VDLN: A propósito de septiembre

Junto a enero, que es el kickstarter del año sin dudarlo, septiembre es sinónimo de pistoletazo en el aire. No solo por los millones de coleccionables que inundan los quioscos, o por la famosa vuelta al cole. Septiembre es el mes de los re-comienzos, de las oportunidades antes de acabar el año. Es el apretón de “ahora o nunca”, el depertarse tras la resaca y repetirse que nunca más…
Septiembre hace que nos volvamos un poco locos con nuestros propósitos, que se llenen los gimnasios y las clases de inglés para negocios. Algo que se acabará abandonando allá por noviembre o diciembre, con el bullicio de las fiestas venideras, los puentes y las lucecitas brillantes que prometen nuevos re-comienzos.

Nos pasamos el año intentando empezar cosas que dejamos tiempo después. Y que volvemos a intentar. Y volvemos a dejar.

Y lo peor es que aún sabiendo lo irremisible de nuestro comportamiento en bucle, seguimos entrando cada septiembre en el mismo ritmo, con la esperanza de ser ese 1% concienzudo, obstinado y superhumano que conseguirá mantener el hábito recién adquirido. El resto nos conformaremos con buscar en el horizonte temporal nuestra próxima oportunidad de volver a intentarlo.

Por supuesto, yo soy de los reincidentes en casi todo y cada septiembre, y cada enero, encuentro un motivo para volver a intentar una meta más o menos posible. Y lo gracioso es que en el proceso de ascenso y caída no suelo alcanzar las que tenía en mi diana sino otras absolutamente inesperadas, pero quizás por eso también muy estimulantes. Y quizás es eso lo que nos pasa un poco a todos con los propósitos de nuevas etapas, que no llegamos a cumplir lo que nos habíamos propuesto, no nos hemos leído un libro por día como pretendíamos en nuestro afán cultureta, pero hemos descubierto 3 autores que amaremos de por vida, o que tenemos más dioptrías de las que pensábamos y tenemos que ponernos gafas con urgencia…

La vida está llena de puertas inesperadas tras la que hay muertes seguras o aventuras con dragones de dos cabezas, o un camino de baldosas amarillas. Y mientras buscamos otros destinos, nos vamos cayendo en agujeros que nos llevan a otros sitios, quizás incluso mejores….

El caso es que este septiembre también me he puesto reto, para darle más emoción. En realidad tengo muchos, pero hay uno en concreto que me va a costar mucho no abandonar, que me conozco. Así que me motivo a mí misma con ritmos que me acompañen y me transporten, que hagan esta lucha contra mi propia pereza en una aventura con puertas inesperadas.

¡Feliz semana y felices aventuras!

Viernes dando la nota

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs dedicado a compartir música cada viernes. Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.


El mes de la lucha

luchaHay dos meses chungos en mi calendario existencial. Y son, sin duda, septiembre y enero.

El primero lo es porque, sí, ahora la vuelta al cole tiene otro significado, pero durante la primera parte de mi vida, ese mes significaba dejar el verano atrás, las vacaciones, las noches fuera mirando las estrellas, la libertad… Ahora septiembre es más un mes de recomposición corporal, de peluquería tras dos meses fuera, de volver a sacar la agenda teniendo de nuevo las mañanas libres, de vuelta al mundo real, si se puede ver así el mandar a las criaturas con la cartera y el baby a sus clases. ¡Bendito colegio!

Enero… Enero sí que es una bestia parda.

Enero el mes de los propósitos, firmes o no, y con los que rubricas tus primeros pasos en el año. Es el mes del voy a cambiar el anterior porque voy a ser mucho mejor. Voy a ser una versión mejorada. Es una oportunidad nueva. Una start fresh and clean… Y esto no deja de ser una presión tremenda!

– Hacer más ejercicio. Bueno, corrijo, hacer ejercicio! Eso sí, no cederé a las presiones del running, amigas, no. No me gusta correr, no me importa que esté de moda. Ahora que le he cogido el gusto al yoga, me conformo con no dejarlo!

– Alimentarme algo mejor que el año pasado. Las prisas juegan una mala pasada y a pesar de mis buenas intenciones y de comer en casa, he dejado de cocinar lentejas y ahora me conformo con las sobras de la cena de ayer, un bocata de mortadela o el sándwich de nocilla (bueno, en casa somos de nutella, jjjj) que se dejó mi hija el día anterior. Un desastre. No, no es que sea una cuestión de peso, pero el otro día me dio por curiosear esto del peso ideal, y hasta la misma web me recomendó que me alimentara mejor! A ver, a ver, qué os sale a vosotros, a ver si coméis mejor que yo! jjj

En mi defensa diré que he comido saludablemente durante décadas, así que seguro que he acumulado “salu-puntos” hasta que pase esta etapa de frenesí y prisas en mi vida. Si no me convenzo yo…

– Volver a leer como una descosida todo tipo de libracos, ensayos incluidos, y no dormirme a la primera página que abro. Sigo siendo un vegetal intelectual y a las diez de la noche ya ni vegetal!!! No me llaméis nunca a esas horas por teléfono o abriréis las puertas de Mordor, amigos…

– Ponerme tacones más a menudo. Sí, duele. Sí, un día de estos me voy a matar bajando las escaleras del metro. Pero, sí, es totalmente imprescindible que reeduque a mis plantas. Se me han aburguesado a base de calzado plano, que las veo.

– Organizarme mejor o dejar de estresarme. Esto es como la fórmula de la coca-cola, porque lo intento, lo intento y al final siempre acabo corriendo: para entregar una propuesta, para recoger a los niños, para llegar a una cita, para lavar los cacharros. Vamos, lo que nos pasa a todos, que yo también os veo. Y en enero siempre, siempre, pienso que tengo que hacer algo mejor para no llegar con la lengua fuera a todos lados. Pero en diciembre siempre me doy cuenta de que la única solución para esto sería que tocara la lotería y tener más servicio que la Presley.

– Jugar más con mis hijos. Esto me tortura, y no lo digo en broma. Porque no hay día en el que no lo piense, y en enero, con tanto juguete nuevo a nuestro alrededor, es mucho más evidente. Y más cuando mi hija me dice que por qué no juego más mientras aporreo el ordenador en la cocina…Miro la pantalla, miro a mi hija. Pantalla, mi hija. Mi hija, pantalla. Y se me plantea un dilema de los buenos… Este sí que es un propósito pendiente. Y de los buenos, el más importante de todos.

En enero, cada año, enero empieza con una férrea lucha entre mis propósitos y yo misma.Y os diré una cosa, para bien o para mal, ¡yo siempre salgo ganando!

Y para ilustrar el textaco os dejo con una lucha muy a lo Jim Henson que me encantó…