#VDLN: La vida es un musical

¿Cómo vives tu vida?

Buena pregunta para un viernes de puente, ¿no?

Cómo llevas tu vida… ¿Es un drama en blanco y negro? ¿Una de miedo, yendo con la fiesta del momento? ¿Una gore? ¿Una existencialista que solo entiendes tú? ¿Una comedia muda? ¿Un documental de la 2?

A ver, esto va por rachas, como todo… Pero ahora mismo, así como se me presenta el día, mi vida sería un musical. Con mucho de todo, mucho humor, mucha música, mucho gore al ver el mundo que nos está quedando, su drama  con lagrimón gordote correspondiente y con puño alzado al cielo cuando hay que hacer la trimestral…. Mucho teatro y muchas canciones. Mucho acting para vivirlo todo un poco más ameno, para sentirme menos observadora de lo que nos pasa y más actriz de mi propio guión.

Y os diré, que ahora mismo estoy con Hamilton a tope. Mezclando con canciones de Vaiana y de Hans Zimmer en mi playlist. Concentración para poder volver a los estudios de manera satisfactoria + desahogo a lo bruto cantando a pleno pulmón.

¿Y la tuya? Piénsalo y me contestas si quieres en los comentarios.

¡Feliz #VDLN dando la nota!

Pd. Alucinando estoy con Lin-Manuel Miranda, este señor ha hecho algunas de las canciones que más canto en casa. Le quiero. ¡Mucho!


El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.



 

VDLN: Música para correr. O correr para escuchar música.

Hace unos años iba al gimnasio. Dejé de ir porque en realidad iba a leer libros mientras hacía bici, y bueno, me resultaba un poco caro jjj.

Resulta que este mes de septiembre me puse a mí misma un reto grandote que consistía no solo en sobrevivir cada día, que también, sino en además, incluir el deporte en mi vida de manera rutinaria (una excusa esta del #retossilvestre la mar de buena para calzarme unas mallas con algo de dignidad) y parece que, tres meses después, vamos consiguiéndolo.

Gracias, básicamente, a que puedo correr con mi música. Os aseguro que si no llevara música no correría, nada.0 km. Niente. Y es que a mí correr, lo que se dice correr, me parece un poco absurdo en sí mismo (además de bastante lesivo, todo hay que decirlo). Pero si me pones unos cascos a buen volumen y un listado de spoti con música buenorra, elegida durante horas y horas de disfrutes melómano, ya no hay límite, qué queréis que os diga.

Y es que yo correr no corro, yo canto-corro-bailo. Es decir, mi rutina de deporte consiste en darle al play. Y ahí empieza mi diversión real. Empiezan a desfilar por mis oídos canciones maravillosas y yo me dejo ir. Y canto mucho mientras corro. Y si no me ve nadie hasta hago alguna coreo, si se presta el temita, claro.

Qué requisitos deben tener las canciones de mi playlist de canto-corro-bailo:

  • Que me vuelvan loca. Eso es fundamental. Puede ser tener mucho ritmo pero si no me gusta, no entra en mis auriculares. Lógico, vamos. Pero es que para mí, mi carrera debe ser un disfrute sensorial, jjjj.  Que no hay reggaeton. Ni cosas así, jjj
  • Que tenga ritmo bueno para coger la carrera acompasada. Esto te ayuda mucho a la hora de pillar el tranquillo y avanzar casi sin darte cuenta. En realidad es un poco como bailar, y sigues el ritmo de la canción de manera natural. Esto es muy, muy importante, aunque he de reconocer que tengo en el listado alguna un poco más lenta como ésta de James Vincent McMorrow pero que me gusta tanto que según el día entran seguro en la carrera.
  • Porque claro, cada día tengo un humor distinto, y por lo tanto, a veces necesito mucho “power” al principio y tiro de temas potentes y finalizo con ritmos más mecánicos pero sosegados. O viceversa.
  • No hay estilos predefinidos y de hecho ahí radica la dificultad para encontrar buena música para correr. Cuando empecé a buscarla me metí directamente listas de running. Y oh, dios mío, qué agujero negro de destrucción. Lo siento, pero no. No puedo escuchar el mismo ritmo machacón y maquinero versionando los hits del siglo XX y da igual lo que te versionen oye, es la misma música! Así que tuve que ir uno a uno confeccionando mi lista particular en base a mis gustos. Y tengo muchísimo indie, también pop y bastante tecno, temas de los ochenta con mucha percusión, cosas de Queen motivacionales, e incluso instrumentales, que aunque no se canten, me ayudan mucho a pillar “el trance” como yo lo llamo, que es cuando ya no te das cuenta de que estás corriendo.
  • Y sobre todo, me gustan las canciones que puedo gritar. Ojo, que no es que vaya corriendo todo el rato a grito pelado. Pero me relaja mogollón cantar cosas como ésta, por ejemplo, con las que me lo paso bien directamente.

