Esa “dulce” espera… ¡y una leche!

Hermanos, amigos, pródromos del parto varios e irregulares, muchos ya lo sabréis por experiencia, pero hoy tengo que afirmar que los días previos a dar a luz son, sin duda, una de las experiencias más surrealistas que la mujer se pueda echar encima…

Más que ver a Mario Vaquerizo ponerse las bragas de su mujer y luego afirmarse como un hetero muy macho. Más que el anuncio de los cristales gratuitos de VisionLab. Más, si es que eso es posible, que el “wi, wi” del anuncio del método ogino 2.0 de Clear Blue

Y, ojo, que no lo digo en plan, “dios, me quiero morir, ¡¡¡sácadme esto ya de una vez!!!!” (bueno, un poco sí), ni tampoco como “¡¡ohhh, como adoro ser mujer en estos momentos de realización personal y corporal y cómo estoy disfrutando con cada puñetera contracción!!”

No, no lo veo ni de una forma ni de la otra. Y conste que ver, lo que se dice ver, no es que vea mucho, salvo un tripón inmenso que me ha fagotizado como persona, como mujer trabajadora y como ente cotizador a la Seguridad Social. Tripón que se va adelantando cual señal luminosa con fanfarria incluida a mis pasos y que se ha convertido en mi tarjeta de presentación allá donde voy, ocasionando que esté donde esté, me conozcan o no, y me apetezca a mí o no, se hable, OBLIGATORIAMENTE, de lo siguiente:

– La altura relativa de mi tripa (está bajísima, vas a parir aquí mismo… Ah, pues yo te la veo muy alta, aún te queda, maja).

– De lo puntiagudo de mi tripacono, que indudablemente demuestra que es niño. La ciencia es lo que tiene…

– De si llevo dos o uno solo o un regimiento de infantería, JA.

– De si estoy mejor ahora o peor que cuando nazca. Desde un “te vas a enterar con dos” hasta un “te vas a morir con dos”, dentro de esa horquilla, lo que queráis.

– De que tengo la cara hinchada y los labios como dos cantimpalos.

– De que no la tengo hinchada en absoluto y estoy como una rosa de pitiminí (estos son los menos, que conste).

– De que he engordado mogollón y parezco un engendro marino en peligro de extinción por los millones de bolsas de basura que pueblan nuestros mares y de que no me voy a recuperar nunca, nunca, nunca…

– De que no he cogido nada más que tripa…

Para terminar hablando del parto/partos de las contertulias quienes, sí o SÍ, terminarán contándome si se les descolgaron los bajos al nacer su cuarta criatura, si los puntos se le infectaron hasta un tremendo reventón de pus sanguinolenta en medio de la boda de la cuñada, o de si la protagonista de la peli gore en cuestión casi se muere del dolor y cómo se rajó viva al expulsar a su primogénito de ocho kilazos sin anestesia y en plena calle porque no le dio tiempo a llegar a la maternidad. Chúpate esa.

Y todo ese caudal de información detallada y expresa sin yo abrir la boca ni decir esta tripa es mía. Ni un mísero “no sé quién … eres y no me interesa nada lo que me estás contando, chata, déjame arrastrarme en paz y llegar hasta mi orilla…”

Además de este ataque social sin miramientos, que también puede ser una reacción alérgica a la humanidad provocada por las hormonas, el surrealismo preparto se extiende a la vida en general, que se vuelve un completo desbarajuste berlanguiano en esta sociedad cada vez más inhóspita y más incómoda para el ser humano: Facebook ¡¡¡Facebook!!!! sale a bolsa y el tipo ese con cara de monguer se hace de oro cuando lo que está pidiendo a gritos es un par de puñetazos por cerebrito y por abusón; estamos a punto de la intervención y nacionalizan Bankia, pagamos nosotros la fiesta y encima los mismos seguimos poniendo el culo;  nos las dan con los recortes a troche y moche en todo lo público, lo gratuito, lo sensato y lo que es justo y lo poco que queda por recortar son mis ganas de parir, ganas que, en cuanto llegamos a Urgencias y me dispongo a que me exploren a ver si a la criatura le han venido ya las ganas de ver Top Gear o la quinta temporada de Mad Men, se quedan reducidas a un par de centímetros de dilatación  y a un condescendiente “anda, márchate a tu casa, bonita, que a éste aún le queda una buena temporada para saludarnos con la manita”.

