¡Que vienen, que vienen!

El Rey y yoAviso: este post no es apto para seres sensibles y amantes de las Navidades y sus tradiciones, en concreto, de las que tienen regalos como fin. 

Madre mía, yo creo que hoy me da un infarto…

A mí esto de los Reyes me gusta mucho. Es un momento precioso que en mi familia hemos mantenido y espero que mantengamos como una ocasión para reunirnos todos, dormir juntos y levantarnos rodeados de niños y regalos. Pero reconozco que, con dos lechones, con vacaciones escolares y dos semanas con ellos en casa y mis nervios como escarpias, o depuramos nuestra técnica y logística o voy a tener que subcontratar, o pasarme a la especie “atea” en esto de las costumbres navideñas.

Antes no pasaba, la vida era sencilla y despreocupada, pero ahora llegar a Reyes con niños a cuesta (una en la chepa y otro en la teta, literalmente) es como el IronMan de la paternidad, por lo menos para mí. Lo reconozco. La falta de tiempo y los problemas de logística convierten este día en una gynkana de las buenas, amigos, y mi santo y yo estamos que no llegamos!

Cosas que lo convierten en un infierno:

– Las multitudes con bolsas en las manos me provocan cada vez más pavor. Todos los años me digo, éste lo haré antes. Y todos los años peco de tardona. Y me uno a la masas en movimiento en busca del regalo perdido.

– Los centros comerciales son el mal, con todos mis respetos. Tienen un efecto campana que amplifica los nervios, el cansancio, el mal humor, los niños lloran, se tiran por los suelos pulidos, te asaltan en los pasillos vendedoras casi pre-adolescentes, más pintadas que el Rey Negro no Negro, para arreglarte las uñas (que sí, que te hace falta pero como que no es el día!) y llega un punto en que estás hasta los mismísimos de entrar en tiendas y solo buscas la bajada al garaje como forma de escape de esa pesadilla iluminada y llena de confeti.

– Este año ha proliferado una subespecie en los centros comerciales, que he venido a denominar “esas cosas gigantescas y horribles”, y que no son otra cosa que animales gigantes y muy feunos, que se mueven a velocidades variables, sobre los que los padres posan gentilmente a sus criaturas para así recorrerse el centro comercial atropellando a otros padres desquiciados porque sus hijos también quieren montar en “esas cosas gigantescas y horribles”. Ni siquiera he preguntado el precio del paseo sobre el animaloide, me horrorizan y seguro que encima son caros de la muerte. No, no y no.

– Los reductos para dejar niños. Son inventos de los directores de centros comerciales para que los padres dejemos a las criaturas a buen recaudo, o al menos, entretenidos, mientras los padres consumimos ferozmente y como salvajes. Ese es un plan. Nunca lo he usado. Pero el otro día pude comprobar una modalidad o variante B de la anterior: reducto donde dejas a los niños, PERO no te puedes ir a comprar o a tirarte de una escalera autómatica si te place, no. Lo gracioso es que la casi pre-adolescente, infra-pagada seguramente, con gesto huraño y que está gritando “tengo unas ganas locas de aguantar a mocosos que te cagas” mientras se planta la camiseta de Pocoyó como uniforme, te dice que no, que no te puedes ir y que tienes que estar a menos de medio metro del reducto mientras las criaturas juegan dentro. Anda, pues mira. Si me lo dices así, pues nada, bonita, me quedo.

– Los Reyes Magos itinerantes. Bueno, quitando que al 30% de los niños les da pavor ver a estos personajes sedentes, y la mayoría con barbas de pega, o pintados de negro, horror, pues qué voy a decir, es una tradición por la cual creo que hasta yo de criatura he pasado, y creo que sin trauma alguno. A mi criatura no le pidas que hable con alguien con quien tenga una relación más bien cercana, ella es muy suya, ahora, fue ver al señor éste del atuendo festivo, y mira, que le contó su vida y milagros sin ninguna pega. Por supuesto, para recibir los dos caramelicos que el abuelete le entregó tras un discurso al oído de mi criatura que aún no he conseguido que me reproduzca y que me intriga bastante…

Podría seguir con mis cuitas, he acumulado resquemor durante mucho tiempo sobre esta época como para dos blogs y medio. Pero me temo que tengo que seguir envolviendo regalos, escondida en mi cuarto, claro.

