Lo que pudo ser y no fue

Viendo el enlace de @casigata en twitter me sacude de repente una frustración no demasiado lejana…

Toda revista del ramo que se precie, toda matrona que quiera ser algo en el mundo de las matronas, toda amiga-que-todo-lo-sabe, toda web de crianza como dios manda te dirá éstas o similares palabras: Dale un masaje, dale un masaje, ya verás qué bien, y lo que le gusta, y cómo te comunicas con tu bebé, y como interactúas con él, y como se relaja, y como lo notarás más tranquilo y más contento, y dormirá mejor, y se desarrollará mucho mejor y casi que hasta crecerá más y mejor, y hablará antes, y te hará las uñas de los pies cuando te sientes en el sofá…

Sí, los múltiples beneficios del masaje al recién nacido.

Antes de dar a luz me los vendieron como la panacea, como el sumun de la pedagogía moderna, de la puericultura avanzada y progre, el más de lo más después del parto en casa… Y a mí que todo esto me parece guay y que me mola presumir de hippie así en cosas que no afecten a mi higiene, me compré los aceites de rigor para someter a mi criatura a masajes y refriegas de calidad, de las de darte la vuelta y quedarte mirando a Cuenca. Que para algo hace años me empollé libros de anatomía y cursito incluido (que yo soy muy de cursos, como ya sabrán los que tienen el gusto…).

Y con mi niña ya en este mundo, como las pipas Facundo, tenía todo lo necesario para completar con éxito una de mis primeras tareas de nueva-madre-moderna-joven-y-atractiva: el masaje a tu bebé (clinc, sonrisa profident y brillo en los ojos de puro amor de madre).

Sí. Mola todo. Lo del masaje. Hasta que descubres que, por más que lo intentas, por más mimo que le pones, y más música de Enigma de banda sonora ambiental, a tu bebé no le gusta ni un poquito que lo retoquetées, ni le sobes demasiado, ni muchísimo menos que le pongas boca abajo. Y cada vez que lo intentas, cada vez con menos ilusión, por qué negarlo, tu criatura te mira con rabia no contenida, te monta una escenita a lo Exorcista en sus mejores tiempos y se le nota en las pequeñas venitas hinchadas del pequeño cuello que si pudiera hasta te pegaba una patada en todo el careto.

Qué frustración. Qué tristeza más profunda. Qué indignación… Pero, ¿esto qué es? ¿Es que yo no voy a poder compartir con mi hija ese momento zen, ese vínculo emocional que mejorará intrínsecamente nuestra relación madre-nuevo ser y potenciará exponencialmente la capacidad sensorial de mi pequeña? ¿Es que yo no he tenido dolores de parto de armario empotrado en los riñones como las que salen en la revista con su sonriente bebé como para merecerme al menos una experiencia gratificante (la única, casi diría yo, de los primeros meses en los que tu vida es un infierno)? ¿Acaso han anestesiado a los bebés que veo en los programas de maris donde los niños ni se mueven mientras les recolocan todo el cuerpo? ¿Por qué mi hija rechaza como un poseso el agua bendita algo que el resto del mundo te pide así como quien te pide un gramo en pleno mono sudoroso? ¿Tan mal lo hago? ¿Estaré fracturándole alguno de sus blanditos huesos por error? ¿Me quitarán la custodia si insisto?

Y así estuve durante un tiempo. Lamentándome y preguntándome por qué. Y mira que soy fan de los masajes, pero fan fan de verdad, no de boquilla, que conste. Que casi me los doy yo misma y todo para descontracturarme por las mañanas. Que creo que todo lo que dicen es verdad, y que es la mar de beneficioso. De verdad.

Pero hay veces en las que no te queda más remedio que bajar la cabeza cual Marichalar expatriado y admitir que, sí, que pudo haber sido bonito, que lo intentamos, pero que tristemente aquello no funcionó.

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27 thoughts on “Lo que pudo ser y no fue

  1. ¡cómo te entiendo Accidente! Lo de los masajes es otra de las muchas mentirijillas que nos cuelan a las primis novatas… a mí tampoco nunca nunca me dejó manosearle…ahora algo empieza a dejarse, pero más que calmarle le pone a cien!

