El vía crucis mañanero, o cómo empezar el día a patadas

Empezar el día con alegría no es sólo el grito desaforado de una estridente y bifocal Leticia Sabater en sus años mozos (los de mi quinta puede que aún tengan pesadillas con esa imagen, yo sí). Es también una nube negra que sobrevuela las cabezas de muchos padres y madres del mundo mundial al sonar el despertador, cuando, legañosos y con la babilla aún paseándose por la mejilla, se asoman a los cuartos de sus criaturas para, una vez más, empezar el día.  Sigue leyendo

Mari, el gimnasio no es para mí…

Si tuviera que elegir un sitio donde estoy más descolocada que la Esteban en una biblioteca ese sería, sin duda, el gimnasio.

Desde el mismo momento en el que cruzo su puerta ya siento sobre mí la mirada escrutadora de la recepcionista buenorra, con la coleta tan apretá como sus muslos, que teclea descuidadamente el teclado mientras le ríe las gracias masculinas al ser sudoroso e hiperbronceado que se apoya sobre el mostrador para contarle al oído sus peripecias nocturnas en la Garamond.  Y voy escurriéndome hasta el baño, y de ahí a la sala, intentando que no se me note mucho, para que no se me acerque el musculado Guardián de los Seres Gimnásticos, me enseñe la placa y me diga: «Señora (me llamará señora, seguro, allí soy mucho más mayor que en el mundo real), usted no puede entrar aquí, sabemos que no viene más que a leer en la bicicleta estática».

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¿Premios? ¿Quién dijo Premios Bitácoras 2011?

Nunca he sido muy de concursos. Me puede la pereza existencial, normalmente.

Y eso que mi madre se apuntaba a tooooooodos los que se cruzaba a su paso. Llamaba a la radio, nos hacía llamar bajo amenaza de no hablarnos en una semana a mi hermana y a mí, que como buenas adolescentes descastadas protestábamos con bufidos y el típico «jooo, mamaaaaaaaaaaa», pero que acabábamos llamando a esos concursos de maris y coplas de Radio Móstoles o de Onda Alcorcón…

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Un día me hago pandillera, avisados estáis

A vueltas con el día a día, con la realización personal, con la maternidad responsable, con la crianza con apego, con ser una buena madre, con las bragas Palominos dichosas, con mi (vida) entre paréntesis y con la crisis esta que nos han metido entre pecho y espalda precisamente los que siguen teniendo pasta, hay días como hoy en los que me comería viva, con pelos y todo a lo Ozzi Osbourne, a más de uno, en los que me cago en las políticas de recortes sociales (y en los políticos en general) y en cómo están convirtiendo un mundo medianamente llevadero en un olla de presión de las antiguas, de esas con el pitorrillo negro bailando encima, sí, de esas que pitan de sobre nuestras cabezas como diciendo «voy a explotar y os vais a enterar de lo que es una buena crisis, tontosdelculo».