Quién recuerda los aniversarios…

Hoy es mi aniversario en esto tan loco que es compartir vida y definitivamente no soy una persona de aniversarios. Se me olvidan. Cada año pienso antes de que se acerque que éste SI, éste va a ser el año en el que voy a completar la fase de maduración y me saltará mi propia alarma. Seré por fin una pareja funcional y cumplidora.

Pero la vida se empeña en demostrarme que eso no llega, y cada 4 de marzo, mi santo me sigue felicitando a primera hora de la mañana, mientras yo intento saber por qué, quién soy, qué hago en este mundo y dónde está el café. Tardo décimas de segundo pero las suficientes para volver a caer una vez más en mi propia trampa y decepcionarme a mí misma: no soy una persona de aniversarios.

Podría decir que es porque para mí cada día es único y da igual que llevemos 14 años o 48 (EN REALIDAD SON 15). Y eso quedaría muy oportuno. Salvaría el día. Me libraría de la presión externa y me rebelaría como buena inconformista de salón ante la enésima prueba para demostrar noséqué a la que nos sometemos voluntariamente.

Pero, para qué mentiros en un viernes nublado, pero viernes al fin y al cabo.

La realidad es que tengo mala memoria y no soy una persona de aniversarios.

Menos mal que mi santo tiene mejor memoria que yo y parece que sí es persona de aniversarios.

Menos mal que le da igual que yo no lo sea.

Y menos mal que me pone el café a calentar antes de que me levante.

Te quiero, santo. El año que viene me acordaré, ya verás… Voy a seguir intentando ser mejor.

(spoiler: no me acordaré. Feliz viernes y un Nutini para los que queréis bailar en pareja hoy, despacito y agarrados, sea o no vuestro aniversario).

Amor de hermanos

Desde que nació, le ha empujado, tirado cojines, lanzado objetos duros y contundentes a discreción, pegado puntapies y porrazos varios.

Ha dicho que no le quería.

Ha pedido que le devolviéramos al hospital unas cuantas veces.

Nos ha recordado que ella es la primera, la mayor y que por tanto le corresponde más cariño, más besos y más chuches.

Le ha quitado los juguetes de las manos aunque no pensara jugar con ellos, tan solo porque él no los tuviera.

Se ha chivado todas las veces y más de que ha pintado en el suelo con sus pinturas.

Le ha mordido un par de veces.

Le ha despertado de las siestas.

Se ha reído de él cuando se ha caído.

Entre otras lindezas…

Pero esta mañana, me ha preguntado por qué el pequeño nos quería más a mamá y a papá que a ella.

Y luego ha pasado esto…

No creo que cambie mucho la historia de un día para otro. Pero oye, por algo se empieza…

Foto: con lágrimas en los ojos, y con la Nikon 1 J2.