Salvad al soldado Lunes

Hoy es un lunes terrible…

Uno de esos días en los que te asomas al balcón de los siguientes cuatro con desesperanza, ansiedad y bastante asquito a partes iguales y complementarias. Uno de esos días en los que desearías con todas fuerzas que las horas se evaporasen tan rápidamente como se evapora la nómina. Eso sí, con las millones de tareas bien cumpliditas, por favor.

Afortunadamente, y después de cambiar un par de veces el texto de este post, descartando versiones con violencia cada vez más explícita, he meditado mucho, y me he encomendado a algún santo de la paciencia (¿Job?) hasta encontrar una faceta mejorada de este día. Y he dado con todos estos motivazos para remontar de manera bastante digna un lunes tan funesto:

Number One: el descubrimiento musical del día, gracias a mi idolatrado Tomás Fernando Flóres, y que acompaña la entrada para darle alegría, gracejo y algo de profundidad, jejeje.

Number Two: he recibido mi camiseta de Associated Producer de mis amigos Standard Limited o STD/LTD. Mañana mismo la estreno como dios manda.

Number Three: un par de pelis en mi mochila, vía Zuanjo, que devoraría si tuviera tiempo y un DVD en condiciones, pero que van a reposar durante un tiempo, ripeadas en el disco duro, hasta que mi santo se vaya al fútbol y tenga la tele libre durante al menos sesenta minutos (tiempo prudencial previo al necesario amodorramiento de las diez).

Number Four: el último post, genial como siempre de Blog de Madre.

Y mañana más y mejor. Seguro.

Reencuentros en forma de poema

El reencuentro con alguien querido y largo tiempo añorado es siempre un acto mágico.

Después de años y años de intentonas, de «que sí, que no», por fin mi amiga Aaaa y una servidora hemos vuelto a vernos las caras.

Y estamos igualitas que hace ocho años. Con alguna canilla más (al aire también, sí), con bastante más equipaje (es lo que tiene el tiempo, que te carga de kilos, de años y de pasado), pero con las mismas ganas de reírnos.

Y hoy toca poesía: excelentes ripios poemas (lo de ripios ha sido fruto de la ignorancia, prenda) de mi amiga Aroa.
INSTRUCCIONES DE LUNES FRÍO.

«Sírvase una copa de vino dulce.

Deje caer el bolso sobre el suelo.

Deje que todo caiga

lo que la lluvia de noviembre recogió

de sus hombros. No es fácil

le advierto

si recuerda

que tan sólo ha terminado una jornada:

el trabajo.

No recuerde los restos

de la cena de ayer abandonados

la mermelada roja

donde anida una hormiga.

Olvídese del mundo.

Del hombre que doblado le estiró del abrigo.

De la mujer que cuenta cómo perdió una casa.

Y abra la botella.

Elija un rincón donde haya poca luz.

No se moleste en espantar las sombras.

Alguna melodía,sonidos de gramófono antiguo.

Tal vez un fado, Gardel, una canción francesa.

Por supuesto, no escuche la letra.

Ni atienda a melodías. Su cerebro

está blanco.

Olvide las denuncias, las mentiras, las reuniones, la falsa

sonrisa de cristal de despacho.

Cierre los ojos. Le dije, no era fácil.

Permanezca inmóvil.

Cuando la noche le devuelva el aliento,

llene la bañera.Mucha espuma. No

coja ningún libro. Tal vez

un cigarrillo pero sólo

si no va a preocuparse de cenizas

de humedades.

Sumerja la cabeza.

Escuche la oquedad de los vecinos de

abajo

la niña patalea en ruido sordo.

Mantenga la cabeza sumergida.Deje

que emerja a flotar alguna parte

del cuerpo

que roce los vapores.

Y cuando salga, el agua caerá como riachuelos

pierna abajo, sientalas cosquillas del agua.

Cene algún fruto.

Mastique la hinchazón,

Reviente pulpa dulce.

Y duérmase tranquilo:

el lunes ha pasado»

Gracias Aroa.

