis qué ayudaría a que una gran cantidad de negocios que fuesen mucho mejores? Que no tuviéramos que pagar el IVA de lo que facturamos sin haberlo cobrado. Que nos pagaran a 30 día como máximo legal ¡legal!. Que los autónomos no viviéramos para pagar impuestos. Que los trámites y la atención de las administraciones no estuviesen diseñados para echar para atrás a los osados que se atrevan a intentar alguna gestión con éxito…

Que no estuviéramos tan preocupados por tener negocios perfectos.

Y me voy a tender la ropa, que sí, sí, mucho negocio virtual, mucho éxito empresarial, mucha leche, pero la ropa sigue sin tenderse sola.

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14 thoughts on “Los negocios perfectos, esos negocios

  1. Ay! Amiga… ¿Recuerdas nuestro debate de hace unos meses cuando surgió la verdad del pardilllo aquel elegido empresario júnior del año?

    Pues que no puedo más que estar de acuerdo contigo! Yo soy auto empleada porque así lo quiero y mi emprendimiento tendrá el ritmo que tenga que tener para satisfacer mis necesidades y las de mi socia… Por ahora esa es nuestra mayor meta, y sin alardes de nada; no nos interesa; no es nuestro mundo ese de la eterna competencia, del que la tiene más grande o el que más barritas de éxito pone en su cuenta de resultados. NO, nos rehusamos a ser parte de ello…

    A ver qué pasa con el nuevo gobierno (si es que alguna vez se va a formar) y nos dan un respiro a los autónomos y nos ponen cuotas correspondientes a nuestros ingresos, y eso, a no tener que anticipar IVAs ni a dejarnos la piel por cerrar mes.

    Un abrazo y ánimo que tú slow business y artesanal serán tendencia en los próximos masters… Ya verás!

    1. Ay Cata, y cuántas veces nos caeremos del guindo jajajajajaja…. pero sí, somos muchos los que no aspiramos a ser empresario junior ni merder del año. Y eso ya debería decir algo sobre esos negocios supuestamente perfectos…
      Un abrazo enorme y a por estas “vacaciones” que nos esperan jajajajaja Y nos vemos a la vuelta sin falta!!

  2. Yo a estas alturas creo que me caí del caballo hace tiempo. Trabajo y negocio es un medio para vivir y para comprar ocio y tiempo con los míos. Tengo la suerte de haber currado siempre en lo que me gusta, antes más engañada con esto de lo que se supone que es el éxito, viajes de trabajo, salir a deshoras, reuniones chachis, carguitis.. ahora lo veo y me hace gracia.
    Claro que prefiero seguir haciendo lo que gusta y que me vaya bien, pero también aspiro a que lo que hago mejore mi entorno, y sobre todo, me permita vivir (vivir lo que viene siendo pasar por la vida), sin más. Y lo que más trabas me pone a esto es la poca ayuda que se da a los autónomos y lo que nos sacan (sangran), que hay meses que acabas pagando por currar.
    Yo paso de ser la trajeada esa, a mí esos modelos se me han quedado ya muy lejos, y tengo claro que no me convienen a mi. No quiero formar parte de un mundo en el que sólo se valora el éxito por la pasta que generes, porque con esto, ¿quién gana realmente?

    1. Jajajaja es que la trajeada esa da muchísima grima por dios!!!!
      Yo lo tengo claro, vendes tu alma al diablo y encima te crees que estás ganando para ti, cuando no es así porque la realidad es que no estás disfrutando en el camino.
      Un besazo!!!

  3. No me hables de la cuota de autónomos que yo aún vivo con una algo reducida, pero cada vez menos, y visualizo con temor el momento en el que pase a pagar la cuota completa ¡me va a salir el emprendimiento a deber!

  4. Vivimos en un país donde los impuestos que se pasan a un generador de riqueza (empresas, puestos de trabajo, autónomos) es superior al que se pasa a un inversor o especulador. No tengo nada en contra de los segundos. Sí lo tengo en contra de esos privilegios que nadie entiende. Si nos hacemos todos especuladores, a ver quien hace el pan, arregla las tuberías cuando se rompan, quien limpia las calles o educa a nuestros hijos. Plantar semillas en este país es lo más parecido a hacerlo en un terreno yermo de esos que solo sirven para…. ¿especular?
    Además nos va el rollito. Llegan las Generales. Primer partido más votado y segundo. Los de siempre, los que nos han metido en este fregado, los que incumplen sistemáticamente sus programas electorales. No lo entiendo, que me explique alguien por qué seguimos poniendo lobos a cuidar el rebaño

  5. Te admiro amiga. Te vi en Castellón hace un mes en una de esas jornadas de emprendedoras en las que participabas como ponente y desde entonces, te admiro.