Y es que el niño no quiere salir, amigos, ¡no quiere y punto! Y también os digo, que no me extraña nada… porque para salir y ver el panorama…

Lo mismo, me he llegado a plantear en un momento de reflexión floja propia de una servidora, estamos ante el primer caso de embarazo regresivo de la historia y salimos en el próximo número del National Geographic junto a las hormigas zombies y la tribu de pigmeos caníbales recién descubierta en plena selva brasileña. En un giro sorprendente de la evolución humana, tipo final de Lost con su tapón del lavabo existencial, visto lo negro que está el panorama, la naturaleza se defiende ante los ataques externos de banqueros sin escrúpulos, el deshielo de los polos y los jóvenes espantajos de los bolsos de Loewe, y  en cuanto llegamos a los nueve meses, a punto, a puntito de salir, plofff, nos volvemos para atrás y el cuerpo, que es muy sabio, reabsorbe al feto en un intento último de supervivencia extrema…

¿Veis como esto es totalmente surrealista? ¿Y alguien le extraña que esta criatura no quiera salir con una madre que empieza a pensar estas cosas? Si casi estoy yo también por hacerme un sitio en mi macrotripa y esconderme del mundo en un ejercicio de contorsionismo de los míos…

P.D: A “mis” bloggers del #15J, ¡sois unas campeonas! La estáis montando fina filipina y, a mi criatura no-nata pongo por testigo de que, aunque sea en forma de chapa o de holograma, ¡¡estaré con vosotras!!!

De cobrar, si eso, ya hablamos otro día

A la amiga de una amiga de una amiga mía la van a despedir. O la han despedido ya. O le están haciendo un ERE, que ahora mismo es como que te hagan las mechas, unas ingles brasileñas o las cejas, vamos, lo más normal. Todos tenemos un conocido al que han pasado por la piedra salarial, o que está punto de pasar. Y ese afortunado que antes tenía la tranquilidad vitalicia de ser funcionario, ahora le tiemblan las carnes pensando en los recortes de sueldo, en las pagas extras menos o en las transferencias a las comunidades, momentos en los que definitivamente sí que ves tu vida pasar por delante en fotogramas, imágenes digitales o viñetas de comics, da igual el formato o el color.

En el parque, con los niños, después del tema del cole, que hasta que pase el momento estacional, seguirá siendo la estrella en nuestra horquilla de edades, el tema recurrente y más manido es “Y a ti, ¿cuándo te echan, Mari? ¡Miguelito, no te comas la arena! Y qué, ¿les has denunciado ya?.” Así está el patio. Y  el que no lleva meses luchando por la indemnización, de la mutua al psicológo, pasando por el INEM y el abogado y peleando, claro, con unos y con otros, está viéndolas venir mientras echan al 80% de la plantilla de su fábrica, o directamente lleva seis meses yendo al tajo sin cobrar su sueldo. ¡Seis meses!

Que hay que reinventarse, dice por ahí gente guay que bebe Aquarius en los bares. Pues sí, hay que reinventarse, machote, pero en otro país, me parece a mí. Porque lo que es aquí o tienes un cuñado en el Ayuntamiento y un padrino en el banco, o más te vale que lo que reinventes sea tu lista de créditos y préstamos.

Que hay que renovarse, dicen, crear negocio, innovar, tener imaginación, ¡emprender! ¡Coñe, llegamos a la dichosa palabrita! ¡Emprender! Y miren ustedes que lo digo como una humilde aspirante a empresaria, pero francamente, ya estoy un poco hasta los mismísimos rulos de que nos tomen el pelo con eso de que emprendiendo se sale de la dichosa crisis, amigos. Que nos venden la moto del emprendimiento como si fuera la panacea para que cinco millones de parados se busquen las habichuelas fuera del abrigo del papá Estado… Ay, espera, que olvidaba que los autónomos no tienen derecho a paro, ni a baja, casi, ni a jubilación, casi, ni a una vida, casi, es verdad, qué alentador, casi… ¡Ummm, qué ganas!