¡Feliz Noche de Reyes, amigos!

Foto: Nikon 1 J2 en modo automático,

Run, boy, run

Se acaba el 2013.

Se marcha como mi agenda de este año, destrozadito, sin más aguante ya, ni más hojas donde apuntar lo que queda por venir. Que será mucho.

Se va el 2013

Y sí, por supuesto, la foto de agenda defenestrada es uno de mis intentos de hacer fotos decentes, con la Nikon 1 J2. Y oye, que no me ha quedado tan mal, ¿no?

Se va un año duro, de mucho trabajo, de poco descanso y de valiosas lecciones (ya dicen que se aprende más de las equivocaciones que de los aciertos). Un año en el que a pesar de todo he tenido maravillosas experiencias, tanto personales como profesionales. Han aparecido personas increíbles en mi vida que me han hecho cambiar la perspectiva y a las que estaré agradecida siempre. Y he comprobado el amor incondicional de los míos, de mi gente, de mi familia, la de nacimiento y la que he ido encontrado a lo largo de los años. Mi tesoro, sin duda. Y por lo que merece la pena destrozar agendas y dejar años atrás.

El 2013 lamentablemente ha sido un año, sobre todo, en el que hemos perdido libertades, derechos y muchos pasos dados durante muchos años. Donde nos han subido todos los impuestos “subibles”, donde seguimos siendo los mismos los que pagamos la fiesta, pero ahora los mismos somos más pobres y, básicamente, donde hemos retrocedido en nuestra calidad de vida. Nosotros y las próximas generaciones. Esto, así, bastante resumidito, que la versión larga ya nos la ponen a diario en los medios de comunicación.

Solo queda empezar el 2014 con nuevos propósitos, nuevos y mejores. Esperando que podamos salir adelante y llenar las hojas de la nueva agenda con realidades, con cambios, con un horizonte algo más optimista que el que dejamos atrás.

Mi propósito de hoy, está muy claro… ¡A por el 2014!

Un abrazo amigos y familia, gracias por haber estado aquí conmigo, porque sin duda habéis sido lo mejor del 2013, y ¡a por el 2014!

Amor de hermanos

Desde que nació, le ha empujado, tirado cojines, lanzado objetos duros y contundentes a discreción, pegado puntapies y porrazos varios.

Ha dicho que no le quería.

Ha pedido que le devolviéramos al hospital unas cuantas veces.

Nos ha recordado que ella es la primera, la mayor y que por tanto le corresponde más cariño, más besos y más chuches.

Le ha quitado los juguetes de las manos aunque no pensara jugar con ellos, tan solo porque él no los tuviera.

Se ha chivado todas las veces y más de que ha pintado en el suelo con sus pinturas.

Le ha mordido un par de veces.

Le ha despertado de las siestas.

Se ha reído de él cuando se ha caído.

Entre otras lindezas…

Pero esta mañana, me ha preguntado por qué el pequeño nos quería más a mamá y a papá que a ella.

Y luego ha pasado esto…

No creo que cambie mucho la historia de un día para otro. Pero oye, por algo se empieza…

Foto: con lágrimas en los ojos, y con la Nikon 1 J2.

¡Padres no, gracias!

Soy novata en lo de los cumples infantiles masivos. Los de mis hijos han sido siempre en la intimidad de familia y amigos, al calor de una buena barbacoa y un montón de latas de Mahou, vamos, lo típico. Lo más alejado posible de cumpleaños temáticos o medianamente refinados. Y sé que este es un tema peliagudo, no es que me parezcan mal, para nada, es que sencillamente no valgo para ese tipo de despliegues, al menos por ahora. Lo mismo en un tiempo me entra el espíritu de Martha Stewart, me convierto al scrapbooking y el washitapismo y hago cosas cuquis hasta decorando las tostadas del desayuno de mis hijos…

Pero bueno, dejando de lado mis incapacidades manifiestas con el DIY, el tema cumpleaños tampoco es mi fuerte. Ni el de mi hija, porque, por suerte, creo yo, la mayoría de los cumpleaños a los que le habían invitado hasta ahora habían sido todos de amigos nuestros, con lo cual entraban dentro del terreno conocido, “useasé”, fiesta de toda la vida, más o menos decorada (madre mía, que os esforzáis muchísimo y los invitados nos vamos deprimidos a casa pensando en cómo tendremos que hacerlo nosotros cuando nos toque para estar a la altura…), y oye, pues pasas una tarde agradable mientras los críos corren entre las piernas y se ponen gochos de tarta y gusanitos, sean estos temáticos o no, que al final eso es lo de menos.

