Archive

Reclamaciones furibundas

Mordor está en Madrid

Sí, amigos, Mordor está en Madrid, junto a la M30…

Vivir en Mordor es una aventura, amigos. Ya de por sí, vivir en Madrid es peligroso. No respiramos aire sino humo y mala leche, nos pasamos el día corriendo de un lado al otro para llegar a tiempo a los sitios por inercia y las diferencias entre barrios ricos y pobres son tan alucinantes y dolorosas que da hasta asco. Aunque no creo que ninguna de estas características sean exclusivas de nuestra capital, yo las sufro en mis carnes cada día y lo llevo muy mal, a mi pesar.

Mordor, mi barrio… y el de cada día más orcos… (léase esto con acento del gran Matías Prat) es junto a otros gloriosos barrios de Madrid, un reducto de perdición y miserias. Yo le tengo cariño por lo que fue, pero no se puede negar que con la crisis esta asquerosa que nos han echado encima, el pobre Mordor ha tocado fondo. Lo ha perforado y ha llegado hasta Australia.

Está en el ambiente, se palpa. Y también en cuanto pisas la calle:

- Las obras, con sus respectivos obreros y zanjas, que te cortan tu calle (así como las de paso) por un lado o por ambos, convirtiendo la tarea de sacar el coche, o volver a aparcarlo, en un milagrito de la Virgen de Lourdes o en un episodio de Humor Amarillo. La velocidad para desmantelar una calle es inversamente proporcional a la que emplean para arreglar los desaguisados causados por esas mismas obras. Y así, entre andamios, zanjas y obreritos con cascos, nos pasamos la vida.

- Las casas abandonadas, porque Mordor está lleno de edificios centenarios y que se caen a trozos. Además de ser peligrosas en sí mismas se convierten en a)centro “ocupacional” para yonquis y amigos, con lo que eso supone para la seguridad de los vecinos, y que acaba siempre en redada+ventanas tapiadas, b) centro “ocupacional” para gatos pulgosillos a los que, inexplicablemente, un vecino al que tengo localizado, por cierto, se empeña en dar de comer lentejas, cocidos y latas de comida que se encarga muy amablemente de “depositar” en el descampado de al lado (los descampados, otros que tal bailan). Por supuesto, junto a los gatos, dada la diversión, acuden bichos de todos los tamaños y especies. Normal, el fiestón es la leche.

- Cubos de la basura, o en su defecto y ausencia, basura desparramada por el suelo. En tan solo unas horas, junto a las cagadas perrunas, que para qué van a limpiar sus dueños con lo sucio que está ya todo, te puedes encontrar junto a tu puerta una tonelada de residuos orgánicos e inorgánicos (porque en Mordor no se recicla), una bañera desconchada pero aún enterita y que acabará en la casa de enfrente, un par de tablas de planchar con pegotes varios y los muebles completos de un salón con abuela incluída en su mecedora y tricotando.

No te molestes en llamar al 010 para que pongan más cubos porque como nuestras aceras tienen cerca de cinco centímetros de ancho y somos una calle pequeñita, no nos corresponde y nos toca recorrer el barrio buscando uno donde poder depositar nuestras bolsitas de basura como los zombies de Walking Dead en busca de carne fresca. Los cubos ahora son más preciados que el cobre, y aquí, que somos mucho de traficar, seguro que ya hay más de uno que se ha pasado al mercado “basuril”.

Y es que aquí es más que palpable aquello que comentaba con tanto gracejo la señora Miss Relaxing Cup of Coffee sobre cómo nos hemos acostumbrado a demasiada higiene y que obviamente no, no toca recoger todos los días la basura,por favor! Panda de limpios que sois unos quijocosos! Aquí en Mordor la quería yo ver viviendo a nuestra amiga bilingüe, a ver si se acostumbraba a la demasiada porquería que nos está comiendo, y por cuya recogida por cierto, seguimos pagando igual que cuando pasaban todos los días

- El movimiento kinki- cani- choni que a mí a veces me divierte por su idiosincrasia y su chandal como prenda de trabajo, pero que aquí confluye con muchas otras circunstancias sociales (inmigración, drogas, abandono escolar, cierre de centros de ayuda y atención, etc, etc) en choques violentos y escenas que podemos ver  todas las noches en el telediario de Antena 3. Cuando no es un tiroteo en casa de una traficante de setenta años, (que ya le vale a la señora a esos años), es una lucha de bandas, redadas en el chino de al lado, o el asesinato de una mujer por su marido borracho delante de sus cinco hijos.