Sí, claro, por supuesto que emprender es genial, muy buena idea y muy satisfactorio. Que está muy bien ser tu propio jefe y que te puedas llamar gilipollas a ti misma en vez de a alguien casi de tu misma edad pero con seis ceros más en su sueldo. Pero insisto. No en este país. A lo mejor en Sillicon Valley, amigos, saben valorar un proyecto viable y encauzarlo, que ya no digo invertir, ¡que me conformo con no joderlo! Pero en España las cosas no funcionan así, me temo. Y eso que estamos rodeados de gente con ideas, y con ganas, y con proyectos interesantes. Un montón de talento que sube como la espuma por el cuello de la botellas hasta que ¡oh, merde! se encuentra como tapón a los inmensos culos de los gordos banqueros, de los ministros de Trabajo o de Industria o de Hacienda, o todos a la vez, que parece que se ponen de acuerdo para dificultar el curro de millones de pequeños empresarios y de autónomos con trámites engorrosos, impuestos a porrón, y toda una lista de torturas que debería recoger la mismísima Convención de Ginebra.

Pero ahhhhhhhhhhhh, no te olvides de que estás en España, colega, el país de los cuñados en el Ayuntamiento y el padrino en el banco, de los Gurtel, de los Cortina, de los Fabra, de los Millet, de los Urdangarines, de los millones de euros intercambiados entre señores con trajes en gasolineras, de las subvenciones a eventos deportivos que nunca se llegarán a realizar, de los Juegos Olímpicos que nunca se celebran pero para cuya candidatura pagamos religiosamente cada año, de las Cajas Mágicas y los 300 millones de euros que costaron y otros ejemplos indignantes de despilfarros urbanísticos que después del pastizal que han costado se cierran al público por falta de recursos o sabe dios por qué, de los aeropuertos en ciudades fantasmas, de las estatuas gigantescas y presupuestos desproporcionados, de los colegios públicos sin calefacción y de los recortes a diestro y siniestro y en el que, amigo emprendedor, si quieres un crédito o un boli del banco, ya si eso vas a tu madre y que te lo saque de debajo del colchón porque aquí, en tu negocio, no arriesga ya ni el Tato. Y que si haces un trabajo por el que pagas tus impuestos religiosamente, como un buen hijo de autónomo, tranquilo, que te comes los mocos porque a ti no te pagarán hasta que se desvele el misterio de la sábana santa, o de las caras de Bélmez… ¡Y no pasa nada! Porque estás emprendiendo, estás de moda, el Corte Inglés te va a dedicar un Día Fantástico y eres lo que se lleva, como el morado. Molas mazo.

Ya si eso, de lo de cobrar, hablamos otro día, majete…

Perdónenme el arrebato, es que dan ganas de darle la vuelta al mundo, a ver si vuelca toda la gentuza esa que nos da tanto por saco, y ya de paso, nos caen las monedillas. O las vueltas de la compra.

Medidas extraordinarias

Dice la gente que sabe que los tiempos de crisis son los más productivos artística y filosóficamente, o al menos, los más reveladores sobre la naturaleza humana… Nos ha fastidiado, listillos, como que cuando las cosas se ponen negras, negrísimas, no queda otra que apretar el culo o te quedas sin silla donde sentarte… Y claro, en cuanto nos ponemos a currar, algo termina saliendo.

Para mí esta crisis manufacturada viene a coincidir con la segunda preñez (¿o será al revés?) y lo de apretar el culo me viene estupendísimamente para complementarlo con los famosos “apretamientos” del amigo Kegel (para quien no sepa lo que son, que se lo pregunte a su parienta, amigas preñadas o ya paridas y que comparta sabiduría con el mundo, que a falta de una buenas bolas chinas, el Kegel hace maravilllas).

