Desata la tormenta

Desde las seis de la mañana con la musiquilla en los oídos: llega una tormenta, rubia, llega una tormenta…

Desde las seis de la mañana oliendo a la dulce lluvia, con la ventana abierta de par en par, y las aletas de mi nariz haciendo flexiones para no perderse ni una sola motita de tierra mojada.

Desde las seis de la mañana con el viento, caliente, sí, muy caliente, moviéndome el flequillo caprichoso, como si no me estuviera yo dando cuenta de que me quiere decir algo.

Desde las seis de la mañana esperando que el cielo termine de decidirse sobre si romperse o no.

Y yo, tantas horas después, y sin haber visto caer una sola gota tras tanta espera, como amante reciente y ansiosa, con las ganas descabritadas y la necesidad de un final húmedo, no puedo contener ya más las ganas. Y como loca que aún no se ha desconfinado por dentro, grito bajito a ese nubarrón empalagoso que me mira desafiante desde lejos…

¡De una vez por todas, maldita sea, desata la tormenta!

VDLN: Todo lo que hacemos

¿Qué es para ti estar vivo? ¿Qué sentido tiene todo esto que vivimos? El dolor, la guerra, las injusticias que pasan a nuestro alrededor, de las que somos testigos, víctimas o incluso culpables muchas veces. ¿Por qué? ¿Para qué?

Hacer algo que deje una huella. Darle sentido a tus pasos.

Devolver a la vida un poco de lo mucho que me da cada día.

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


VDLN: Pausas

Ve despacio. 

No des nada por sentado. 

No des el camino por sabido.

Para de vez en cuando para repasar lo andado.

Disfruta de lo que vas recorriendo, despacio. Con pausas y con tiempo.

Despacio.
No te dejes llevar por el mundo. Que no mira lo suficiente, no respira apenas, no valora el tiempo y la experiencia. Pero tú no eres el mundo. Y sabes que necesitas parar, ir despacio.
Para poder hacer realmente lo que quieres.
Y sobre todo, para no terminar haciendo lo qur no deseas.
Feliz descanso


Cuentos estivales: No te mueras en verano

Nadie debería morir en verano.

Sé que suena ridículo, y que nunca viene la muerte de buen grado. Pero este calor ralentiza tanto los sentidos que ni para morirse está listo uno.

Ten piedad de nosotros, que es la época de las siestas, de los suspiros a las cuatro de la tarde. La de los abanicos aleteando y las sombras en las que se para el tiempo. La de los chorretes por los helados derretidos. La de las lecturas de la última hoja del periódico. La de no saber ni en qué día vives. La de los niños durmiendo sin ropa sobre ti en el sofá.

No es momento para morirse.

El verano no es momento para nada. El reloj parece no querer moverse. Y la pereza nos invade. Ni para respirar fuerte. Mucho menos para dejar de hacerlo.

Los problemas son distintos en verano. No se ven las cosas de la misma forma mientras el cuerpo busca sobrevivir al calor (o al aire acondicionado). No deben tomarse decisiones trascendentales. No te enfades en verano.

No cambies de look bajo los efectos del sol. No des la vuelta a tu vida durante estos meses.

Espérate a que salgan los coleccionables en septiembre. Y empieza tu dieta con la vajilla de Hello Kitty y las columnas de Pérez Reverte en formato posavasos. Apúntate a la cuota anual de ese gimnasio y entonces sí: vía libre para lo que tú quieras.

Pero antes, ojo con lo que haces.

En serio. No te mueras en verano.

VDLN: Escucha la vida mientras pasa

Es bueno estar cansado a veces, bajar el ritmo, no tener el piloto siempre encendido.

¿Qué ritmo queremos seguir? ¿Quién nos lo marca?

¿Para qué?

Despacito. A ritmo lento. Cierra los ojos y déjate llevar por el tarareo… Ya vendrán las prisas.

Pero ahora, descansemos. Y saboreemos unos minutos de vida lenta, ahumada, cálida y de la que se pega a la piel…

Vida de la que se escucha mientras pasa.



VDLN: Haz que merezca la pena

Sí, ya sé que está todo hecho unos zorros.

Que no lo ves nada claro y que vamos a peor. Ya lo sé.

Que el mundo se va al carajo.

Que el camino está plagado de piedras, trampas y minas anti-persona. Y todo va mal.

Que en la vida pasan cosas jodidamente malas. Pues sí. Y a veces, hasta nos pasan a nosotros. El ser humano es capaz de los peores actos inimaginables.

Sí.

Pero en medio de todo ese caos, en medio de las tragedias, del horror y de los traumas, entre tanta lamentación y queja, hay ocasiones en las que el hombre también es capaz de lo mejor, de lo más bonito, de coger lo feo y aún a pesar de estar tremendamente tocado y casi hundido, dar forma a lo más bello. De ayudar a otras personas, de dar luz, de servir de algo a pesar de todo.

Haz que todo esto valga la pena.

Pensarás que estoy diciendo estupideces y que me he leído El secreto hace poco, o algo similar. Pero no. Lo que ha pasado es este hombre que toca el piano… Descubre a James Rhodes. .

Y haz que valga la pena.

Hagamos algo que merezca la pena.



Una cama sin hacer

Puedo jugar a ser lo que yo quiera. Entrar, salir, hacer y deshacer. Puedo ser quien yo quiera, y no ser nadie si me apetece. Puedo dejar rastros en mi camino o pasar sin rozar el suelo. Puedo tocar en tu puerta al marcharme o salir sin que nadie lo note.

Y no tener muebles.

Y vivir a bocanadas.

Y ser una cama sin hacer.

Imagen: Cama sin hacer,1957 IMOGEN CUNNINGHAM

Corriendo como malditos

No me gusta correr.

Pero reconozco que, a veces, en determinadas situaciones o sin venir a cuento, el cuerpo te pide urgentemente desplazarte sin fin, salir despedido hacia cualquier otro sitio en el espacio. Y moverte, rompiendo el aire a tu alrededor. Sin mirar atrás, o tan siquiera delante. Sin mirar nada más que un punto perdido más allá de donde te encuentras, clavado.

No me gusta imponerme rutinas más allá de las que ya tengo impuestas, pero reconozco que cuando la vida aprieta mucho, o cuando no sabes hacia dónde tirar, te sale el “corre, Forrest, corre” para que no te pillen los matones y te peguen una paliza. Y corres. Incluso sin moverte. Como para salvar tu vida. Como para desaparecer. Sin poesía. Huyendo de ti mismo. Con ruido en los oídos y muy  mala leche en los nudillos. Buscándote las vueltas, los agujeros, las ganas de tirar la toalla, las ganas de romperte.

No me gusta correr. Pero sí me gusta desafiarme. No solo corriendo.

Algo empieza…

Después de la tormenta, ha salido el sol.

Y empieza un nuevo día, un nuevo año incluso. Y seguimos intentándolo cada amanecer. Abrimos los ojos buscando nuevos despertares, comienzos cálidos, rayos azules sobre nuestras pupilas, caricias luminosas sobre las almohadas.

Vivir. Como sentir. A rachas. A bocanadas. Evaporándonos entre los momentos que nos abrigan, entre las anécdotas, entre los adioses. Viviendo. Sintiendo.

No saber. No tener. Estar solos. Desmenuzándonos entre ráfagas de palabras que nos atraviesan, entre los chasquidos, entre los deslices crueles de nuestros silencios. Viviendo. Sufriendo.

Cerrar los ojos y acurrucarse. Empieza un nuevo día, un nuevo año incluso.

Abre los ojos…