VDLN: Lo pequeño

La fuerza de lo pequeño es mucho mayor de lo que pensamos.

Lo pequeño, lo simple, lo que no llama la atención en apariencia, lo que no relumbra y pasa desapercibido… Lo pequeñito, el detalle que no has visto pero que ha entrado en tu cerebro, que se ha escabullido entre pompa y fanfarria, y ha coronado tus sentidos con tiempo y paciencia, cual explorador que llega a la cumbre tras años y años de viaje y penurias.

Lo pequeño, amigos, es como esa lágrima que sala nuestra comida dándole el sabor fantástico de lo inenarrable, lo que no se cuenta, lo que queda en la memoria.

Lo pequeño es magia, es amor, es la caricia apenas percibida al cruzarnos por el pasillo. Es esa pestaña que resbala por mi mejilla hasta llegar hasta tus manos, donde bailará durante un rato para irse volando juguetona hasta quién sabe qué mundos imaginados.

Lo pequeño es tu voz al cantar bajito al que se ha quedado dormido.

Lo pequeño es el suspiro.

Lo pequeño es este post, pequeñas mis palabras. Pequeñas las penas al dejarlas marchar.

La magia de lo pequeño. El poder de lo sencillo, de lo simple, de lo apenas percibido, de lo que nos mueve…

¡Feliz #VDLN y disfrutad de lo pequeño!

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


VDLN: La constante

Si has visto Lost, sabrás a qué me refiero con este título, sin todo el follón del viaje en el tiempo, claro, que aquí no tenemos presu para tanto guionista a tope de tripis.

Si no lo has visto, ay Penny, decirte que, siempre, pase lo que pase, y por mucho que te muevas, que te distancies de ese lugar, por mucho tiempo o kilómetros que haya entre medias, siempre acabas regresando a tu constante donde o con quien eres tú mismo/a, con quien recuperas la cordura. Con quien constatas que sigues teniendo los pies en la tierra, y sinceramente, te da igual lo que pase en el resto de la faz de la tierra.

Esa constante puede ser una persona que te ancle en medio del tsunami, o una casa donde recuperas los superpoderes, o una canción que te devuelve el oxígeno cuando ya estás cianótico. O esa magdalena de Proust. O tejer. O el peligro. O la adrenalina…

¿Esa constante podemos ser nosotros mismos? Pues a lo mejor.

En mi caso… A veces creo que mi constante es la inconstancia. Pero no… Mi constante está ahí, para cuando me hace falta volver a disolverme y dejar de ser este sinsentido con patas.

Y para ti, ¿cuál es tu constante?

¡Feliz #VDLN!

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


El coñacito del emprendimiento de serie

Mientras preparo mi VDLN para mañana, me salen los pensamientos así a borbotones al leer este post de Patricia Araque sobre la startup tranquila y sobre todo esta entrevista que mencionan a David Heinemeier, fundador de  Ruby on Rails y de 37signals además de experto sobre este tema, sobre su visión del riesgo y cómo está afectando a las startups en general.

Él opina que no es necesario arriesgar el todo por el todo a la hora de crear una empresa, que no es imprescindible ni sano sufrir para sacarlo a toda costa, y que no deberíamos olvidarnos de nuestra vida personal. Es una entrevista fantástica, llena de sensatez basada en la experiencia, y que, en serio, según la he ido leyendo casi se me saltan las lágrimas de emoción de outsider.

Por fin alguien que habla en voz alta sobre ir contra corriente, que el objetivo no DEBERÍA ser multiplicar por 1000 los ingresos en infinitas rondas de financiación en las que, por dios, ¿dónde sacas el tiempo para trabajar y hacer eso que querías hacer en un principio? Y además, no nos engañemos, salvo que te vaya la marcha, es, como diría mi querida Olga de Olga y Antuan, un coñacito pero de los buenos (al menos para mí!).

A ver si nos entra en la cabeza que no TODOS los proyectos emprendedores son iguales, ni deben serlo. No todos se crean con la idea de venderlas y crear otra nueva, para venderla a su vez, y volver a crear otra para seguir el ciclo de la startup… Resulta que ese círculo no es para todo el mundo que empieza un proyecto, que no todo el mundo quiere pasar por pitch elevator, buscar business angels, rondas de financiación, el break even, las aceleradoras y los que no tenemos por qué sabernos toda la terminología emprendedora para hacer lo que nos gusta y que no obligatoriamente pasa por ese proceso ya casi paquetizado y de serie de emprender, que ya es casi como montar un mueble de IKEA, y que no vender, ni tener socios capitalistas, ni ser escalable son síntomas de fracaso.