En las situaciones críticas hay que tomar decisiones críticas. Y en mi caso, entre las alteraciones hormonales, la primera criatura en plena ebullición corderil, lo que supone poner en marcha una locura de proyecto y no morir en el intento de aprobar un master inventado por el mismísimo diablo in person, tengo que reconocer que he adoptado una serie de medidas extraordinarias destinadas a mantener una mínima cordura, la justa para que no me retiren la custodia de mis criaturas, y que son, entre otras que me reservo por ser probablemente ilegales, las siguientes:

– La primera y más decisiva, he dejado de preocuparme tanto por “tontadas”. No sé si será la oxitocina que ya empieza a hacer efecto, que soy realmente una inconsciente, o una abandonada de la vida, pero sepan Uds que tengo una cortina cuyo dobladillo me está llamando a gritos desde hace quince días. Yo la oigo cuando paso cerca, ahí sibilina, que me llama: eh, tú, psi, psi, que soy tu cortina nueva del Ikea ¡y estoy arrastrando! Vale que no soy un lujo, pero mari, que empiezo a coger costra del roce con el suelo, ¿sabes? eh, ¿sabes? ehhhhhh!!!! Yo me sonrío indolente, como diciendo, sí, sí, tú llamamé, que hasta que me encuentres aún te queda… Si mi madre me viera me daría un sopapo de los históricos, pero mama, allá donde estés, mándame un par de manos extras y una espalda nueva para plegarme a cogerlo y yo te hago el dobladillo en un santiamén, que como diría mi criatura, yo saber, ¡sepo!

En el mismo cajón-desastre de vida marujil están las manchas-que-nunca-saldrán del baby o del chándal de la criatura.Y es que yo al principio frotaba. Y luego volvía a frotar. Y le echaba algo del bote rosa, y luego del verde, y luego del amarillo, y lo dejaba unas horas ahí en remojo, a ver si sucedía el milagro. Y a veces hasta salía un poco. Pero ya ni con esas… No sé de qué material radioactivo o/y extraterrestre estarán compuestas, pero hemos probado hasta a mandar una muestra al CERN a ver si esa gente que anda por allí con bata nos soluciona el enigma de las manchas de la guarde o ya de paso el origen del universo, que también podría ser.

Podría seguir con la limpieza de las persianas, o echar el Baldosinín en los azulejos del baño, o planchar las sábanas… Pero olvídense, me hacen falta ocho vidas más o reencarnarme en Urdangarín en sus buenos tiempos para que la menda se entretenga en esas menudencias…

– Después de la renuncia a ser super ama de mi casa y de renunciar a abrir mis armarios a las visitas, reconozco sin reparos y sin sentirme culpa alguna que mi vida intelectual/cultural/elevada y superpuesta ha sido secuestrada, sin rescate, ni fecha de liberación ni tan siquiera una nota en la nevera diciendo que se ha ido a por tabaco. Se ha ido, se ha esfumado igual que mi figura de odalisca embutida en estos pantalones premamá que ya han pasado por cuatro posaderas, incluidas las mías (viva el reciclaje).

Sí, mis neuronas han organizado un gabinete de crisis a lo Primavera Valenciana y están apostadas en la plaza del pueblo con pancartas mientras exigen entre algaradas algo novelado, una historieta, aunque sea cortita, un poco de ficción, algo de humor, o incluso una biografía… Más quisiera yo!!! Pero chicas, la vida es dura, y en mi cabeza no hay sitio para más porque peta. Así que os conformáis con la basurilla empresarial que os estoy inculcando y no os quejéis que al menos no os estoy torturando con manuales sobre el embarazo y sus consecuencias fisiológicas . Avisadas estáis. ¡Y ni una voz quiero!

Además, como trabajo en mi cocina, no me relaciono más que con mis compañeros de guardería, con lo que ya he asumido que mis temas de conversación son y serán en este orden: el colegio de los niños que hay que ir buscando antes de que nos den el público que no quiere nadie porque está lleno de outsiders (y al que tendré que ir a recoger a mi criatura con mi pijama, mi bata y mis pantuflas, que lo veo venir), la búsqueda de colegio de los niños y lo mal que se portan los niños mientras los padres les buscamos un colegio como dios manda.

