Empezar el día con alegría no es sólo el grito desaforado de una estridente y
bifocal Leticia Sabater en sus años mozos (los de mi quinta puede que aún tengan pesadillas con esa imagen, yo sí). Es también una nube negra que sobrevuela las cabezas de muchos padres y madres del mundo mundial al sonar el despertador, cuando, legañosos y con la babilla aún paseándose por la mejilla, se asoman a los cuartos de sus criaturas para, una vez más, empezar el día. Sigue leyendo
Mes: septiembre 2011
Mari, el gimnasio no es para mí…
Si tuviera que elegir un sitio donde estoy más descolocada que la Esteban en una biblioteca ese
sería, sin duda, el gimnasio.
Desde el mismo momento en el que cruzo su puerta ya siento sobre mí la mirada escrutadora de la recepcionista buenorra, con la coleta tan apretá como sus muslos, que teclea descuidadamente el teclado mientras le ríe las gracias masculinas al ser sudoroso e hiperbronceado que se apoya sobre el mostrador para contarle al oído sus peripecias nocturnas en la Garamond. Y voy escurriéndome hasta el baño, y de ahí a la sala, intentando que no se me note mucho, para que no se me acerque el musculado Guardián de los Seres Gimnásticos, me enseñe la placa y me diga: «Señora (me llamará señora, seguro, allí soy mucho más mayor que en el mundo real), usted no puede entrar aquí, sabemos que no viene más que a leer en la bicicleta estática».
¿Premios? ¿Quién dijo Premios Bitácoras 2011?
Nunca he sido muy de concursos. Me puede la pereza existencial, normalmente.
Y eso que mi madre se apuntaba a tooooooodos los que se cruzaba a su paso. Llamaba a la radio, nos hacía llamar bajo amenaza de no hablarnos en una semana a mi hermana y a mí, que como buenas adolescentes descastadas protestábamos con bufidos y el típico «jooo, mamaaaaaaaaaaa», pero que acabábamos llamando a esos concursos de maris y coplas de Radio Móstoles o de Onda Alcorcón…
Un día me hago pandillera, avisados estáis

Las bragas Palominos y otros cambios
Eso de que todos los cambios son buenos me parece una soberana estupidez. Porque si vas a la peluquería para ponerte monísima con un nuevo look a lo Meg Ryan y te dejan con el peinado de Bimba Bosé pues te cagas en los cambios, en la peluquera y en la sobrina del Bosé de paso, por hortera y por raruna.
