Aguantamos, aguantamos…

Hay cosas que no deberíamos tener que aguantar, y en esta canción se mencionan muchas de ellas.

Pero más allá de todo lo que nos pesa y nos oprime, me quedo con la fuerza que escondemos tras nuestras debilidades y caídas.

Aguantamos porque somos más fuertes.

Y en algún momento, los pueblos, las personas, todos, nos levantamos. Y luchamos.

Yo la estoy perdiendo. Es un hecho.

De ayer a hoy ya me noto la cabeza como más vacía, con menos fundamento aún si cabe, y hasta me cuesta recordar en qué episodio de las trescientas series que sigo voy, jjjjjj.

Un desastre, oigan. Este 2014 está siendo maravilloso, pero también me ha colocado en una carrera de fondo de lo más apasionante, y ya voy con la lengua fuera y las ojeras colgando. Y solo estamos en febrero!!! No me quiero imaginar cómo voy a estar en diciembre.

Por eso mi post de hoy (esto suena como si escribiera a diario, ¿eh? mola hasta imaginarlo, jajajaja) va de remedios para no perder más neuronas y cabeza, cuando, como es mi caso, no tienes ni tiempo ni dinero para irte de escapada a las Bermudas (por poner un sitio, vamos) y que un . Así que estas son las cosas (no están en orden de prioridad, ojo) que creo yo, y cualquier ente sometido a presión igual a superior a su masa corporal deberíamos hacer para no morir dentro de una oficocina como la mía devorados por el trabajo o las obligaciones diarias:

1. Irme una noche a cenar con mi santo y empaquetar a los niños a algún alma caritativa :)

2. Quedar con mis amigas a tomar cañas y reírnos muy alto de algún tipo que esté por allí hasta que nos echen del bar.

3. Tirarme al suelo a jugar con mis hijos y que me metan el codo en un ojo o me aplasten la nariz con un pie. Eso mola siempre.

4. Apagar el teléfono y el ordenador a las 20 horas. Esto debería ser por ley, en serio. Aunque ciertas conversaciones nocturnas de whatsapp no tienen precio como desestresantes!

5. Repetir la 1, 2, 3 muchas veces mientras la 4 está siempre activada :)

6. Escuchar música y cantar a gritos.

7. Hacer tartas de chocolate.

8. Comerlas con amigos y familia. Ya sea visitando o en casa, como sea, pero con mucho chocolate y muchos amigos. También valen fabes o galletas, o paellas, o cualquier excusa comestible. La cosa es quedar. Y comer jjjj.

9. Escribir más… O dedicarle más tiempo a lo que le gusta a uno….

10. El yoga: está en último lugar pero podría el primero. Imprescindible para mantenerse un poco cuerdo en estos días revueltos :) Y mira que una servidora es poco espiritual, pero no puedo sino aconsejarlo a todo el mundo, tanto física como mentalmente!

11. No hacer listas de 10 cosas :D

Y tras el momento “consejos que no seguiré” aquí va el vídeo de hoy, una canción que vale para gritar y hacerlo muy alto, además de ser estremadamente bonita.

¡A cuidarse!

luchaHay dos meses chungos en mi calendario existencial. Y son, sin duda, septiembre y enero.

El primero lo es porque, sí, ahora la vuelta al cole tiene otro significado, pero durante la primera parte de mi vida, ese mes significaba dejar el verano atrás, las vacaciones, las noches fuera mirando las estrellas, la libertad… Ahora septiembre es más un mes de recomposición corporal, de peluquería tras dos meses fuera, de volver a sacar la agenda teniendo de nuevo las mañanas libres, de vuelta al mundo real, si se puede ver así el mandar a las criaturas con la cartera y el baby a sus clases. ¡Bendito colegio!

Enero… Enero sí que es una bestia parda.

Enero el mes de los propósitos, firmes o no, y con los que rubricas tus primeros pasos en el año. Es el mes del voy a cambiar el anterior porque voy a ser mucho mejor. Voy a ser una versión mejorada. Es una oportunidad nueva. Una start fresh and clean… Y esto no deja de ser una presión tremenda!

- Hacer más ejercicio. Bueno, corrijo, hacer ejercicio! Eso sí, no cederé a las presiones del running, amigas, no. No me gusta correr, no me importa que esté de moda. Ahora que le he cogido el gusto al yoga, me conformo con no dejarlo!

