19J: sigue habiendo motivos para la indignación

Este pasado fin de semana, además de torrarnos de calor y empezar a oler a vacaciones, hemos sido protagonistas de nuestra Historia y definitivamente he visto el cambio. A mi alrededor se está moviendo el aire, y no precisamente el de Levante. Oigo las mismas voces en la calle pero con nuevos mensajes, con ideas que habían estado quizás dormidas, quizás inexistentes, quizás escondidas.

El 15M, el movimiento posterior en Sol y otras grandes ciudades españolas, las asambleas de barrio semanales y la marcha del pasado 19 de junio en toda España son tan solo la “banderolas” visibles de un gran “mapa” colectivo de indignados, de gente cabreada, que se ha gestado básicamente por el  fenómeno llamado: hartos de que nos toquen las narices.

Constato con sorpresa como este fenómeno afecta a juniors y seniors por igual, a parados y empleados, a funcionarios y a pensionistas, a gente de izquierdas y dere… ummm, bueno, esto quizás menos, jejeje, aunque sería bonito, ¿verdad? Y a pesar de esto último realmente no creo que sea un fenómeno político, en serio que no, al menos no lo percibo así y sería una pena que se entendiera de esa forma, porque perdería toda su fuerza. Porque no está protestando contra un partido político en concreto, o al menos no es la idea. Y no se busca derrocar a un dictador o poner otro, como se dice por ahí. Al contrario. Es la voz de un pueblo cansado, agobiado y sin futuro más allá de las hipotecas y las pensiones que no quiere seguir bajando la cabeza ante sus pastores, como un rebaño de animales sordos, ciegos y mudos (como una reunión de desdichas y sucesos del maestro Saramago), y sin más pretensión que buscarse el alimento entre las piedras, mientras otros nos dirigen hacia donde más les conviene sin pensar en nuestro bienestar, sino en el suyo propio.

Sobre el Pacto del Euro se ha dicho mucho y muy bien. Remito desde aquí a Periodismo Humano, para mí uno de los mejores medios de información de la actualidad para formarse cada uno su propia opinión y entender que todas estas medidas propuestas desde la EU para España se anuncian como la panacea para la crisis cuando lo que van a conseguir es recortar tanto nuestros derechos (concepto global y difícilmente abarcable, así a bote pronto) como nuestros sueldos (esto jode más, ¿verdad?).

Pero en nuestra lista de delitos no solo consta el Pacto del Euro. Lamentablemente tenemos que seguir con la cantidad de causas pendientes de nuestros representantes; con la serie de escándalos de corrupción tanto de un lado como del otro (y que superan en surrealismo a cosas así, que es para llorar lo mucho que se parece a la realidad); con la lacra que nos caído con esta gentuza que se aferran a la silla y al escaño (y a los coches oficiales, que no se me olvida, no) con mucho más ahínco que el que emplean en ser honestos, y NO DIMITEN ni aún estando frente a un juez en el banquillo, ignorando el ejemplo de otros países mucho más civilizados; con los innumerables ejemplos en los que se aprueban decretos y leyes que no estaban en los programas electorales como la reforma laboral aprobada el pasado 11 de junio o varios y múltiples recortes en sanidad, enseñanza o servicios sociales en muchas comunidades autónomas, gestos que ponen de manifiesto aquello tan ordinario pero tan certero de: prometer prometer hasta meter y una vez metido olvidar lo prometido

Así que señores políticos y medios de comunicación que atacáis a los que no nos dejamos pastorear:

No somos ovejas, ni cabras, ni nada que se pueda pastorear a su antojo. Creo que es lícito que si no nos dais aquello que nos prometisteis cuando os votamos (o a la oposición, cada cual que elija), tengamos al menos el derecho a alzar la voz y a reclamar lo que elegimos como ciudadanos y en democracia. Nunca con violencia.

No somos hippies fumados con perro famélico adosado a nuestro cartón en la acera de la calle. Hay que ver lo que da de sí el término “perroflauta“, ¿verdad? Frente  al desprestigio,y la generalización absurda, cientos de miles de personas en las calles españolas tienen nombres y apellidos, son personas de las que te encuentras en el metro cada mañana, que van a su trabajo cada día, o a la cola del Inem a ver caras familiares, números de cuentas en los bancos y motivos suficientes para levantarse del sofá y salir a la calle.

No somos provocadores ni violentos por mucho que haya quien asegure que este movimiento de concienciación social es pasto y resultado de la labor de “profesionales del desorden” y de grupos minoritarios, pero desgraciadamente extraordinariamente visibles en cualquier “mani”, como el Bloque Negro, por ejemplo.

No estamos dirigidos por ningún partido político. Y aunque oiga como motivo para desacreditar todo esto que se ha cambiado el mensaje de la protesta y que ahora el “No nos representan” es efecto y resultado de la influencia izquierdista ante el bapuleo de la derecha en el 20M, tengo que decir que ese mensaje ya estaba en su día en el 11M.

Somos muchos y cada uno hacemos lo que podemos para que esto crezca y llegue a algo en concreto. No sé cuál es el destino, la verdad, si una alternativa política, si una plataforma permanente, si esto desaparecerá y se quedará en otro mayo del 68. 

Lo que sí sé es que veo a mi alrededor cosas que me gustan mucho: como gente hablando, debatiendo, en las comidas de revolución pacífica, de Islandia, de política, y como esta asamblea de barrio en la que participa muy activamente mi amiga Cristina y en la que un barrio socialmente complicadillo como es Usera se levanta para defender cosas tan apolíticas como su teatro, sus instalaciones culturales, su día a día.

Llámame ilusa. Pero esto es realmente emocionante y espero que mi hija llegue algún día a estudiarlo en los libros de Historia.