Ah, y por supuesto, torturo a todo el que tengo ocasión con mis alocadas ideas empresariales. Con lo cual, siempre acabamos volviendo al tema inicial: el colegio de los niños…

– Y además, me planteo seriamente adoptar la sana costumbre de mis convencinos y salir en pijama al Ahorramás (y me falta solo un mes de embarazo para no caber en otra prenda que no sea esa y las mallas). Con mi pijama rosa, la bata bien anudada, mi moño-Winehouse, una criatura adosada a lo koala en un costado y el bombo donde debe estar, las pantuflas con pompones y los billetes de 500 euros escondidos en el sujetador de premamá. Virtualmente seguiré siendo un ente con algo de estilo, pero en el plano más palpable me dejaré llevar por la mezcla de etnias. Y que le den al mundo civilizado… total, si se va a ir a la mierda de todas formas, yo al menos iré cómoda con mis churumbeles por los caminos del señor…

Y bueno, podría seguir enumerando sandeces que hacen mi vida algo más llevadera pero mejor paro porque acabaría hablándoles del cole de mi criatura…

Y para qué queremos más.

Érase una incertidumbre a una mujer pegada

Maitena

Hay días en los que realmente me pregunto qué peli de Disney estaba viendo, o que tripi me tomé yo cuando decidí que podía ser a la vez una madre moderna, conciliadora, emprendedora, socializada y concienzudamente depilada. ¿Es que acaso no está bien solo con ser madre o profesional o moderna? ¿Es que no da suficiente trabajo, sufrimientos y padecimientos ingratos y silenciosos como las almorranas ocuparse y criar a los ternescos? ¿Por qué hay que ir más allá y seguir los impulsos esos de “eh, mundo, óyeme bien porque yo quiero desarrollarme también como persona, profesional y encima mantener una 38”? ¿Acaso no vemos que es una trampa?

Sí, amigas, y amigos, y mascotas domésticas que se hayan colado en nuestro foro. Es una trampa en la que nos metemos nosotras solicas. Nosotras, en fila india y de la mano como en el patio del cole. Una trampa de la que es difícil escapar una vez empantanada, como cuando te tiñes el pelo por primera vez pensando que luego hay vuelta atrás y tras un tiempo descubres horrorizada que para volver a lo que eras antes o te rapas a lo Sinnead O’Connor o te vuelves a teñir con otro color más oscuro. Vamos, un bucle devastador que te lleva hasta los 50 sin haber conseguido recuperar tu color original. Te jodes, por hacerle caso al señor Schwarkkopf ese…

Yo normalmente me siento toda una privilegiada. Ay, mari, me digo, qué guay es todo, como mola el mundo: vivo en la parte menos pobre del mundo, solo veo un par de redadas al día en mi barrio, tengo mansión propia y una familia a la que dedicarme en cuerpo y alma (ejem). Tengo una criatura estupenda y otra en camino (ay, la parejita!! que ilusión!, sí, sí….). He tenido trabajo desde que estaba en la universidad y solo ahora he descubierto lo que es el paro, algo que por otro lado y sin ser guay de ¡oye, pruébalo que es genial!, me ha dado la oportunidad de hacer cosas que nunca hubiera imaginado.

Pero ahhhhhhh, en esta espiral de qué bien, estoy en paro, ¡voy a aprovechar que ahora tengo tiempo! me he metido de cabeza, y demás miembros de mi anatomía en una experiencia laboral-experimental-alucinoide: el descubrimiento genial de otras posibilidades laborales y de unos repugnantes superpoderes escondidos como el de ser capaz de volver a preñarme (no se puede ser más naïve, amigos) meterme en un master of the universe y de los chungos, preparar las lentejas, darle el danonino del mercadona a la criatura con los pies y tender una lavadora a la vez sin cortocircuitar… Ah, por favor, y no te abandones, querida, que tu marido no te vea en chándal que le has perdido… (diooooooooos, no sé si vomitar o tragarme el vómito que es peor…..)

Puede que no sea políticamente correcto decir esto, pero hay días como hoy en los que paro un minuto de toda la vorágine, me miro en el espejo y me digo: ¿Sin cortocircuitar? ¿Seguro?

