Yo emprendo, tú emprendes, él es autónomo

Autonomo
Forges

Hoy quiero empezar una serie floja de posts dedicada a este fenómeno que está tan de moda en nuestros días que es “el emprender”.

Si le echas un ojo al Twitter, y no sigues al ínclito Sergio Ramos, al padre de los padres Piqué o a ese ser llamado Paquirrín, ese gran emprendedor de nuestros días, tu timeline será un torrente inacabable de frases como: las 10 claves para emprender con éxito, las 24 cosas que no debes hacer si quieres emprender, los 1497363 secretos para triunfar en tu propio negocio

Ufff, paparruchas…

No soy fan de dar consejos, pero la verdad es que si buscas la verdad universal y el secreto de la felicidad mejor gasta tu tiempo limándote las uñas. Una vez has leído un par de post mágicos de esos te das cuenta de que hay casi más gurús hoy en día que desempleados y que cuando indagas un poco al final todo son discursos llenos de humo, de obviedades y de texto de relleno, muy rimbombante pero que no tiene ni chicha ni limoná.

Emprender. Un verbo que antes no se usaba más que en tertulias de economía y que ahora sale más veces en los medios que la propia crisis o la dichosa prima de riesgo. Y que en realidad viene a ser, ni más ni menos, que el sinónimo molón y positivo de un autónomo. Sí, amigos, un emprendedor no tiene obligatoriamente por qué ser ese joven con flequillo arreglado pero informal y gafas estudiadamente torcidas porque son más cool, no. El emprendedor tampoco es, en esencia, esa hermosa jovencilla, carpeta en mano, moño atusado y lista para la batalla con el boli detrás de la oreja. El emprendedor es y será forever ese autónomo jodido y puteado de toda la vida al que la moda lingüística le ha dado una pátina bondadosa de elemento  , molón, atractivo y muy interesante que reconduce su vida, que toma las riendas de su destino, que los tiene bien puestos. Ejem… Alguien nos está cambiando el discurso, creo yo, porque no nos engañemos, hace unos años ser autónomo era un putadón. Sin paro, sin protección alguna, sin seguridad, te caes del andamio y a tu casa a sufrir en silencio como con las almorranas. Y ahí te busques la vida. Los había con suerte que se forraban, como el caso del fontanero ese del que todo el mundo habla que se hizo de oro con la crisis. Pero quitando unos cuantos casos aislados, en general, el autónomo medio estaba muy, muy pillado siempre.

Con lo cual casi nadie quería ser autónomo. Normal. Antes la empresa pública, y hasta la privada, eran el objetivo de la gran mayoría. Y hasta un trabajador de El Corte Inglés se daba por bendecido porque ya lo habréis oído, ¡del Corte no te echan! Pero eso se ha terminado. La empresa privada ha sucumbido al canto de sirenas de los ERE y la pública está enferma de muerte gracias a las ansias y la codicia de nuestros políticos.

Así que ahora, ¿dónde coñ%&% nos metemos tantos millones de parados?

¿Nos hacemos autónomos? No, no, que eso no mola. Mejor emprendemos…

Pues nada, a emprender todos, que es lo que nos toca. Ojo, que yo soy la primera que creo que la necesidad abre el camino y que si el mercado no te ofrece lo que necesitas, has de crearte tú mismo la oportunidad, perder el miedo a la inseguridad laborar… Pero está claro, la primera vez que declares la trimestral  podrás comprobar en tus carnes el poder del engaño lingüístico en forma de IVA. Y aunque nos lo vendan como la panacea para salir de la crisis y el milagro del pan y los peces, las cuentas no salen. Porque aunque hayan pasado veinte años, las cosas no han cambiado tanto y sí, los autónomos siguen estando muy, pero que muy maltratados.

Un ejemplo, en el Blog Salmón.