De padres y blogs

Hace casi siete años que escribo un blog y en estos años la vida me ha cambiado y se ha vuelto del revés. Y no solo por la maternidad. Que también.

Gracias al blog, que empecé intentando cerrar mi cuenta de Facebook (larga historia de mi torpeza…), caí de bruces en un mundo apasionante en el que redescubrí el amor por las letras, ese amor que la rutina y el trabajo rápido y desapasionado me habían hecho olvidar en los últimos años. Pero sobre todo, me permitió ir conectando puntos, como esos pasatiempos en los que formas la figura del elefante uniendo números.

Yo empecé a trazar líneas, o el blog lo hizo por mí, y así en mi vida empezaron a entrar personas maravillosas que ampliaron el dibujo del elefante inicial a algo muchísimo mayor y más bonito (con todos mis respetos para el elefante), a una constelación repleta de voces distintas y con diferentes matices. Nuevos puntos de vista, nuevas formas de ver las cosas, o incluso las mismas de siempre, pero repetidas de manera que ya no te sientes tan bicho raro. Nuevas visiones sobre la paternidad, ese océano inmenso y lleno de náufragos donde muy pocos tienen acceso a mapas, esos que ni siquiera creo que existan.

Compañía, trabajo, filias, fobias, broncas descomunales, complicidades anónimas, pactos de caballeros, risas enlatadas, silencios evidentes… ¿Cómo resumir en un editorial lo que la blogosfera ha supuesto para mí?

Pues aunque es casi imposible, creo que lo principal, sin duda, son las personas. Todas las personas a las que llegas, y que llegan a ti gracias a palabras e imágenes, a experiencias y comentarios sobre lo que te pasa por la cabeza y lo que te preocupa. Personas que te completan desde la distancia de un like, que te hacen sentir acompañado, comentario a comentario.

Y es que puedo afirmar con mucho orgullo que mi biografía vital está llena de padres y blogs. Y soy inmensamente feliz.

[Editorial para el nº 1 de nuestra querida y esperada Madresfera Magazine. Suscribíos. Anda]