    1. jjjj, mi hija me mira raro cuando hago el amago de darle un masajito, así con cara de “¿estás segura de que quieres hacer esto?”, pero al menos ya no lanza patadas… 🙂

  2. jajajaj yo es que ni lo intenté, que ya sé que soy una negada para los masajes… 🙂

    El que sí lo hizo fue mi marido, que tiene una manita para eso impresionante: le saca los gases al niño en 5 minutos, cual muñeco que se aprieta, tal cual le pone la mano en la tripa y la mueve un poco y empiezan a sonar ventosidades camioneras por ahí abajo, sí, del bebé que olía a Mustela no queda nada… Eso sí, la cara de gusto que pone el rorro…

  3. Jajajaja, que no soy la única a la que se la han colao… bueno, ya se sabe mal de muchos…
    Yo lo único que he conseguido es dar la crema postbaño a una velocidad que ni el más veloz de los rayos y eso esquivando minipatadas…
    Identificada 100%. Gracias por compartirlo.

    1. Sí, veo que somos multitud… pero ¿por qué eso no se cuenta? “Oye, bonita, lo del masaje guay, pero a lo mejor tu criatura viene con el sistema antimasajes de serie… ”
      Y así tendríamos una inquietud/frustración menos en nuestra cuenta de fracasos maternales…
      Gracias a ti por pasarte!

  4. Pingback: Bitacoras.com
  5. El marketing del parentig haciendo estragos!! ahora por vender hasta te convencen de que para abrazar y besar a tu bebé tienes que tener título. andayavamoshombre!!!

    1. No, si la idea no está mal… ¿a quién no le gusta un buen masaje? lo chungo es cuando casi hay que aprender defensa personal para poder darlo en condiciones, y pensar que si no le das un buen masaje a tu hijo lo mismo ya la estás cagando, nada más empezar…

  6. Jajaajajaa, es verdad, muy acertado el artículo!! Yo que trabajo con chavales de Educación Especial y había hecho un curso de masaje infantil (incluída la técnica Shantala) para aplicarlo en los chavales del colegio, me dispuse, una vez tuve mi hijo, a ponerlo en práctica con todo el amor de una madre: la hora a la que se lo diese que no hubiera hecho ni poco rato ni demasiado desde que tomó teta la última vez; la posturita apoyada en la pared; el niño sobre mis piernas y rodillas; toalla y empapador debajo por si las moscas; cremita y aceite de almendras, a elegir; cerca, pañal, toallitas, etc.; el calefactor puesto durante un rato para caldear el ambiente; luz suave indirecta; etc., etc. Pero el niño dijo NO. Claramente, se negó en redondo a que le sobeteara, protestando enérgicamente. Así que todo el montaje a la mierda.
    Ahora bien, mi hijo tiene ahora casi dos años, y dándole crema en las piernas cuando le visto por las mañanas, la cosa le mola y me pide que le dé más cremita, en las manos y cuerpo, le gusta que le frote los brazos y piernas con los movimientos de rodear, así que en cuanto haga más calorcito lo intentaré con un masaje de verdad.
    Igual es que se empeñan que lo hagamos demasiado pronto y no es edad, les altera demasiado tanto movimiento sobre ellos. Yo creo que prefieren el contacto piel a piel pero tranquilo, simplemente reposando o mamando.

    1. Toda la razón tienes Pilar. Creo que nos lo meten por los ojos como si con eso se fueran a pasar todos nuestros males, cuando lo que nos tendrían que dar es una visión algo más realista…
      Gracias por el comentario! me alegro de que te haya gustado 🙂

  7. Decía que su madre le daba la crema postbaño, que más parecía aceite hirviendo. De cualquier modo, cada crío es un mundo y algún soboncete habrá que lo disfrute.

    Pd: Gracias por la mención.