No sé, la verdad. Desconozco la solución ideal para encaminar esta vida. Las alternativas me confunden…

Si tengo que seguir el ejemplo de mi madre que abnegadamente dejó su trabajo para cuidar a sus hijas, su casa y su marido (y es simplificar mucho el proceso pero no el resultado), os digo, aquí y ahora, que antes cojo la maleta, la grande, eso sí, y me piro a Islandia o a otro sitio más lejos. No doy el perfil, lo siento. Aunque también reconozco que ,de primeras y gracias al prozac, tendría menos problemas conmigo misma y con el mundo que me ha hecho así, menos frustraciones (al menos ahora, al llegar la cincuentena ya es otro cantar, y otro post) cuando viese que sí, que lo mío es la lista de la compra, revisar la nevera, la plancha, coser las cortinas, tener las ventanas limpitas y a los niños con su calendario de revisiones del pediatra al día. Que no es poco.

También podía optar, por supuesto, por pasar de todo lo anteriormente mencionado. No haber tenido hijos, o ya que los he tenido, apechugar, y endosárselos con cariño a suegros, familia o personal externo en su defecto mientras una servidora seguía el camino establecido. Podía haber elegido fácilmente dedicarme a mi trabajo, desarrollar mis inquietudes y pagarme la pensión, coño, que está la cosa muy chunga… Pero, ¿a qué precio? ¿A costa de pasar nueve o diez horas en la oficina y no ver a las criaturas más que en foto? Tampoco es tan difícil en este país acabar así, a fin de cuentas la mayoría de los puestos de trabajo de este país implican una presencia enfermiza-obsesivo-compulsiva en la oficina, dándole forma a la silla con el culo y viendo las horas pasar. Y ya sabemos tristemente lo que pasa con las reducciones, las medidas sociales y eso que dicen que son mejoras para conciliar e integrar al binomio mujer/familia en la vida laboral (pfffffffffffffffffffffffffffffffff, una gran pedorreta para los que sonríen ufanos porque nos venden la igualdad: ¿igualdad?, ¡tu padre!). No digo nada nuevo si reitero mi mayor y enconado desprecio por éste, nuestro sistema laboral absurdo que impone a los trabajadores horarios ridículos que cubren como el chapapote todo el día y más allá, esas jornadas partidas con tres horas de comida, siesta y perejila, jornadas nada efectivas que no buscan la productividad ni los objetivos sino “chupaculismo” integral del quién se queda hasta más tarde… Algo huele a podrido en las empresas españolas, y no son solo los tuppers de la nevera, amigos.

¿Qué otra opción me queda? ¿Retirarme al Tibet a luchar contra los chinos mientras espero a reencarnarme en cono vaginal como expiación de mis pecados?

La realidad, a pesar de mis rabietas “cortocircuitales” ocasionales como la de hoy, es que no me queda otra que intentar encontrar una vía no explorada, un camino que nadie ha abierto para nosotras, Indianas Jones del siglo XXI en busca, no del arca perdida, sino de una vida digna, sin tener que cumplir en todas partes como si fuese la madre perfecta, mujer tersa, hidratada y debidamente rasurada, el ama de casa de la Sección Femenina de los años de Franco, y una profesional satisfecha, que no digo rica ni nada, digo al menos contenta con su trabajo.

Pido mucho, me parece. Y hay días, como hoy, en los que me preguntó qué va a ser de nosotras, mutaciones genéticas a medio camino entre Elena Francis, las yuppies, las JASP,  las hippies de Woodstook y el sello del Inem en nuestros cachetes izquierdos…

Sinceramente, suya, y hasta que me aclare… una incertidumbre a una mujer pegada.

Esta justicia “vacaburra”

Tal vez sea mejor que avise que en esta entrada puede haber vocabulario explícito empleado para ofender a cierto pintor y al contratista y a unos cuantos señoritingos más. Mentes y espíritus sensibles hagan un pip mental cuando pasen por esos vocables y achaquenlo, sin duda, a la preñez avanzada y sus efectos primarios.

A lo mejor me meto en otro berenjenal. A lo mejor. Pero no me importa, mucho. Porque estoy muy cabreada.