¡Zas! En toda la boca

Muy felices me las prometía yo…. Qué bien que lo llevo, qué bien que doy consejos en el blog, qué bien que las monjas nos llevan de excursión…
Pues sí, amigos y amigas, todo llega y eso me ha pasado a mí esta misma mañana.
Yo, inconsciente de mí, empezaba el día con la felicidad somnolienta del ignorante. Hoy tocaba dejar la niña con los abuelos, no la tengo que llevar a la guarde, y así me he dedicado a pensar en mis cosas durante el camino al curro. Que si el 23 F ( a eso llegaré en otro post), que si las charlas en el tren, que si el sentido de la vida es difuso y vago a la vez…, vamos, tan pichi.
Y ahí, rondando a las nueve y media, ya asimilando que tengo una mañana dura y áspera de trabajo por delante, con más «brifinsss» en la bandeja de entrada que insultos recibió ayer Bisbal en su twitter, me encuentro una llamada perdida de la guarde en el teléfono. Pasmada les llamo. Mala no puede estar, porque no está con ellos. Pero no, no es eso. Lo que me tienen que contar es casi igual de terrorífico.
Se me ha olvidado que HOY se celebraba en la guarde una función de teatro que YA había pagado hace un mes y que, además, me hacía mucha ilusión que mi hija pudiera ver.
Dios. No pronuncio su nombre en vano, pero es que me se me han abierto las carnes. ¡Se me ha olvidado el teatro de mi hija! Así, porque sí. Sin más explicación. Me quedo sin respuesta. Pues sí. Se me ha olvidado. No, claro, hoy no ha ido. No, no creo que llegue. No. Se lo va a perder…
Y así, de esa forma tan sencilla, en el Día de la Marmota de no sé cuál estado norteamericano, me ha vuelto lo que en algún momento debo haber empezado (porque yo en el karma creo bastante…). Y me ha impactado con una fuerza comparable a nosécuántos miles de puñetazos del súperhéroe más forzudo de todos los súperhéroes.
¡Zas! En toda la boca…
No he podido remontar el día, la verdad. Pese a que sé que no es tan terrible, que mi hija no va a crecer con trauma por esto, que no tiene por qué necesariamente darse al alcohol por mi descuido o deliberadamente abandonarme en una cuneta cuando yo ya peine canas, pese a todo eso y a que, utilizando la lógica, es normal que algo se me pase, yo sigo sintiéndome fatal, fatal de los fatales.
Supongo que son cosas que pasan, que como me ha dicho una amiga, no llegamos a todo y que no soy la madre perfecta. Y aunque de eso no tenía muchas dudas, y tampoco espero conseguirlo salvo medicación intensiva, estos fallos inesperados son como una buena, y merecida, bofetada en toda la boca.

La presión de la perfección

Partiendo de la idea de que todos los niños tienen un componente infernal absolutamente ajeno a la voluntad paterna y que es parte de la infancia el volverse loco de vez en cuando al ver caer una hoja del árbol, o entrar en un bucle histérico cuando les quitas su juguete preferido, hay que reconocer que gran parte del problema de un crío insufrible,son sus padres, somos los padres.

Siempre que veo esas bestias pardas que salen en programas catastrofistas como «Supernanny» o «Hermano mayor», me entran escalofríos al pensar que mi tierna y dulce criatura pueda llegar a insultarme o incluso a pegarme un puñetazo (los manotazos que me ha arreado hasta ahora no cuentan, son con mucho cariño, jeje). Y siempre acallo esas perturbadoras imágenes pensando en que, salvo alguna desviación genética desconocida, una sobreexposición a Belén Esteban, o muy mala suerte, mi hija tiene muy buen fondo y su comportamiento presente y futuro depende casi al 100% de que su padre y su madre le den una buena educación.