Y no es algo que vea solo en el telediario. Está en la calle, en la casa de la esquina para ser más exactos, a unos pasos (sorteando bolsas de basura) de distancia de la mía, y donde viven veinte personas que, por cierto, meten una bulla de impresión durante todo el año porque tienen la estupenda y muy sana costumbre de celebrar fiestas cada dos o tres días y no sienten la necesidad de tener puertas y ventanas cerradas, ni aunque sea diciembre. Olé ellos y la madre que los alumbró…

También me apena enormemente el cierre de negocios de toda la vida, que sé que está ocurriendo en el resto de la ciudad, para sustituirlos de manera automática y casi por evolución tipo pokemon en a)locutorios abiertos a todas horas con redadas cada quince días b)peluquerías internacionales y temáticas, que abren todos los días del año, a todas horas, y con redadas cada diez días c)por supuesto los chinos en todas sus variedades, todo a leuro, bares, boutiques de moda, peluquerías con final feliz y fruterías, que abren a todas horas y con redadas cada semanita o así y d)tiendas abandonadas donde se acumula la mierda y donde muchos aprovechan para echar las bolsas de basura porque, señora Botella, ¡no hay cubos!

Y así podríamos seguir si esto en vez de un blog fuera una esquela, la del pobre Mordor…

Pero bueno, para que no nos quedemos con tanto mal sabor de boca,concluyo y os dejo con esta joyita que me he encontrado sobre el cine kinki, que salió de barrios como este, y que mis padres consumían igual que ahora se ve Gandía Shore ¿no?

¡Hasta la próxima!

Yo no sé a ustedes, pero a mí esto de los sobres, la pasta en B, la lista escrita a mano que aparece años después, me parece como de comedia italiana de los años cincuenta. En serio, ¿esto está pasando de verdad? ¿Y seguimos en casa pagando nuestros impuestos como si tal cosa?

Miren que yo no llamo a la rebelión fiscal así a la ligera. Que una servidora, como la gran y pardilla mayoría de este país, pagamos y religiosa o ateamente nuestros deberes. Y lo seguiremos haciendo con dolor. Pero no dejo de plantearme la necesidad, la urgencia sangrante de cortarles el grifo (y la cabeza, metafóricamente, of course) a esa panda de Otros que nos han invadido desde más allá del Muro (si me permite la comparación novelesca).

Estoy hasta las narices, lo reconozco, y más allá también. Harta de poner las noticias o abrir el periódico (el digital, que yo ya el de papel solo lo uso para pintar, es así) y ver el careto de unos y de otras, politicuchos y politicuchas, con medios tacones y mantillas, de padrenuestro y “dame lo mío, Mariano”, de convención o de cacería, en sus yates en Marbella o en sus Audis de alta gama, riéndose a mandíbula batiente del país porque entre unos y otros lo tienen comprado.

Harta de los Pujol, Millet, y familiares varios y sus millones en bolsas de plástico camino de Andorra que saldrán de rositas.

Harta de la Familia Real enterita hasta la primera generación que ha tapado y propiciado el robo no solo por parte del yerno pródigo Urdangarín sino de todos los sobrinitos, nietecitos y primitos que pululan por España viviendo, comiendo y practicando la equitación a nuestra costa y que saldrán todos de rositas incluido el alto ese que parecía tan bueno, tan majo y mira lo bien que se lo ha llevado.

