Los días-culo que nos quedan por vivir

culos

 

Los días-culo (nombre enormísimo al que llegó mi hija no sé por qué vericueto mental) llegan, y como llegan, se van.

O no. También los hay de los que se quedan, convirtiéndose en semanas-culo, meses-culo o incluso, años-culo.

Son esos días en los que todo va de ídem y más te hubiera valido no haber salido de la cama para evitar cagarla o no estar justo encima de esa alarmente cruz blanca pintada bajo tus pies sobre la que el universo defeca con todas sus ganas.

Creo que todos sabéis a qué me refiero.

Y no hay antídoto para esos días-culo. Sí que es verdad que también va en la persona ver todos los días como un gigante trasero. Pero bueno, independientemente del grado de victimismo y “amargamiento” vital de cada uno, los días-culos son como las meigas, haberlos, haylos.

Tampoco veo la necesidad de frustrarse porque no se encuentra remedio. El karma funciona y eso, pero a veces te ha tocado. Es lo que tiene jugar en la ruleta de la vida. Al final es cuestión de llevarlo lo mejor posible e intentar sacar una sonrisa a pesar de la gran cagada del día. Porque a pesar de todo, a pesar de las enormísimas y bíblicas proporciones del culamen en que se ha convertido el día… al final se sale de todo (y si no que se lo digan al Urdangarín, que va a salir de rositas el muy truhán después de haber trincado como si no hubiera un mañana).

Y siempre podrás reírte de lo mucho que te has calado los pies con el charco, del grito que has pegado al borrar sin querer un textaco que llevabas preparando todo el día, del vómito de tu criatura en tu blusa recién planchada e impoluta, o del grano que te acaba de emerger cual volcán en erupción justo antes de esa reunión tan importante…. Siempre hay un motivo para superar el día-culo, ¡no lo olvidéis nunca!

Aquí va mi píldora de optimismo anti-depresión culera…. ¡Por los días-culo que nos quedan por vivir!