VDLN: Back to black

A veces cuesta mirar el mundo sin rencor, o sin pena. A veces dan ganas de no mirar más allá de nuestros propios problemas porque lo que hay más allá está lleno de violencia, de odio, de irracionalidad, de huidas hacia ninguna parte, de Le Pens o de Trumps o de muros y alambradas. De sonrisas que esconden dentaduras de oro, de apretones de mano que presagian malas alianzas.

De verdad que a veces cuesta no cerrar las ventanas, tirar la toalla apagar las luces y fundir a negro todo. A ver si así no se sufre más. O no ver a los niños muriendo mientras huyen de sus países a miles de kilómetros por guerras provocadas y alimentadas por nuestras armas, o nuestros intereses.

Cuesta, duele y es cansado. Dan ganas de no seguir mirando. Pero huir del fundido a negro es necesario. Y aunque nos cueste, tenemos que seguir mirando.

Porque lo que pasa fuera, en realidad también pasa dentro.

Viernes dando la nota

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#VDLN: Infancias re-felices

Todos queremos infancias felices para nuestros hijos. Del tener un coche y una segunda casa en la playa hemos pasado a que nuestros hijos sean felices como destino final (que no digo que la generación de nuestros padres no lo quisiera también, pero no estaba en su hoja de ruta).

Y salvando que es un objetivo loable buscar una vida mejor para nuestras criaturas, creo sinceramente que es algo imposible, además de objetivo errado.

Tal vez estamos demasiado preocupados por lo que los expertos consideran que es bueno, y lo que es malo. Tal vez dejamos que nos afecte demasiado lo que opinan los demás. Tal vez nos olvidamos de que el caos también es necesario. Los errores, los desacuerdos, los problemas y los callejones sin salida típicos de la vida. Que las certezas son como una vida Pinterest, bonitas para la foto pero cartón-piedra para sobrellevar el día a día.

Tal vez deberíamos pensar que ser feliz es algo subjetivo, temporal y diferente para cada uno. Que cada uno, en nuestra propia «Elige tu aventura paternal» apostamos por un camino distinto: más cosas, menos cosas, que no se aburran, que se aburran mucho, que pasen mucho tiempo con nosotros, que conozcan la introspección, que hablen chino y alemán desde el año, que no aprendan a leer hasta los seis, el monstruo de seis cabezas, la muerte segura, esas cosas…  En realidad nadie lo sabe con seguridad (bueno, a lo mejor, sí, y no me he leído aún ese libro, perdónenme, que gurús hay en exceso). Lo que sí tengo muy claro es que en nuestra búsqueda de la infancia re-feliz o feliz plus (porque feliz se nos queda corto para nuestros pequeñitos), nos metemos en los vericuetos del estrés añadido, la frustración, de la insatisfacción por ese objetivo inalcanzable.

No sé, la verdad es que yo no tengo ni idea de nada, ni siquiera sé cómo quiero el café cada mañana, así que aspirar a que mis hijos crezcan sin taritas y rebosantes de luz y unicornios me parece más difícil incluso que entender las pelis de Haneke. Supongo que en el reparto de taras compartirán las mías, las del santo, tendrán las suyas propias y aprenderán a querernos cuando se hagan mayores y se den cuenta de lo tontacos que somos, después de todo.

Y vosotros ¿tuvisteis una infancia feliz?

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VDLN: Todo lo que hacemos

¿Qué es para ti estar vivo? ¿Qué sentido tiene todo esto que vivimos? El dolor, la guerra, las injusticias que pasan a nuestro alrededor, de las que somos testigos, víctimas o incluso culpables muchas veces. ¿Por qué? ¿Para qué?

Hacer algo que deje una huella. Darle sentido a tus pasos.

Devolver a la vida un poco de lo mucho que me da cada día.

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VDLN: Lo pequeño

La fuerza de lo pequeño es mucho mayor de lo que pensamos.

Lo pequeño, lo simple, lo que no llama la atención en apariencia, lo que no relumbra y pasa desapercibido… Lo pequeñito, el detalle que no has visto pero que ha entrado en tu cerebro, que se ha escabullido entre pompa y fanfarria, y ha coronado tus sentidos con tiempo y paciencia, cual explorador que llega a la cumbre tras años y años de viaje y penurias.

Lo pequeño, amigos, es como esa lágrima que sala nuestra comida dándole el sabor fantástico de lo inenarrable, lo que no se cuenta, lo que queda en la memoria.

Lo pequeño es magia, es amor, es la caricia apenas percibida al cruzarnos por el pasillo. Es esa pestaña que resbala por mi mejilla hasta llegar hasta tus manos, donde bailará durante un rato para irse volando juguetona hasta quién sabe qué mundos imaginados.

Lo pequeño es tu voz al cantar bajito al que se ha quedado dormido.

Lo pequeño es el suspiro.

Lo pequeño es este post, pequeñas mis palabras. Pequeñas las penas al dejarlas marchar.