Cabreada por una crisis que nos han plantao como si de un color de moda se tratase: esta temporada, bueno no, lo dos próximos años os vais a cagar todos porque España va a sufrir una recesión de cojones. Guardad vuestras esperanzas, vuestro optimismo y vuestras ganas de prosperar porque aquí solo lo van a hacer los mismos, osea nosotros, pero además os vamos a recortar todos los derechos que podamos. Porque es lo que os toca. Y os jodéis.

Cabreada por un país que no respira si no es para gritar GOOOOOOL delante de una pantalla o se encabrona con los pechos nuevos de la última rubia que haya salido con Guti (espera, es morena, no?). Nada moviliza tanto a este país como un clásico, como una pelota, como las declaraciones totalmente vacías de contenido de un señor que habla a los medios con los auriculares del MP3 sonando con la metralleta de DJ Tiesto de fondo. ¿En serio?¿EN SERIO?????

Cabreada, muuuuuuuuuuuuuuuy cabreada, porque al señor jefe pintor de los huevos no le ha dado la real gana de arreglarnos los desperfectos que ellos han causado al pintarnos la casa a medias. Eso sí, colega, te largas sin cobrar porque no pienso pagarte ni un euro después de haberte atrevido a insinuar que mi mansión, MI MANSIÓN es la causante de que la pintura recién echada se levantase tres días después de haber pintado. Mamón.

Muy cabreada esta semana porque un día sí y otro también confirmo el hecho de que se están riendo de nosotros, en nuestra cara.

El juicio de Marta del Castillo me dejó bastante escamada, lo reconozco. Esos padres, ese abuelo que no deja de levantar Andalucía buscando a su nieta… Y esos… esos, no tengo ni nombre que se acerque al desprecio que siento por esos bichos repugnantes que se han sentado en el banquillo y que han salido libres salvo uno de ellos que ha recibido una pena que con las patéticas leyes que tenemos en este país saldrá tan tranquilo cualquier día de estos. Indignante, estúpido, innecesario y vergonzoso que algo tan espantoso como un asesinato a sangre fría a manos de unos adolescentes de pendiente en la oreja y chandal brillante pueda salir impune.

Y ya calentita, me entero de que a Camps, ese hombre sonriente, después de haber oído toda España sus conversaciones de Esteso y Pajares comentando sus trapis con el Bigotes y los otros, le han dado la bendición y hala, a tu casita, majo a seguir jugando al golf y a las compritas, y ya nos pasarás el cheque a esta dirección. Aquí os digo, hermanos, que la indignación ya supera la línea de la película surrealista y que me entran ganas de ponerme a cantar como una loca en medio del supermercado, a lo musical de Broadway con plumas y lentejuelas (pero siendo como es de estratosférico y marginal mi barrio, ya imaginarán que lo haría con la bata de guatiné, el moño “awhinehouseado” y las zapatillas de estar por casa con pompón de pelillos rosas).

Esto es un circo, señores, un teatrillo, una farsa, una sombra, una ficción, como diría aquel… Y mientras juzgan con boato a Garzón sus propios compañeros, en lo que no me importa admitir que veo una total venganza de pandilleros setentones de trajes de a millón y morales abyectas, que se gastan nuestro presupuesto público en liquidar sus asuntos pendientes de patio de colegio, en vez de ocuparse de recoger la mierda de las calles, que ahí les quería ver yo, limpiando las aceras de truños gigantes y no calentando sus asientos de señorías. Vomitivo.

Y lo del Urdangarín, pfffffff, suma y sigue, que es presunto, como el jamón portugués. Y que no sé ustedes, pero que yo tengo claro, clarinete, que se va a ir de rositas y Coronitas con su colega, a seguir jugando al pádel y viviendo a nuestra costa como el resto de los Reales. Eso sí, que no se nos olvide a nosotros, oh mortales imbéciles y patéticos, presentar la declaración trimestral aunque sea a 0, o pagar nuestros pagos religiosamente a los bancos, da igual los que sean, porque a la semana como mucho, tendrás en tu casa una pila de cartas amenazándote y convirtiendo tu nombre en un chorizo más de noséquélista de morosos y la madre que los trajo.