Además del comportamiento, también me ha preocupado y mucho desde el principio, si lo estoy haciendo bien o no en cuanto a su crecimiento intelectual. A mi alrededor han surgido defensores de la estimulación temprana, de la música de Mozart para aumentar su inteligencia, de las guarderías temáticas e incluso de las clases de idiomas desde los 3 meses. Sin embargo, sin saber por qué realmente, siempre he preferido dejar a un lado el estrés «educativo», al menos tan pronto, y me he relajado en este sentido para dedicar mi atención a temas mucho más terrenales como la lactancia hasta el año y medio, el trabajo en casa y fuera y «abroncarla» si tira la comida al suelo para intentar dominar su tremendo carácter. Tiempo tendrá de aprender lo que le venga en gana.

Ahora, al leer «Bajo presión» (RBA)Carl Honoré ha venido a reforzar lo que ya pensaba afrontando esta misma premisa de una forma entretenida y con los pies en la tierra.

El autor de «Elogio a la lentitud»  nos presenta ejemplos de variados rincones del mundo en los que un buen puñado de familias están replanteándose cómo educan a sus hijos: lo que esperan de sus hijos y cómo educarles, los horarios, las actividades extraescolares, los hábitos de juego en casa, las comidas familiares… Para demostrar finalmente que menos es más: menos presión en los estudios, menos niños tomando prozac, menos TDAH, menos proyección de nuestros propios anhelos, menos actividades después de las clases, menos tiempo abducidos por la videoconsola, menos juguetes en los armarios, menos estrés para llegar a tiempo a todas partes, menos horarios rígidos y marcados y como contrapartida, más tiempo libre con ellos, más libertad para inventar sus propios juegos, más flexibilidad con los horarios y más, mucho más relax.

Así, después de leerlo con atención, y de encontrar los suficientes errores en la traducción como para recordar por qué prefiero siempre el original, llegué a la tranquilizadora conclusión de que no hace falta y parece no ser realmente efectivo ponerles los CDs de Baby Einstein con un mes de vida para aumentar su CI, que no tengo por qué aspirar a que mi hija sea superdotada y que no debo intentar crear una super niña, que la nena necesita muy pocas cosas para desarrollar su imaginación y su propio mundo interior, y de que yo no necesito estar supeditada, en sueldo y tiempo, a que desarrolle su psicomotricidad a 50 euros la hora, o a maltratar mis riñones jugando en el suelo con ella toda la tarde para ser una buena madre (aunque sí que me chifle hacerlo un ratito, lo justo para acordarme de recoger la ropa del tendedero), porque también tengo que dejarle espacio para que se aburra, se busque la vida, intente meter los dedos en el enchufe, se pise ella misma un dedo, llore un rato, machaque sus muñecos, mire al techo y acabe reorientando su juego. O eso, o correr bajo mis faldas, que también ocurre, seamos sinceros.

La teoría de Honoré se basa en no poner tantas expectativas sobre nuestros niños, en dejarlos ser eso, niños. En no sacrificar nuestro escaso tiempo en pos de las necesidades que nosotros mismos les hemos creado, porque lo que más necesitan nuestros hijos es nuestro tiempo.Y me encanta porque siempre he pensado que para que mi hija sea feliz yo también necesito ser feliz y no sufrir a cada segundo por no estar a la altura.

Tristemente esto tan idílico tiene un «pero», o varios, y él mismo lo reconoce. Y es que en la realidad, en nuestro día a día, dejarlos ser niños ya no es lo que era. Dejarlos salir solos a la calle es inconcebible hasta los quince, por lo menos, y hasta los parques infantiles parecen en muchos casos trincheras de guerra, al menos en mi barrio (siendo políticamente correcta, y optimista también, uno de los más multiculturales y variopintos de Madrid). Además, en el caso de las actividades extraescolares, éstas son en la mayoría de los casos, no solo una forma de entretenimiento para los niños, sino una vía de escape para los padres, atados por nuestros horarios, y que o tiramos de abuelos o les apuntamos a todo lo que se menee.

Pero bueno, sabiendo lo difícil que es llevarlo a la práctica, reconozco que las palabras de Carl Honoré han contribuido a reforzar la confianza en mí misma como educadora, y a afianzar la creencia en la absoluta responsabilidad de los padres como «escultores» de la personalidad y la felicidad de nuestros hijos: queremos ser los mejores padres y tener los mejores hijos. Así visto, es toda una presión. Sí.