    No tengo flequillo ni un coche despampanante. Ni coach. Ni fotos con nubes y brazos en alto. Pero un día me cansé de estar detrás del ordenador de una rancia redacción del periódico El Mundo, donde llegué después de haber hecho los deberes de mis carreras y mis postgrados, y decidí… sí, dejarlo todo y emprender mi proyecto. Culpa toda tuvieron mis hijas, para las que no quería un mundo tan ‘normal’ y prefería darles un ejemplo de esto no me gusta y como no me gusta, lo cambio.

    No pedí un crédito. Ni contraté entrenadores emocionales de esos que están tan de moda. Busqué y barajé opciones, aún a costa de quedarme en el ochenta por ciento de los que no tienen éxito. Pero estaba en un momento en que prefería intentarlo sin arriesgar pasta. Bien sabes que dos niñas dan para pocas aventuras económicas…

    Dice el saber popular que el que busca… encuentra. Y lo encontré. Y emprendí. Eso sí, sin las fotos de las nubes. Pasé de tener el prestigio social de mi carrera y de mi profesión a ser un extraño personaje al que todos miraban raro e incluso con cierta lástima. Corría el año 2013.

    Lo pasé mal. Fue un año duro. Como no quería experimentos económicos, no pude contratar al coach. Así que me iba a trabajar cada día motivada de casa con la radio del coche a toda castaña.

    Pasé los peores ocho meses de mi vida. Miedo. Pánico. Desazón. Mi suerte fue no estar sola y haber elegido el proyecto correcto. De otra forma, ahora no estaría escribiéndote ésto.

    Un año. Ese era mi horizonte. Un año de trabajo infinito, eso sí, a partir de las diez de la noche, para ir a las extra escolares, hacer los deberes, secar pelos largos tras las duchas y tener la cena antes de las nueve para que nos diera tiempo al cuento antes de dormir.

    Mes once. Mi suerte (que no es más que flores que llegan de las semillas bien regadas) empieza a cambiar. Mi emprendimiento da dinero. No había
    pedido créditos, entonces voilà!

    Era ya 2014. Finales. Seguí dejándome la piel con la radio del coche lanzándome canciones a modo de coach. Pero empezaba a vivir de mi proyecto y a pagar facturas además de los autónomos. De vez en cuando me iba a la playa (eso sí, es una suerte vivir al lado del mar) y me hice algún selfie que sólo compartía conmigo: tengo que admitir que también quería alguna foto con los brazos en alto y las nubes encima. A la foto de la pista de atletismo, nunca me atreví.

    Hoy vivo exclusivamente de mi proyecto. Gano bastante más de lo que me pagaba el periódico, cuando cambiaba mi tiempo por dinero (proporción en la que siempre salía perdiendo) y lo más importante: soy feliz. Trabajo mucho, pero en horario escolar. Y sigo secando pelos y leyendo los cuentos antes de dormir.

    Cuando quieras te cuento lo que hago. Y cómo lo encontré. El emprendimiento sin coach, sin fotos y sin flequillo también es posible.

    P.D. Me ha encantado tu artículo. De verdad. Te admiro un montón.

    1. Ayyyyyyyyyyy Sandra, mil millones de gracias por tu comentario. No sabes la ilusión que me hace porque compartimos camino y muchas des- y aventuras!!!!!!
      Parece que para salir adelante necesitas el pack completo del emprendedor con flequillo. Eso nos dicen, y nos venden. Pon un coach en tu vida, que tú no sabes tontaina. No vas a saber. Pide un crédito burra, que no vas a ser escalable!! Escalable?? Cuándo he querido yo ser escalable??? Hazte el máster, cómprate la camiseta, vente a la aceleradora, emprende, emprende, vuelva alto!!!!
      Y la realidad es que esto es desarrollo personal, es descubrimiento de uno mismo y de la capacidad de superación, de hasta dónde puedes y QUIERES llegar. De la satisfacción de hacerlo por TI MISMA. Sin coach ni mentores dándote la palmadita.
      Y si la cagas pues a otra cosa mariposa.
      A mí me ha encantado tu comentario. De verdad. Espero conocerte algún día y darte un abrazo de luchadora pringada a luchadora pringada jajajajajaja
      Muchos besos!!

  6. Mándame un mail o un teléfono Mónica. Por mi emprendimiento jajajaj viajó a menudo. Creo que estás en Madrid no? Soy madrileña, aunque por circunstancias vivo en Benicassim. Así cuando vaya por allí te llamo o te aviso y nos hablamos.
    Gracias por tu respuesta.

    Sandra
    653974564

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