El aburrimiento existencial

Esto es una reflexión floja de las grandes, como la mayoría que leo por ahí. Pero me apetecía hacerla, porque sí.

Contra el aburrimiento típico, el del domingo por la tarde en el sofá con pocas ganas de nada y manchas de mermelada en el pijama, hay muchas soluciones. La mejor termina o empieza despojándonos a mordiscos del pijama.

Pero contra el aburrimiento existencial, ese que vemos en las caras que casi nos tocan en el metro, por mucho que nos echemos para atrás, pues contra ese, hay poco que hacer. Podría recomendar entre otras posibles soluciones catárticas, las siguientes:

– Tener un hijo o varios (que también termina o empieza despojándonos a mordiscos del pijama). Pero eso requiere algo de esfuerzo y de pasta, y si el aburrimiento está muy enconado, ni siquiera el infante más activo terminará con el desasosiego. Como mucho, lo despistará por un rato camuflándolo por las típicas preocupaciones paternas. 

Leer un libro. Ya sea electrónico o en papel, da igual. Leer amplía horizontes de pensamiento, y un pensamiento estrecho es el puente levadizo hacia el terreno del abandono existencial. Es mi favorito, por barato, eficaz y anestesiante de lo feo que hay a nuestro alrededor, y lo mejor, de lo feo que llevamos dentro. Ojo, no vale para malos, si eres malo, por mucho que leas, seguirás siendo un malo. Listo, pero malo.

– Había considerado ver la tele. Pero, tras un segundo de reflexión, lo anulo. Mejor, ver pelis y series descargadas de Internet a lo bruto, sin pensar. Ver pelis coreanas, kazajistaníes, canadienses, de lo que sea, menos de Hannah Montana, y series a “tutiplen”, de todo tipo, sin filtro ni piedad. Algo bueno saldrá, seguro.

– Salir a la calle sin prisas, sin correr, ni destino definido. Pasear y pasear y pasear, si la nieve lo permite, of course. Esto, dependiendo de la zona por la que pasees, puede tener sus derivaciones positivas y/o negativas, pero merece la pena arriesgar. “La verdad está ahí fuera”, le decía el bueno de Mulder a la escéptica de Scully (antes de convertirse en un fornicador cuasi profesional…) y tenía toda la razón.

Hay más cosas, pero a mí ahora no se me ocurren más. Ah, sí, ¡dejar salir antes de entrar!

Para no aburrirnos, ni dejarnos llevar por Sálvame y su “por mi hija, ma-to”, let’s dance.

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