  8. Nunca es tarde
    Accidental, cómo entiendo esa frustración….Yo también hice un curso de masaje infantil con mi hijo de pocos meses, y mi sensación también era “no le gusta o no lo hago bien”, pues quitando los escasos momentos en que dormía un rato, respetando el margen entre las tomas, cambio de pañales, y las mil actividades que se juntan, las oportunidades ya no eran tantas, y cuando nos poníamos al tema con todo preparado el niño no aguantaba ni un minuto. Pero no quise quedarme ahí, eso del conformismo no es lo mío.
    Con la lactancia quise tirar la toalla casi desde el principio, suponía que tanta teta no era normal, así que seguro que tenía poca leche o que no era buena, seguí insistiendo, y cuando ya estaba al límite, una amiga me dijo “¿por qué no hablas con una asesora de lactancia?”, asistí a un grupo de lactancia y todo cambió, comprender cómo funciona algo te abre puertas y ventanas para que pase la luz.
    Así con el masaje pensé que podía pasar algo similar, busqué la asesoría de una Educadora de Masaje Infantil, hablamos y juntas hicimos una sesión con mi hijo, bueno ella con su muñeco para dar las clases. Me sirvió tanto comprender qué pasaba que durante mucho tiempo hemos disfrutado del masaje, y ahora que ya es más grande me lo pide él, y con su hermana todo ha ido rodado. ¿Dónde está la magia? Pues la magia está en cada una de nosotras. Comprender que cuando nos marcamos unas expectativas demasiado encorsetadas, todo es mucho más difícil. Así que en primer lugar comprendí que yo era la mejor mamá del mundo para mi hijo, no importaba que no supiera mucho de niños, sí sabía ahora que para mi hijo yo era lo más, eso me sirvió para tranquilizarme y como efecto inmediato él también se relajó mucho más. Otra cosa que me fue sensacional es comprender realmente que buscar el momento perfecto, las condiciones perfectas….todo perfecto, no daba un resultado perfecto, sino al contrario, así que si no podía hacérselo con aceite y sin ropa, iba practicando los movimientos que había aprendido, cuando yo estaba tranquila y sin esperar resultados concretos, simplemente disfrutando los dos de un ratito de bienestar, porque esa es otra cosa que comprendí (en el curso me lo habían dicho, pero aún no lo había descubierto), que el masaje no es sólo para el bebé, también me aportaba beneficios a mí. La práctica diaria facilitó que él se fuera acostumbrando y yo también, ¡notaba que las manos me iban solas!. Poco a poco todo se iba haciendo más fácil, (aunque eso no quita, como todas sabemos, que en algunos momentos ser madre es de una intensidad máxima). Y para mí ahora era más fácil porque le entendía mejor, lo que me ayudaba a atenderle mejor, me hice bilingüe con su idioma (¡sin necesidad de palabras nuestros hijos nos dicen tantas cosas!). Todo esto me ayudó a entender que conocía la técnica del masaje infantil, pues había aprendido los movimientos, pero necesité relajarme y practicar sin prisa pero sin pausa, para disfrutar de esos momentos, y aprender el “idioma” de mi hijo.
    ¡Os aseguro que funciona! Además, como dices, yo también disfruto con los cursos y buscando información, cada vez he ido comprendiendo más cosas sobre la importancia del tacto, sobre la maternidad, la crianza, los bebés…. He ido encontrando cada vez más documentación sobre los beneficios que aporta, cada vez son más los estudios científicos que lo avalan.
    ¡Os animo a todas las que habéis sentido esa frustración que lo intentéis de nuevo, y a las que aún no habéis probado que busquéis donde hacen un curso! Podéis informaros en http://www.masajeinfantil.es.

    1. Olé tú y tu perseverancia! me parece estupendo que hayas triunfado y mira, un buen ejemplo para el resto. Ahora que es algo más mayor sí que lo intento con más éxito y poco a poco le va gustando 🙂
      Gracias por contar tu experiencia y enhorabuena por haberlo logrado!!

  9. ¡Pero qué mala cabeza la tuya!
    Vamos a ver, piensa, que si has hecho tantos cursos seguro que sabes pensar (y además da gusto ver cómo te explicas). ¿Para qué es un masaje? Para quitar la tensión física en los músculos. ¿Te parece a ti que las nenas y nenes pequeños hacen un trabajo muscular que los tense? No, ¿verdad?

    De no ser por las emisiones de efecto invernadero, habría que quemar todos los libros y artículos de tonterías sobre los niños (y en un momento de descuido, que nadie nos mire, echar a la hoguera a los que los escriben).

    1. jajajajajaja, que incendiario!!!!!!! a más de uno echaba yo a la hoguera, pero me conformaré con ponerles a caldo siempre que pueda, que eso, por ahora, no es delito, jjjjj

    2. Entonces, en la misma línea simple, para qué es la comida? Pues para que no te mueras de hambre, así que comiendo cualquier cosa, incluso lo mismo cada día, pues ya lo consigues. Pero para la mayoría de la gente es algo más. Y lo mismo pasa con la nutrición afectiva, que es el principal objetivo del masaje infantil

  10. Ando poniéndome al día con tus entradas que las llevo atrasadas (fatal) y dios!! creo que he parido al hermano gemelo de tu niña! hasta me apunté a un curso en la mama vaca en bcn y NADA! que se los haga al padre me dice con la mirada (y el padre feliz claro) pero mola más en el cuerpecito inverbe de jomío y no hay tutía, probaré dentro de un tiempo a ver si cambia de opinión y deja de retorcerse 🙂

  11. Ando poniéndome al día con tus entradas que las llevo atrasadas (fatal) y dios!! creo que he parido al hermano gemelo de tu niña! hasta me apunté a un curso en la mama vaca en bcn y NADA! que se los haga al padre me dice con la mirada (y el padre feliz claro) pero mola más en el cuerpecito inverbe de jomío y no hay tutía, probaré dentro de un tiempo a ver si cambia de opinión y deja de retorcerse 🙂

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