Lo que somos realmente

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¿Seremos capaces algún día de conocernos realmente a nosotros mismos? Porque, sinceramente, van pasando los años y a pesar de estar conmigo misma a todas horas, cada día me desconcierto más a mí misma.

A veces me escucho a mí misma poniéndome etiquetas a la ligera, describiéndome como si supiera a ciencia cierta que soy la persona que digo ser. Que cuando acudo al lugar común de “ser así” me es más fácil esconder la absoluta ignorancia sobre mi propio yo o mis defectos escudados en tozudez castiza, ese “yo soy así porque la vida me ha hecho así”.

El otro día me escuché a mí misma con estupor un “no soy mujer de manicuras”, que por suerte fue mental porque la parida pronunciada en voz alta, y peor, ante algún interlocutor, hubiera sonado aún mucho peor. ¿Qué diablos estoy diciendo? ¿Que no me gusta tener unas manos en condiciones en vez de uñas en competición por el desnivel más pronunciado y ni una de ellas con el mismo tamaño? ¿Estoy infiriendo acaso que paso de las convenciones sociales y me importa un pito lo que piensen de mí al ver mis manos? Porque ni lo primero ni lo segundo es cierto…

Quitando lo trivial del asunto estético y que podría quedarse en una tontería mental más, que las hay a patadas, cuando caí en la estupidez supina que había usado como argumento conmigo misma para justificar que no he sido capaz en tres meses de arreglarme las manos, no pude evitar preguntarme cuánto de lo que creo que soy yo misma no es más que una coartada…