¡Zas! En toda la boca

Muy felices me las prometía yo…. Qué bien que lo llevo, qué bien que doy consejos en el blog, qué bien que las monjas nos llevan de excursión…
Pues sí, amigos y amigas, todo llega y eso me ha pasado a mí esta misma mañana.
Yo, inconsciente de mí, empezaba el día con la felicidad somnolienta del ignorante. Hoy tocaba dejar la niña con los abuelos, no la tengo que llevar a la guarde, y así me he dedicado a pensar en mis cosas durante el camino al curro. Que si el 23 F ( a eso llegaré en otro post), que si las charlas en el tren, que si el sentido de la vida es difuso y vago a la vez…, vamos, tan pichi.
Y ahí, rondando a las nueve y media, ya asimilando que tengo una mañana dura y áspera de trabajo por delante, con más “brifinsss” en la bandeja de entrada que insultos recibió ayer Bisbal en su twitter, me encuentro una llamada perdida de la guarde en el teléfono. Pasmada les llamo. Mala no puede estar, porque no está con ellos. Pero no, no es eso. Lo que me tienen que contar es casi igual de terrorífico.
Se me ha olvidado que HOY se celebraba en la guarde una función de teatro que YA había pagado hace un mes y que, además, me hacía mucha ilusión que mi hija pudiera ver.
Dios. No pronuncio su nombre en vano, pero es que me se me han abierto las carnes. ¡Se me ha olvidado el teatro de mi hija! Así, porque sí. Sin más explicación. Me quedo sin respuesta. Pues sí. Se me ha olvidado. No, claro, hoy no ha ido. No, no creo que llegue. No. Se lo va a perder…
Y así, de esa forma tan sencilla, en el Día de la Marmota de no sé cuál estado norteamericano, me ha vuelto lo que en algún momento debo haber empezado (porque yo en el karma creo bastante…). Y me ha impactado con una fuerza comparable a nosécuántos miles de puñetazos del súperhéroe más forzudo de todos los súperhéroes.
¡Zas! En toda la boca…
No he podido remontar el día, la verdad. Pese a que sé que no es tan terrible, que mi hija no va a crecer con trauma por esto, que no tiene por qué necesariamente darse al alcohol por mi descuido o deliberadamente abandonarme en una cuneta cuando yo ya peine canas, pese a todo eso y a que, utilizando la lógica, es normal que algo se me pase, yo sigo sintiéndome fatal, fatal de los fatales.
Supongo que son cosas que pasan, que como me ha dicho una amiga, no llegamos a todo y que no soy la madre perfecta. Y aunque de eso no tenía muchas dudas, y tampoco espero conseguirlo salvo medicación intensiva, estos fallos inesperados son como una buena, y merecida, bofetada en toda la boca.
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