La magia de lo pequeño. El poder de lo sencillo, de lo simple, de lo apenas percibido, de lo que nos mueve…

¡Feliz #VDLN y disfrutad de lo pequeño!

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VDLN: La constante

Si has visto Lost, sabrás a qué me refiero con este título, sin todo el follón del viaje en el tiempo, claro, que aquí no tenemos presu para tanto guionista a tope de tripis.

Si no lo has visto, ay Penny, decirte que, siempre, pase lo que pase, y por mucho que te muevas, que te distancies de ese lugar, por mucho tiempo o kilómetros que haya entre medias, siempre acabas regresando a tu constante donde o con quien eres tú mismo/a, con quien recuperas la cordura. Con quien constatas que sigues teniendo los pies en la tierra, y sinceramente, te da igual lo que pase en el resto de la faz de la tierra.

Esa constante puede ser una persona que te ancle en medio del tsunami, o una casa donde recuperas los superpoderes, o una canción que te devuelve el oxígeno cuando ya estás cianótico. O esa magdalena de Proust. O tejer. O el peligro. O la adrenalina…

¿Esa constante podemos ser nosotros mismos? Pues a lo mejor.

En mi caso… A veces creo que mi constante es la inconstancia. Pero no… Mi constante está ahí, para cuando me hace falta volver a disolverme y dejar de ser este sinsentido con patas.

Y para ti, ¿cuál es tu constante?

¡Feliz #VDLN!

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VDLN: La fiesta pequeñita

Sin duda, hoy mi sonrisa baila al ritmo del día. Sin prepararlo. Y sin buscarlo.

Hoy bailamos descalzos, con los ojos cerrados y sin pensar más que en el suelo que pisamos.

Nos agarramos de la cintura y giramos hasta marearnos. Y nos morimos de risa. Y celebramos que estamos aquí, ahora, dando saltos como los locos que somos.

Feliz #VDLN y disfrutad en esta fiesta improvisada, pequeñita y sin mucho miramiento que hemos montado aquí, en cinco minutos.

Feliz baile…

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El coñacito del emprendimiento de serie

Mientras preparo mi VDLN para mañana, me salen los pensamientos así a borbotones al leer este post de Patricia Araque sobre la startup tranquila y sobre todo esta entrevista que mencionan a David Heinemeier, fundador de  Ruby on Rails y de 37signals además de experto sobre este tema, sobre su visión del riesgo y cómo está afectando a las startups en general.

Él opina que no es necesario arriesgar el todo por el todo a la hora de crear una empresa, que no es imprescindible ni sano sufrir para sacarlo a toda costa, y que no deberíamos olvidarnos de nuestra vida personal. Es una entrevista fantástica, llena de sensatez basada en la experiencia, y que, en serio, según la he ido leyendo casi se me saltan las lágrimas de emoción de outsider.

Por fin alguien que habla en voz alta sobre ir contra corriente, que el objetivo no DEBERÍA ser multiplicar por 1000 los ingresos en infinitas rondas de financiación en las que, por dios, ¿dónde sacas el tiempo para trabajar y hacer eso que querías hacer en un principio? Y además, no nos engañemos, salvo que te vaya la marcha, es, como diría mi querida Olga de Olga y Antuan, un coñacito pero de los buenos (al menos para mí!).

A ver si nos entra en la cabeza que no TODOS los proyectos emprendedores son iguales, ni deben serlo. No todos se crean con la idea de venderlas y crear otra nueva, para venderla a su vez, y volver a crear otra para seguir el ciclo de la startup… Resulta que ese círculo no es para todo el mundo que empieza un proyecto, que no todo el mundo quiere pasar por pitch elevator, buscar business angels, rondas de financiación, el break even, las aceleradoras y los que no tenemos por qué sabernos toda la terminología emprendedora para hacer lo que nos gusta y que no obligatoriamente pasa por ese proceso ya casi paquetizado y de serie de emprender, que ya es casi como montar un mueble de IKEA, y que no vender, ni tener socios capitalistas, ni ser escalable son síntomas de fracaso.

A todos nos ha pasado. A mí misma se me ha planteado muchas veces la ocasión de meterme en esta vorágine loca de números y carreras frenéticas para llegar a cifras que satisfacen las necesidades siempre de otros, no las mías, os lo aseguro. He hablado con inversores, con business angels, sobre procesos de crowdequity, de financiación, he estado a punto de vender (y perder) mi empresa, he optado a créditos y ayudas… He ido cogiendo caminos, que, en principio, eran de paso obligatorio para llegar a algún sitio que todo el mundo me decía que era al que tenía que llegar: el éxito. A fin de cuentas, ellos saben y TÚ NO (y ya se encargan ellos de hacerte partícipe de esta observación así sutilmente jjjj). Eso sí, a costa de hacer algo que a mí, personalmente no me satisfacía en absoluto, sacrificando además de mi tiempo en familia y vida personal, más aún, mis propios recursos, y encima perjudicando enormemente a mi trabajo, que sobre todo en la fase inicial de la empresa era el 100% mío y no contaba con nadie más.