Total, que tengo cosas rarísimas, que las voy actualizando cada día, que es mi lista del tesoro y que cuando pillo una nueva, es como si me hubiera tocado la lotería: la meto rápidamente en mi lista privilegiadas de canciones para correr. Y espero que llegue el momento para salir a correrla-bailarla-cantarla. A disfrutarla.

Y que si no tuviera música estoy convencida de que no correría.

Aquí os dejo una de las últimas adquisiciones de la lista que me acompaña cada día. Siempre se admiten sugerencias de música para correr aquí, por cierto

Feliz #VDLN y feliz carrera 🙂

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


VDLN: La fiesta pequeñita

Sin duda, hoy mi sonrisa baila al ritmo del día. Sin prepararlo. Y sin buscarlo.

Hoy bailamos descalzos, con los ojos cerrados y sin pensar más que en el suelo que pisamos.

Nos agarramos de la cintura y giramos hasta marearnos. Y nos morimos de risa. Y celebramos que estamos aquí, ahora, dando saltos como los locos que somos.

Feliz #VDLN y disfrutad en esta fiesta improvisada, pequeñita y sin mucho miramiento que hemos montado aquí, en cinco minutos.

Feliz baile…

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


VDLN: Haz que merezca la pena

Sí, ya sé que está todo hecho unos zorros.

Que no lo ves nada claro y que vamos a peor. Ya lo sé.

Que el mundo se va al carajo.

Que el camino está plagado de piedras, trampas y minas anti-persona. Y todo va mal.

Que en la vida pasan cosas jodidamente malas. Pues sí. Y a veces, hasta nos pasan a nosotros. El ser humano es capaz de los peores actos inimaginables.

Sí.

Pero en medio de todo ese caos, en medio de las tragedias, del horror y de los traumas, entre tanta lamentación y queja, hay ocasiones en las que el hombre también es capaz de lo mejor, de lo más bonito, de coger lo feo y aún a pesar de estar tremendamente tocado y casi hundido, dar forma a lo más bello. De ayudar a otras personas, de dar luz, de servir de algo a pesar de todo.

Haz que todo esto valga la pena.

Pensarás que estoy diciendo estupideces y que me he leído El secreto hace poco, o algo similar. Pero no. Lo que ha pasado es este hombre que toca el piano… Descubre a James Rhodes. .

Y haz que valga la pena.

Hagamos algo que merezca la pena.



Algo empieza…

Después de la tormenta, ha salido el sol.

Y empieza un nuevo día, un nuevo año incluso. Y seguimos intentándolo cada amanecer. Abrimos los ojos buscando nuevos despertares, comienzos cálidos, rayos azules sobre nuestras pupilas, caricias luminosas sobre las almohadas.

Vivir. Como sentir. A rachas. A bocanadas. Evaporándonos entre los momentos que nos abrigan, entre las anécdotas, entre los adioses. Viviendo. Sintiendo.

No saber. No tener. Estar solos. Desmenuzándonos entre ráfagas de palabras que nos atraviesan, entre los chasquidos, entre los deslices crueles de nuestros silencios. Viviendo. Sufriendo.

Cerrar los ojos y acurrucarse. Empieza un nuevo día, un nuevo año incluso.

Abre los ojos…

 

La seguridad…

Ya no existe.

