El sexo versus la maternidad reciente

Me sugieren las amigas de Femxy, así como quien no quiere la cosa que, tal vez, a lo mejor, por qué no, sería interesante que escribiera sobre el sexo justo tras la maternidad…

¿De qué?- Le contesto a gritos como si tuviera la trompetilla adosada al pabellón auditivo.

¡De sexo! ¡Abuela!-

Ahhhhh… De sexo… – Y me repito a mí misma la palabrita como los protas de Bitelchus, a ver si a la tercera se me aparece el fantasma del sexo de las navidades pasadas, o mejor, ¡el de antes de los dos partos y dos criaturas pañaleras!

Ay (suspiro prolongado) ¡el sexo! ¡Qué gratos recuerdos! Pero, ¿cómo?, ¿aún te acuerdas de lo que es eso? Me digo, asombrada a mí misma… Pues sí, por las pelis, sobre todo.

Y puede que sea algo personal e intransferible, como el PIN del móvil. Pero, salvo honrosas excepciones, envidiadas y muy contadas, las madres recientes que me rodean, con hijos de tiernas edades, viven o mejor dicho, se arrastran por jornadas maratonianas con trabajos hiperexigentes, fuera y dentro de casa, organizando a duras penas la leonera en que se convierten los hogares, ir y venir entre colegios, guarderías, clases de pregimnasia o predeporte o pre-algo pero cánsame mucho al niño, hacer compras, preparar comidas medianamente equilibradas, y todo esto, actualizando el blog,el twitter, el facebook , y contarle a las amigas del whatsapp lo que te ha dicho la borde de la pescadera mientras se tiende la tercera colada del día. Todo eso con uno, dos o hasta tres criaturas vociferantes, babeantes, cuando no también lactantes, exprimiendo tus energías, tus ganas y la alegría de vivir en partes iguales…

Y claro, tras días más largos que la huelga de Telemadrid, cuando llegas a la cama parece que oyes cantos celestiales desde tu almohada y sientes el mismo entusiasmo al meter tus huesos bajo el edredón que si hubieras llegado a la meta la primerita tras correr un maratón de esos que ganan solo etíopes y gente muy, muy delgada. ¡Has sobrevivido otro día más! Y además ¿quién sabe cuántas horas dormirás?

Así que, con este panorama, amigos míos, ¿en qué dichoso momento de la frenética agenda de una madre de tiernos infantes incluimos con calzador el tan deseado kit-kat sexual?

Porque claro que es deseado, que nadie se asuste. Lo tenemos en la mente, nos acordamos de él, y pensamos que, en algún momento, de una manera o de otra, como las oscuras golondrinas, volverá.

Y sabemos que es verdad, que vuelve, porque después del primer hijo, tras el tiempo necesario para que el cuerpo y las hormonas vuelvan a su sitio, el sexo vuelve a instalarse en tu vida, más o menos como antes, o incluso mejor.

Y tras el segundo hijo, igual que confías ciegamente en que bajará

 la prima de riesgo algún día, también confías en las posibilidades de que, en algún maravilloso momento, vuelvas a sentirse sexy y deseada y a conseguir ir depilada un mes seguido. Y que recuperarás las ganas y la líbido, y que no te sentirás dentro de un cuerpo que no reconoces, agotado, exhausto, nada tonificado y totalmente entregado (y devoto) a ese nuevo ser que te reclama día y noche como si no hubiera un mañana (acertaron, ese ser no es el santo respectivo…)

Todas sabemos (o rezamos para que pase) que el momento achuchado pasará. Que los bebés crecen y empiezan a echarse siestas de dos horas, al menos. Que pronto podrás dejarlos con tus suegros sin tener que programar las agendas de media ciudad con seis meses de antelación. Que la vida dejará de ser esta sucesión de carreras con niños adosados a la cadera. Y que poco a poco volverás a encontrar las ganas y el tiempo para dedicártelo a ti misma y a tu pareja. Lo sabemos.

Pero ahora mismo, cuando te hablan de sexo, te entra la risa floja hasta que te cruje la contractura del cuello por reírte y te acuerdas del poco cuerpo que tienes para esas cosas y de que duermes en turnos de tres horas como mucho.

Vamos, que del sexo, ni hablamos…