Así que, pese a «pecar» de cabezona obstinada y de ilusa ignorante, y de dudar cada lunes por la mañana de ir tomando las decisiones acertadas (algo que nadie sabe a ciencia cierta) he ido desestimando una a una todas las opciones que implicaban algo que el amigo David alude muy certeramente en su texto: el riesgo y el sufrimiento. Ojo, que arriesgar he arriesgado y mucho, especialmente al principio y hasta empezar a tener ingresos. Y también he sufrido y mucho, para sacar adelante algo en base únicamente a mi instinto y no a manuales de MBA. Pero este sufrimiento y este riesgo estaban dentro de lo asumible, de aquello con lo que me he sentido cómoda y que podía controlar. ¿Corta de miras? Puede ser. ¿Me voy a hacer rica? Salvo que me toque la lotería, lo dudo. ¿Duermo bien? Muchísimo.

Y bueno, nadie dice que lo que yo he decidido sea lo correcto. Pero os aseguro que el éxito es algo tan relativo y tan personal que no podemos medir nuestra empresa, nuestro proyecto en función a cifras y métricas que otros califican como exitosos.

Simplemente porque, a lo mejor, para mí, vivir de mi «slow business» junto a un equipo creado en estos años, y sentirme feliz y cómoda con lo que hago, pudiendo dedicar tiempo a mi familia y a mi vida personal, a colaborar con causas que me mueven y me inspiran, y seguir teniendo ganas de hacer cosas nuevas y mejores cada día, es la medida de mi propio éxito, sin necesidad de ser un unicornio, o un genio de las finanzas.

Y con esto no digo que otros modelos no sean correctos o satisfagan a quien los pone en marcha. Supongo que tiene que haber de todo, ¿no? Lo que digo es que NO TODO EL MUNDO debe pasar por el mismo proceso ni los mismos resultados para sentir que está sacando adelante algo con buenos resultados. Que ser multimillonario puede ser un objetivo muy válido, pero no es universal, y no debería ser la medida de la realización personal.

Que no os vendan motos, ni unicornios. El éxito pasa por hacer lo que quieras, y a tu propio ritmo.

Y ahora os dejo, que tengo que tender una lavadora 😀 ¡Hasta mañana!

Pd. Este post es del 2016. En el 2020 que repaso este texto sigo opinando lo mismo. Y más aún. Puedes leer esto con un resoplido de fondo.

VDLN: Terapia de choque

Septiembre está aterrizando en nuestras vidas con la fuerza de un ovni de peli americana: proporciones desmesuradas y potencia infinita frente a los que el típico anti-heroe (que luego se descuelga como heroe de toda la vida) no parece tener ni una oportunidad.

Septiembre es como esos amigos que hace años que no ves, que estás deseando reencontrarte con ellos. Pero cuando por fin llegan, resulta que ya no tenéis nada que ver. Es más, resulta que no les soportas, por lo que sea. Y aún así tienes que pasar el trago hasta poder escapar y dar carpetazo a esa relación.

Septiembre tiene su lado bueno, pero es muy plasta. Es definitivamente un mes muy chungo. De propósitos y tal, de cuestas, de vueltas, de too much para mí. Que está guay ponerse retos y eso, y aquí sigo, pero oye, que todos los días con el temita… cansa demasiado. Y quiero un octubre ya en mi vida.

Que así ya empezamos con los anuncios de navidad y podemos quejarnos de otra cosa XD

Pero no, no me voy a quedar en el lamento quejicoso de un mes abusón y obsesivo. A un mes tan avasallador, tan potente, tan Trump en sí mismo, no podemos sino aplicarle una terapia de choque, y de las buenas, para no acabar aplastado por un pie de Godzilla o algo así jjjj (me he levantado peliculera, lo sé, pero me encanta).

Y mi cutre-plan de defensa-ataque consiste en:

  • Combinar el azul marino con el negro. Así, tirándome al vacío y desafiando las leyes de la física y  de las revistas femeninas a las que detesto con todo mi esternón.
  • No leer posts ni artículos ni libros de gurús que me cuenten los 10/20/100 secretos para … (rellenar al gusto con hazañas como triunfar con tu start-up, perder 10 kilos en una semana o mirar al sol sin quedarte meriloto)
  • Escuchar mucho y hablar menos, leches. Que hablo demasiado.
  • Comer un aguacate al día (cuando bajen de precio, que ahora están por las nubes. ¿Alguien sabe por qué están tan caros?)
  • Hacer mermelada casera con los últimos melocotones de la temporada.
  • Seguir corriendo como una cobarde jjjj
  • No enzarzarme en debates inútiles sobre blancos y negros.
  • Seguir cantando en el coche a grito pelao. Es la única esperanza de redención para mantener la cordura automovilística en una ciudad-ratonera como Madrid.
  • ¿He dicho ya lo de hablar menos?

Y bueno, esto es un resumen, así de viernes por la mañana, de cómo destruir al enemigo en unos sencillos pasos… Espero los vuestros a ritmo de canción destroyer!!

Feliz #VDLN y feliz destrucción!

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