Esa “dulce” espera… ¡y una leche!

Hermanos, amigos, pródromos del parto varios e irregulares, muchos ya lo sabréis por experiencia, pero hoy tengo que afirmar que los días previos a dar a luz son, sin duda, una de las experiencias más surrealistas que la mujer se pueda echar encima…

Más que ver a Mario Vaquerizo ponerse las bragas de su mujer y luego afirmarse como un hetero muy macho. Más que el anuncio de los cristales gratuitos de VisionLab. Más, si es que eso es posible, que el “wi, wi” del anuncio del método ogino 2.0 de Clear Blue

Y, ojo, que no lo digo en plan, “dios, me quiero morir, ¡¡¡sácadme esto ya de una vez!!!!” (bueno, un poco sí), ni tampoco como “¡¡ohhh, como adoro ser mujer en estos momentos de realización personal y corporal y cómo estoy disfrutando con cada puñetera contracción!!”

No, no lo veo ni de una forma ni de la otra. Y conste que ver, lo que se dice ver, no es que vea mucho, salvo un tripón inmenso que me ha fagotizado como persona, como mujer trabajadora y como ente cotizador a la Seguridad Social. Tripón que se va adelantando cual señal luminosa con fanfarria incluida a mis pasos y que se ha convertido en mi tarjeta de presentación allá donde voy, ocasionando que esté donde esté, me conozcan o no, y me apetezca a mí o no, se hable, OBLIGATORIAMENTE, de lo siguiente:

– La altura relativa de mi tripa (está bajísima, vas a parir aquí mismo… Ah, pues yo te la veo muy alta, aún te queda, maja).

– De lo puntiagudo de mi tripacono, que indudablemente demuestra que es niño. La ciencia es lo que tiene…

– De si llevo dos o uno solo o un regimiento de infantería, JA.

– De si estoy mejor ahora o peor que cuando nazca. Desde un “te vas a enterar con dos” hasta un “te vas a morir con dos”, dentro de esa horquilla, lo que queráis.

– De que tengo la cara hinchada y los labios como dos cantimpalos.

– De que no la tengo hinchada en absoluto y estoy como una rosa de pitiminí (estos son los menos, que conste).

– De que he engordado mogollón y parezco un engendro marino en peligro de extinción por los millones de bolsas de basura que pueblan nuestros mares y de que no me voy a recuperar nunca, nunca, nunca…

– De que no he cogido nada más que tripa…

Para terminar hablando del parto/partos de las contertulias quienes, sí o SÍ, terminarán contándome si se les descolgaron los bajos al nacer su cuarta criatura, si los puntos se le infectaron hasta un tremendo reventón de pus sanguinolenta en medio de la boda de la cuñada, o de si la protagonista de la peli gore en cuestión casi se muere del dolor y cómo se rajó viva al expulsar a su primogénito de ocho kilazos sin anestesia y en plena calle porque no le dio tiempo a llegar a la maternidad. Chúpate esa.

Y todo ese caudal de información detallada y expresa sin yo abrir la boca ni decir esta tripa es mía. Ni un mísero “no sé quién … eres y no me interesa nada lo que me estás contando, chata, déjame arrastrarme en paz y llegar hasta mi orilla…”

Además de este ataque social sin miramientos, que también puede ser una reacción alérgica a la humanidad provocada por las hormonas, el surrealismo preparto se extiende a la vida en general, que se vuelve un completo desbarajuste berlanguiano en esta sociedad cada vez más inhóspita y más incómoda para el ser humano: Facebook ¡¡¡Facebook!!!! sale a bolsa y el tipo ese con cara de monguer se hace de oro cuando lo que está pidiendo a gritos es un par de puñetazos por cerebrito y por abusón; estamos a punto de la intervención y nacionalizan Bankia, pagamos nosotros la fiesta y encima los mismos seguimos poniendo el culo;  nos las dan con los recortes a troche y moche en todo lo público, lo gratuito, lo sensato y lo que es justo y lo poco que queda por recortar son mis ganas de parir, ganas que, en cuanto llegamos a Urgencias y me dispongo a que me exploren a ver si a la criatura le han venido ya las ganas de ver Top Gear o la quinta temporada de Mad Men, se quedan reducidas a un par de centímetros de dilatación  y a un condescendiente “anda, márchate a tu casa, bonita, que a éste aún le queda una buena temporada para saludarnos con la manita”.

Y es que el niño no quiere salir, amigos, ¡no quiere y punto! Y también os digo, que no me extraña nada… porque para salir y ver el panorama…

Lo mismo, me he llegado a plantear en un momento de reflexión floja propia de una servidora, estamos ante el primer caso de embarazo regresivo de la historia y salimos en el próximo número del National Geographic junto a las hormigas zombies y la tribu de pigmeos caníbales recién descubierta en plena selva brasileña. En un giro sorprendente de la evolución humana, tipo final de Lost con su tapón del lavabo existencial, visto lo negro que está el panorama, la naturaleza se defiende ante los ataques externos de banqueros sin escrúpulos, el deshielo de los polos y los jóvenes espantajos de los bolsos de Loewe, y  en cuanto llegamos a los nueve meses, a punto, a puntito de salir, plofff, nos volvemos para atrás y el cuerpo, que es muy sabio, reabsorbe al feto en un intento último de supervivencia extrema…

¿Veis como esto es totalmente surrealista? ¿Y alguien le extraña que esta criatura no quiera salir con una madre que empieza a pensar estas cosas? Si casi estoy yo también por hacerme un sitio en mi macrotripa y esconderme del mundo en un ejercicio de contorsionismo de los míos…

P.D: A “mis” bloggers del #15J, ¡sois unas campeonas! La estáis montando fina filipina y, a mi criatura no-nata pongo por testigo de que, aunque sea en forma de chapa o de holograma, ¡¡estaré con vosotras!!!