Pero en nuestras manos está  disfrutar de esa responsabilidad junto a ellos y en no convertir esa presión en una losa, sobre nosotros y sobre nuestros hijos. En asumir que no somos perfectos y que no es justo ni sano aspirar a que ellos sí que lo sean. En no complicarnos la vida sin necesidad.

Y qué hago con mis tardes libres…

Imagen de Huggiesclub.es

Un día.

De aquí para allá, corre, sube, entra, sal de trabajar a tiempo para no llegar ni tarde ni temprano a la guardería, recoge a la niña sin que se tire del carro por el camino que está mal visto, no pierdas tiempo en la compra (las cajeras no son tus amigas y no les interesa por qué llora tu hija), no te olvides de la lista para el súper, siempre hace falta lo que no has apuntado, recuerda llamar a tu abuela, ten a punto la ropa para el día siguiente, toca poner la lavadora, no mezcles color y blanco, hazte la comida para la semana, separa el plástico y el vidrio de la basura, explícale a tu hija por qué no se comen las puntas de los rotuladores, dibújale doscientas flores de varias clases y tamaños hasta que por fin se canse de los plastidecores, revisa el correo por si entra algo muy urgente que no podrás hacer, contesta algún email intrascendente que te apetece tan solo por hacer algo intrascendente mientras te apagan el ordenador en medio de una frase, no repitas en la cena de la niña lo mismo que le han dado de comer ese día, termínate tú su cena para no tener que tirar lo que se deja, no pises los miles de cacharritos de cocina, piezas geométricas, muñecos calvorotas y libros de imanes que inundan el suelo de la casa, si evitas un esguince mejor que mejor, no te pongas nerviosa si ella sí pisa o en su defecto se lanza varias veces encima de los miles de cacharritos de cocina, piezas geométricas, muñecos calvorotas y libros de imanes que inundan el suelo de la casa, comparte con tu «santo» el momento del baño entre charlas, patitos de goma, llamadas varias de teléfono o castigos «mirando a la pared» , canta la canción de «a guardar» para que tu hija recoja los miles de cacharritos de cocina, piezas geométricas, muñecos calvorotas y libros de imanes que inundan el suelo de la casa, persíguela por todas las habitaciones para encasquetarle el saco y meterla en la cuna, róbale un par de besos en todos los morros antes de irse a dormir, despídete sintiéndote culpable por sentirte aliviada de que por fin se vaya a dormir, cierra la puerta sin mirar atrás mientras suena la musiquita del intercomunicador y….

Desconexión cerebral.

El invierno vendrá, casi en primavera

Reconozco mi profunda admiración y respeto por George R. R. Martin. Este buen hombre me está regalando algunos de los mejores momentos ilustrados de los últimos tiempos. Y es que la saga de «Canción de Fuego y Hielo» es de esas lecturas que cuando das por terminada es como si despidieras a alguien de la familia, has pasado tantas horas viviendo y sufriendo con y por ellos, conoces sus fortalezas y sus debilidades… Y todo ello con una narración ágil, bestia diría yo, y mucho más terrenal ,y sucia, que algunas de las obras de fantasía más conocidas, como «El Señor de los Anillos», en la que Tolkien consiguió no solo plasmar con belleza una epopeya de culto, sino también recrear un universo bastante más complejo y elaborado, y por ello también mucho más denso y duro.

No podría elegir entre una y otra, entre otras cosas porque la de Martin todavía está incompleta (tiene a medio mundo salivando a la espera de que consiga terminar la saga, todavía le faltan tres de las siete proyectadas). Pero desde luego en cuestión de sensaciones, la de éste último es mucho menos poética, menos compleja en sus descripciones, menos historiada. Pero lo que pierde como obra de referencia de la literatura universal, lo gana como aventura trepidante, como retrato de las emociones humanas, con unos caracteres fuertes, de contrastes salvajes, de diálogos rápidos y punzantes, y en los que no hay lugar para mucha poesía y sí para mucha sangre.