- Alimentarme algo mejor que el año pasado. Las prisas juegan una mala pasada y a pesar de mis buenas intenciones y de comer en casa, he dejado de cocinar lentejas y ahora me conformo con las sobras de la cena de ayer, un bocata de mortadela o el sándwich de nocilla (bueno, en casa somos de nutella, jjjj) que se dejó mi hija el día anterior. Un desastre. No, no es que sea una cuestión de peso, pero el otro día me dio por curiosear esto del peso ideal, y hasta la misma web me recomendó que me alimentara mejor! A ver, a ver, qué os sale a vosotros, a ver si coméis mejor que yo! jjj

En mi defensa diré que he comido saludablemente durante décadas, así que seguro que he acumulado “salu-puntos” hasta que pase esta etapa de frenesí y prisas en mi vida. Si no me convenzo yo…

- Volver a leer como una descosida todo tipo de libracos, ensayos incluidos, y no dormirme a la primera página que abro. Sigo siendo un vegetal intelectual y a las diez de la noche ya ni vegetal!!! No me llaméis nunca a esas horas por teléfono o abriréis las puertas de Mordor, amigos…

- Ponerme tacones más a menudo. Sí, duele. Sí, un día de estos me voy a matar bajando las escaleras del metro. Pero, sí, es totalmente imprescindible que reeduque a mis plantas. Se me han aburguesado a base de calzado plano, que las veo.

- Organizarme mejor o dejar de estresarme. Esto es como la fórmula de la coca-cola, porque lo intento, lo intento y al final siempre acabo corriendo: para entregar una propuesta, para recoger a los niños, para llegar a una cita, para lavar los cacharros. Vamos, lo que nos pasa a todos, que yo también os veo. Y en enero siempre, siempre, pienso que tengo que hacer algo mejor para no llegar con la lengua fuera a todos lados. Pero en diciembre siempre me doy cuenta de que la única solución para esto sería que tocara la lotería y tener más servicio que la Presley.

- Jugar más con mis hijos. Esto me tortura, y no lo digo en broma. Porque no hay día en el que no lo piense, y en enero, con tanto juguete nuevo a nuestro alrededor, es mucho más evidente. Y más cuando mi hija me dice que por qué no juego más mientras aporreo el ordenador en la cocina…Miro la pantalla, miro a mi hija. Pantalla, mi hija. Mi hija, pantalla. Y se me plantea un dilema de los buenos… Este sí que es un propósito pendiente. Y de los buenos, el más importante de todos.

En enero, cada año, enero empieza con una férrea lucha entre mis propósitos y yo misma.Y os diré una cosa, para bien o para mal, ¡yo siempre salgo ganando!

Y para ilustrar el textaco os dejo con una lucha muy a lo Jim Henson que me encantó…

El Rey y yoAviso: este post no es apto para seres sensibles y amantes de las Navidades y sus tradiciones, en concreto, de las que tienen regalos como fin. 

Madre mía, yo creo que hoy me da un infarto…

A mí esto de los Reyes me gusta mucho. Es un momento precioso que en mi familia hemos mantenido y espero que mantengamos como una ocasión para reunirnos todos, dormir juntos y levantarnos rodeados de niños y regalos. Pero reconozco que, con dos lechones, con vacaciones escolares y dos semanas con ellos en casa y mis nervios como escarpias, o depuramos nuestra técnica y logística o voy a tener que subcontratar, o pasarme a la especie “atea” en esto de las costumbres navideñas.

Antes no pasaba, la vida era sencilla y despreocupada, pero ahora llegar a Reyes con niños a cuesta (una en la chepa y otro en la teta, literalmente) es como el IronMan de la paternidad, por lo menos para mí. Lo reconozco. La falta de tiempo y los problemas de logística convierten este día en una gynkana de las buenas, amigos, y mi santo y yo estamos que no llegamos!

Cosas que lo convierten en un infierno:

- Las multitudes con bolsas en las manos me provocan cada vez más pavor. Todos los años me digo, éste lo haré antes. Y todos los años peco de tardona. Y me uno a la masas en movimiento en busca del regalo perdido.

- Los centros comerciales son el mal, con todos mis respetos. Tienen un efecto campana que amplifica los nervios, el cansancio, el mal humor, los niños lloran, se tiran por los suelos pulidos, te asaltan en los pasillos vendedoras casi pre-adolescentes, más pintadas que el Rey Negro no Negro, para arreglarte las uñas (que sí, que te hace falta pero como que no es el día!) y llega un punto en que estás hasta los mismísimos de entrar en tiendas y solo buscas la bajada al garaje como forma de escape de esa pesadilla iluminada y llena de confeti.

- Este año ha proliferado una subespecie en los centros comerciales, que he venido a denominar “esas cosas gigantescas y horribles”, y que no son otra cosa que animales gigantes y muy feunos, que se mueven a velocidades variables, sobre los que los padres posan gentilmente a sus criaturas para así recorrerse el centro comercial atropellando a otros padres desquiciados porque sus hijos también quieren montar en “esas cosas gigantescas y horribles”. Ni siquiera he preguntado el precio del paseo sobre el animaloide, me horrorizan y seguro que encima son caros de la muerte. No, no y no.