Harta de tooooooooodo el PP que se lo ha llevado en B, en C, en D y así hasta la Z, y porque no hay más letras que si no… Y que sí, estoy tristemente segura de que saldrán de rositas, Bárcenas el primero, porque ahí está metido hasta el tato, y no le interesa a nadie que eso salga. Con tanta mierda no volvería a circular el agua por el fregadero, que lo veo venir.

Harta de toooooooooooodo el PSOE que también está en el ajo, seguuuuro, y que por eso ahora, en vez de ir en pleno a las puertas de Génova a hacer una sentada como dios manda, ponen la boquita de piñón, así con el culillo cerrado, y dicen con voz de mariquitas ¡que se sepa la verdad! Venga bah, que se os ve la tortugita también asomando, amigos. Que sois todos de la misma condición. Que a los constructores les da lo mismo poner el montante en las manos de unos que de otros, siempre que el contrato multimillonario caiga en las suyas. Que no nos chupamos el dedo, aunque lo parezcamos.

Harta de los periodistas que les encubren o defienden , de los jueces que les tapan o les sacan las castañas del fuego, y todos, por supuesto, poniendo la mano por detrás. Por detrás o por delante, porque lo cabreante de todo esto es que ni siquiera se esconden! Y es que ya ni siquiera nos sorprende!!!!!!!!!

Estoy harta de que se nos persiga con impuestos que cargan otros impuestos que hemos pagado. Que nos estén cerrando hospitales y urgencias para salvar cuatro perras cuando se lo están llevando ustedes todo calentito. Y a Suiza, ni más ni menos.

Estoy harta de que a los pobres se les eche de sus casas, de que se engañe a los que menos tienen y más trabajo les cuesta conseguirlo. De las preferentes, de los créditos inexistentes, de las cajas y sus cojones cuadrados, de sus presidentes con sueldos vitalicios. De que sigan haciendo anuncios diciéndonos que quieren lo mejor para nosotros. Iros todos a Suiza, pero para siempre, y al menos sed honestos, y no nos toquéis más las… comisiones.

Estoy harta de que el INEM persiga como perros de presa a los que están recibiendo prestaciones, de que no haya más becas para comedor ni de libros, ni de nada. De que cierren bibliotecas por todo el país. De que se cierren empresas con EREs como quien come pipas. De que mi barrio cada día esté más sucio porque ya solo se recoge la basura una vez cada dos días. De que se esté privatizando nuestra sanidad para que los amigos de los consejeros de turno se lleven las adjudicaciones y se puedan ir a Los Alpes a celebrarlo a nuestra costa mientras los pobres se mueren de asco por no poder pagar las ambulancias.

Harta de que la única opción para tener una salida digna sea marcharse. De envidiar a los que ya lo han hecho.

Y la pregunta del millón de euros que me queda por hacer cuando no me quedan más piedras que tirar…¿Es que en este país los mayores imbéciles del reino somos nosotros por no robar?

Me niego a pensar que sea así. Llámenme imbécil.

despidoCuando me echaron del trabajo lo primero que me dijeron es que no era por mí. El típico no eres tú, soy yo¿podemos seguir siendo amigos? Me dijeron que tener hijos y querer cuidarlos no iba bien con la publicidad. Que no molaba que me fuera a mi casa a las tres. Que si no me quedaba hasta las once de la noche eso quería decir que no me gustaba la publicidad. Que seguiremos en contacto, que te llamaremos, que no eres tú, que soy yo…

Cuando me echaron del trabajo, hace ya unos cuantos siglos, me dijeron, como si con eso fuera a levantarme a hacerle la ola al tipo aquel al que no había visto en mi vida, que ante una situación de dificultad en la empresa, las primeras en los que pensaban para echar eran las mujeres con hijos. Que lo hacían por nosotras, que en realidad era un favor porque así podíamos irnos a nuestra casita a cuidarlos y vamos, que era una cuestión de bondad empresarial, digámoslo así.