Dicho esto, espero con «ansia viva» el estreno de «Game of Thrones» el 17 de abril en HBO, una cadena norteamericana que me ha reportado más que alegrías durante el último año: Mad Men y Rubicon son dos obras maestras en dosis exquisitas de 40 minutos que han compensando con creces mi escasez de tiempo y de ganas para vez películas de dos horas del tirón.

Por ahora me conformo con las «promo» que van soltando como anticipo y en los que podemos ir conociendo el casting, del cual a día de hoy tan solo tengo un pero: la elección de Sean Ben como Eddard Stark, el patriarca de los «lobos del norte», no sé aún si me parece acertada o no. No dejo de verle como Boromir. Y no sé si eso es o no recomendable, precisamente por los paralelismos épicos de ambas historias. Cierto es que estos dos personajes no tienen nada en común, por lo que quizás sea una buena oportunidad para este actor para demostrar que puede superar estas expectativas. Lo veremos.

Y solo confío, y rezo, para que en este trasvase a la pequeña pantalla sus responsables sean fieles a la historia, que lo merece, y no sacrifiquen ni tramas del libro ni personajes en pos de la espectacularidad o, peor, de la audiencia, como ha pasado con The Walking Dead donde la invención de hilos argumentales mucho más «sentimentaloides» y de personajes salidos de la nada (y no quiero hablar de cierta residencia de ancianos porque me enciendo) me obliga a plantearme si cualquier parecido con los cómics en los que en teoría se basan no será más que pura casualidad.

Por dios, que llegue ya el invierno, y que cuando lo haga, sea en condiciones, porque en esto sí que HBO se la juega. No están revisando cualquier panfleto polvoriento de una biblioteca escondida, sino una de las obras más leídas de los últimos años, una de las imprescindibles para los amantes de la literatura fantástica. Todo un reto.

James Blake: lo mejor del día «on»

Lo bueno y lo malo de Internet es que hay de todo (como en botica).De igual forma que, cada día,  deberíamos ponernos el reto de encontrarse algo positivo en nosotros mismos (un poco de autoayuda de vez en cuando no viene mal), y de encontrar algo digno de reseñar en los informativos de la Sexta, si es que eso es posible, también deberíamos elegir con la misma frecuencia lo mejor que hemos encontrado en nuestros periplos por la red.

Hay días en los que te sale todo bien. En el Spotify te salen mogollón de canciones chulas, piensas algún claim y las palabras acuden a ti como si llevaran años esperando a que las rescatases de ese universo virtual llamado «Sitio indefinido en el que se encuentran las palabras adecuadas justo para eso que estás pensando», das con unos cuantos artículos interesantes en twitter que milagrosamente no tratan sobre el Community Manager o la Ley Sinde,  tienes pasta en la cuenta y pocos marrones en el inbox del Outlook… Y encima, para rematar tu buena suerte digital, vas y encuentras algo que merece con creces que lo denomines como «lo mejor del día en Internet». James Blake es mi acierto del día, con un vídeo muy interesante y una canción extraordinaria ( que ya había cantado Lykke Li, otra de las buenas) que HAY que escuchar con un buen equipo de sonido, o en su defecto con unos auriculares medio decentes, porque el efecto es para quitar el hipo. No digo más.

Y lo de encontrar una noticia «noticiable» en La Sexta es tarea imposible, lo siento, se tenga el día que se tenga.

Disfrutad.

¿Son posibles el ahorro y el consumo responsables?


Sus ahorros pueden cambiar el mundo

El hecho de currar para un banco, aunque sea indirectamente como es mi caso, puede parecer un tema árido y poco atrayente. Lo es, al menos para mi.

Pero he de reconocer que algo bueno tiene. Y es que aprendes de temas bancarios, esos conceptos abstractos y difusos en los que lo único que suele quedar claro es la de comisiones que se pagan y el dinero que palmas. Ah, y que como en los casinos, la casa siempre gana.