Pero, hete aquí que ahora nos hemos encontrado de bruces con una nueva y chocante realidad: ¡¡¡las fiestas de cumpleaños SIN PADRES!!!

Aún estoy en shock, perdónenme, porque debe ser la mar de normal dejar a la criatura en un recinto cerrado con doce críos más, y digo críos de cuatro años, ¡no de ocho o nueve!, pero a mí se quedé cara de qué me he perdido, mientras el resto me miraba divertido, siempre tiene que haber una novata en los cumpleaños sin padres.

Y ante mi estupor, sí, depositabas a tu criatura, con su regalo para el homenajeado bajo el brazo, como quien deja el abrigo en el ropero, aunque no me dieron ficha, y despachada para dos horas después, tan alegremente. Y hala, puerta cerrada.

Yo que, pese a apetecerme cero el momento social, ya iba preparada para confraternizar con el resto de padres del cole, a los que conozco de refilón en mi sprint para recoger a la criatura, o poner por fin cara y nombre a los compañeros de mi criatura, que me hago un lío con las niñas rubias que no veas… Pues no, mi gozo en un pozo. Los padres no estaban permitidos y mi otra criatura y yo nos fuimos, castigados y sin tarta, a hacer tiempo mientras esperábamos a que saliera la, de repente, niña emancipada.

Y como resultado de la expulsión paternal, esto es lo que vimos durante casi dos horas para deleite del pequeño. A mí aún me dura el tic en el ojo. En serio.

DSC_1416
Los niños estaban como hipnotizados! Foto Nikon 1 J2 modo automático
Pingüinos navideños
Y aquí los culpables de la hipnosis. No descarto un lenguaje secreto… Foto Nikon 1 J2 modo creativo selección de color

 

Y aquí los podéis ver en acción (vídeo tomado con la Nikon 1 J2):

Después de esto, una y otra vez, y otra vez, y otra vez más, toco recoger a la criatura que salió más pintada que una puerta, con los morros de rojo, los ojos con algo azul en los párpados y una corona pintada en la frente que doy fe que tardó muchísimo en salir en la bañera. ¿Se lo pasó bien? Pues supongo que sí, pero yo me quedé frustrada y hoy he soñado con que una horda de pingüinos asesinos invadía mi mansión y me perseguían cantando villancicos hasta que yo perecía entre terribles sufrimientos.

Ay, dios, qué duro es esto de la crianza…

Quiero hacer fotos decentes: fotografiando la imperfección

Estoy lanzada. No tengo freno, ni límite. Me he metido en el papel de nikonista como una posesa a hacer fotos a todo lo que me rodea con mi reto #nikon1clic

Pero tengo un problema. O al menos un matiz sobre esto del mundo fotografía a tope y la Red…

Yo veo fotografías de los demás, en otros blogs cuquis, y me doy cuenta de lo dolorosamente evidente. Además de no tener un ojo privilegiado, no consigo encontrar en mi casa un rincón sin trastos, sin juguetes tirados o sin ropa sin planchar para fotografiar algo con glamour. No soy capaz de conseguir esas fotos con fondo blanco, sin nada alrededor y un simple calcetín como si fuera un objeto de museo. A mí me sale ¡un calcetín!

De hecho, hasta me he planteado empezar una tendencia hiperrealista en Pinterest o en Instagram con fotos de la vida real, porque francamente, me cuesta muchísimo ponerle un filtro de perfección a mi vida tan tremendamente imperfecta y accidental…

Entre eso, que tampoco me planteo fotografiar a la cajera del Ahorramás (mmm, ¿me lo planteo y hago una serie sobre Mordor?) y que no voy a subir las caras de los niños a la Red, mis fotos son la leche: cogotes, perfiles, espaldas o manos. Eso sí, ¡qué cogotes, perfiles, espaldas o manos! ¡Las más monitísimas de todo el internet!

Siesta. Nikon 1 J2 modo creativo selección de color
Siesta en penumbra. Nikon 1 J2 modo creativo selección de color
Merienda
Merienda de primos muy atentos a una pantalla que no mostraba nada. Nikon 1 J2 modo automático.