A mí, ante esa declaración de homo-realidad, se me puso cara de culo inmediatamente. No se me cayeron los ojos de las órbitas porque los tenía sujetos con el rimmel, que si no aún estoy buscándolos. Pero solté la mano rápidamente en posición: págame y no me cuentes milongas, s’il te plait. Hay que joderse…

Y salí de ese despacho buscando un calendario en aquellas oficinas acristaladas, para ver si efectivamente estábamos en pleno edad del iPhone no sé cuántos, y no en los años del Generalísimo y la Sección Femenina. Y me fui, con la autoestima por los suelos, el ánimo empujando la autoestima desde el subsuelo, y enfrentada a mi genética y a mi mala costumbre de engendrar como si ese fuera el problema…

No quedó ahí la situación surrealista, por supuesto. Porque podía haber terminado de una manera elegante, adecuada, correcta, vamos, lo normal cuando te echan para que te vayas a cuidar de tus hijos, sea ésta la razón real o no (ojo, que es muy probable que apeste como profesional, pues claro, pero desde luego la excusa fue incluso peor que mi trabajo…). Pero no. Cuando al fin fui a cobrar mi cheque llevaba en la mano una bolsa de unos grandes almacenes con mi libro ahí agazapado.Y era un libro, pero podía haber sido una cabeza de gíbaro disecada. Vamos, que es lo de menos. Pero ni corto ni perezoso, el señor, ese señor, el encargado de soltarme la guita, ya curtido y con canas en su haber, va y me suelta con un par un: ¡Anda, que ya te lo estás gastando yéndote de compras!

Se me volvió a poner cara de culo. Esta vez de culo muy respingón. Solté la mano una vez más en posición: Págame y no abráis la boca que os cubrís de gloria. Que te has quedado a gusto…

Y con mi bolsa, mi objeto indeterminado dentro de ella, y lo más importante, mi cheque para irme a cuidar a mis hijos a mi casa en mi bolsillo.

Cosas que te dicen cuando te echan… Cuéntame un chiste, ¿qué te han dicho a ti?

 

Yo quería escribir un post sobre esta nefasta semana, pero….

Pero, sepa, amiga Fabra, que a diferencia de usted, que malgasta vilmente nuestro tiempo y nuestro dinero vociferando improperios desde su escaño, no sabemos si a los cinco millones de parados o a alguno de sus compañeros (ninguna de las dos opciones me resulta menos asquerosa que la otra), una servidora sí tiene que hacer algo de utilidad con su escaso tiempo y no hace falta que le detalle en qué, porque incluso aunque me dedicara a hacer unas bragas de calceta para el gato ya estoy haciendo algo mucho más útil que su aportación, excelsa diputada.

No le deseo ningún mal, no tengo ni tiempo para eso.

Eso sí, la abofeteo mentalmente hasta la extenuación  y me deleito pensando en que la probabilidad de que se cruce con uno de los millones de parados, con el placer que eso le supondrá al afortunado/a, es incluso más elevada que la nómina que se debe estar llevando a nuestra costa…

Y sin más la dejo, señora mía, que ha terminado ya el ciclo corto de la colada y como no tengo filipina que me la tienda, me tengo que joder y hacerlo yo…

Muy suya, cuando dimita.

A la amiga de una amiga de una amiga mía la van a despedir. O la han despedido ya. O le están haciendo un ERE, que ahora mismo es como que te hagan las mechas, unas ingles brasileñas o las cejas, vamos, lo más normal. Todos tenemos un conocido al que han pasado por la piedra salarial, o que está punto de pasar. Y ese afortunado que antes tenía la tranquilidad vitalicia de ser funcionario, ahora le tiemblan las carnes pensando en los recortes de sueldo, en las pagas extras menos o en las transferencias a las comunidades, momentos en los que definitivamente sí que ves tu vida pasar por delante en fotogramas, imágenes digitales o viñetas de comics, da igual el formato o el color.