No la busques porque es algo que solo teníamos cuando éramos niños, cuando nuestros padres nos arreglaban los desaguisados, cuando nos sacaban de apuros y aún así nos seguían dando el beso de buenas noches.

El espejismo de la seguridad va desapareciendo al envejecer. Al madurar. Al hacernos independientes. Al hacernos responsables de nuestro destino.

No la busques en las cosas. En la ropa. En los zapatos. O en ese abrigo que está tan de moda. O en la talla 38.

No está en tu pareja, ni en tus hijos. No está en tus amigos. Ni siquiera puedes estar seguro de lo que tú mismo vas a hacer mañana al levantarte.

Porque la seguridad no existe.

Y vivimos en el quizás. En el podría ser. En el hagamos lo que hagamos, cerremos los ojos y saltemos.

Saltemos. Arriesguemos. Juguemos. Vivamos. Saboreemos el dulzor de los días cálidos pero también los tragos amargos y el sabor a sangre de una buena caída.

Caigámonos.

Y sigamos adelante.

Porque no hay seguridad. Ni red que nos recoja.

Solo nuestros días como prueba de que existimos. De que merece la pena lo que hacemos.

Y al llegar nuestro último pestañeo, ese que nos hará eternos, ese que nos hará mejores, sabremos que la seguridad estaba ahí, esperándonos…

Ese ritmillo…

Lo llevas puesto en la cara cuando sales por la puerta. Te mueve los pies mientras bajas las escaleras del metro. Te empuja mientras cruzas la calle con la mirada fija en el suelo. Sube tus hombros como un saludo al encontrarte con ese al que conoces y detestas. Retuerce tu cintura al girar la esquina.

No hay nada más que te haga seguir andando. Nada como ese escalofrío azulado que recorre tu espinazo al escucharlo.

Es el ritmo.

Es la música la que te pone en movimiento. Y sin música no habrá nada.

The greatest bastard

Damien Rice vuelve. Por fin! Ha sido tal la emoción al enterarme que me he tirado al blog a contarlo, como en los buenos tiempos. Y eso que estoy hecha un guiñapo a estas horas de la noche! Si Damien me leyera mientras llora componiendo junto a su guitarra, sin duda, debería dedicarme una canción o algo…

El caso es que el buen hombre, que hace canciones de esas que te dejan al escucharlas con una congoja del tamaño de un pedrolo de esos de los kilómetros que había antes en las carreteras sobre el pecho, tuvo un bajón de los buenos cuando le dejó Lisa Hannigan, otra lánguida con voz angelical que también es la alegría de la huerta y que debió verlo muy negro con el bueno de Rice porque buscó otros lares más alegres…  No demasiado, eso sí, se nota que le va lo tristón y lo terriblemente bonito y aquí la tenéis con Glenn Hansard interpretando Falling Slowly, la canción por excelencia de “me han dejado” hipster.

El caso es que tras su etapa juntos en la que hicieron cosas como ésta, maravillas tan celestiales como intensas, la cosa no funcionó. Y tanto le dio a Rice la intensidad que tras dos discos ejemplares, únicos y memorables como O y 9 Crimes se debió guardar a sí mismo en un armario a llorar porque prácticamente no ha salido hasta ahora. Lo cual tras dos discazos-catedrales como esos era como un suicidio musical. Pero sí, es una gran noticia volver a tener a este barbitas tristón con nosotros. Igual es un riesgo, porque ese nivel de intensidad y de desgarro no pueden mantenerse eternamente, existiendo el peligro de caer en una depresión crónica o en la repetición más lacónica… Peeeeero, aún así, hay que asumir riesgos, y ya veremos en qué se va transformando Damien Rice por el camino. Desde luego muy contento tampoco vuelve, y si no al vídeo que incluyo me remito. No sabemos mañana, claro…

Sin duda, sea como sea, merecerá la pena haberle conocido. Y haber llorado junto a él. Y ver que no todo es marketing en esta vida. Que hay gente que aún siendo talentosa y con una carrera muy prometedora por delante sigue caminos no trazados por la búsqueda del santo grial, del éxito rápido, del top ventas, del hit del verano… A veces conocer personajes atormentados y con problemas, tristones y que encima lo demuestran es hasta refrescante. Y no porque no quiera que les vaya bien, sino porque la vida es así, realmente. Y estoy muy harta y muy cansada de los caminos rectos, del si quieres puedes y del éxito está en ti mismo… A veces los caminos son rodeos, y circunvalaciones. Y cuando pensabas que ibas a Alcobendas, vas y estás en San Sebastián de los Reyes (OMG!).