Y esto da mucho que pensar. ¿Es realmente necesario que depositemos todos nuestro capital en los bancos? ¿Vivimos mejor con varios depósitos, fondos de inversión, planes de pensiones y cuentas nóminas distribuidos por donde pasamos y nos dan más regalos? Si he aprendido algo en estos meses es que cada vez lo veo más prescindible para llevar una vida satisfactoria. Sobre todo porque nadie te da más por tu dinero y sin embargo te crean una necesidad artificial de más interés, siempre de más… Cuando la realidad es que salvo que seas un as en asuntos bursátiles y tú mismo controles tu economía no vas a aumentar tu capital gracias al banco. Y para eso hay que saber mucho, y estudiar, y tener suerte, como en todo.

Total, que ha llegado el momento de plantearse otras alternativas (ya que a la vista está que las soluciones actuales no nos llevan por muy buen camino). Y pensando esto me encontré con un banco diferente, Triodos Bank, que predica el ahorro responsable y algo que, a primera vista, parece utópico: una banca ética y sostenible: «Un banco independiente que financia empresas e iniciativas que, además de ser rentables, mejoran la calidad de vida de las personas y respetan la naturaleza«. Sin conocerlo ni ser cliente aún, al menos me presenta una respuesta diferente, que por lo que veo no me vende el más, sino el mejor.

Y precisamente en este sentido va mi recomendación de hoy: el documental «Comprar, tirar, comprar» de Cosima Dannoritzer, que emite la 2, como no, mañana 9 de enero a las 22:00 horas, sobre la obsolescencia programada, es decir, sobre los artículos tecnológicos con fecha de caducidad decidida por el fabricante: desde las bombillas que ya tenían una vida delimitada para forzarnos a comprar una nueva hasta cualquier electrodoméstico y objetos de consumo masivo.  Además, en el programa de RNE1 «No es un día cualquiera» mañana a partir de las 09:00 debatirán precisamente sobre el consumo en relación con este documental.

No sé si este documental, o el banco Triodos, o muchas más alternativas que van llegando accidentalmente, servirán para cambiar conciencias, pero al menos si nos mueven a cuestionarnos si lo que hacemos con nuestro dinero, si nuestro consumo es el adecuado, o si simplemente es necesario.

Vodafone, o cómo provocar la baja de sus clientes en menos de 2 minutos

Me quedan 3 meses de permanencia con vodafone. Y hasta aquí puedo leer…

Nunca he tenido problemas con ellos, y a pesar de las malas experiencias de mi alrededor no había sentido la necesidad de dar el portazo, entre otras cosas porque como en política, los hay malos y muy malos, así que no sabes qué es peor…

El caso es que estrenando mi nuevo y flamante super teléfono galáctico, regalado y libre como el viento, recibí el mismo día en que inserté mi SIM vodafone un sms confirmándome que la tarifa plana de internet móvil de 15€/mes ya estaba activada. ¡Leche! ¿Y yo cuándo la he solicitado? Porque a pesar de los años que pasan, recordaría haber pasado por el 123 y sus amabilísisisimos agentes para contratarla… Pues no lo recuerdo, no. Va a ser que me la han colado cual subida de la luz o la repetición de Pretty Woman en la 1.

Asombrada, aunque no mucho, llamo al 123 para desactivarla, que es lo normal, no quieres algo, pues lo dices y punto. Me atiende un gestor (que da igual de donde sea pero la educación se la dejó en su casa, lejos o cerca…) y sin pedirme el número de teléfono siquiera me contesta muy tajantemente que no se va a desactivar, que yo he aceptado esa tarifa al comprar el teléfono. Le contesto, cuando me deja, porque va como una metralleta el hombre, que es libre y regalado, así que pocas cosas he tenido que firmar yo (aunque en la práctica he firmado un contrato virtual con mi «santo» para dejarle ver los goles del madrid en su pantalla), y que, por tanto, ni estaba avisada ni estoy conforme ni pienso aceptarla. Bueno, pues que si quieres lentejas…

Le digo que me pase con un responsable. Y que no le da la gana.

Le digo que me pase con bajas. Y que no le da la gana tampoco.

Eso sí. Antes de colgarme, muy diligentemente, me dedicó estas bonitas y apresuradas palabras: «No se le va a desactivar esa tarifa porque está haciendo un mal uso del teléfono al ser libre». Toma ya.