En el parque, con los niños, después del tema del cole, que hasta que pase el momento estacional, seguirá siendo la estrella en nuestra horquilla de edades, el tema recurrente y más manido es “Y a ti, ¿cuándo te echan, Mari? ¡Miguelito, no te comas la arena! Y qué, ¿les has denunciado ya?.” Así está el patio. Y  el que no lleva meses luchando por la indemnización, de la mutua al psicológo, pasando por el INEM y el abogado y peleando, claro, con unos y con otros, está viéndolas venir mientras echan al 80% de la plantilla de su fábrica, o directamente lleva seis meses yendo al tajo sin cobrar su sueldo. ¡Seis meses!

Que hay que reinventarse, dice por ahí gente guay que bebe Aquarius en los bares. Pues sí, hay que reinventarse, machote, pero en otro país, me parece a mí. Porque lo que es aquí o tienes un cuñado en el Ayuntamiento y un padrino en el banco, o más te vale que lo que reinventes sea tu lista de créditos y préstamos.

Que hay que renovarse, dicen, crear negocio, innovar, tener imaginación, ¡emprender! ¡Coñe, llegamos a la dichosa palabrita! ¡Emprender! Y miren ustedes que lo digo como una humilde aspirante a empresaria, pero francamente, ya estoy un poco hasta los mismísimos rulos de que nos tomen el pelo con eso de que emprendiendo se sale de la dichosa crisis, amigos. Que nos venden la moto del emprendimiento como si fuera la panacea para que cinco millones de parados se busquen las habichuelas fuera del abrigo del papá Estado… Ay, espera, que olvidaba que los autónomos no tienen derecho a paro, ni a baja, casi, ni a jubilación, casi, ni a una vida, casi, es verdad, qué alentador, casi… ¡Ummm, qué ganas!

Sí, claro, por supuesto que emprender es genial, muy buena idea y muy satisfactorio. Que está muy bien ser tu propio jefe y que te puedas llamar gilipollas a ti misma en vez de a alguien casi de tu misma edad pero con seis ceros más en su sueldo. Pero insisto. No en este país. A lo mejor en Sillicon Valley, amigos, saben valorar un proyecto viable y encauzarlo, que ya no digo invertir, ¡que me conformo con no joderlo! Pero en España las cosas no funcionan así, me temo. Y eso que estamos rodeados de gente con ideas, y con ganas, y con proyectos interesantes. Un montón de talento que sube como la espuma por el cuello de la botellas hasta que ¡oh, merde! se encuentra como tapón a los inmensos culos de los gordos banqueros, de los ministros de Trabajo o de Industria o de Hacienda, o todos a la vez, que parece que se ponen de acuerdo para dificultar el curro de millones de pequeños empresarios y de autónomos con trámites engorrosos, impuestos a porrón, y toda una lista de torturas que debería recoger la mismísima Convención de Ginebra.

Pero ahhhhhhhhhhhh, no te olvides de que estás en España, colega, el país de los cuñados en el Ayuntamiento y el padrino en el banco, de los Gurtel, de los Cortina, de los Fabra, de los Millet, de los Urdangarines, de los millones de euros intercambiados entre señores con trajes en gasolineras, de las subvenciones a eventos deportivos que nunca se llegarán a realizar, de los Juegos Olímpicos que nunca se celebran pero para cuya candidatura pagamos religiosamente cada año, de las Cajas Mágicas y los 300 millones de euros que costaron y otros ejemplos indignantes de despilfarros urbanísticos que después del pastizal que han costado se cierran al público por falta de recursos o sabe dios por qué, de los aeropuertos en ciudades fantasmas, de las estatuas gigantescas y presupuestos desproporcionados, de los colegios públicos sin calefacción y de los recortes a diestro y siniestro y en el que, amigo emprendedor, si quieres un crédito o un boli del banco, ya si eso vas a tu madre y que te lo saque de debajo del colchón porque aquí, en tu negocio, no arriesga ya ni el Tato. Y que si haces un trabajo por el que pagas tus impuestos religiosamente, como un buen hijo de autónomo, tranquilo, que te comes los mocos porque a ti no te pagarán hasta que se desvele el misterio de la sábana santa, o de las caras de Bélmez… ¡Y no pasa nada! Porque estás emprendiendo, estás de moda, el Corte Inglés te va a dedicar un Día Fantástico y eres lo que se lleva, como el morado. Molas mazo.