- Los reductos para dejar niños. Son inventos de los directores de centros comerciales para que los padres dejemos a las criaturas a buen recaudo, o al menos, entretenidos, mientras los padres consumimos ferozmente y como salvajes. Ese es un plan. Nunca lo he usado. Pero el otro día pude comprobar una modalidad o variante B de la anterior: reducto donde dejas a los niños, PERO no te puedes ir a comprar o a tirarte de una escalera autómatica si te place, no. Lo gracioso es que la casi pre-adolescente, infra-pagada seguramente, con gesto huraño y que está gritando “tengo unas ganas locas de aguantar a mocosos que te cagas” mientras se planta la camiseta de Pocoyó como uniforme, te dice que no, que no te puedes ir y que tienes que estar a menos de medio metro del reducto mientras las criaturas juegan dentro. Anda, pues mira. Si me lo dices así, pues nada, bonita, me quedo.

- Los Reyes Magos itinerantes. Bueno, quitando que al 30% de los niños les da pavor ver a estos personajes sedentes, y la mayoría con barbas de pega, o pintados de negro, horror, pues qué voy a decir, es una tradición por la cual creo que hasta yo de criatura he pasado, y creo que sin trauma alguno. A mi criatura no le pidas que hable con alguien con quien tenga una relación más bien cercana, ella es muy suya, ahora, fue ver al señor éste del atuendo festivo, y mira, que le contó su vida y milagros sin ninguna pega. Por supuesto, para recibir los dos caramelicos que el abuelete le entregó tras un discurso al oído de mi criatura que aún no he conseguido que me reproduzca y que me intriga bastante…

Podría seguir con mis cuitas, he acumulado resquemor durante mucho tiempo sobre esta época como para dos blogs y medio. Pero me temo que tengo que seguir envolviendo regalos, escondida en mi cuarto, claro.

¡Feliz Noche de Reyes, amigos!

Foto: Nikon 1 J2 en modo automático,

Se acaba el 2013.

Se marcha como mi agenda de este año, destrozadito, sin más aguante ya, ni más hojas donde apuntar lo que queda por venir. Que será mucho.

Se va el 2013

Y sí, por supuesto, la foto de agenda defenestrada es uno de mis intentos de hacer fotos decentes, con la Nikon 1 J2. Y oye, que no me ha quedado tan mal, ¿no?

Se va un año duro, de mucho trabajo, de poco descanso y de valiosas lecciones (ya dicen que se aprende más de las equivocaciones que de los aciertos). Un año en el que a pesar de todo he tenido maravillosas experiencias, tanto personales como profesionales. Han aparecido personas increíbles en mi vida que me han hecho cambiar la perspectiva y a las que estaré agradecida siempre. Y he comprobado el amor incondicional de los míos, de mi gente, de mi familia, la de nacimiento y la que he ido encontrado a lo largo de los años. Mi tesoro, sin duda. Y por lo que merece la pena destrozar agendas y dejar años atrás.

El 2013 lamentablemente ha sido un año, sobre todo, en el que hemos perdido libertades, derechos y muchos pasos dados durante muchos años. Donde nos han subido todos los impuestos “subibles”, donde seguimos siendo los mismos los que pagamos la fiesta, pero ahora los mismos somos más pobres y, básicamente, donde hemos retrocedido en nuestra calidad de vida. Nosotros y las próximas generaciones. Esto, así, bastante resumidito, que la versión larga ya nos la ponen a diario en los medios de comunicación.

Solo queda empezar el 2014 con nuevos propósitos, nuevos y mejores. Esperando que podamos salir adelante y llenar las hojas de la nueva agenda con realidades, con cambios, con un horizonte algo más optimista que el que dejamos atrás.

Mi propósito de hoy, está muy claro… ¡A por el 2014!

Un abrazo amigos y familia, gracias por haber estado aquí conmigo, porque sin duda habéis sido lo mejor del 2013, y ¡a por el 2014!

Desde que nació, le ha empujado, tirado cojines, lanzado objetos duros y contundentes a discreción, pegado puntapies y porrazos varios.

Ha dicho que no le quería.

Ha pedido que le devolviéramos al hospital unas cuantas veces.

Nos ha recordado que ella es la primera, la mayor y que por tanto le corresponde más cariño, más besos y más chuches.

Le ha quitado los juguetes de las manos aunque no pensara jugar con ellos, tan solo porque él no los tuviera.

Se ha chivado todas las veces y más de que ha pintado en el suelo con sus pinturas.

Le ha mordido un par de veces.

Le ha despertado de las siestas.

Se ha reído de él cuando se ha caído.

Entre otras lindezas…

Pero esta mañana, me ha preguntado por qué el pequeño nos quería más a mamá y a papá que a ella.

Y luego ha pasado esto…

Hermanos

No creo que cambie mucho la historia de un día para otro. Pero oye, por algo se empieza…

Foto: con lágrimas en los ojos, y con la Nikon 1 J2.

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