¡Habla usted un “pijo de bien”!

Detrás  de Ciudad K encontramos a Jose A. Aparicio, el autor de Mi Mesa Cojea, blog de referencia de muchos, entre los que me encuentro. Y lo que he visto en el piloto me gusta, mucho. Como no puedo insertarlo en el blog, tengo que poner el enlace. ¡Deberes, señores de RTVE!

Pero insisto, es como ver un revival de Amanece que no es poco, pero un poco más actual, si es que se puede, porque para mí aquellos diálogos absurdos siguen estando a la orden del día. La de Cuerda es una de mis películas de culto y lo que he visto por ahora de Ciudad K va en la misma línea, así que siendo coherente con mis gustos, está claro que estarán en mi lista de visionados de la semana. Eso sí, dudo mucho que tenga la paciencia de verla en la tele. Estará en cualquier caso en la lista de RSS

http://www.youtube.com/watch?v=5Y

El lloro con hipo

Y no lo digo como algo malo. Aunque me da algo de cosilla recordarlo por la inocencia perdida, reconozco que si volviese a verlo ahora (y no quiero dar ideas para reposiciones indecentes, por dios) seguro que lloraría por dos motivos: por lo tontorrona que soy, primero. Y por no tener a mi madre a mi lado para llorar conmigo, segundo.

Ahora estaba viendo un programa español, bastante malo, copia de uno americano, bastante malo también pero algo menos cutre, donde me vuelven a sacar el lado lacrimógeno. Y es que siempre me pasa lo mismo. Aunque ya sepa que la casa que les van a dar a la familia afortunada va a ser preciosísima y que les va a gustar pero mucho, mucho, en cuanto les veo ahí moqueando de alegría… nada, que me pongo a llorar como una tonta. Y lo peor, es que hasta me da el hipo.

Es como cuando veo “El último mohicano”. Entre la banda sonora, que me pone en plan pelospuntismo, y esa escena de la hermana muda (era muda ¿no?) que ya me he visto como ocho o nueve veces, acabo la peli siempre con dolor de cabeza de tanto sollozar.

Y lo peor, o lo mejor, es que sé que mi hija y yo perpetuaremos la tradición que mi madre empezó conmigo aquellos domingos por la noche viendo programillas de lloro con hipo.