Ya si eso, de lo de cobrar, hablamos otro día, majete…

Perdónenme el arrebato, es que dan ganas de darle la vuelta al mundo, a ver si vuelca toda la gentuza esa que nos da tanto por saco, y ya de paso, nos caen las monedillas. O las vueltas de la compra.

Tal vez sea mejor que avise que en esta entrada puede haber vocabulario explícito empleado para ofender a cierto pintor y al contratista y a unos cuantos señoritingos más. Mentes y espíritus sensibles hagan un pip mental cuando pasen por esos vocables y achaquenlo, sin duda, a la preñez avanzada y sus efectos primarios.

A lo mejor me meto en otro berenjenal. A lo mejor. Pero no me importa, mucho. Porque estoy muy cabreada.

Cabreada por una crisis que nos han plantao como si de un color de moda se tratase: esta temporada, bueno no, lo dos próximos años os vais a cagar todos porque España va a sufrir una recesión de cojones. Guardad vuestras esperanzas, vuestro optimismo y vuestras ganas de prosperar porque aquí solo lo van a hacer los mismos, osea nosotros, pero además os vamos a recortar todos los derechos que podamos. Porque es lo que os toca. Y os jodéis.

Cabreada por un país que no respira si no es para gritar GOOOOOOL delante de una pantalla o se encabrona con los pechos nuevos de la última rubia que haya salido con Guti (espera, es morena, no?). Nada moviliza tanto a este país como un clásico, como una pelota, como las declaraciones totalmente vacías de contenido de un señor que habla a los medios con los auriculares del MP3 sonando con la metralleta de DJ Tiesto de fondo. ¿En serio?¿EN SERIO?????

Cabreada, muuuuuuuuuuuuuuuy cabreada, porque al señor jefe pintor de los huevos no le ha dado la real gana de arreglarnos los desperfectos que ellos han causado al pintarnos la casa a medias. Eso sí, colega, te largas sin cobrar porque no pienso pagarte ni un euro después de haberte atrevido a insinuar que mi mansión, MI MANSIÓN es la causante de que la pintura recién echada se levantase tres días después de haber pintado. Mamón.

Muy cabreada esta semana porque un día sí y otro también confirmo el hecho de que se están riendo de nosotros, en nuestra cara.

El juicio de Marta del Castillo me dejó bastante escamada, lo reconozco. Esos padres, ese abuelo que no deja de levantar Andalucía buscando a su nieta… Y esos… esos, no tengo ni nombre que se acerque al desprecio que siento por esos bichos repugnantes que se han sentado en el banquillo y que han salido libres salvo uno de ellos que ha recibido una pena que con las patéticas leyes que tenemos en este país saldrá tan tranquilo cualquier día de estos. Indignante, estúpido, innecesario y vergonzoso que algo tan espantoso como un asesinato a sangre fría a manos de unos adolescentes de pendiente en la oreja y chandal brillante pueda salir impune.

Y ya calentita, me entero de que a Camps, ese hombre sonriente, después de haber oído toda España sus conversaciones de Esteso y Pajares comentando sus trapis con el Bigotes y los otros, le han dado la bendición y hala, a tu casita, majo a seguir jugando al golf y a las compritas, y ya nos pasarás el cheque a esta dirección. Aquí os digo, hermanos, que la indignación ya supera la línea de la película surrealista y que me entran ganas de ponerme a cantar como una loca en medio del supermercado, a lo musical de Broadway con plumas y lentejuelas (pero siendo como es de estratosférico y marginal mi barrio, ya imaginarán que lo haría con la bata de guatiné, el moño “awhinehouseado” y las zapatillas de estar por casa con pompón de pelillos rosas).