A lo mejor se pensó que yo, con mis manitas, lo he liberado y soy una pirata. Que también.

Pero mi santo da fe de que éste no es el caso. Y no creo que a HTC le parezca demasiado bien que Vodafone vaya diciendo a sus clientes que si les has comprado directamente a ellos uno de sus maravillosos teléfonos  es que ¡eres un ilegal!

La cuestión, sin dispersarme, es que volví a llamar. Y la siguiente muchacha me desactivó la tarifa. Así. Sin más. Sin preguntarme si era libre o esclavo. O llamarme pirata y mala usuaria.

Y no sé qué es peor: si el pésimo servicio de atención al cliente, o el abuso de activar una tarifa a diestro y siniestro aunque el usuario no la haya pedido, ni tenga intención de usar internet en su super móvil. La excusa que da Vodafone para la activación automática es que es para prevenir sustos en la factura de fin de mes. Ah, pues muchas gracias, pero si tanto se preocupan por mí, mejor que me manden un jamón para navidad, y un sms informándome de que si no quiero el infarto del siglo a fin de mes que puedo contratar tropecientas tarifas en su web… ¿no?

Pues no.

Así que, una servidora, en 3 meses hará su mutis por el foro. ¿Alguna recomendación?

PD. ¡¡¡¡Qué peazo de máquina el HTC Desire HD!!!!

El libro del 2010

Al hilo de este post de Guillermo de LPD, he empezado un post con la intención de recopilar los libros que he leído este último año, ya año pasado. Me ha movido en parte la curiosidad porque nunca se me había ocurrido hacer una lista de lo que leo. Pero sí, el resto de la motivación me ha venido por pura vanidad, que diablos. Porque seguro que he llegado a los 50 libros, me he dicho. Aunque luego yo misma me he contestado: ni de coña, como mucho me quedo en los 30…

En serio que he empezado pero he de reconocer que he parado cuando iba por los diez primeros; me estaba aburriendo muchísimo. Sobre todo porque no recuerdo bien los nombres de muchos, y eso supone una búsqueda laboriosa en la red, en la biblioteca de mi kindle, en mis estanterías… y también quiere decir que unos cuantos han pasado sin pena ni gloria, así que tal vez sea mejor que sigan en el anonimato cerebral.

Viendo mi total  y manifiesta incapacidad para esta simple tarea, me he hecho el firme propósito de ir tomando nota de todos lo que me lea este año para que luego no me venza la desidia como me ha pasado hoy, y que este ejercicio de auto-complacencia intelectual (leo un montón, yo lo sé, y tú debes saberlo ejem) no sea una tortura china no solo para los demás, sino también para mí.

Vamos, que no puedo cumplir el reto de los 50 libros, pero cual Barney en sus mejores momentos, ¡acepto el reto!

Y en cuanto al título del post, que para eso está, mi libro del 2010 ha sido este:

At home, de Bill Bryson. Un relato muy ameno, como siempre en el caso de este escritor, sobre la historia de los hogares y todo lo que los compone: desde la composición y división de las distintas habitaciones,

hasta su contenido, todo lo necesario para llegar a formar la casa como la conocemos hoy en día. Plagado de anécdotas hilarantes, después del genial Breve historia de casi todo, Bryson lo vuelve a conseguir: una novela apasionante de temática imposible y que una vez has terminado no puedes dejar de recomendar a todo el que conoces.

Mención especial para la saga de Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Este año he leído los dos primeros y me tienen entregada. Comparan esta historia con la del El señor de los anillos, pero para mí no tiene nada que ver. Es mucho más realista, menos magia y más brutalidad, mucha menos descripción poética, menos canciones élficas y más traiciones y personajes llenos de claro-oscuros. Simplemente geniales los dos primeros, y contando, porque ya voy por el tercero.

Además, en la sección de cómic me he vuelto a sentir pequeña con el genial 13 Rúe del Percebe. Lo mejor de lo mejor.

Y ha habido más. Pero no mejor, seguramente.