Realidad aumentada: cinco minutos

5 minutos (de una a otra)

– ¡Hola mari! Hija, cuánto tiempo, ¿cuánto hace? Dos días ¿no?

– Ay, hija, es que llevamos un ritmo que no llego, no llego… Al pequeño lo tengo con fiebre en casa y sin nadie que me lo cuide así que permiso en el trabajo por tres días seguidos, que ya ni me voy a atrever a mirar a mi jefe a los ojos cuando vuelva; a la mayor me la han castigado en el cole por haberse comido los plastidecores de su compañero de mesa y la tengo que llevar todas las tardes para que haga sus trabajos a la comunidad escolar, y como no tengo quien se quede con el pequeño pues estoy concertando citas con el cole para poder llevarla el mes que viene, martes y jueves, que es cuando yo puedo porque mi suegra se queda con el niño, de aquí hasta el 2015 . Y de mi marido ni te cuento, que es que ni le veo, hija, que nos comunicamos por mensajes, y me llega todos los días a las doce de la noche, muerto de sueño… ni hablamos ni nada, nos sentamos ahí los dos en el sofá, nos pasamos el cigarro a medias, la cerveza del Lidl y nos vamos a dormir hasta las seis de la mañana, vamos como para ponernos a nada, ganas me quedan a mí de otra cosa que no sea planchar la oreja… Es que no llego, no llego, el día menos pensado me dice que quiere el divorcio, o que está con una de su oficina que le cuida más que yo y no le da tantos problemas, vete tú a saber… ¿Y tú? ¿Qué tal? ¿Te han pintado ya las paredes?…

5 minutos (de uno a otro)

– ¿Qué pasa, chaval? ¿Cómo estás?

– ¡¡Hombreeeee!! Bien, bien, liado como siempre. Ya sabes cómo son estas cosas, los niños, el trabajo…

– Sí, sí, ya… uy, que empieza el partido.