Esto es un circo, señores, un teatrillo, una farsa, una sombra, una ficción, como diría aquel… Y mientras juzgan con boato a Garzón sus propios compañeros, en lo que no me importa admitir que veo una total venganza de pandilleros setentones de trajes de a millón y morales abyectas, que se gastan nuestro presupuesto público en liquidar sus asuntos pendientes de patio de colegio, en vez de ocuparse de recoger la mierda de las calles, que ahí les quería ver yo, limpiando las aceras de truños gigantes y no calentando sus asientos de señorías. Vomitivo.

Y lo del Urdangarín, pfffffff, suma y sigue, que es presunto, como el jamón portugués. Y que no sé ustedes, pero que yo tengo claro, clarinete, que se va a ir de rositas y Coronitas con su colega, a seguir jugando al pádel y viviendo a nuestra costa como el resto de los Reales. Eso sí, que no se nos olvide a nosotros, oh mortales imbéciles y patéticos, presentar la declaración trimestral aunque sea a 0, o pagar nuestros pagos religiosamente a los bancos, da igual los que sean, porque a la semana como mucho, tendrás en tu casa una pila de cartas amenazándote y convirtiendo tu nombre en un chorizo más de noséquélista de morosos y la madre que los trajo.

Pero lo mejor, lo más de lo más vino ayer cuando escuché en la radio la historia de una vaca que hace 25 años mandaron a la cárcel porque el alcalde la pilló in fraganti pastando en suelo público de Baiona, aunque el dueño de la condenada sigue afirmando a día de hoy la inocencia de su vaca Pinta, que así se llamaba la protagonista rumiante. Y lo fuerte es que el animal ¡sí que estuvo encerrado!

Osea, que este pobre animal, cuyo único delito fue pastar donde pudo (sin entrar en si era dentro o fuera de la zona comunal) se casca 3 años de trullo y aquí el amigo sonriente de trajes regalados se pira encima con algún puesto ya en una directiva de por vida??????????????????? Pero estamos todos tontos o qué? (parece que en muchos de mis posts llego siempre a la misma conclusión, voy a tener que mirármelo…).

Sí,  yo me lo tengo que mirar, pero es evidente que la nuestra es una justicia muy “vacaburra”, digna de todos los calificativos más deshonrosos y escatológicos, que hoy me hace saltarme todas las normas de cortesía al escribir un post soltando improperios a diestro y siniestro.

Voy a serenarme porque tal y como están las cosas en una de estas me meten a mí un paquete por meter vocabulario inapropiado y viene el FBI y me cierra el blog. Ups.

Estas fechas están llenas de topicazos: hay que ver que rápido se me ha pasado el año, Tomás, que cada año somos más consumistas, ya sabes, lo importante es el detalle, los españoles nos gastaremos una media de 300 euros estas fiestas, en Barranquilla del Palomar han celebrado las 12 campanadas tres días antes, hoy los Reyes han sido una vez más las bicis y las videoconsolas, etc, etc, etc… y “asín y asín” hasta el infinito que nos llevará sin solución de continuidad a la cuesta de enero, la subida del gas y del metrobus (sí, señor Echevarría, eso sigue existiendo!) y a la cola del Inem…

Pues aquí otro tópico de los de manual: el repaso del año.

Y, amigos, este año ha sido cojonudamente extraño. De esos que estás ahí tomándote unas cañas un día con tus amigos, y dices, ya medio pedo: ¡joder, es que ese año fue cojonudamente extraño! Y nadie te entiende porque también van medio pedo pero les hace mogollón de gracia y se parten la caja contigo, o de tí…

Pero es que es verdad, que lo ha sido.

Terminó y empezó felicitando las fiestas como siempre de la forma más rápida y cibernética, como todo el mundo que no manda christmas, entre los que me encuentro desde hace años y es que, entre otras cosas, soy literalmente incapaz de guardar las direcciones de mis amigos y familiares en el mismo lugar cada año. Así que por no tener que preguntar las señas y reconocer mi absoluta falta de organización, pues lo voy dejando para días mejores y menos azarosos.