Así que, bienvenido Damien, aquí una servidora lista y preparada para devorar lo que nos ofrezcas. O no, nunca se sabe con estos hipsters barbudos!!

Obsesiones, amebas culturales y Alt-J

Llevo unos días total y devastadoramente obsesionada con dos cosas: un grupo musical y un programa de televisión con más años que yo. De la serie algún día conseguiré hablar en Homoseriens, si soy capaz de sacar el tiempo para actualizarlo (no tengo perdón, lo sé) . Del grupo y de lo que ha liado en mi cabeza, no me queda más remedio que soltarlo o reviento.

Así, entre nosotros, reconozco que normalmente me pasa solo con una canción, y durante un tiempo, que puede variar según la fiebre con que me pegue, la repito una y otra vez, en todos los volúmenes posibles y en todos mis dispositivos digitales a mano (porque casette no se estila, que si no también!). Pero hace unas noches descubrí, oh, milagros del destino, a Alt-J. Seguro que los entendidos en música, como mi sister, que es una listilla musical y que se sabe de memoria la programación de Radio 3, pensarán que llevo siglos de retraso, pero bueno, teniendo en cuenta que curro en casa y la mayoría de las veces me enchufo la lista y meto quinta, mi conocimiento musical se va limitando a lo que descubro en el spotify cuando me pongo y lo que me canta mi hija cuando viene del cole (y la mayoría de las veces lo segundo mola más, la verdad).

Ya he comentado alguna vez que siento que desde que soy madre y encima trabajo por mi cuenta, mis neuronas, o bien se han puesto en huelga o bien es que he perdido muchas por el camino. Y sobre todo en la parte intelectual, entiéndase por intelectual todo lo que sale en la 2 y que ahora me resulta ajeno y desconocido. Soy una ameba culturalmente hablando. Mis amigos y mi santo me quieren igualmente, pero yo lo sé. Y ellos también.

Pero el caso es que en uno de estos afortunados golpes de suerte musicales descubrí un vídeo que me dejó con la boca abierta, Hunger of the pine. Sí, he estado tentada de incluir el vídeo directamente en el post, pero reconozco que no soy capaz de verlo otra vez. Así que no quiero hacer pasar ese mal rato a nadie. Eso sí, a pesar del trago que me dejó, la canción me provocó uno de esos momentos en los que se te para el pulso (sí, es una metáfora muy coplera, pero funciona) y el tiempo deja de contar. Y algo se te queda ahí entre la garganta y el pecho. Ese momento único en el que te enamoras y le das la vuelta al reloj de arena.

Y esto me suele pasar con canciones, aisladas. Pero en este caso, Hunger of the Pine me abrió la veda para seguir indagando sobre el grupo. Y devoré todo lo que pille a mi paso. Todos sus discos. Todos sus vídeos como Something good, que también te deja tocado. Con el ansia del adicto que necesita más. Con la alegría del que ha encontrado a un amigo que ni siquiera sabía que tenía. La carne de gallina y el placer de volver a emocionarte con una melodía, con una voz, en este mundo en el que todo va tan rápido. Tan estúpidamente rápido.

No sé qué diantres le pasa a este grupo con los vídeos truculentos. Sus canciones no la transmiten al menos. Quizás será por eso por lo que el contraste en los vídeos es tan fuerte. Desconcertada me tienen. Y entregada también. Es una mezcla de “no me gusta nada lo que estoy viendo” con “oh, dios mío, ¿qué está pasando?” sin poder retirar la mirada de la pantalla.

Como el vídeo de Breezeblocks, el que he incluido en el post. Y no voy a contar nada porque quiero saber qué os parece a vosotros.

¡Un abrazo!