A todos nos ha pasado. A mí misma se me ha planteado muchas veces la ocasión de meterme en esta vorágine loca de números y carreras frenéticas para llegar a cifras que satisfacen las necesidades siempre de otros, no las mías, os lo aseguro. He hablado con inversores, con business angels, sobre procesos de crowdequity, de financiación, he estado a punto de vender (y perder) mi empresa, he optado a créditos y ayudas… He ido cogiendo caminos, que, en principio, eran de paso obligatorio para llegar a algún sitio que todo el mundo me decía que era al que tenía que llegar: el éxito. A fin de cuentas, ellos saben y TÚ NO (y ya se encargan ellos de hacerte partícipe de esta observación así sutilmente jjjj). Eso sí, a costa de hacer algo que a mí, personalmente no me satisfacía en absoluto, sacrificando además de mi tiempo en familia y vida personal, más aún, mis propios recursos, y encima perjudicando enormemente a mi trabajo, que sobre todo en la fase inicial de la empresa era el 100% mío y no contaba con nadie más.

Así que, pese a «pecar» de cabezona obstinada y de ilusa ignorante, y de dudar cada lunes por la mañana de ir tomando las decisiones acertadas (algo que nadie sabe a ciencia cierta) he ido desestimando una a una todas las opciones que implicaban algo que el amigo David alude muy certeramente en su texto: el riesgo y el sufrimiento. Ojo, que arriesgar he arriesgado y mucho, especialmente al principio y hasta empezar a tener ingresos. Y también he sufrido y mucho, para sacar adelante algo en base únicamente a mi instinto y no a manuales de MBA. Pero este sufrimiento y este riesgo estaban dentro de lo asumible, de aquello con lo que me he sentido cómoda y que podía controlar. ¿Corta de miras? Puede ser. ¿Me voy a hacer rica? Salvo que me toque la lotería, lo dudo. ¿Duermo bien? Muchísimo.

Y bueno, nadie dice que lo que yo he decidido sea lo correcto. Pero os aseguro que el éxito es algo tan relativo y tan personal que no podemos medir nuestra empresa, nuestro proyecto en función a cifras y métricas que otros califican como exitosos.

Simplemente porque, a lo mejor, para mí, vivir de mi «slow business» junto a un equipo creado en estos años, y sentirme feliz y cómoda con lo que hago, pudiendo dedicar tiempo a mi familia y a mi vida personal, a colaborar con causas que me mueven y me inspiran, y seguir teniendo ganas de hacer cosas nuevas y mejores cada día, es la medida de mi propio éxito, sin necesidad de ser un unicornio, o un genio de las finanzas.

Y con esto no digo que otros modelos no sean correctos o satisfagan a quien los pone en marcha. Supongo que tiene que haber de todo, ¿no? Lo que digo es que NO TODO EL MUNDO debe pasar por el mismo proceso ni los mismos resultados para sentir que está sacando adelante algo con buenos resultados. Que ser multimillonario puede ser un objetivo muy válido, pero no es universal, y no debería ser la medida de la realización personal.

Que no os vendan motos, ni unicornios. El éxito pasa por hacer lo que quieras, y a tu propio ritmo.

Y ahora os dejo, que tengo que tender una lavadora 😀 ¡Hasta mañana!

Pd. Este post es del 2016. En el 2020 que repaso este texto sigo opinando lo mismo. Y más aún. Puedes leer esto con un resoplido de fondo.

VDLN: A propósito de septiembre

Junto a enero, que es el kickstarter del año sin dudarlo, septiembre es sinónimo de pistoletazo en el aire. No solo por los millones de coleccionables que inundan los quioscos, o por la famosa vuelta al cole. Septiembre es el mes de los re-comienzos, de las oportunidades antes de acabar el año. Es el apretón de «ahora o nunca», el depertarse tras la resaca y repetirse que nunca más…
Septiembre hace que nos volvamos un poco locos con nuestros propósitos, que se llenen los gimnasios y las clases de inglés para negocios. Algo que se acabará abandonando allá por noviembre o diciembre, con el bullicio de las fiestas venideras, los puentes y las lucecitas brillantes que prometen nuevos re-comienzos.

Nos pasamos el año intentando empezar cosas que dejamos tiempo después. Y que volvemos a intentar. Y volvemos a dejar.

Y lo peor es que aún sabiendo lo irremisible de nuestro comportamiento en bucle, seguimos entrando cada septiembre en el mismo ritmo, con la esperanza de ser ese 1% concienzudo, obstinado y superhumano que conseguirá mantener el hábito recién adquirido. El resto nos conformaremos con buscar en el horizonte temporal nuestra próxima oportunidad de volver a intentarlo.