Me comprometí, en vano, he de aclarar, y en un alarde de pedantería intelectual que a veces me permito, a alcanzar los 50 libros en un año. Ja ja, ni de coña, amigos… Ya me hubiera gustado a mí alcanzar esa cifra, pero se me han complicado las cosillas un poco (no hay excusa que valga, pero si tengo que buscarlas tardo menos de un minuto, vamos…). Y creo que mejor no me pongo a reseñar los que me he leído, entre otras cosas porque no me los he apuntado, aunque dije que lo haría, y el tiempo empleado en hacer memoria me viene al pelo para otras miles de cosas más urgentes como conseguir emparejar los calcetines desertores de mi hija, que se empeñan en dispersarse por la casa tras la colada… Aunque, si tengo que elegir uno de todos los que recuerdo así a bote pronto a estas horas de la mañana, me quedo con Anatomía de un instante de Javier Cercas.

Entre despistes y olvidos, me he reencontrado con amistades muy queridas como la sublime Aroa, he añadido nombres guays a mi lista de gente preferida, he descubierto series de TV geniales como Portlandia o Rubicon, he entrado poco a poco y de manera subrepticia en el mundo de las madres y padres blogueros (que mira donde me iba a llevar…), me he ido poniendo motivos para empezar el día al llegar a una oficina donde la cosa se iba poniendo chunga por momentos, he emprendido mi cruzada personal contra los Cantajuego y sus perversos efectos irreversibles en algún bucle blandito de nuestro cerebro y del de nuestras criaturas, allá por la zona derecha, girando la segunda a mano izquierda (sin acritud, eh?), me he metido en berenjenales muy divertidos y surrealistas, de esos que estás ahí toda empantanada y piensas: dios, pero qué estoy haciendo? y he plantado mi bandera en la puerta del gimnasio, porque no, ¡no voy a volver en una buena temporada!

Además, he alucinado con momentos históricos como el del 15M y sus consecuencias, me he enfrascado yo solita y bajo mi cuenta en riesgo en debates finos filipinos como el momentazo Sora, me han conquistado los modelitos noñoños y sus dueños más aún, he flipado con también momentos históricos y trascendentales en mi vida como el viaje a Israel, y he asistido a algo tan histórico y surrealista a lo chiste malo como un despido sin haber casi soltado la maleta…(algo casi irrelevante, en un momento como éste, en el que soy simplemente una más de los casi cinco milloncejos de españolitos que hacen cola en estos sitios tan agradables, las oficinas del Inem)…

Ha sido un año cojonudamente extraño. Un año de meteduras de pata estruendosas y aciertos de duración indeterminada. Un año de hostiones con la mano vuelta, de crisis, paro, de qué hago ahora con mi vida, de qué hago en Madrid con la Botella de alcaldesa y la Aguirre de presi, por no hablar del panorama nacional…, de qué hago en este barrio donde las cagadas de perro que hay en la calle son del tamaño XL-caballuno por lo menos y a los que mi criatura ya ha puesto hasta nombres de pila de la familiaridad que les está cogiendo (a las cagadas, a las gitanas en zapatillas de estar por casa y a los yonquis varios en chándal). Un año donde tiraría muchas cosas y a muchos a la basura, sin reparos ni mirar si va en la bolsa amarilla o en la negra…

Pero, también, el año de la preñez, el de los proyectos sin fin, el de hacerle un corte de manga al sistema y el de liarme la manta zamorana a la cabeza (gracias a mi santo por aguantarme, mérito tiene, sin duda…).

Un año extraño, raruno, fuerte pero sin destilar, como esos vinos peleones que te dejan dolor de cabeza al día siguiente, y que ya se acaba, calendario y paracetamol mediante.

Y no sé por qué, será el instinto “preñil” o ver el panorama que tenemos montado (y alguna vez que otra y de pasada, algún programa de Telemadrid), pero me da a mí que el que viene va a ser también de los de “agárrate, María, que esto es como el final de Lost…”. Una fiesta.

En resumen, que el 2012 y el fin del mundo nos pille con las bragas puestas (y limpias) y sed muy felices, amigos.

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 1,858 other followers