Pero lo mejor, lo más de lo más vino ayer cuando escuché en la radio la historia de una vaca que hace 25 años mandaron a la cárcel porque el alcalde la pilló in fraganti pastando en suelo público de Baiona, aunque el dueño de la condenada sigue afirmando a día de hoy la inocencia de su vaca Pinta, que así se llamaba la protagonista rumiante. Y lo fuerte es que el animal ¡sí que estuvo encerrado!

Osea, que este pobre animal, cuyo único delito fue pastar donde pudo (sin entrar en si era dentro o fuera de la zona comunal) se casca 3 años de trullo y aquí el amigo sonriente de trajes regalados se pira encima con algún puesto ya en una directiva de por vida??????????????????? Pero estamos todos tontos o qué? (parece que en muchos de mis posts llego siempre a la misma conclusión, voy a tener que mirármelo…).

Sí,  yo me lo tengo que mirar, pero es evidente que la nuestra es una justicia muy “vacaburra”, digna de todos los calificativos más deshonrosos y escatológicos, que hoy me hace saltarme todas las normas de cortesía al escribir un post soltando improperios a diestro y siniestro.

Voy a serenarme porque tal y como están las cosas en una de estas me meten a mí un paquete por meter vocabulario inapropiado y viene el FBI y me cierra el blog. Ups.

¿Son posibles el ahorro y el consumo responsables?


Sus ahorros pueden cambiar el mundo

El hecho de currar para un banco, aunque sea indirectamente como es mi caso, puede parecer un tema árido y poco atrayente. Lo es, al menos para mi.

Pero he de reconocer que algo bueno tiene. Y es que aprendes de temas bancarios, esos conceptos abstractos y difusos en los que lo único que suele quedar claro es la de comisiones que se pagan y el dinero que palmas. Ah, y que como en los casinos, la casa siempre gana.

Y esto da mucho que pensar. ¿Es realmente necesario que depositemos todos nuestro capital en los bancos? ¿Vivimos mejor con varios depósitos, fondos de inversión, planes de pensiones y cuentas nóminas distribuidos por donde pasamos y nos dan más regalos? Si he aprendido algo en estos meses es que cada vez lo veo más prescindible para llevar una vida satisfactoria. Sobre todo porque nadie te da más por tu dinero y sin embargo te crean una necesidad artificial de más interés, siempre de más… Cuando la realidad es que salvo que seas un as en asuntos bursátiles y tú mismo controles tu economía no vas a aumentar tu capital gracias al banco. Y para eso hay que saber mucho, y estudiar, y tener suerte, como en todo.

Total, que ha llegado el momento de plantearse otras alternativas (ya que a la vista está que las soluciones actuales no nos llevan por muy buen camino). Y pensando esto me encontré con un banco diferente, Triodos Bank, que predica el ahorro responsable y algo que, a primera vista, parece utópico: una banca ética y sostenible: “Un banco independiente que financia empresas e iniciativas que, además de ser rentables, mejoran la calidad de vida de las personas y respetan la naturaleza“. Sin conocerlo ni ser cliente aún, al menos me presenta una respuesta diferente, que por lo que veo no me vende el más, sino el mejor.

Y precisamente en este sentido va mi recomendación de hoy: el documental “Comprar, tirar, comprar” de Cosima Dannoritzer, que emite la 2, como no, mañana 9 de enero a las 22:00 horas, sobre la obsolescencia programada, es decir, sobre los artículos tecnológicos con fecha de caducidad decidida por el fabricante: desde las bombillas que ya tenían una vida delimitada para forzarnos a comprar una nueva hasta cualquier electrodoméstico y objetos de consumo masivo.  Además, en el programa de RNE1No es un día cualquiera” mañana a partir de las 09:00 debatirán precisamente sobre el consumo en relación con este documental.

No sé si este documental, o el banco Triodos, o muchas más alternativas que van llegando accidentalmente, servirán para cambiar conciencias, pero al menos si nos mueven a cuestionarnos si lo que hacemos con nuestro dinero, si nuestro consumo es el adecuado, o si simplemente es necesario.