Por supuesto, yo soy de los reincidentes en casi todo y cada septiembre, y cada enero, encuentro un motivo para volver a intentar una meta más o menos posible. Y lo gracioso es que en el proceso de ascenso y caída no suelo alcanzar las que tenía en mi diana sino otras absolutamente inesperadas, pero quizás por eso también muy estimulantes. Y quizás es eso lo que nos pasa un poco a todos con los propósitos de nuevas etapas, que no llegamos a cumplir lo que nos habíamos propuesto, no nos hemos leído un libro por día como pretendíamos en nuestro afán cultureta, pero hemos descubierto 3 autores que amaremos de por vida, o que tenemos más dioptrías de las que pensábamos y tenemos que ponernos gafas con urgencia…

La vida está llena de puertas inesperadas tras la que hay muertes seguras o aventuras con dragones de dos cabezas, o un camino de baldosas amarillas. Y mientras buscamos otros destinos, nos vamos cayendo en agujeros que nos llevan a otros sitios, quizás incluso mejores….

El caso es que este septiembre también me he puesto reto, para darle más emoción. En realidad tengo muchos, pero hay uno en concreto que me va a costar mucho no abandonar, que me conozco. Así que me motivo a mí misma con ritmos que me acompañen y me transporten, que hagan esta lucha contra mi propia pereza en una aventura con puertas inesperadas.

¡Feliz semana y felices aventuras!

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


VDLN: Life crisis

¿Acaso no es la vida entera una enorme, gigantesca y maravillosa crisis?

¿Acaso la incertidumbre no es nuestro estado natural y la certeza esa meta a la que nunca llegaremos?

¿ Y si la vida es esto? ¿Y si siempre estamos en crisis con nosotros mismos?

Porque según pasa el tiempo, cada día, la crisis se convierte cada vez más en mi constante.

Y, oh maldita sea, cómo la estoy disfrutando…



VDLN: Bailando

Vivimos en un constante baile. Y a mí que no se me da muy allá esto de menear las caderas me ha tocado hacer el esfuerzo mayúsculo de ejercitar, al menos, un poco la cintura. Por eso de esquivar los golpes, vamos.

Nos pasamos el día en lucha. Alerta y con los puños arriba, cual boxeador preparado para un embiste. Y bien que hacemos, porque los golpes te llegan. En forma de ganchos, de despistes, de juegos de manos.

Y hala, ya está el baile montado.

Y parecería que lo más efectivo es golpear y punto, dejar ko al adversario.

Pero resulta que tras dos buenos mandobles te das cuenta de que es más importante un buen par de pies que te hagan girar a tiempo.

Y bailar al ritmo de lo que te vaya pasando.

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.

Cuentos de verano: dentro de un volcán

 

Subir la montaña más alta para bajar a las profundidades del volcán.

¿Qué hay dentro de ti que merezca salir a la superficie?

¿Qué hay dentro de ti que nunca dejas que aparezca?

A veces soy volcán sin darme cuenta. Y cuando todo parece tranquilo por fuera, dentro emergen los efluvios de un drama galopante. Y me revuelvo, me interrogo, ¿qué me pasa? ¿qué diablos tengo ahí dentro que me va ahogando lentamente sin apenas darme cuenta? Y la inquietud te retumba entre ceja y ceja, y el desconcierto deriva en desazón, en angustia.

Y va despertando una rabia que avanza vibrante, pulsando en mi interior, una lava ardiente y que rebota entre mis costillas con violencia contenida, como sin llamar mucho la atención. Pero sin parar.

La ansiedad. Eso que me genera sentir esa humareda saliendo por mis orejas es tal que a veces me gustaría ser capaz de aniquilarme. O de explotar de una vez. De ser yo misma el volcán que llevo dentro. De no ser nada.

Y tú, ¿qué escondes en tus entrañas?

Tempestades

El otro día, el sábado para ser exactos, un chavalín aullaba bajo nuestra casa porque no sé quién no había metido un gol en la portería de otro no sé quién. Y os juro que el grito de Catelyn Stark en la Boda Roja no tiene nada que envidiar al dolor que ese muchachillo estaba compartiendo con el mundo. Porque su equipo no había ganado.

Y oye, que lo siento, de verdad. Que me dio hasta penica y todo después de oír al vecino gritaros que íba a llamar a la policía si no dejabais de aporrear lo que fuera que estabais aporreando. Que estabais sufriendo. Estaba claro.

No hace falta irnos a lo que está pasando no tan lejos de nosotros con los refugiados, a los que hacemos como que no vemos. Pero hace poco me contaban de una amiga que acababa de descubrir que su hijo tiene autismo. Y eso sí duele. O un compañero de trabajo que se había quedado paralítico por un tumor. Zasca. O la empresa familiar que tiene que echar el cierre después de décadas currando y entrar en concurso de acreedores con lo que ello supone. Mucho dolor. Y rabia. Y frustración.

Eso son tempestades. De las que puede que no consigas salir indemne. Ahí es donde la vida te deja pingando y donde realmente tienes que demostrar de lo que estás hecho.

Y no me vengáis con las pasiones, los colores y los benditos once contra once. Porque me da la risa, pero mucho.

Pero luego muchas ganas de llorar.